CAPÍTULO
6
“¡Pues si qué!. Para una vez que uno puede
disfrutar un rato”, pensé, dando paso a ese tipo que llevo dentro que cuando es
pillado en un renuncio, se resigna ante la fatalidad, y que incluso hay veces
que es capaz de recomponerse y pasar al ataque. En estos momentos me vino a la
mente aquella vez que me pillaron lavando mi bicicleta de montaña en la bañera
de las niñas (Un día de esos que parecía que la bici se había dado un baño de
lodos para mejorar la piel), cuando lo tenía terminantemente prohibido. Fue la
única vez que me crecí y contesté que aquella casa también era mía y que
limpiaba la bici donde podía. Cabe decir que estaba intentando lavarla a escondidas, y
que por supuesto, después de aquella pillada nunca más volví a limpiar la bici en
la balera de esa casa, que también era mía. Sopesé los pros y los contras, y los días de
barro me pareció mejor idea dar un poco de negocio a la gasolinera de Berango.
Mientras pensaba en mis chorradas habituales
y resignado ante la pillada, por parte de la contraria, su reacción fue bien
distinta. Como una gacela salió de la cama, quitó el sujetador de la puerta y
en un rapidísimo movimiento tiró de cualquier manera toda la ropa del pasillo
al cuarto, mientras cerraba la puerta sin hacer el más mínimo ruido y se metió
en el baño. Todo tuvo que transcurrir en menos de un segundo.
Cuando la princentella salió del baño con el
albornoz puesto y poniendo su índice en la boca, con la tradicional señal
internacional de silencio, entendí que algo había pensado y que iba donde la
princepeque a contarle alguna milonga. Y pensar que fui yo el que abogó por
darle llaves a la peque para no tener que levantarme de la tele cuando llamaba
al timbre, mientras su mami decía que todavía no era necesario. Espero que no
me saque este tema otra vez, ya que tendría que darle la razón, y hay veces que
eso duele un poco. Al de un ratito oí de nuevo que se abría y cerraba la puerta
de la calle cuando entró de nuevo la princejefa en el cuarto:
-
La he mandado a un recado, así que vístete y
sal por la puerta del garaje, y no vuelvas en una media hora. No quiero que se
cruce contigo.
-
¿pero cosita, porqué me tengo que ir? Si la
nena todavía no se entera
-
Eso es lo que te crees tú
-
Bueno, ¿y qué, que me vea en casa?
-
Pues atontado mío, que como hile dos más dos
son cuatro, que lo va a hacer, no le parecerá muy gracioso y encima empezará a hacer preguntas
-
Me quedo en casa
-
Pues le contestas tú, yo me voy a la ducha
Tras contestar a mi petición de “¿puedo ir yo también?”
dándome con la puerta del baño en las narices, decidí seguir su consejo y salir
de la casa por la puerta de atrás. Di un rodeo por el humedal de Bolue y acabé
en las tascas de la zona conocida como de las uves, donde di cuenta de un par
de pelotazos de cola con ron, algo dulce para mi estilo habitual, pero bien es
cierto que me encontraba con el espíritu y la moral muy alta. Aprovechando ese
momento de euforia, llamé a la uruguaya para preguntarle que tal había comido
en casa, y su opinión sobre la princebruja, a las que tuve la ocasión de
presentarle en la comida.
Fue muy diplomática, como cabía esperar. La pedí que buscara algún ciber café por
Barakaldo, ya que si íbamos a despistar, hacerlo bien, sin caer en la cuenta
que una veinte añera rubia y maciza con un gorila de metro noventa y siete
raspado, en cualquier caso, no llamarían excesivamente la atención. Quedamos
en vernos en la estación de metro hacia las diez y media.
Arreglada la agenda laboral para el día
siguiente, con incluso algo de tiempo para poder pasarme por la mañana a dar
una vuelta por el almacén quemado, me apeteció volver a casa, y eso fue lo que
hice. Con algún comentario del tipo “para ti media horas son dos horas y media”
y “ya has estado otra vez en un bar”, fui recibido entre ruidosas muestras de
peloteo por parte de las dos niñas para que les hiciera yo mis famosas bolitas
de pollo. Las había dejado preparadas el Domingo, y no tenían más truco que el
cortar la pechuga de pollo en dados, para luego empanarlos en una mezcla de pan
rallado, perejil y sal. Con el aceite muy caliente se fríen hasta que quedan
algo más que doradas, como que les faltasen treinta segundos para quemarse. A
las niñas les gusta con patatas fritas de dados, pero a mi lo que degusta es
ponerlas como top de una ensalada de lechuga, cebolleta en tiras, hojas de
espinacas frescas cortada cada hoja en unos seis trozos, y unos canónigos
aliñados con sal, aceite de oliva y un poco de acetato de Módena (la versión
del acetato reducida mejor). Entre los aplausos de mis dos princeniñas (la
princejefa estaba algo mosqueada por mis vapores etílicos) les hice patatas
fritas en daditos, lográndome volver a quemar la mano derecha con el acite que
salpicó la sartén. Como ya el día no andaba para muchas bromas y tras comprobar
que la jefa se quedaba a ver la tele mientras tecleaba algo en su portátil,
decidí que ya era buena hora para meterme en el sobre y roncar hasta el
amanecer de un nuevo día.
Como hasta las diez y media tenía tiempo de
sobra, decidí pasarme por el almacén para comprobar como iba avanzando el
desescombro. Habían entrado a saco y ya estaba bastante limpio, lo cual me iba
a permitir conocer cual había sido el desarrollo del incendio. Con la información
relativa a la dirección que tuvo el viento (noroeste, el clásico gallego) a la
hora en que sucedió el siniestro y pudiendo ya observar los rastros que había
dejado el fuego, no había prácticamente ninguna duda que el foco estaba en el
lugar donde se recogieron las muestras que se llevaron a analizar a la
universidad, a unos diez metros de una de las esquinas del pabellón, más o
menos debajo de una de las estanterías metálicas. Esto no hizo más que
corroborar mi impresión de que el fuego había sido provocado, ya que estábamos
fuera del alcance de cualquier otra fuente de posible ignición como la
instalación eléctrica. El Orejotas no estaba, pero vino su ayudante Gregorio
(se me olvidó el nombre, pero como es bizco “un ojo aquí y otro en Orio”) y me
facilitó un CD con las fotos que tenían hasta el momento. Le agradecí el
detalle y le pedí que siguiera sacando fotos.
Llegué a Barakaldo un cuarto de hora tarde y
la rubita tenía ligeramente torcido el morro con lo que empezamos bien. En tres
días ya ha cogido la suficiente confianza como para ponerme mala cara si llego
un poco tarde. ¡Pues vamos buenos!. Al de cinco minutos, y ya con menos mosqueo
encima entramos en un ciber café donde cogimos dos puestos juntos. Quedamos en
que ella iba mirando las distintas cuentas que había obtenido del pollo,
mientras yo intentaba redactar un contrato para pasárselo al papá de Borjita. Con
el fin de ir recogiendo nuestros descubrimientos, nos sacamos unas cuentas de
correo, que sugerí bautizarlas con nombres detectivestos, así que mi cuenta se
llamó ojolince y la suya ojoáguila. Así si un día Iturray quería unirse a
nuestras cuentas de correo podía ser ojoputa. Este pensamiento lo tuve en voz
alta y la uru me miró con cara a mitad de camino entre el desprecio y la
resignación. Me da la impresión que no entendió el chiste.
Por resumir y no hacer una descripción
exhaustiva de el camino seguido para nuestros hallazgos, podemos decir que en su
cuenta bancaria encontramos que el día antes de irse, sacó bastante dinero, y
que al día siguiente en Llanes, a primera hora de la mañana vació el resto. ¿Qué
nos dice esto?. Probablemente, y por la cifra del primer día, 1.600 Euros, por
seguridad, el cajero no le dejó sacar más dinero, y el segundo día, sacó el
resto, de camino hacía donde fuera. ¿Podría ser una labor de despiste?. No lo creo,
si hubiera querido despistar, lo hubiera sacado después de las doce en la caja
de Las Arenas, más bien parece improvisación. De su cuenta en la Universidad no
sacamos nada que no supiéramos ya, que era un mediocre estudiante, pero según
su padre, tampoco le presionaban en exceso. También buceó en su facebook,
activo hasta hace unos tres meses con la sarta de chorradas que cuelgan los
adolescentes, y desde entonces con una actividad casi nula. Hace tres meses pasó
algo y Borjita dejó de facebukear. Llegados a este punto, y más mal que bien
hecho el contrato en base a cortas y pegas, mandado por correo electrónico a
ojoáguila, dejamos el ciber café. Ya habían pasado unas cuantas horas, y pensé
que podíamos ir a comer una hamburguesa a Santutxu, para que me sacara el
contrato en papel, y así poder pasarlo a la firma para no repetir lo del
Gervasio.
En el metro estuvimos trasteando con su teléfono
móvil, y descubrimos en el guasap ciertas fotos subiditas de tono de una tal Carol.
Por lo que me dijo la rubia, ya que yo para eso tengo poco ojo, que la tal
Carol tendría más bien 30 años, que era algo mayor que el Borjita. Le pregunté
si podía sacarme en papel alguna de aquellas fotos, ya que podría interrogar a
mi cotilla oficial, si sabía quien era aquella chavala, bueno, por lo que dice
la Uru, más que chavala, casi señora. Cuando llegamos a la hamburguesería, habíamos
localizado otro programa en el putofón del niño llamado “sports tracker”, que
grababa las sesiones de entrenamientos o caminatas del usuario. Además, las
registraba por GPS y con una increíble precisión, quedaban marcados los caminos
en un mapa que aparecía junto al resumen de cada una de las sesiones. Tenía
grabadas casi 100, y pasamos a mirar todas. Nos costó un par de horas y las
miradas desagradables del camareta, localizar los caminos fuera de Getxo, pero
había tres sitios que se repetían unas veces, Salou, pero sólo en verano,
Candanchú, pero sólo para sesiones de esquí. Y el tercer sitio que se repetía,
pero con fechas más heterogéneas, era cerca de Villaviciosa en Asturias, el
punto de partida estaba al lado de una aldea que respondía con el nombre de
Oles, y el punto de partida y final, era siempre el mismo.
Mientras la uruguaya subía a casa de Ajota
para imprimir las fotos y el contrato, aproveché para llamar al padre de
Borjita. Se quedó bastante sorprendido con los avances que habíamos logrado (no
le dije nada de la chica, hasta que no supiera más) y me explicó que solían
pasar el verano en Salou, en el chalet del padre de su mujer, y que era
bastante habitual que fueran a esquiar a Jaca. Lo de Asturías tenía más que ver
con la casa de un amigo de su hijo, Raulito Somo, pero que en verano no iban
nunca, ya que los Somo la solían alquilar a través de una agencia del mismo
pueblo. Le comenté que sería interesante el que se acercara a Villaviciosa, ya
que no sería raro que estuviera allí. Me contestó que le extrañaba, ya que hace
unos días en una charla con el padre de Raul, éste le comentó, que a pesar de
los tiempos que corrían, ese año habían alquilado la casa de Asturias, bastante
pronto. A pesar de eso le insistí para que fuera a Asturias, y acabó enredándome
para que el que fuera, fuese yo. Le insinué que aquello le subiría un pico, ya
que tendría que ir en fin de semana y con alguien más, para no despertar
sospechas. Me dijo que el dinero no era problema, así que quedamos en vernos
luego en el Zokotxo para firmar el contrato y recibir dos mil quinientos euros
en concepto de anticipo de gastos y honorarios. Lo que si le noté fue bastante
satisfecho con los avances que habíamos logrado.
Cuando bajó la uruguaya con el contrato y las
fotos, le comenté los avances y que había que ir a Asturias en operación
encubierta. Por un segundo me pareció que sospechó que la quería llevar a ella,
pero le expliqué que ya había llamado a la princejefa a la que un fin de semana
en Asturias sin las nenas, le pareció genial. Tuvo sus dudas de con quien dejar
a la pequeña, pero ya le insinué que mejor que la mayor, nadie la iba a cuidar,
además de que la pequeña iba a ser la mejor carabina posible para su hermana. Con
ayuda de la Uru, reservamos para el fin de semana en un hotelito recién abierto
junto a la parroquia de Oles, hotelito que me iba a resultar por la patilla, lo
que le daba más gusto.
Una vez terminados los deberes, es decir
firmado el contrato y cobrado el anticipo, me fui otra vez a la tasca de la
reinona. Me recibió un poco más borde de lo habitual, más o menos para decirme
que sólo iba por allí cuando quería información, pero nada más. Que haber
cuando aparecía con la monada de mujer que tenía, o que pasaba, que pensaba que
no estaba a la altura nuestra. Pues tuve que aguantarle el morro torcido
durante unas cuantas pintas, hasta que me preguntó que qué era exactamente lo
que quería. Camelándole un poco y haciéndome algo el interesante, acabé por
enseñarle la foto. La miró, se pasó la mano por la barbilla, y me miró a mí “¿Uy,
Carolina Cascos Ligeros, lo más promiscuo de Santa Ana, se ha liado con alguien
otra vez, o ha vuelto a secuestrar a algún jovenzuelo para exprimirle sus
fluidos vitales?”, y se empezó a reír. Por lo que me contó, no era la primera
vez que la chica pasaba un verano con algún jovenzuelo, hasta que se aburría de
él. No era muy mayor, de bastante buen ver, y vivía de lo que le pasaban sus
padres, que al parecer era gente de posibles pero que se había ido a vivir a
Madrid hace unos cuantos años. No se le conocían escarceos ni con el alcohol ni
con ninguna droga, pero tenía fama de ser un poco pajarona.
Con esa información y tres litros de cerveza
en mi cuerpo, volví con pasos inciertos a casa otra vez. Como con lo del fin de
semana la princejefa estaba ordenando todo, no me hicieron ni caso y me pude ir
rápidamente a la cama a roncar en conciencia.
No cabía esperar otra cosa que un Viernes plácido
para irnos un poco antes del mediodía camino de Asturias, sobre todo para
evitar las caravanas de todos los que escapan a pasar el fin de semana en las
localidades costeras de Cantabria, pero como siempre que dispones de tus planes
hay un hijo de puta que se encarga de que no empiecen como tu quieres, y eso
pasó. Todo comenzó cuando el teléfono sonó a las siete y cuarto de la mañana:
-
¿Quién es?
-
Hola Peru, ¿te he despertado? – que sonó a
descojono total- en cinco minutos te pasamos a buscar por tu casa.
-
¿Eh?¿Quién eres? – mi oído obviamente no se
había despertado.
-
¡Jo, macho! Como te cuesta despertarte. Soy Gómez.
Han provocado un nuevo incendio fuera del almacén y hay pintadas. Nos ha
levantado Caraqueño hecho un basilisco porque tiene al abogado de Hormaondo dándole
el coñazo desde hace un rato, así que paso ahora con Ganeko, y en cinco minutos
te recogemos para ir a Lamiako
-
Vale, os espero en la puerta.
No se como me vestí, e incluso peiné. No se
ni que ropa me puse, pero lo cierto es que en cinco minutos estaba fuera en la
puerta. En frente estaba la parada del autobús del cole de la princepeque que
me saludó con la mano cuando me vió, y se puso a hablar con sus amiguitas,
supongo que sobre mí. Entonces me di cuenta de que la ropa que me había puesto
no debía casar muy bien, cuando a lo lejos se oyó un estruendo de sirenas. Se
fueron acercando poco a poco hasta que con un frenazo pararon delante mió, salió
Pototo del coche patrulla y con un grito me dijo que entrara en el coche. Dentro,
y sin darme tiempo a agarrarme salió quemando caucho el amigo Gómez, muerto de
la risa, diciendo algo así como “¡Toma estarqui y jach!”.
Tampoco me dio tiempo a mucho más, ya que sonó
el teléfono donde la princechillona me empezó a montar un pollo sobre que coño
estaba haciendo, que la princepeque estaba en casa llorando a moco tendido
porque las mayores del cole le estaban chinchando diciendo que a su padre se lo
llevaban a la cárcel por gordo y feo, que ahora la tenía que llevar ella al
colegio, que qué hacía para que se le pasara la rabieta por mi culpa, que qué
pintaba en un coche patrulla. Al final tuve que prometerle a la pequeña que la
llevábamos con nosotros a Asturias, con lo cual parece que se consoló. ¿Habría
sido todo una maniobra urdida por las dos?. No me dio tiempo a pensar mucho más,
ya que acabábamos de llegar a la fábrica. Cerca de una de las vallas de piedra
que delimitaban el perímetro, estaba un coche de bomberos apagando los rescoldos
de lo que parecía eran los palets de madera. En la pared una pintada en trazos
negros que sospeché me iba a amargar el resto de la mañana:
¡HORMAONDETE,
TE VA A ARDER HASTA EL CULO!
Bien por el detective!!.
ResponderEliminarEsta el narrador subvencionado por sports tracker o es que le gusta mas que wikiloc?.
Vamos a empezar a tener que sufrir publicidad encubierta para seguir leyendo las historias de nuestro detective favorito? (bueno, para no exagerar, mejor nuestro detective local favorito).
Volviendo a la parte culinaria, aunque conocido es que no es mi favorita, agradecemos que el autor no sucumbiera a la tentacion de explicarnos como cocinar las patatas fritas en daditos. Por otra parte, quizas convendria que recogiera algunas de las recetas fotograficas con las que flombra obsequia con inusual persistencia en el gallardo pizarrin.
RASPUTILLA, te estoy empezando a apreciar ¡Tu detective local favorito! ¡Por delante de Sancho Bordaberri! Mira, hay tienes una adivinanza con premio de champis y vino.
ResponderEliminarReconoce que es más fácil nombrar el programa (por cierto gratis) que explicarlo.
Las patatas fritas en daditos, no se cocinan, sino que se frien, ahora entiendo que quieras la receta (corta las patatas en daditos y frielas) ya que lo más cerca que has estado de hacer algo en la cocina ha sido cuando metes el café en el microondas.
¡POR FAVOR, CAMBIA DE FOTO!
SI ES HORMAONDETE SERA EL CULETE, vamos digo yo!
ResponderEliminar¡NO! ¡ES EL CULO!
ResponderEliminar¡POR FAVOR, CAMBIA DE FOTO!