AIBOAKO
PINQUERTON ASTE NAGUSIAN
Las
guirnaldas suavemente mecidas por el viento daban un tenue y alegre colorido en
su contraste con los niquis y camisetas veraniegas de los ya pocos parroquianos
que apuraban sus cervezas y pitillos en la entrada de uno de los restaurantes
más famosos de la plaza del ensanche bilbaíno. En su interior, las mesas
estaban al completo, como no cabía esperar que fuera de otra forma en un
Viernes grande. En una de las mesas junto a la ventana de entrada, sus cuatro
ocupantes terminaban de compartir sus salchichas alemanas y codillo. Hubieran
sido codillos de no ser por la insistencia de la única mujer del grupo que
persistió hasta que consiguió que en la comanda figuraran un par de ensaladas,
una de ellas de puerro, que mereció elogiosos comentarios de los comensales.
Aunque su oficina está en Aiboa, decidieron hace tiempo, con buen tino,
trasladar el día libre de la fiesta patronal de Getxo al Viernes grande de
Bilbao, y como este año no ha ido mal del todo, Peru, el titular de la licencia
y el negocio, ha decido invitarles a todos a una comida. Peru, cincuentón, algo
calvo, casi dos metros de alto y de ancho, gordo según sus enemigos, fuerte
según él, tras quedar en paro se introdujo en el negocio de la investigación privada con curiosos resultados ya que va aumentando
la nómina de colaboradores. Su primera colaboradora fue la uruguaya, que hoy,
bueno y casi siempre, parecía una diosa moradora de la Wallala. Rubia,
ojos azules que evocan mar (hielo según Peru), la hacker del grupo,
administrativa, contable y uno de las pocas notas de sentido común del negocio.
Tuvo que dejar las labores de vigilancia porqué si la has visto una vez, es
simplemente imposible olvidarla y no mirarla, aunque sea de reojo. Es de
Palencia, y su mote es “la uruguaya”, ya que es la hermana pequeña de “la argentina”,
también de Palencia y novia de un amigo de la cuadrilla de Peru de Santutxu a
los que les hizo mucha gracia el atribuirle otra nacionalidad por no ser del
barrio. ¿y qué decir de los otros dos?. Moreno y rubio, bajo y alto, el lince
de Sestao y el Goherriko arranoa, Cosme y Damián, a cual más zote. Cada vez que
salían en misión, Peru se ponía a temblar, pero, a veces, cumplían con su
cometido.
Estaban
en animada charla sobre los avatares taurinos de las fiestas, ya que la rubia
quería ir a ver a Ponce esa tarde, aunque le hubiera gustado más haber estado
ayer en la apertura de la puerta grande por “el Juli”. Mientras traían los
postres, sonó el teléfono de Peru, quién debido al bullicio del interior, salió
a contestar. Los tres le estuvieron observando por la ventana y poco a poco
fueron comprendiendo por el cambio progresivo de la cara de su jefe que la
llamada era de trabajo. La rubia se congratuló de no haber sacado todavía
entrada, ya que intuyó que la hubiese
perdido. La cara de los tres que estaban en la mesa también iban mudando al
ritmo de la conversación de su jefe al intuir la proximidad de trabajo, menos
Damián que su intuición versaba más sobre no poder acabar el postre. Con el
gesto huraño entró Peru y les hizo gestos para que se levantaran y le
siguiesen. Sacó un fajo para pagar pero se dio cuenta que iban a tardar un rato
en darle la cuenta así que dejó a Damián dinero y le instruyó para que luego
fuera a reunirse con ellos en un hotel cercano. Peru se arrepintió según pasó
por delante de la ventana y vio de reojo como Damián se estaba sirviendo los
postres de los demás sin mucha intención de pedir la cuenta con rapidez. Justo
cuando se iba a dar la vuelta y entrar de nuevo para recriminarle (darle dos
hostias) su conducta, la uruguaya que ya lo conocía muy bien, le cogió del
brazo recordando que les estaban esperando.
Durante
el camino, Peru les fue explicando en qué consistía el asunto, y sobre todo, la
razón de su urgencia. Empezó dando un rodeo sobre las jarras de cerveza que se
había tomado con Ganeko, un agente de la Ertzaina al que conocían todos de la
comisaría de Algorta, tras el encuentro casual cuando éste, todo trajeado y peripuesto,
se dirigía a la boda de su prima. El agente Ganekogorta era de la misma
estatura de Peru, con treinta kilos menos en la cintura, y muy, muy, muy feo.
Sabiendo que andaba por la zona, le había llamado porqué el novio no había
aparecido, y desde luego por un novio que no se presenta a una boda, no se
puede abrir una investigación policial. El padre del novio, un conocido
empresario, dueño de transportes Tilla, le preguntó si conocía a alguien que
pudiera hacer algo por buscarlo, y él le comentó su encuentro en el Ein Prosit.
Le insistió para que fueran a entrevistarse con él, y ese era el camino que iba
recorriendo la Pinquerton de Getxo. Ese fue el nombre que les pusieron en el
Egoki, el bar bajo su oficina. Todo tuvo su origen en el logo que la hija
pequeña de Peru pintó en la pared de la entrada, un ojo abierto, inspirada por
Cosme, fanático de los comics de Lucky Luke, y debajo el lema que hizo famosa a
la agencia “nunca dormimos”. El problema fue que lo escribieron en inglés y
decía “We never slip”, lo cual no acaba de significar lo mismo.
La llegada
al hotel, no inspiró nada bueno a la rubia. Con no excesiva amabilidad, el personal
del hotel, les dirigieron a la sala donde se estaba celebrando la boda. En la puerta estaba
Ganeko con una persona que se presentó como el padre del novio que respondía al
nombre de Aitor. Mientras se estrechaban las manos, y se escuchaba música de
bailongos, al fondo, una chica vestida de novia, seguía de un modo patético los
pasos de baile, con lo que se adivinaba desde lejos, sin mucho margen de error,
que estaba en medio de una importante intoxicación etílica. Fueron sin
preámbulos, Jorge fue visto por última vez ayer a las once de la noche entrando
en el portal de su casa, donde tras cenar le dejaron su futuro suegro y sus
cuñados. Esta mañana, cuando Aitor fue a despertarle, no había nadie en su
cuarto, y tampoco había indicios de que hubiera pasado esa noche por ahí.
Ganeko había ya interrogado a todos los amigos del novio, incluso les había
revisado uno a uno los móviles, pero la única llamada registrada a Jorge, sin
respuesta, fue hecha una hora después de la programada para el comienzo de la ceremonia. Ninguno
sabía nada.
El
compañero habitual de Ganeko, el amigo Gómez estaba de servicio y ya había
comprobado todos los hospitales y tanatorios de la comunidad autónoma, sin
resultados, y ahora andaba ampliando el radio a las provincias limítrofes. En
ese momento, tanto Aitor como Ganeko se quedaron mirando a Peru con cara de “y
ahora que hacemos”. Peru tenía algo embotada la cabeza, fruto de los litros de
cerveza que se había tomado, y tampoco es que estuviera muy espabilado, así que
antes de que el silencio se hiciera insoportable la uruguaya sugirió buscar un
sitio donde juntarse más discretamente y que tuviera un ordenador para imprimir
una foto de Jorge. El gerente del hotel les dejó un despacho con el hardware
que había solicitado la
chica. Mientras iban de camino y espabilado por el codazo que
le acababa de arrear la rubia, Peru empezó a cavilar que podía haber pasado por
la cabeza del muchacho para no aparecer. Se puso en sus pantalones, y miró por
una ventana. No había todavía mucho jolgorio en la calle, pero la fiesta
flotaba en el ambiente. Peru, si se hubiera casado en un día como hoy, la única
razón de no haberse presentado hubiera sido el seguir de fiesta hasta que
hubiera perdido el el sentido. Cubiertos hospitales y comisarías, el resto
pasaba por recorrer el recinto festivo y sus derivadas. Peru le preguntó a
Aitor si su hijo disponía de dinero suficiente para correrse una juerga
descomunal. Lo estuvo pensando un rato y lo negó con la cabeza, ya que no había
cogido el sobre con dinero en efectivo que le había preparado para que diera
las propinas correspondientes, y la única tarjeta de crédito que usaba, una
visa oro que era propiedad de la empresa. Peru le miró y Aitor cayó en la cuenta,
que su hijo tenía un fondo ilimitado para gastar.
Ahí
tomó las riendas la rubia, y le preguntó a Aitor si podía acceder a la cuenta
de la empresa contra la que pagaban la visa. Puso cara de contrariedad y dijo que él no la
conocía, que quien llevaba los temas del banco, era Juanito, su financiero, que
se marchó hace un rato para llevar a sus nietas a las barracas en el parque de
Echevarría. Sacó su móvil y llamó. Por la cara que puso y lo poco que dijo, era
evidente que Juanito no llevaba consigo el móvil, como así fue, ya que lo cogió
su mujer, confirmando que Juanito se lo había dejado en casa. Seguir el rastro
del dinero era una pista importante. Peru mandó a la rubia a que fuera a
Santutxu a coger su portátil y que quedase en la puerta de la zona de las
barracas con Aitor, para entre los dos encontrasen a Juanito y les diera las
claves de acceso a las cuentas bancarias para poder saber si el joven estaba
tirando de Visa. La rubia hizo un mohín de desencanto murmurando que no iba a
poder ver hoy a Ponce. Y como tiene la buena suerte de las tías buenas, Aitor
le dio dos entradas para la corrida del Domingo en cuarta fila de sombra,
aduciendo que el no estaba ya para festejos. Por otro lado, Damián que ya había
parecido tras acabar con los postres de todos, iría a recorrer la zona donde se
podían conseguir estimulantes para pasar más de un día de fiesta. Nunca explicó
cómo podía moverse con naturalidad en esos ambientes, pero lo cierto era que
esa cualidad no les venía mal. Cosme fisgaría por los hoteles de Bilbao, por lo
que Peru indicó a Aitor que no les vendría mal algo de efectivo para poder
engrasar la maquinaria en los hoteles al enseñar las fotos de Jorge impresas.
Aitor les dio el sobre de las propinas, que contenía unos cuatrocientos euros
en billetes de 10 y 20. Los repartió con Cosme y con Damián, Peru se impuso la
tarea de recorrer las choznas y el casco viejo, quedando en llamarle en cuanto
hubiera alguna novedad. Ganeko se quedaría en el hotel para estar localizable y
ser el intermediario con Gómez. La rubia le insinuó a Peru, que ya que estaban
allí, podían rubricar un acuerdo sobre los honorarios, el habitual contrato que
la rubia, ya ducha en estas improvisaciones, llevaba siempre en el pen drive de
su llavero. Aitor puso cara de que por él ningún problema, pero la respuesta a
la rubia de su jefe fue que menos papeles y vamos a buscar al chico. Luego ya hablaremos
de nuestra minuta. Peru miró arquenado las cejas y diciéndole con los ojos “ya
sabes cómo son las tías”.
Como estaba
cantado, Peru se aburrió al de un rato de ir paseando por el Arenal y se acercó
al Jai Alai a tomarse un gin tonic. Llevaban una hora de búsqueda y nadie había
dado señales, Se quedó apoyado cerca de la ventana, mirando a la gente pasar. Media
hora más tarde, y cuando estaba dudando si pedir la tercera copa, sonó el
teléfono. Era la
uruguaya. Habían encontrado a Juanito y les había dado las
claves para acceder. Aitor estaba llamando un taxi y desde ahí con su USB, iba
a intentar entrar. Peru le pidió que pasaran a buscar por la plaza circular. No
tuvo que esperar mucho, pero cuando entró en el taxi, vio que algo no iba bien.
La rubia no estaba consiguiendo conectar con internet. Peru dirigió al taxista
al hotel más cercano, ya que probablemente tendría Wi Fi, lo cual no era una
mala idea, ya que justo al lado, había una parada de taxis por si había que
salir zumbando hacia algún otro sitio.
La
entrada en el hotel les deparó una sorpresa. Una vez dentro, y al abrirse las
puertas del ascensor, salió de su interior el amigo Cosme con una mujer con
tenía pinta de andar vestida de boda. Cuando Cosme se percató de que enfrente
suyo estaba Peru, instintivamente se subió el cuello de la camisa para proteger
su cuello de las terribles toñejas del jefe cada vez que le pillaba en fuera de
juego. Ese gesto fue el que le delató e hizo caer en la cuenta al detective que
el lince de Sestao llevaba toda la tarde jugueteando con una moza en el hotel,
en vez de haber estado llevando a cabo las pesquisas que le habían encomendado.
Se plantó delante de el y le dijo “Vete a buscar a Damián. De esto ya
hablaremos”. Aliviado, al menos momentáneamente, por no haber recibido castigo
corporal, salió como un rayo, con tanta velocidad, que Aitor, preguntando en
recepción donde podían conectarse, ni se había dado cuenta de la aparición y
desaparición de un tercer miembro de la agencia.
Ya en
el salón del hotel, pudieron conectarse y le costó muy poco a la rubia meterse
en las cuentas. Como Peru sospechó y Aitor se temía, Jorge había utilizado la
visa oro, con dos cargos, uno de 8.500 Euros a las tres de la mañana, y otro de
4.650 euros, a las dos de la tarde de hoy. Los cargos eran a favor de
Entertainiment Inc S.L. Peru llamó inmediatamente a Gómez para que le diera alguna
pista sobre esa empresa, aunque ya intuyó, que tenía pinta de ser un club de
alterne. Aitor estaba pálido de la rabia, y lo primero que hizo, fue pedirle a
la rubia que cancelara la
tarjeta. En ello estaba, cuando llamó Gómez, dándoles la
dirección de un club de bastante fama en la zona de Indautxu. Cogieron un taxi,
y hasta allá se dirigieron. Peru insinuó que si allí estaba, deberían de hablar
de los honorarios. Aitor le contestó de muy malos modos que ya les había dado
dinero, y que era él el que realmente había encontrado a su hijo. La rubia le
miró a su jefe con cara de ya te lo dije, y éste encogió los hombros. El taxi
les dejó en una esquina y se encaminaron los tres hacia la entrada del local,
que por fuera no tenía una apariencia distinta a cualquier bar de copas de la zona. Peru señaló una
cafetería cercana y pidió a la rubia que le esperara allí, no la iba a meter en
el club. De él, vieron salir a un parroquiano y Peru le paró para preguntarle
si había visto al hombre de la foto “¿Quién lo pregunta?” inquirió desconfiado
el hombre. “Su padre” contestó algo bruscamente Aitor “Pues tienes un chaval
más majo que la ostia” le soltó mientras le ponía la mano en el hombro, “Ha
pagado una ronda de putas a todos los que estábamos dentro”. La verdad es que
Peru, no daba crédito a lo que estaba oyendo. Entró tras Aitor en el local y
preguntaron a uno de los gorilas por el niño. Este dudó en contestar, pero al
decir Aitor que estaba pagando con su dinero con una cara avinagrada que no
dejaba duda alguna sobre quién era el paganini, le señaló que estaba arriba, en
un reservado. Cuando subía las escaleras, mientras Peru se acomodaba en la
barra le soltó con muy mala educación “y lo que te tomes, lo pagas tú”. Esto le
sentó mal al gigantesco detective que se levantó del taburete y se dirigió a la
salida, no sin antes advertir al encargado de seguridad, que el papá había
cancelado la tarjeta del niño, y que por eso andaba algo tacaño. Mientras
abandonaba el local, de reojo vio como el portero hablaba con otros dos e
intuyó que pronto subirían a tener una charla con el padre y el hijo. Fue hasta
donde estaba la rubia para irse de allí. Le estaba sugiriendo irse a tomar unos
pinchos morunos al Iruña, y luego a los fuegos artificiales, que hoy
concursaban unos gabachos que prometían, cuando con su sonrisa de auténtica
cabrona, le tocó el hombro a Peru y le señaló con los ojos que mirase a la
entrada del club. Habían parado dos taxis, de los que salían una serie de
personas, reconociendo por su inimitable figura a Ganeko, entrando todos
apresuradamente en el club. “El papá y los hermanos de la novia, acompañados
por algún amigo”. La rubia le explicó que le había llamado a Ganeko, por si
podían reconducir la situación ya que eran previsible los líos al haber
cancelado la tarjeta de crédito. Peru paró uno de los taxis que habían
descargado sus pasajeros en el club y le pidió que los llevasen a los Jardines
de Albia “¿Y si me hubiesen pillado a mi dentro?”. La rubia se encogió de
hombros y al oír un timbre se su móvil, anunciando mensaje nuevo, dejó de
prestar atención a su jefe. Se volvió a reír y le paso el móvil a su jefe,
donde en una foto, con la cara de ido totalmente, aparecía Damián, sin
pantalones, con una falda que quería ser hawaiana pero que dejaba al descubierto
todas sus miserias, intentando bailar con Mari Jaia. “Parece que le ha
encontrado”. Peru le pidió que quitara de su vista a esos dos, para ir a
tomarse los pinchos calentitos, y luego buscar un buen lugar para ver los
fuegos. Al final, el día no había ido tan mal, y con las propinas de Jorge
Tilla iban a cubrir los gastos de la comida, la cena con la rubia, y alguna
copilla también.