domingo, 30 de septiembre de 2012

LEIOAKO ERKULES III


CAPÍTULO TRES

 

Y así fue. Desde mi casa hasta Amesti hay como unos veinte minutos andando y fue el tiempo que duró la explicación que me dio sobre el origen del nombre de la uruguaya. Resumiendo, no es más que a la novia de Iturray la pusieron de mote “ la argentina” los de la cuadrilla de Santutxu, porque era de Palencia. Claro, y como ésta era la hermana pequeña decidieron llamarle la Uruguaya. Extender esta explicación de los treinta segundos que puede durar hasta veinte minutos sin aburrir al oyente, es un arte, arte del que el amigo Ajota carece, así que me metió una brasa, “que pa que”, y todo para preguntarme si necesitaba una ayudante, ya que la niña era bastante espabilada y me podría venir muy bien para mi nuevo negocio. Uno, que ya está bandeado en estas vicisitudes, le contesté con vaguedades y le pedí que me mandara un SMS con el teléfono de la susodicha “¿pero no tienes guasap, tío?, mira que eres antiguo, si hasta el chepas lo tiene. ¡Jodé! lo tenemos toda la cuadrilla y cuando vamos de potes, siempre lo usamos para decir donde estamos, y para quedar”. “¡No! ¡No tengo guasap! ¡Así que si quieres que hable con la hermana de tu novia, ponme un puto SMS!” “es que el guasap es gratis…””¡Adiós!”, y le colgué. Manda eggs que estos usen algo para quedar en el poteo, si llevan quince años haciendo la misma ronda, sólo cambiando de ruta las primeras semanas del año en la comunitaria protesta por la subida de precios del pote, hasta que un día se les olvida la razón de la protesta y vuelven a la rutina.

 

Ya un poco encendido llegué hasta el Barbarella donde al fondo me estaba esperando Gómez junto a otro tipo. Hechas las presentaciones de rigor y la ronda de cañas comenzaron a plantearme los motivos por los que querían hablar conmigo. No fue muy largo y aquel hombre fue directo al grano. Quedamos para el Lunes por la mañana para recoger más información en su casa. Cuando el hombre se fue, amigo de Gómez, le miré y con un gesto con la cabeza le animé a ir al bar siguiente, pero me dijo que no. Resulta que se ha puesto en la piñada unos brackets transparentes que se los tiene que quitar para comer, y que como sólo lo hace en casa, tiene el estómago vacío y el tomarse una caña más le iba a sentar mal, y patatín y pata cual. Me sonó a excusas vacuas motivadas por alguna reciente reprimenda conyugal, así que no insistí.

 

Así que me despedí efusivamente y dirigí mi perezoso culo hasta el taburete de la barra del bar más próximo donde pedí una espumeante pinta. Tras un primer largo trago me puse a pensar sobre el trabajo que me habían ofrecido y que había aceptado. Resulta que el amigo de Gómez está muy preocupado porque su hijo de 21 años, el Borjita, como le llamaban ambos dos, lleva sin aparecer más de una semana por su casa sin haber dado señales de vida. Como Gómez explicó, ellos poco pueden hacer ya que el nene es mayor de edad y todos los indicios apuntan a una marcha voluntaria, se ha llevado ropa y una bolsa, no hay ninguna sospecha ni evidencia de violencia o de delito, y la ertzaina poco más puede hacer. Por eso Gómez pensó en mí, y he de agradecérselo, pero también me he tirado bastante a la piscina, mientras hago un gesto al camareta para que me llene la pinta, afirmando que tengo colaboradores (Acabo de quedar mañana a la tarde con la uruguaya y espero que no note que la necesito) y que la informática no tiene ningún secreto (que conozca, me faltó decir) para mí. Tengo que pensar además en que honorarios le voy a pasar, y por eso me levanto y me las piro para casa, ya que si me meto otra birra voy a empezar a fantasear sobre la pasta que puedo sacar y no iba a llegar a ninguna conclusión realista.

 

Mientras voy bajando hasta casa y tras consultar mi reloj, noto algo de rabia ya que de haber sabido que Gómez no se iba a quedar, hubiera podido preparar unas hamburguesas para mis princesas. No es por jactarme, pero las hamburguesas me salen muy bien. La carne es importante, y lo más conveniente es que tu carnicero te pique la carne, pero como ya no hay tanto tiempo, puedes cogerla de la vitrina de cárnicos de cualquier supermercado. Y tampoco es mala, poner mitad de porcino y mitad de vacuno. Lo que si recomiendo es huir de la carne picada que te ofrecen en las estanterías como “carne para burguer”. Bueno, pues metes la carne en un bol, le echas la clara de un huevo (para medio kilo un poco largo), le metes un par de pellizcos gordos de pan rallado y comienzas con la mezcla. Pero, muy importante es mojarse las manos antes de comenzar a dar forma a la hamburguesa. No se que hace, pero le acaba dando un toque especial. También es fundamental cuando la carne se está friendo en el aceite, no apretarla para que conserve todos sus jugos dentro, y apretarla al final cuando repose sobre el pan, por un lado una fina rodaja de tomate, y por el otro el tranchete de rigor. Así que pensando en mis chorradas, llegué a casa, donde sólo me quedaban un par de alitas que terminé en un suspiro mientras que las princeadictas contemplaban una serie. Para no acabar yo también desesperado, me fui a la cama ya que el Sábado por la mañana es mi día, día que empecé a intuir no iba a ser de los mejores cuando me recordaron que teníamos clase de golf. Ni le di media vuelta, me incrusté bajo las sábanas fantaseando sobre el nuevo premio del gordo de la primitiva hasta que quedé profundamente.

 

El Sábado iba transcurriendo razonablemente, me trajeron el desayuno a la cama con el periódico, subimos a clase de golf sin Amapolo, di razonablemente bien una docena de bolas, aprendí a patear sin sacar las bolas fuera del green, llegamos a casa sin grandes discusiones, tomé una reconfortante ducha, y ahí se acabó todo. Cuando salía por el pasillo, recién puestita la muda suave y limpia con mi uniforme de fin de semana, vi a las tres sentadas alrededor de la mesa del comedor. Por mi mente sólo pasó una palabra “Akelarre”, y no llegó ni a un segundo el gesto de la princejefa que confirmó mis negras sensaciones. Con la palma de la mano hacia arriba y moviendo rítmicamente los cuatro dedos de la mano, símbolo universal de “ven, calzonetti”, tuve que acercarme hasta ellas, sentarme sumisamente y esperar lo que tuvieran que decirme.

 

- Para mejorar las comunicaciones entre la familia, para que te vayas modernizando un poco, te hemos cambiado tu obsoleto teléfono por uno nuevo - Me suelta sin anestesia mientras deposita encima un rectángulo negro con una pantallita que apenas me llena la palma de la mano

- Y te hemos descargado el guasap que ya verás que guay es

- Ya, que a Floren le parecías muy antiguo con tu armatoste jurásico

- ¿Mí móvil?  - Acerté a balbucear

- Lo hemos tirado

 

No seguí escuchando. Giré el teléfono para verle el reverso oscuro y no vi por ningún lado la pera mordida ¡Encima no es un putofón! ¡es una mariconada de teléfono de imitación!

- ¿Pero qué piporrada me has traído?

Una mirada salvaje me atravesó entero

- Tú encima, quéjate

- ¿Para que te has gastado tela en esto?

- Ha sido gratis por los puntos de las nenas

- ¡Pues que se lo queden ellas y consígueme otro que sólo sea de marcar!

- ¡Cállate ya!¡Ese es tu móvil a partir de ahora!

 

Y aquí podía haber acabado todo, sino fuera porque cuando me di la vuelta con gesto derrotado sonó como un disparo el chasquido seco de un látigo. No entendía nada, pero allí estaban sentadas las dos canajas muertas de risa, mientras su madre las miraba con gesto cómplice y divertido. Entonces Cuelgatú levantó su teléfono por encima de la cabeza y con un gesto rápido simuló el manejo de un látigo. Otro chasquido rasgó el silencio de la habitación, y ya no pudieron más las tres y estallaron en sonoras carcajadas.

 

Luego me enteré que aquella era una aplicación que le había bajado Amapolo, pero si alguna vez me he sentido hundido y humillado, fue aquella, Salí de casa sin energía para dar un portazo y dirigí mis pasos por el bidegorri que lleva hasta Sopelana. Estuve arrastrando los pies durante algo más de una hora con la mente en gris, sin poder pensar en nada, hasta que divisé el bunker que corona la división entre las playas de Aizkorri y la salvaje. Llegué hasta allí y temerariamente me asomé al acantilado. 110 metros de caída libre hasta las rocas y todo habría acabado. Los lagrimales me apretaban y dolían pero ni una sola lágrima salió de ellos. Estaba ahí, al borde del precipicio cuando me di cuenta que a ver si a lo chorra se me iba la olla y me caía. Estaba dando un paso para atrás cuando sonó el timbre de un teléfono. A la tercera timbrada se me ocurrió que quizás fuera el mío, así que lo saqué del bolsillo. ¡Era el mío!. En la pantalla aparecían dos auriculares de teléfono, uno rojo y uno verde. Llegué rápidamente a comprender que el auricular verde era el de contestar, así que lo apreté, pero sin éxito, el teléfono solo dejó de sonar cuando colgaron desde el otro lado. No entendía nada, toqué el símbolo verde apretando tanto, que un poco más y atravieso el pipofon. Menos mal que tras hurgar un rato en él, logré encontrar como se hacía la rellamada, pero esa la tenía que pagar yo. Menos mal que mi compañía es Brujafón y las cuentas las paga la otra.

 

Más sorpresivo fue lo que me encontré al otro lado de la línea. ¡Era mi vieja amiga Yeni! Atropelladamente y llena de entusiasmo, vino a darme las gracias ya que se había puesto en contacto con ellas una compañía de seguros y les habían ofrecido un perrito que iba a hacer compañía a la señora y a truska. Que la señora, en agradecimiento, le iba a poner al perrillo el nombre de Peru, y que además me había recomendado a todas sus amigas. Me intrigó lo del seguro, pero la Yeni me explicó que como yo había averiguado, era que el señor sólo quería cazar ratas (o perros canijos, pensé) y por error se lo almorzó el Trusky, por lo que se hizo cargo su compañía de seguros. ¡En fin! Al pérfido jotauve le había salido a cuenta apiolar al perrete. Le manifesté mi más efusivo agradecimiento, le sugerí que no era buena idea poner un nombre cristiano a un animalillo y le recomendé que le pusieran Trusk Dos, que en mayúscula podía escribirse TRUSKII. Así que me despedí y puse aquel rectángulo negro frente a mi cara. Apagarlo fue más fácil. Bastó con pulsar un cuadradito rojo que contenía en blanco el símbolo de un teléfono- ¿Qué orgulloso estoy de mí! ¡Ya se rellamar y colgar! Pero como no aprenda a coger las llamadas, voy a recibir un toque de atención del director de Brujabank.

 

Pues nada, así que seguí por el paseo de Punta Galea, ya con la mente sólo en blanco, sin prisa, sin rumbo, hasta que me acordé que había quedado con la uruguaya en la Terraza, en Ereaga. El pensamiento de sus deliciosas croquetas de chorizo hizo revivir de nuevo el gusto por la vida, y me animó, a tomar la ruta por Usategui. Como no nos conocíamos, me dijo que iría con un portátil para explicarme sus habilidades con la informática y también que llevaría unas gafas clásicas de pasta negra, me esperaría en la barra. Calculadamente aparecí por la puerta de la Terraza unos diez minutos tarde y allí estaba de espaldas a la puerta ella. Era la única con un ordenador en la barra. Tenía un tipo bastante decente y era de una estatura normal, uno setenta y cinco más o menos y el pelo, no muy largo, rubio. Pero cuando se giró y le pude ver la cara casi me caigo de culo. ¡Era un ángel! El azul de sus ojos era, no tengo palabras para describirlo ¡incluso hasta las gafas de pasta negra gruesa resaltaban su color! Le quedaba un delicioso aura de ingenuidad.

Me presenté y noté como se turbó su mirada. Como en ese momento estaba con la autoestima alta sospeché que era mi impecable presencia y arrogante belleza la que le causaba esa leve turbación y nerviosismo, no se me ocurrió que para ella era una entrevista de trabajo y que la afrontaba con los nervios propios de esa situación. Nos sentamos en una de las mesas del exterior, procurando coger la más apartada del resto de parroquianos, donde la dejé hablar.

 

Tras dejarla hablar durante más de media hora, descubrí que además de estar más buena que el pan, era una pequeña hacker lo cual me iba a venir de perlas para mi nuevo encargo. En algún momento se me fue la olla y dejé de escucharla al pensar de donde habrá sacado el atontado de Iturray una cuñada tan maciza, aunque enseguida caí en la cuenta que le doblaba la edad, añadiendo que parecía mucho más joven de lo que era, lo que disipó cualquier otra idea a parte de lo laboral. Le expliqué cual era la situación real de Hurtado Investigaciones, en estos momentos optimistas, pero que estábamos empezando, y que lo más que le podría ofrecer es un porcentaje sobre los ingresos de los casos que lleváramos, que si seguía como hasta ahora, en un mes podríamos alquilar una oficina, pero que por el momento nuestro despacho estaría en un banco de cualquier parque un día soleado y en los soportales de cualquier iglesia de pueblo en los días lluviosos. Creo que ante la perspectiva de comenzar el lunes con un caso de desaparición, y probablemente de que no tenía nada mejor que hacer, aceptó comenzar, pero a prueba, me dijo ella.

 

Ya era media tarde, así que decidí volver a casa. Estaba sólo así que comencé a repasar los casos pendientes. Sobre la desaparición de Canelo, rehice la lista de clínicas veterinarias de Getxo y sus pueblos cinturón, identificando cual sería la primera que visitaría, de cerca a más lejos de donde fue visto por última vez el perrito multirrazas. También me hice una lista con las perreras municipales de Bizkaia, segundo paso a dar, tras los que poco más se me ocurrían, salvo preguntar a los de la recogida de basura de la zona si habían cogido el cuerpo de un perrillo el día de la desaparición. Si no diera resultado, sólo nos cabría distribuir carteles por la zona que frecuentase la familia de Gervasio.

 

Entraron en ese momento la pricemami y la princepeque, y logré que la pequeña me explicara como se cogía una llamada. Le pedí que me pusiera un tono para las llamadas y me pilló el pipofón, la oí conversar con su madre, reírse a las dos, y al de un ratito vino y me dijo “te he elegido una melodía acorde con tu nuevo trabajo”. Pensé que podía tratarse del tono de la pantera rosa, por lo del inspector cluso, pero seguí a mis cosas. El Lunes, haciendo un inciso entre las clínicas, me podía pasar por el juzgado para saber si Ramiro había comenzado a recopilar papeles, teniendo que estar a la espera de que los soldadores del chatarrero comenzaran con sus trabajos. Y por la tarde ir a casa del amigo de Gómez a charlar con los padres y revisar el cuarto del chaval. Ahí me tendría que acompañar la Uru. Ahora que caigo, no le pregunté su nombre, pero creo que me va a dar igual, estuve viviendo cuatro años con un tipo que llamábamos Puñete y nunca me acordé de su nombre.

 

Estaba ya tan tranquilo cerrando mi agenda (de anillas, no electrónica) cuando sonó esta melodía http://www.youtube.com/watch?v=He82NBjJqf8 en mi teléfono. Al principio desconcertado por esa burda imitación de ladridos, luego el reggae siempre me ha molado y princepeque lo sabe, desclogué y era Iturray para preguntarme que tal con su cuñada. Mientras hablábamos vi de reojo a la madre y a la hija que se estaban aguantando la risa, y comprendí la elección de mi nuevo tono musical. Pero decidí que era mejor no cabrearme, meterme en la cama a leer un libro y esperar a que llegara un plácido Domingo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

LEIOAKO ERKULES (II)


CAPÍTULO CHU

Pues como un es muy formalito y obediente, tras haber puesto los desayunos, pasado el plumero por toda la mansión, pasé por uno de los supermercados que hay entre mi casa y los juzgados de Algorta donde adquirí las dos requeridas botellas de güisqui. Con el fin de evitar que me cargaran cinco céntimos por la bolsa de plástico, me pillé la primera mochila que encontré por casa, dándome cuenta en el escáner de seguridad de la entrada del juzgado que se trataba de una mochila de la marca de la gatita blanca esa que gusta tanto a las princenenas pequeñas. ¡Había vuelto a caer en la maldición de jeloú quiti! y mi castigo estaba siendo contemplar las miradas guasonas de los seguratas que estaban en la puerta, miradas que cambiaron tras ver el contenido en la pantalla. Antes de revisarla me preguntaron por mi destino y todo volvió como al principio. Obviamente no era la primera botella de White Label que pasaba por el arco de seguridad destinada para mi amigo el juez.

Me acerqué primero por la mesa de Ramiro que al verme, sacó una petaca de uno de sus cajones, se levantó y me hizo un ademán para que le siguiera. Entramos sin llamar en el despacho de Caraqueño quien al verme se levantó con ademanes ostentosos y sin saludarme siquiera me quitó las dos botellas de espirituoso, le quitó a Ramiro su petaca, dejó una de las botellas en la mesa y abrió la otra para llenar la petaca de Ramiro. Una vez llena, se la devolvió a su dueño quien tras hacer un gesto con la cabeza se marchó del despacho. “No me mires así, Peloto, ¿qué pasa?¿nunca has visto una comisión, ganada en buena lid?” me espetó mientras volvía de nuevo a sentarse. Hice lo mismo.

- ¿Tú entiendes algo de orígenes de incendios?
- He estado metido en unos cuantos. Es una metodología no excesivamente complicada en cuanto has investigado varios y …
- Vale, acaba de entrar una denuncia de un incendio en el almacén de una fábrica en Leioa. He comentado este asunto con la charaiña y me han dicho que podría ser conveniente el contratar a un especialista, ya que los suyos están saturados, y como tú has estado metido en esos líos, he pensado en ti. La soldada no es excesiva, tres mil euros es lo que te podemos pagar, pero ya te llega para otra cenilla ¿qué dices?

Supongo que con un ademán debí de brindar mi consentimiento ya que te toda la perorata que me había soltado el Juanito sólo me quedé con la cuantía de la paga, sin ponerme a pensar en que coño hacía un juzgado tramitando un incendio, ya que no era lo habitual. Ensimismado en el engorde de mi bolsillo no presté excesiva atención a lo que me estaba soltando sobre el efectivo trabajo que debían desarrollar nuestras pequeñas amigas las células grises. Volví a mi mismo cuando colgó el teléfono y me indicó que me acercara hasta el cercano cuartel de la charaiña donde me estaría esperando el agente Ganekogorta para llevarme en coche hasta el lugar de los hechos. Me dijo que era Pototo en vez de Gómez, al estar éste realizando un curso matutino, pero que ya estaría en la reunión posterior a la inspección para que traslade mis primeras conclusiones sobre el origen del fuego.

El agente Ganekgorta era un tarugo igual de alto que yo, pero sin tripita, más ancho de hombros y con unos bíceps del tamaño de mi muslo, totalmente resaltados con el uniforme de manga corta que llevaba. Me estaba esperando junto a un SEAT Ibiza rojo macarra. Nunca pensé que aquel fuera el coche en el que íbamos a ir, pero era el camuflado que nos habían asignado. Pensé que aun así se podrían echar los asientos para atrás, pero tenía una especie de mecano para poner si fuera necesario la reja de perrera para separar a los detenidos, así que poco se podían tirar para atrás. Al ver que las cámaras de vigilancia se movían en dirección a nosotros, sospeché que podría tratarse de alguna triquiñuela de los compis de Ganeko para ponerle de mal humor, que a fe mía que lo lograron.

Ya dentro, con las rodillas incrustadas en la guantera, se me ocurrió preguntarle a mi compañero si fumaba. Me gritó que ese era un coche oficial y que dentro no se fumaba. Me pareció inútil explicarle para que quería el tabaco, así que le pedí que me parara en un estanco. No me insultó porque en aquel momento estaba más preocupado en ciscarse en la madre del que había decidido colocar la lucecita destellante donde debía de ir una de sus rodillas. Salió a toda ostia del cuartel, y viendo que tomaba la dirección hacia Txomintxu, le expliqué que en cualquier caso teníamos que pasar por mi casa en Avenida de los Chopos para recoger mi cámara de fotos, y como tenía que comprar tabaco, me podía esperar en el Egoki tomándose algo. Aquello le calmó algo.

Cuando ya con mis bártulos y él algo más calmado nos volvimos a meter en el coche, le pregunté donde había sido el incendio. Me estuvo explicando donde había sido, en una zona industrial de Lamiako, junto a la ría. Como conocía la zona, que tenía una pequeña explanada a modo de aparcamiento en la entrada, y con esa vena graciosa e inoportuna que  tanto me ha caracterizado le sugerí que para meter mejor la rodilla, pusiera la lucecita azul en el techo y entráramos a lo estarqui y jach, que sólo nos faltaba una franja blanca horizontal en el coche. Me miró con una repentina cara de mala leche y me soltó “Ese tipo de chorradas sólo las hace tu amiguito Gómez, que se cree que conduce mejor que Fernandito Alonso”. He de reconocer que Pototo cuando saca su cara agria a pasear, empieza a dar miedo de verdad, así que el resto del trayecto lo hicimos en el más absoluto de los silencios.

Cuando llegamos al parking de la fábrica, había unos cuantos operarios, lo deduje por la chaqueta azul mahón que llevaban, quienes sonrieron guasonamente al verme salir del Ibiza, sonrisa que les tornó en cara de disimulo, cuando Ganeko logró desplegarse y salir por la otra puerta. Aquello fue una especie de señal para dispersarse, así que no nos cruzamos con nadie hasta la recepción donde preguntamos por el encargado. Éste nada más presentarse ante nosotros, quiso llevarnos al almacén siniestrado, pero le indiqué que antes prefería sentarnos un momento y hacerle algunas preguntas generales.

La empresa “Plásticos de Lamiako”,me contó, pertenecía a un grupo empresarial navarro Manufacturas del Envase Hormaondo, M.E.H., cuya cabeza visible y propietario era el conocido empresario Txabi Hormaondo. En esta planta, que constaba de dos naves se fabricaban los conocidos vasos de plástico tamaño Katxi, una de las naves fabricaba los vasos por inyección y en la otra se almacenaban, siendo esta última la que fue pasto de las llamas. La fábrica en sí, sólo se ocupa de la fabricación y logística, estando toda la gestión de administración, personal y ventas en el parque tecnológico de Ulzama. Por decirlo de alguna manera, él es el responsable de la planta, pero sólo de todo lo que atañe a la fabricación. Sobre el incendio nos comentó que fue descubierto por uno de los carretilleros, que no pudieron atajarlo ellos con sus medios y que para cuando llegaron los bomberos, fue imposible extinguir las llamas y que se preocuparon más de que no se propagara hasta la nave de fabricación. Sobre las pérdidas, además de los daños a la nave, había unos cuatrocientos mil euros en mercancías que se habían perdido totalmente y cerca de cien mil entre instalaciones y estanterías. 

Nos explicó también que su negocio era estacional, y era ahora cuando se estaba acercando el verano cuando tenían la punta de las ventas, lo que les obligaría a establecer turnos extras para poder atender toda la demanda, pero que piensa que podrán llegar a cumplir al menos con un ochenta por cierto de los pedidos. Interrogado acerca de quienes tenían acceso a la nave de almacenamiento, nos informa que normalmente sólo están los carretilleros, que ocasionalmente alguno de mantenimiento, pero que el acceso no está limitado, y que realmente puede acceder cualquiera. Respecto a la denuncia, la pusieron porque tras leerle la póliza de seguro un compañero de Pamplona sobre lo que había que hacer en caso de incendio, indicaba que había que presentar una denuncia en el juzgado, aunque una vez puesta, el jefe de la asesoría jurídica, Ibratalitu, se había cabreado un huevo.

Satisfecho con las explicaciones recibidas, le solicité que me gustaría entrevistarme con el descubridor del fuego y con los que acudieron en primer lugar, interesándome además si en la planta había algún lugar donde se permitiera fumar. Me contestó indignado que estaba totalmente prohibido fumar en fábrica y que tardaría un rato en localizarles. Entonces fue cuando decidí ir hasta la nave. Le pedí que me explicara como se llegaba y sin darle opción a que me acompañara con un escueto “búsqueme a esta gente y me los lleva allá”, me levanté de la mesa y salí de las oficinas.

Pototo no había abierto la boca y me seguía como un perro faldero. Separada de la nave de fabricación por unos cuarenta metros, con espacio suficiente para que entraran un par de trailers a cargar, se encontraba la nave que hacía de almacén. Tenía mil quinientos metros cuadrados, era de hormigón prefabricado, y hasta que no te acercabas a la gran puerta, no parecía que hubiera sucedido nada, pero ya cerca de la puerta, se veía que el interior de la nave estaba oscuro como la boca de un lobo. Antes de entrar, rodeé la nave por fuera, por si encontraba algo que me llamará la atención. Por rutina comencé a fotografiar todo, ya que con la gran resolución que tienen las fotos hoy en día, puedes acabar descubriendo detalles que a simple vista se pueden escapar. En la esquina contraria a la entrada había restos de humo negro que según se iban extendiendo a los lados, iba perdiendo intensidad el color. Esto ya nos daba una pista de por donde podía haber comenzado el fuego. También me llamó la atención una puerta peatonal trasera que tenía todas las trazas de haber sido forzada. Dado lo cerca que estaba de lo que parecía haber sido el origen, intuí que no habían sido los bomberos los autores del forzamiento. Dado que el responsable de planta no me había dicho nada sobre esa puerta, además de fotografiarla concienzudamente, lo apunté en mi memoria para interesarme por ella.

Concluida la ronda perimetral, entré por la puerta, poniendo cara de Grisom al sentirme observado por algunos espectadores. A la vista de la cubierta que había colapsado parcialmente, no me fue difícil concluir que el fuego había comenzado cerca de la esquina contraria a la puerta. La única fuente visible cercana a esa zona era el cuadro eléctrico de la nave. al ser arriesgado el atravesar la nave, hasta que al menos no apuntalaran la cubierta (o la tirasen definitivamente) le indiqué al responsable que quería llegar hasta el cuadro eléctrico, pero por la puerta peatonal del otro lado de la nave. Hasta allí me acompañó y cuando le pregunté sobre la puerta forzada me puso cara de póker, ya que me aseguró que era ahora cuando se daba cuenta, pero que los bomberos no se acercaron por esta zona. Al estar forzada, se abrió fácilmente y por la esquinita pude llegar hasta el cuadro eléctrico. Esto de andar por el interior de una nave a punto de desmoronarse, sin llevar siquiera casco, era una anormalidad que había hecho bastantes veces y que prometí no volver a hacer nunca más. Abrí el cuadro y como era de esperar todo su interior se encontraba destruido, eso sí, fue el primer origen que tuve que descartar ya que los daños que presentaba el exterior de la tapa, indicaba un mayor sufrimiento en esa zona, dejando claro que el fuego venía del exterior del cuadro, lo cual quería decir que había que hacer un desescombro selectivo para determinar el foco inicial y así poder formular una hipótesis realista.

Intercambié unas cuantas palabras con el responsable para que instruyera que de allí no podía tocar nada sin mi presencia, y para que coordinara con su compañía de seguros el desescombro, que hasta que llegáramos al foco probable del incendio, tendría que hacerse manualmente. Éste se fue a hacer unas llamadas telefónicas para cumplir con lo encargado y me dejó con tres pollos jovencillos (Los dos carretilleros y un encargado), que no podían disimular su nerviosismo. Me presenté y les expliqué lo que me habían encomendado en el juzgado, indicando que era el procedimiento típico tras una denuncia. Para tranquilizarles y quedar fuera de la vista del resto de la planta, les sugerí ir a la parte de atrás. Una vez allí, saqué mi paquete de rubio americano del bueno y me llevé un cigarro a la boca. Hice ademán de buscar fuego, que no llevaba, y les pregunté si ellos tenían. Picaron como panchitos, los tres hicieron ademán de sacar el mechero. Ganeko me miraba a lo lejos intrigado, y a la vuelta le expliqué que en estos temas, si preguntas a alguien que ha estado cerca del incendio si fuma, como es obvio, todos lo niegan, por lo que es mejor ofrecerles tabaco. Se estuvo partiendo de risa hasta que llegamos a la base. Bueno, por el momento no puedo descartar el accidente del fumador, o sea, dejarse alguno de los pavos una colilla encendida por ahí.

Ya fumando tranquilamente los cuatro, me explicaron como había transcurrido todo, incidiendo sobre todo en como se habían comportado tras el descubrimiento, sus intentos para apagar el fuego, la rapidez en dar la alarma, en fin, nada fuera de lo habitual. Si intenté averiguar la situación de la empresa, pero me afirmaron que iba viento en popa, que de hecho, al dueño le llamaban KK, correspondiendo a las iniciales del mote que le habían puesto Kalimotxo King, ya que prácticamente era el único fabricante de vasos de plástico tamaño Katxi. Incluso uno de ellos se atrevió a bromear sobre el hecho no confirmado que su dueño, el gran KK, había puesto una hache al inicio de su apellido, ya que sino las siglas del grupo hubieran sido M.E.O. en vez de M.E.H. Entre grandes risotadas por la última ocurrencia me despedí de ellos, le dije al responsable donde me pueden encontrar, repitiéndole de nuevo que no se toque nada hasta que llegué yo, mientras Pototo precintaba la zona con una cinta de plástico que ponía algo así, como no pasar, policía.

Ya de vuelta en la base, Ganeko me llevó a una sala de reuniones donde nos estaba esperando Ramiro, Gómez, y uno al que llamaban el jauncho, que me dio la impresión que era el jefe de mis amigos charaiñas.. Ramiro excusó al juez, del que luego me enteré que estaba roncando debido a que decidió catar generosamente el espirituoso que le llevé, lo que provocó una mueca en el jauncho, llevándome a pensar que no era la primera vez que Ramiro tomaba las riendas. La voz cantante de la reunión la llevó el Jauncho quién no disimuló la cara de hastío cuando le indiqué que no podía descartar que hubiera sido intencionado. Es más, les enseñé una de las fotos que había hecho en el exterior por la parte de atrás donde aparecía una botella vacía de un disolvente altamente inflamable. El Jauncho quiso mandar a Pototo a que fuera inmediatamente a cogerla, pero le paré al decirle que si había sido provocado, ya la habían hecho desaparecer al enterarse de que se iba a investigar, y sino tenía nada que ver, allí seguiría.

Con el fin de poder conocer posibles motivaciones, había que pedir el informe a los bomberos de la Diputación, las cuentas al registro mercantil, para conocer la situación económica de la empresa, las pólizas de seguros a la Aseguradora, sobre todo si en los últimos meses se había incrementado sin razón los capitales asegurados y mirar en los archivos policiales por si había denuncias anteriores de cualquier tipo. Ramiro tomó nota de todo ello para pedirlo mediante providencias, y tras quedar con el jauncho en coordinarnos para las próximas visitas, acompañé a Ramiro al juzgado para descargar en un archivo todas las fotos que había tomado e incorporarlas al sumario.

Cuando salía, oí la voz de Caraqueño que me decía “¡Peloto! El Jueves es mi cumple y tenemos choco con toda la banda. Vienen Chuchi, Chino; Gordo, Verbo Fácil, Gafotas, Esmicers, Panchez, y hasta el raro ese que juega a futbol. ¿Vendrás, no?” Me paré y dándome la vuelta me encaré a mi colega, diciéndole que sólo me quieren para que pele las patatas y haga la comidita. Se rió con una risa ronca y me juró y perjuró que esta vez me iba a sentar en la mesa y no iba a tener que hacer nada, que al menos, yo ya le había hecho el regalo. Estábamos en esas cuando salió Ramiro de su cubículo y le dijo al juez, “te llama otra vez” “¡Qué pesado!” bramó furioso Caraqueño mientras me explicaba que era el pesado del asesor jurídico de M.E.H., farfullando su apellido que a mí me sonó como algo de Detritus, que a partir de entonces fue como nos referimos siempre a él, a modo de inmediata identificación y mote.

Ya era tarde para ir a comer, así que me metí en una tasca donde di buena cuenta de varios pinchos y varias cañas. Al invadirme el sopor y sólo tener ganas de echar una cabezada, me dirigía a casa cuando Gómez me llamó al móvil “Oye, Peru, tengo un caso para ti. El hijo de un amigo lleva sin ir varios días a dormir a casa y están preocupados. Pásate dentro de una hora por Amesti y te lo presento”. Como es natural acepté. Sabiendo que luego Gómez me iba a liar, me pasé por una pollería para pillar un pollo para las princes, ya que hoy no me iba a dar tiempo a preparar nada. Dejé el pollo en la cocina, me eché agua por la cara para despejarme, mientras me estaba peinando, sonó de nuevo el móvil. Era Iturray. Tras su saludo inicial me explicó que estaba con ellos la hermana pequeña de su novia, la argentina. A la hermana, la llaman la uruguaya, “¿a qué no sabes porqué?”. No tenía que haber respondido, pero algo en mi interior me empujó a decir “¿porqué?”, aunque sabía que su inútil explicación podía durar más de media hora.

viernes, 14 de septiembre de 2012

LEIOAKO ERKULES (BAT)


LEIOAKO ERKULES

Chapter ONE

Me miré en el espejo y ajusté un poco más el nudo de la corbata. Tras comprobar que la camisa estaba impoluta volví de nuevo a contemplar mi rostro en el espejo. He de reconocer que una ducha post siestera y un poco de disciplinante de cabello habían hecho milagros y mi aspecto era bastante más que presentable. Hoy, recogía los frutos de mi primer caso, e iba a entrevistarme para intentar que me contrataran para mi segundo encargo. Habíamos quedado en la calle de Las Mercedes en Las Arenas, en un bar llamado el Comercio, que servía desayunos desde primera hora, hasta las copas de la tarde. No me había hecho falta, como la primera vez, el tener que anotar la dirección del lugar de la cita, ya que, he de ser sincero, es un sitio que en su momento frecuenté bastante. 

No voy a fanfarronear sobre mi experiencia en estas lides, pero he de decir que corrigiendo fallos anteriores (bueno, anterior), pregunté de que se trataba, y adivínalo, inteligente lector, se trataba de resolver la desaparición de un perro. Me llamó algo la atención que mi posible futuro cliente prefiriera recibirme en un bar que en su casa y algo me dijo que quizás no había contado todo a su familia. Me vino recomendado por el veterinario de mi primer caso, al que dejé un buen número de tarjetas, hará cosa de una semana, cuando se me pasó la resaca tras la cena que me sacaron mis nuevos amigos defensores de la ley. Sí, y continuando con la inercia, en avezada labor de marketing digna de manual de jarvard, me pasé por todas las clínicas veterinarias de Getxo, Berango y Leioa aprovechando el subidón tras la resolución del apiole de Trusky, repartiendo tarjetas y explicando servicios (al que me quiso escuchar) con desigual suerte.

Podía haber ido andando desde casa, pero para no sudar, decidí ir en metro. Cualquiera que domine la zona de Aiboa, sabe que a su estación, con un desnivel curioso, le han puesto una especie de ascensorcito para evitar el subir las escaleras, y sobre todo, llegar al suburbano sudando. Pero como el artilugio es alemán, y no parece acostumbrado a las temperaturas de la zona, siempre que hace calor se avería, como hoy, que yo no quería sudar. Así que me metí en el vagón sudoroso, donde el aire acondicionado estaba a tope, sufriendo psicológicamente la posibilidad de pillar un resfri de verano (los peores, según la princebruja), y llegando a mi destino con pequeñas zonas libres de sudor en mi camisa.

Al  entrar en el Comercio, eché un vistazo a la gente que se encontraba en su interior, pero no había nadie con pinta de estar esperando a un tipo como yo. Como siempre que he hecho cuando he quedado en lugares públicos, he dado una descripción muy ajustada de mí (Soy alto, fuerte y guapo, aunque los cabrones de mis enemigos dicen que estoy gordo) y con mi raspado metro noventa y siete y medio (la ventaja de no encoger con la edad), es complicado que no me reconozcan. El primer problema que me asaltó es ¿qué pido? Recordaba en uno de mis primeros trabajos, que fue en una multinacional, en el libro de estilo recomendaban cuando se quedaba con clientes pedir bebidas sin alcohol, como un San Francisco. Claro que estarían pensando en Londres, no en el Comercio, donde el ridículo lo haría si pedía eso. Así que me decanté por un botellín de agua con gas en vaso ancho de sidra, con hielo y una rodaja de limón, que servido con gracia, parecía un Gin Tonic y no iba a llamar mucho la atención.

Al poco tiempo, y cuando sólo llevaba un par de sorbos, apareció Gervasio, mi futuro cliente. Era de estatura baja, metro ochenta más o menos, cabeza despejada (calvo) y con un moreno que denotaba su posible condición de jubilado anticipado de banca. Llevaba pantalones vaqueros de marca y una camisa de rayas azules y blancas, con el cuello blanco y unos mocasines claritos. Iba nervioso pero me reconoció en seguida, como cabía esperar. Éste, que no debía de haber leído muchos libros de marketing, lo que hizo fue pedirse un pelotazo. Nada más servirle, se pego un buche como si no hubiera bebido nada en cinco días, se paso la mano por la frente, como secándose un sudor imaginario que no tenía, y cogiendo el vaso con las dos manos, y mirando hacia el suelo comenzó a relatarme su historia. Cómo ni se había presentado estuve tentado de pegarle un corte al estilo de “Perdona, pero ¿qué me estás contando?”, pero la falta de panoja y las pocas ganas que tenía de acudir al princebanco actuaron como inhibidor de chorradas y me apresté a escucharle atentamente.

Comenzó a relatarme la historia de su perro Canelo mientras con mano temblorosa me tendió la foto de un perillo, que aunque sigo sin tener mucha idea, era un multirraza, pero no debido a ningún avance en la experimentación genética, sino más bien a que su madre, su abuela y su tatarabuela se dejaron montar por todo aquello de cuatro patas que pasó cerca de su culo. Mientras arqueaba las cejas intentando denotar algún interés en lo que me comentaba (no sé para qué, ya que seguía mirando al suelo) intercalando algún “¡ajá! “ por aquí, un que otro “¡um!” con cara de interesado por allá, y las dos veces que levantó la vista, asintiendo con la cabeza, logré comprender que paseaba habitualmente a su perro por Las Arenas, al final de la calle mayor, en un parquecillo que hay junto al Gobela. Era un perro obediente, pero cuando le soltaba para que trotara por el parquecillo, se despistaba unos minutillos, pero luego volvía alegre hasta donde le estaba esperando. Era adorado por toda su familia, de tal forma que no se había atrevido a decir en casa que se había perdido, y se había inventado la excusa, que lo había mandado al pueblo con un amigo, algo que solía hacer de vez en cuando para que el perrillo cambiase de aires. Me miró suplicante a los ojos, y me rogó encarecidamente que aceptara el caso, que sabía que me dedicaba a ello y con notable éxito según le había aseverado su veterinario habitual. Al final el marketing de jarvard me iba a servir para algo.

Con un tío así de desesperado no iba a ser muy complicado el negociar unos buenos honorarios, pero antes debía de hacerme el profesional y comencé a interrogarle sobre que pasó para perder a su perro.

- Estaba en el parque que hay junto a la plaza, y como otras veces, solté a mi perro. Al de unos pocos segundos, comenzó a sonar el móvil, tengo un nosequefón – lo sacó de su bolsillo y me lo enseñó, pero la verdad es que me quedé igual, a mi todos me suenan a putofón – y lo cogí. Estoy con mis amigos metidos en el guasap (¿…?) y estaban proponiendo un plan muy interesante. Con la emoción, dejé la correa del perro en un banco y me metí de lleno en la conversación (¡Joder, un viejo de sesenta años haciendo el gilipollas tecleando algo que es imposible de ver, como si tuviera dieciséis!). Estaba muy interesante, ya que habíamos organizado una paella para el concurso de Aixerrota, pero estábamos intentando que el cocinero habitual, que hace un engrudo de arroz, no apareciera hasta la hora de comer. Incluso estábamos creando un grupo alternativo en el guasap para que el cocinero, no pudiera leer los comentarios. La verdad es que tenemos un par de amigos muy graciosos y la conversación estaba resultando tan descacharrante, que sin darme cuenta, cuando al de un rato terminó, yo ya había llegado sólo a casa. Saqué una cerveza fría de la nevera, me senté en la cocina a tomarla, un cuando miré al canastillo donde se suele acostar Canelo, y al no verle, hice como el de los Donuts, ¡andá, el perro!.

Me miró, creo que esperando que su chiste me hiciera mostrarle alguna simpatía, pero si algo he aprendido en el negocio, es que mostrar simpatía por la víctima, no hace sino que te regateen más los cuartos. Además este era otro tipo al que el putofón con el guasap le había reblandecido el cerebro, tribu urbana cada vez más abundante y descerebrada.

Puedo entender que cuelgatú cuando está con amapolo sentados en el parque de al lado de casa, en vez de hablar, estén tecleándose mensajitos, que es mejor situación que el que se miren tiernamente a los ojos y se susurren palabras tiernas, ya que indefectiblemente llevan a ….., prefiero no pensarlo, es mi hija mayor y aunque tenga 19 años, no me hace ninguna gracia. Que yo lo intentara con su madre a esa edad es otra historia, ya que eran otros tiempos. También entiendo que la princepeque quiera uno (todavía le faltan años), y a la princejefa le comunica al instante con su equipo de trabajo, pero cada vez me es más difícil de admitirlo para cuadrillas de viejos sesentones, que estén en un bar pasándose mensajitos en vez de hablar, y sacando el teléfono cada vez que suena el pitidín, que sólo suele ser para avisar que el rezagado está llegando o para pasar la foto de la última tía buena que ha pasado por ahí cerca.

Tras escuchar con cero interés, pero con cara de atención profesional personalizada,  sus denodados e inútiles esfuerzos para encontrar al perro, adornado con todos los “canelillo ven” (en realidad el canelo era él) pase a lo que realmente me interesaba, procurando mostrar la menor compasión posible cuando le indiqué la tarifa habitual de cuatrocientos euros por aceptar el caso y comenzar los trabajos, y una prima de seiscientos si encontrábamos el perro, ya que como le indiqué literalmente “no siempre es posible hacerlo”.

Ni me discutió, sacó ocho billetes de cincuenta lagartos que puso en mis manos, me dejó también la foto del perro, y tras preguntarle acerca de las rutinas que seguía con su perro, contestarme con demasiada amplitud de datos, se tragó lo que quedaba en su vaso, me dio una tarjeta suya y tras rogarme por favor, que no le llamara a casa, sino al móvil, y que en cualquier caso no me identificara como detective privado, se levantó de la silla y se fue, pero sin pagar, dejándome a mí la cuenta. Por lo que me cobraron intuí que él precisamente no había tomado alcohol de quemar, pero con el bolsillo caliente, tampoco me importó mucho, aunque me estaba dejando ya señales de la catadura moral del pollo.

Feliz salí y decidí preparar una buena cena para las princelocas, que hoy llegarían agotadas tras sesiones de pilates, body ostias y entrenamientos de baloncesto. Entré en un super, pillé una cola de salmón preciosa y me acerqué hasta Zuricalday donde acopié una interesante provisión de bollos de mantequilla, ya que había que celebrar en casa la entrada de un nuevo caso, y no había mejor manera que convocar una ficticia “reunión de investigación”, a lo Kurt. Como todavía había tiempo y varilla de sobra en los bolsillos, me pasé por el Zokotxo a tomar una abundante y sabrosa ración de champis, departiendo con el dueño sobre los avatares del fútbol juvenil de Getxo, regado con abundante Rioja. Así, que ya entradita la tarde, pelo bolinga y con trescientos euros en el bolsillo entré en casa, dispuesto a hornear el salmón.

El salmón al horno, no tiene realmente ningún misterio, siendo uno de los platos más fáciles de preparar. Sin más, ya con el horno precalentado a unos 190º se pone abierto en la bandeja (es conveniente poner papel de horno debajo, ya que si tienes la suerte de que sólo cocinas y no friegas como yo, facilitas mucho la labor), y suele tardar entre 20 y 30 minutos en hacerse en su propia grasa. No hace falta añadir nada. Si quieres acompañar, puedes hacer una guarnición de patatas cocidas, pero hoy, y con la excelente provisión de bollos acopiada, no lo vi como necesario.

Ya sentadas en la mesa, con hambre canina, como si fueran hermanas de Canelo mis tres priceglotonas dieron buena cuenta del salmón y de los bollos, y aproveché para soltarles un espich sobre mi nuevo caso y pedirles que me dieran ideas para poder empezar a investigar. Yo tenía claro que el primer paso iba a ser recorrer las clínicas veterinarias de Getxo y Leioa, al menos las más cercanas a la zona de desaparición, y luego darme una vuelta por las perreras, pero después, no tenía muy claro que seguir haciendo. La princepeque, que creo que es la única que me hace algo de caso, me indicó que ella podía hacer unos carteles con la foto del perro y con un número de contacto. Le expliqué que el cliente (paganini a partir de ahora) no quería que su familia se enterara de la pérdida, por lo que podría no ser buena idea lo de los carteles. Insistió, con lógica aplastante, ya que se le podía preguntar al pajinini que zonas no frecuentaba su familia y pegar allí los carteles, trabajo que tendría su adecuada comisión (¡Maldita la hora en que la princejefa le explicó como pagaban a los vendedores!). No le di más vueltas, ya que en lo primero, en cualquier caso, iba a ser el voltio obligado por veterinarias y perreras.

Me estaba empezando a cambiar el humor al derivar la conversación en la clase de golf del fin de semana, y la ilusión que tenían las tres princewoods en salir al campo “Ha dicho el profe que otras tres clases más y nos saca al campo”, “pero sólo podemos salir cuatro” dijo la mediana mirando a su madre. Eso sólo significaba que el excluido iba a ser yo, ya que amapolo iba fijo en el grupo tras ver de reojo la miradas cómplices que intercambiaron madre e hija. Puse mirada triste de perro pachón para intentar que la princepeque apoyara mi causa, pero la carota de ella miraba al techo para disimular, sólo le falta silbar.

En estás sonó el teléfono. Se levantó cuelgatú, pensando que sería para ella, ya que cuando a amapolo se le acaba la batería o el saldo, llamaba por el tradicional. Vino al de un momento y me dijo, “Es para ti. Te llama Ramiro” susurrándome cuando pasé a su lado “cuelga rápido”. No pude evitarlo, me paré en seco en el pasillo y me di la vuelta con mi mejor mirada de furioso asesino (de zoquete presuntuoso según la princejefa), pero seguían a lo suyo, sobre que gorra llevar cuando salieran al campo, así que me fui al salón y cogí el teléfono

-  ¿Si?
-  ¿Peru? Hola soy Ramiro, el secretario del Juez Caraqueño, no sé si me recuerdas
-  Hombre, Ramiro, claro que me acuerdo
-  Mira, me ha pedido el Juez que vengas mañana hacia las diez.
-  ¿Para?
-  Pues me ha dicho que aparezcas con dos botellas de White Label, así que supongo que será para encargarte algo.
-  ¡Venga! Pues aparezco mañana. Un saludo
-  Buenas noches

domingo, 9 de septiembre de 2012

EL DESAFÍO DEL ARROZ


EL DESAFIO DEL ARROZ

Como siempre, las buenas ideas suelen aflorar en las sobremesas de las cenas de los Viernes, y como no pudo ser de otra manera, mientras en el cielo de Barrika las estrellas parpadeaban  hipnóticamente, a uno de los contertulios se le ocurrió (para no hablar siempre de lo mismo) organizar un desafío entre aquellos dos cuya fama para preparar el arroz les precede, y tras una comida preparada por ambos, determinar que arroz es el mejor, aquél que preparo yo con pescado, o el que hace mi buen amigo con carne.

Con el fin de dotar al desafío de mayor emoción sugirió ( y nadie dijo nada en contra) que tanto yo como mi honorable oponente echáramos a pies y eligiéramos cada uno a los miembro de la cuadrilla que estuvieran disponibles para organizar dos equipos y dar mayor empaque al enfrentamiento. Dicho eso, me pidió (más bien suplicó humildemente) que por favor, le eligiera en mi equipo, aunque fuera de los últimos.

En fin, lanzado el desafío (sólo hace falta ponerle fecha), hay que empezar a hacer las cosas con coherencia, aprender de los pasados errores y comenzar a tomar decisiones que nos pongan en una inmejorable posición para hacer morder el polvo al enemigo. Ya en las edades que andamos y con el valor bastante justo (que no tenemos huevos para decir a las nenas que se queden en casa, que sólo es para chicos), sabemos que cada uno seremos acompañados en esta apasionante aventura gastronómica  por las respectivas princecuquis, y que por mucho bueno que hagamos, cada princecuqui es un voto, totalmente cautivo, para el equipo en el que milite su haragán. Por ello es de vital importancia que los que no tengan princecuqui, sean elegidos por el equipo contrario. Y creerme que lo digo con harto dolor de corazón, puesto que uno de los singles que nos queda es bastante trabajador. El resto da igual, ya que no pegan palo al agua.

El otro asunto que debemos de arreglar, y que quedó evidente tras la autocrítica del fiasco clasificatorio (que no organoléptico) en el pasado marmitako. Es el problema del organigrama, pero lo he estado pensando y no hay mayor problema. Este va a ser el austero y racional organigrama de mi equipo.

En primer lugar, en la punta de la pirámide estoy yo, el C.E.O. (Chef Executive Officer), el C.E.O. guapo, por supuesto, como cabeza responsable de la organización y máximo culpable de que todo salga bien. Eso sí, al mínimo error seré el implacable dedo apuntador, impertérrito cortador de cabezas, azote de los torpes, pateador inmisericorde de culos y pesadilla de paketes. Como he dicho es una organización iceberg, que en el caso de ir bien, sólo aparecerá el C.E.O. (la cima), pero si va algo mal, tiene la función ventilador para expandir lo que todos sabemos con mucha potencia, pero aun así, nunca manchará  la punta que siempre quedará inmaculada.

Tras este primer nivel, la organización las estructuramos en cinco departamentos a cuya cabeza irá un responsable, que se podrá decir que está en el segundo nivel. He estado con la duda de que titulación darles (categoría está clara, justo debajo mío), pero al final me he decidido por la de Director General, ya que en castellano queda como más contundente que el mananging director o similares del mundo sajón, y el arrocito, básicamente es mediterráneo. Cada Director General podrá tener un segundo, mano derecha o ayudante cualificado, que yo recomiendo llamar Subdirector, pero como recomiendan los afamados gurús de organización, para que éstas funcionen, hay que dejar ciertas autonomías a los mandos, así que pueden llamarles en vez de subdirector, pues algo así como, gerentes, guías, o cualquier otra soplapollez que se les ocurra y que denote que están por debajo del dire, pero por encima del resto.

Bien, ahora vamos con los departamentos. El primer departamento que entra en escena es el de recursos humanos RR.HH., que además de contar con el director general y su segundo, deberá de contar con un responsable de filiación (Es el que tiene la lista de los miembros de la cuadrilla con sus números de teléfono), un responsable de turnos (es el que fija a que hora tiene que estar cada uno), un responsable de avisos (es el que les llama para decir a que hora tienen que estar presentes), y un responsable de control (es el chivato que apunta a que hora llega cada uno, para que reprendan a los que no llegan a la hora).

Ya conociendo quienes y cuantos somos, hay que dar paso a otro departamento crucial en cualquier organización, el Departamento Financiero o los Money boys. Además de los dos jefes correspondientes por departamentos, deberá tener un responsable de coordinación (es el que pide la lista a RR.HH.), un budget man (es el que se encarga de realizar el presupuesto de gasto) un responsable de cobros (es el que va a pedir la pasta a los de la cuadrilla tras realizar la cualificada operación de dividir el gasto considerado en el budget), un controller (el que se encarga de revisar de que todos han puesto su parte del escote) y potro man (el encargado de engrasar la maquinaría y de distribuir los recursos). Aquí hay siete en el equipo, uno más que en RR.HH. pero la importancia de las pelas lo exige así.

Ahora viene uno de mis favoritos, el Procurement Departament (conocido vulgarmente como “Kompras”). Es uno de los puntos vitales de la organización, son aquellos que con sus decisiones serán la primera piedra en el camino hacia la victoria. Habrá un responsable de specialities (este es el encargado de elegir el pescado, marisco, especias, caldos, y vegetales, si se utiliza alguno), el responsable de ordinarios (pues eso, el que elige el arroz, aceite, sal y las cositas normales para hacer un arroz, rico, rico) el liquor manager (el que se encarga de comprar todo tipo de bebidas alcohólicas, ya que el que quiera agua, que coja la manguera del jardín) el responsable de atrezzo (pues eso, el de las sillas, mesas, manteles, toldos, platos, cubiertos, vasos), responsable de maquinaría (el que elige si brasa o butano, la paellera, la cuchara de palo para remover y varios), y además contará excepcionalmente este departamento por su importancia con un executive team (será de quinto nivel, por debajo de responsables o asimilados) que estará compuesto por tres personas que son las que irán al supermercado (uno llevará el carrito, otro cogerá las cosas y el tercero las irá tachando de la lista que les haya pasado cada uno de los responsables del departamento con letra impoluta y legible). Como supongo que en seguida se darán cuenta y saldrán con la bromita, decir, que sí, que es el departamento 10, porque ese es el número de personas que lo componen.

Bueno, ya pasamos al Departamento de Producción que es en sí, los que realmente se encargarán de hacer el arrocito, con las compras que les llevarán desde “kompras”. En aras de evitar posible confusiones, será el subdirector de compras quien se encargará de entregar a su homólogo en Producción de las generosas viandas. Los detalles los arreglaran los directores generales de ambos departamentos en comida a la que por supuesto estoy invitado y no pienso pagar, por lo que habrá que llamar también al director general de las finanzas para que pague. Luego habrá que organizar una segunda comida con el resto de direcciones generales para explicarles que no se les ha hecho de menos por no llevarles a esa primera comida ya que era para un trabajo específico. Y solventados estos pequeños futuros roces en el equipo directivo que encaminaran al mismo a una mayor cohesión interna, pasamos a definir como queda organizado este departamento de producción.

El primero que aparece es el responsable de cocina (aquel que se encargará de que el fuego y las cazuelas o paelleras correspondiente se encuentren prestas para ser utilizadas por el cocinero), el responsable cocinero (el que se va a encargar de mezclar cada uno de las viandas y condimentos que han puesto a su disposición, no confundir con el de cocina, en el fondo un mero utillero) responsable de calidad (el que prueba el guisote y en su caso aprueba el punto de la sal), responsable de catering ( el que se encarga de que las viandas sean servidas en mesas) el responsable de hidratación (aquel que se encargará de que no haya una copa vacía) y el responsable de recogida (el del friega platos, vaya). Dado la acumulación de posibles trabajos, los responsables de catering, hidratación y recogida, excepcionalmente podrán subcontratar en caso que lo estimen necesario, cuatro personas cada uno (de sexto nivel) para que les hagan el trabajo físico. Dado que los doce subcontratados, en sentido estricto, no forman parte de la organización, este departamento oficialmente, sólo consta de ocho personas. Bueno, el cocinero tiene envidia, así que si quiere, puede contratar dos pinches cualificados (séptimo nivel). Y el de cocina, si quiere otro (también de séptimo nivel). Si el de calidad quiere que alguien le sujete la cuchara para probar el punto de sal, que tenga cuidadín, que hay unos quince subcontratados que no harían ascos a su puesto.

Y por último, Sales & Marketing, o AGITAPRO (agitación y propaganda), no por ser el último, el menos importante, que es el que se encargará de vender las excelencias de nuestra candidatura y atraer los votos afines a la candidatura contraria (por lo civil o por lo criminal que diría Aragonés) necesarios para la victoria final. Además del jefe y subjefe correspondiente de cada departamento tendremos un responsable de boletín mensual (se encargará de editar todos los meses hasta la fecha definitiva una loa constante a las virtudes de nuestro equipo y de su ser superior, y poco a poco irá infiltrando insidias acerca de los contrarios), un responsable de animación de camp (es el que se encargará de dar un aire de fiesta en el recinto de fabricación de los arroces, con juegos participativos y de rol, como por ejemplo, si tu paella es de carne tiene colesterol, y la de pescado fósforo para tu cerebro en la cabeza y viagrina para el otro), un responsable de confección ( es el encargado de las camisetas de la cuadrilla que irán desde 100% algodón para los componentes de primer nivel, hasta sintético de los de séptimo, con mezclas proporcionales a las distintas categorías, poca fibra sintética, mandas mucho, mucha fibra sintética, te mandan muchos) un responsable de medios ( se encargará de difundir en prensa, radio, TV y ciberespacio las bondades de nuestra candidatura), y el responsable de investigación ( en coordinación con medios y boletín, se encargará de recopilar toda la información despreciable de los contrarios, tanto de sus personas, como de los ingredientes de su guisote, y de difundirla). Estos no son muchos, pero ya llegan a siete.

Total, que sino sumo mal (os recuerdo que soy de letras) alcanzamos la cantidad de 39 personas a las que hay que sumar quince subcontratados. Si sumamos las princebrujas de la cuadrilla, ya no quiero ni pensarlo, pero podemos llegar al medio centenar, al que habrá que añadir los traidores al arrocito con carne y los habituales que aparecen siempre “hombre, un vasito de sangría sí que me tomaría, pero claro, en ayunas” que se quedan hasta los postres.

Para mí no es mucho problema, en la mesa principal sólo estaremos los de primer nivel (O sea, yo) y los de segundo (directores generales) acompañados por sus respectivas princecuquis, que sumamos la cantidad de doce, que es el número de raciones que habrá en mi arrocito. Del resto, pues nada, le diré al de RR.HH. que mande una circular, recomendando llevar bocata, gaseosa y brick de don simón a los de tercer nivel para abajo. Eso sí, que el brick esté frío, ya que a lo mejor apetece un tintito de verano en la mesa de dirección.

PD Debo tener un troyano en mi ordenador, antes de colgar esta entrada ya ha aparecido una cuenta en facebook con el título de “yoquieroserdirectorgeneraldelarrozconpescao

PDPD Esto es lo que tiene el que me saquéis a cenar un Viernes, que se me ocurren estas sandeces de economías de personal en la organización. Así, que el pobre Peru tendrá que esperar una semanita a que comiencen sus nuevas aventuras.



lunes, 3 de septiembre de 2012

CONSEJOS PARA LA VUELTA AL TAJO


CONSEJOS PARA LA VUELTA AL TAJO

Hoy, como a miles de personas, me toca retornar de nuevo a la rutina diaria del trabajo habitual (y tal como está el patio, añadiría que me toca la suerte de). Con el fin de evitar que sea algo muy duro, a continuación os paso unos útiles consejos para que el violento choque sea lo más pasable posible.

El primer y mejor consejo es que cuando abras un ojo, cojas el teléfono y llames a la oficina para decir que te encuentras mal y que hoy no vas a ir. Una gastroenteritis por haberte despedido de las vacaciones con un poco de furor (queda más elegante que decir que ayer te pillaste una castaña de carreras) es una excusa bastante creíble. También lo hacen los jefes.

Y como consejos vendo pero para mi no tengo, ya que yo no he llamado a la mañana para decir que no voy (no porque sea tan geta de no llamar, sino porque me he presentado pulcro, como siempre, a la hora) os paso a detallar unos pequeños trucos que os harán más llevaderas estas primeras horas.

El primero de la lista es que cuando llegues, en vez de pensar en el trabajo que has dejado pendiente para la vuelta, piensa en el sexo que has tenido durante las vacaciones, y lo que es mejor, en el sexo que has fantaseado durante las mismas, y créete que ha sido de verdad. Si lo del sexo no te va mucho, piensa en el chocolate que has comido, y después, en todo el que te hubiera gustado comer como si hubiera sido deglutido de verdad. Y si no eres del chocolate de comer, pues evádete con el de fumar.

Cuando llames a aquellos que te habían prometido dejarte cosas hechas para cuando volvieras de vacaciones, no dejes que te líen preguntándote por tus vacaciones, corta de raíz cualquier intento, pues además de escaquearse de lo prometido, luego te cuentan las suyas.

Cuando te llame aquel cliente al que habías prometido tenerle preparada a su vuelta de vacaciones trabajos diversos, antes de que te cuestione sobre los mismos, pregúntale por sus vacaciones y ensálzalas según las vaya relatando (que listo eres al haber hecho eso; que envidia me das, me tienes que dar las direcciones, cuando quedamos a ver las fotos, etc., etc.) con un grado de peloteo que raye en lo escandaloso, que con un poco de suerte le puedes soltar luego las tuyas. Cuando las estés acabando, haz que un compi de la oficina te llame al móvil, para excusarte con tu cliente que tienes otra llamada. Si has sido especialmente pelma en tu relato, no te llama hasta la semana siguiente.

Ábrete un blog en la red y da consejos de cómo sobrellevar mejor este primer día (aunque ya es un manido recurso)

Como ya es de dominio público, el Viernes pasado participé con unos en el célebre concurso de Marmitako de afamada localidad costera, lo que dejó una serie de noticias que he de relatar a continuación:

Aunque duela confirmarlo, como Director ejecutivo del equipo pelapatatas he de dar la noticia; yo y mis directores adjuntos pelapatatas hemos sido fichados por otra cuadrilla. Ya sé que nos formamos en la cantera de la cuadrilla( casi todos, ya que uno es de Sukarrieta), que de las primeras patatas mal peladas (por cada kilo sólo sacábamos 375 gramos comestibles), con peladuras, sin quitar los gusanos ni lo podrido, hemos pasado a una perfección en el corte que ha sido hasta glosado con lírica excepcional por famosos chefs michelin. En la nueva cuadrilla, además de los aperitivos tradicionales nos dan langostinos grandes cocidos, canapiés de huevas de pez con manquetilla untada, mojojones al vapor con limón, y hasta chuchi de atún. Además cuenta con instalaciones homologadas para la liga de cocinillas veraniega con mesas de madera plegables de 1,10 mts de altura, sillas de madera, vajilla de cerámica, toldo multifunciones, y es casi toda de tías. Además, en la parte de atrás tienen piscina con tumbonas y baño de poder hacerlo sentado. Y cuando acabas de pelar las patatas te aplauden. En fin, nos vamos con pena, pero quiero que se entienda que queremos estar en la Champions de la marmita.

Lo malo es que los bollos de mantequilla de Gernika vienen también con nosotros.
En el concurso montado por diversas marcas comerciales e institucionales, en la que se valoraba era la utilización de su producto en la fiesta gastronómica, nuestra sangría ganó el premio patrocinado por el Consorcio de Aguas del Gran Bilbao.

El Marmitako´s Blues suena a toda piña en la radio local.

(lirics)
Yo tengo muy mala pata
Ya que me paso la mañana
Pelando las putas patatas

A las diez estamos cuatro
Cuando la marmita se caliente
Llegaremos a los treinta y cuatro

Yo tengo muy mala pata
Ya que me paso la mañana
Pelando las putas patatas

La mano me huele a bonito
Y mi pelo grasiento a sofrito
Pero las nenas se van
Sólo con los señoritos
Ya que ellos llegan tarde
Perfumaos y limpitos

Yo tengo muy mala pata
Ya que me paso la mañana
Pelando las putas patatas

Y encima llegan sobraditos
Ya que sólo preguntan
Por su aperitivito

Yo tengo muy mala pata
Ya que me paso la mañana
Pelando las putas patatas

Por otra cuadrilla hemos fichao
Pero siempre es el mismo resultao
Mi equipo sigue  igual de pringao

Yo tengo muy mala pata
Ya que me paso la mañana
Pelando las putas patatas

Hemos sido recomendados en la página güeb de Europegreenfoodcontests como ejemplo a seguir en la mimetización con el terreno de las mesas, sillas y vajillas utilizadas en el evento.

Y aunque estaba tentado de utilizar el titular de “chapuzón en la ría” para jugar con el doble sentido entre el baño que se dio el consejero delegado para subir en las encuestas y una gran chapuza justo al lado de la ría, he de reconocer que fue un gran fiestón y agradecer a todos aquellos que curraron(mos) como perros para que todos lo pasáramos muy bien, ya que en mayor o menor medida, cada uno aportó su granito de arena, sobre todo disfrutando del momento y que echamos mucho de menos a los que no pudieron venir. Y Simón, la marmita estaba de cojones, así que ¡Enhorabuena! Y felicita(nos) al equipo

Momento publicidad (Que Koreosabakeseacaba también debe de vivir)

  • Una carpa de tres por tres para cubrir la marmita, setenta y cinco euros.
  • Un bonito de siete kilos, veintitrés euros con doce céntimos.
  • Catorce kilos de patatas nuevas, once euros
  • Veinte cebollas rojas, siete euros con cincuenta céntimos
  • Dos botes de pulpa de pimiento choricero (aunque no se utilizó), cinco euros
  • La sonrisa del Goiri cuando se enteró que el jurado dijo que el bonito utilizado era de lata,

“ESO SI QUE NO TIENE PRECIO”

MASTERCAR, la Tarjeta de los Marmitakeros