jueves, 21 de noviembre de 2013

LA DIETA



LA DIETA

Hace cuatro semanas decidí que el Lunes de hace tres, comenzaba con una dieta. El objetivo es bajar ocho kilos antes del 24 de Diciembre, no subir un kilo desde ese día hasta el día 6 de Enero, y a partir de ahí, fijarnos nuevas metas.

Como bien enseñan las escuelas de negocio, la primera fase de un esperanzador futuro estaba cubierta; hay un objetivo claro, estimulante, y por supuesto alcanzable. Lo que pasa es que en estos casos no se cuenta con la semana de la boa, sí, esa simpática y enorme serpiente. Para aclararos la cuestión, no se trata de una semana del calendario chino. Cualquiera que se haya propuesto una dieta, sabe lo que es la semana de la boa. También lo saben los endocrinos, dietistas y cirujanos.

Cuando una persona se propone hacer dieta, siempre pone una fecha distante del día de la decisión, como mínimo una semana, en la que intenta encontrar alivio a la tortura sicológica que le supone el someterse voluntariamente a una reducción en la ingesta, y como es mi caso, a una total eliminación de las viandas que más te gustan (patatas fritas de sartén, tintorro, macarrones con abundante queso, arrocetes, bocatas de increíbles embutidos y espectaculares quesos, legumbres cocidas adornadas con todo tipo de delicias de origen porcino, cervezotas medio litrenses, albardados con curry, filetes empanados, raciones de gin tonics como si no fueras a beber en un mes y alguno más que no digo por no alargar la enumeración).

Vale. Pues lo que haces la semana antes (es más aconsejable una semana que un mes, para que no se convierta la semana de la boa, en el mes de la boa) es ponerte hasta las cartolas de todo lo incluido en el paréntesis del párrafo anterior. Y la sensación con las que te quedas, incluso dos días antes del comienzo de la dieta, es la sensación de que estás como una boa. Ahora, y siguiendo con el coaching, veamos el lado positivo; esa sensación hace que los dos o tres primeros días de la dieta, no te cueste tanto. Vamos, que es como cuando dejas de fumar el día 1 de Enero, que entre lo tarde que te levantas, y el clavo que llevas, el primer día el síndrome de abstinencia de la nicotina, no parece que es tanto. 

Pero Luc, la semana de la boa también tiene su lado oscuro, y es que en esa semana (por eso sigo recomendando que nunca sea un mes), coges unos cuantos kilos de más. La lorza crece, no mengua. Tiene una solución para que no te afecte mentalmente el lado oscuro, y es que no te peses hasta el día que comiences la dieta. Que en realidad es lo que hice yo.

Pues eso, el Lunes de hace tres semanas comencé con una dieta, con el objetivo marcado al principio. El primer día no costó mucho. El segundo incluso rechacé dos proposiciones para comer, pero llegó el fin de semana, y hubo una comida politico-familiar a la que no pude (ni quise) faltar, en un italiano, en la que aproveché todo lo que pude, rioja incluido. Al día siguiente la báscula emitió su veredicto; ¡sólo me quedaban siete kilos para llegar al objetivo!

Ese tipo de cosas envalentonan. Además en la segunda semana tenía una comida el Sábado con los amigotes del famoso club de golf sin campo de Górliz, precedido de una caminata feroz por las laderas del monte Ganguren. ¡Otro kilo bajo esta semana, como poco!, y olvidé las elementales precauciones, el Jueves quedé a comer con el que me había ofrecido el almuerzo el Martes anterior, y el Viernes comí con mi madre y cené en su casa. Ya saltada la dieta, Jueves, Viernes y Sábado, alguna alegría me di también el Domingo.

Y como un gilipollas acudí el Lunes a la báscula, encima con la esperanza de mantener, al menos, el peso, por la caminata de media hora que me di el Domingo, ya que cuando salí de casa empezó a llover. Pero si la vida es cruel, no lo es nada en comparación con una máquina mecánica como una báscula que inexorablemente en su balanza indica el peso que realmente soporta en su plataforma. Ahora tengo que bajar ocho kilos setecientos gramos antes del 24, que a pesar de todo sigue siendo un objetivo alcanzable.

Podrás pensar que esta semana he sido formal, a pesar de tener una alubiada bendecida por sacramentos el Sábado. Hay un matiz que ha hecho que esta semana cambie, y es el viaje que ha hecho mi cónyuge a Alemania, hasta el Jueves. Y pocas cosas me reconfortan más que tomarme una helada jarra de birra acompañada de pan y embutido mientras hojeo distraídamente el periódico tras aburrida jornada de currelo. Además de aburrida, pasada por agua, que cómo lleva tirando toda la semana.

El Lunes la báscula hablará de nuevo, y ya tendré que tomarme esto más en serio. Te lo seguiré contando, para ver si la escritura me vale como terapia de autoayuda.