LA DIETA
Hace
cuatro semanas decidí que el Lunes de hace tres, comenzaba con una dieta. El
objetivo es bajar ocho kilos antes del 24 de Diciembre, no subir un kilo desde
ese día hasta el día 6 de Enero, y a partir de ahí, fijarnos nuevas metas.
Como
bien enseñan las escuelas de negocio, la primera fase de un esperanzador futuro
estaba cubierta; hay un objetivo claro, estimulante, y por supuesto alcanzable.
Lo que pasa es que en estos casos no se cuenta con la semana de la boa, sí, esa
simpática y enorme serpiente. Para aclararos la cuestión, no se trata de una
semana del calendario chino. Cualquiera que se haya propuesto una dieta, sabe
lo que es la semana de la
boa. También lo saben los endocrinos, dietistas y cirujanos.
Cuando
una persona se propone hacer dieta, siempre pone una fecha distante del día de
la decisión, como mínimo una semana, en la que intenta encontrar alivio a la
tortura sicológica que le supone el someterse voluntariamente a una reducción
en la ingesta, y como es mi caso, a una total eliminación de las viandas que
más te gustan (patatas fritas de sartén, tintorro, macarrones con abundante
queso, arrocetes, bocatas de increíbles embutidos y espectaculares quesos,
legumbres cocidas adornadas con todo tipo de delicias de origen porcino,
cervezotas medio litrenses, albardados con curry, filetes empanados, raciones
de gin tonics como si no fueras a beber en un mes y alguno más que no digo por
no alargar la enumeración).
Vale.
Pues lo que haces la semana antes (es más aconsejable una semana que un mes,
para que no se convierta la semana de la boa, en el mes de la boa) es ponerte
hasta las cartolas de todo lo incluido en el paréntesis del párrafo anterior. Y
la sensación con las que te quedas, incluso dos días antes del comienzo de la
dieta, es la sensación de que estás como una boa. Ahora, y siguiendo con el
coaching, veamos el lado positivo; esa sensación hace que los dos o tres
primeros días de la dieta, no te cueste tanto. Vamos, que es como cuando dejas
de fumar el día 1 de Enero, que entre lo tarde que te levantas, y el clavo que
llevas, el primer día el síndrome de abstinencia de la nicotina, no parece que
es tanto.
Pero
Luc, la semana de la boa también tiene su lado oscuro, y es que en esa semana
(por eso sigo recomendando que nunca sea un mes), coges unos cuantos kilos de
más. La lorza crece, no mengua. Tiene una solución para que no te afecte
mentalmente el lado oscuro, y es que no te peses hasta el día que comiences la dieta. Que en realidad
es lo que hice yo.
Pues
eso, el Lunes de hace tres semanas comencé con una dieta, con el objetivo
marcado al principio. El primer día no costó mucho. El segundo incluso rechacé
dos proposiciones para comer, pero llegó el fin de semana, y hubo una comida
politico-familiar a la que no pude (ni quise) faltar, en un italiano, en la que
aproveché todo lo que pude, rioja incluido. Al día siguiente la báscula emitió
su veredicto; ¡sólo me quedaban siete kilos para llegar al objetivo!
Ese
tipo de cosas envalentonan. Además en la segunda semana tenía una comida el Sábado
con los amigotes del famoso club de golf sin campo de Górliz, precedido de una
caminata feroz por las laderas del monte Ganguren. ¡Otro kilo bajo esta semana,
como poco!, y olvidé las elementales precauciones, el Jueves quedé a comer con
el que me había ofrecido el almuerzo el Martes anterior, y el Viernes comí con
mi madre y cené en su casa. Ya saltada la dieta, Jueves, Viernes y Sábado,
alguna alegría me di también el Domingo.
Y
como un gilipollas acudí el Lunes a la báscula, encima con la esperanza de
mantener, al menos, el peso, por la caminata de media hora que me di el
Domingo, ya que cuando salí de casa empezó a llover. Pero si la vida es cruel,
no lo es nada en comparación con una máquina mecánica como una báscula que
inexorablemente en su balanza indica el peso que realmente soporta en su
plataforma. Ahora tengo que bajar ocho kilos setecientos gramos antes del 24,
que a pesar de todo sigue siendo un objetivo alcanzable.
Podrás
pensar que esta semana he sido formal, a pesar de tener una alubiada bendecida
por sacramentos el Sábado. Hay un matiz que ha hecho que esta semana cambie, y
es el viaje que ha hecho mi cónyuge a Alemania, hasta el Jueves. Y pocas cosas
me reconfortan más que tomarme una helada jarra de birra acompañada de pan y
embutido mientras hojeo distraídamente el periódico tras aburrida jornada de
currelo. Además de aburrida, pasada por agua, que cómo lleva tirando toda la
semana.
El
Lunes la báscula hablará de nuevo, y ya tendré que tomarme esto más en serio. Te
lo seguiré contando, para ver si la escritura me vale como terapia de
autoayuda.