Todo esto que relato a continuación,
ocurrió hace unos años cuando estaba estudiando mi master en cultura
nativo-americana en la universidad de Saint Paul (Minnesota). Por aquel
entonces tenía una relación con una chica de Mankuto, localidad del mismo estado
que estaba a poco más de una hora por carretera. Ya sé que estás pensando en la
típica rubia de metro ochenta, tipo armario ropero escandinavo, que los fines
de semana para desconectar, se dedicaba a perseguir cervatillos con la
cosechadora gigante de su familia, mientras en el cassette retumbaba a todo
trapo John Denver y Garth Brooks. No era así, Carlisse era más bien menudita,
morena, ojos grises y le iba más el torneo de debates y el cine europeo
independiente.
Intenté que los fines de semana se
quedara en mi apartamento de la uni y que no fuera a su pueblo. Usé la excusa
de que tenía poco dinero, del que también es verdad que no andaba muy sobrado.
Intenté camelarla pero me dijo que el dinero no era un problema (en ese momento
me quede en estado levitatorio profundo), que no me preocupase (seguía
levitando), que ya me había encontrado un trabajillo para los fines de semana
(me caí) y así me financiaba la estancia en su ciudad. Me consiguió un trabajo
en el club de golf del cercano pueblito de Saint Olaf, Hazadon Creek y un bono
para una habitación en el Fridge Motel. Eso fue a final de verano, y ya en otoño nuestro rollete fue decayendo como
las hojas de los árboles. Para Noviembre dejamos de salir.
Pero me había acostumbrado a esos
dolarcillos extras, había una rubia armario ropero en la recepción del motel que me hacía ojitos y como en Minnesota en invierno
no hay mucho que hacer, aguanté allí los fines de semana del primer semestre.
Mis duties (obligaciones) en el club de golf no eran muy pesadas, y además
cuando el campo pasó de verde a blanco, no teníamos que llegar hasta las once
de la mañana, para marcharnos hacia las 7 p.m. Además tenían un curioso
servicio para los socios más veteranos (y borrachingas), el Marshall los
llevaba a casa en un autobusito del club, mientras yo y los otros boys les dejábamos
el coche en la casa de cada uno donde luego nos recogía el Marshall. Así fue
como conocí a Jack, Mr. Nicklaus, el famoso “Golden Beer”.
En invierno se sentaba en un mullido
sofá orejero de cuero negro junto a la chimenea, en mano diestra un vaso bajo
de cristal de bohemia con dos dedos de malta (18 años como mínimo), y en la
otra, entre sus regordetes dedos, un cohiba humeante. Juraba y perjuraba que
ese era su único contacto consentido con algo comunista. Su melena rubia
presentaba ya algunos claros y siempre lucía una eterna sonrisa rodeada por sus
mofletes regordetes y sonrosados. Yo, por aquella época no jugaba a golf, pero
si Jack era el reflejo la paz espiritual que se alcanzaba con ese juego (ya
cuando empecé, me di cuenta que no era así, creo que las palabrotas que he
dicho en un campo de golf, triplican o cuadriplican la que he usado en mi vida
civil), sabía que acabaría jugando. Me acabó cogiendo cariño, y un día mientras
le servía su segundo vaso (la botella la tenía en su taquilla), me miró con
mirada sería y acercándose con gran misterio, me dijo que me iba a dar una
serie de grandes consejos para cuando llegara a su edad, los sesenta años.
Al fondo de la sala se sentaba
una viejecita, Rose Nylund, que parecía que no se enteraba de nada, arqueaba
las cejas. En un aparte ya me comentó que Jack pasaba de los setenta, después
de relatarme con todo lujo de detalles que era viuda de un vendedor de seguros
y de herraduras (años después le encontré sentido a ese doble oficio, ya que he
comprobado que muchos vendedores de seguros llevan herraduras en las pezuñas en
vez de zapatos). De los consejos que me dio Jack, Rose, eterna presencia al
fondo del salón, me amplió algunos. Con el fin de distinguirlos, lo que me
contó Rose lo escribo en rojo.
No recuerdo el orden de los consejos que
me dio Jack, tampoco los grabé ni tomé notas. Aunque si estoy seguro que el
primero fue sobre el vestir:
1.-
INDUMENTARIA APROPIADA
Ya lo dice el sabio refranero, “con la
edad la vista va menguando y los cojones cada día más colgando” (fijarse que
cada vez en el vestuario hay más gafas y que los güevillos de los compinches ya
están más que a mitad de camino entre las ingles y las rodillas). Con esto
quiero decir que cada vez hay que dar prioridad a la comodidad en el vestir,
frente a la moda, y sobre todo, sobre todo, frente a los calzoncillos boxers.
¿A quién no le ha pasado que una bolilla se le deslice por la pernera, y en el
fragor de la partida, no caiga en la cuenta? Llega el momento de agacharse, o
para atarse un zapato, o para coger la bola del hoyo, o para en plan
profesional, poner el putter en vertical, y simular que se estudian las caídas
del Green (en mi vida he visto una así). Con el infeliz güevillo fuera del
bóxer, el muslo en su mayor volumen y con el nada flexible borde da las
perneras del bóxer, el estrangulamiento testicular es inevitable, y muy
doloroso (De 9 sobre 10).
¿Y hay solución para esto?. Sí. Está el
famoso calzoncillo de algodón egipcio.
El algodón en esta prenda íntima es casi como una segunda piel que se pega al
cuerpo, inmovilizando y evitando el cada día mayor balanceo, dejando además la
posibilidad de un tuneo en el paquetillo (Con unos calcetines, por ejemplo) y
pasarlo a paketón. También absorbe espectacularmente el sudor y las cualidades
que da a esta tela el haber sido recolectada a las orillas del Nilo, lo hace un
perfecto neutralizador de los olores propios de estas partes.
“Bueno”, me dijo Rose tras
escuchar esta primera plática de Jack, “estoy de acuerdo en lo del algodón
egipcio. A nosotras nos venía muy bien, ya que a estas edades, las bubs están
más cerca del ombligo que de los hombros, y si tienes que correr tras el carrito
que se te escapa, el balanceo, más que doloroso, es vergonzante. Eso sí, con un
par de calcetines también puedes tunear el sujeta bubs de algodón egipcio,
quitándote de paso unos añitos”.
2.-
ADECÚA TU NUTRICIÓN
Somos muy conscientes del gran poder de
la propaganda y publicidad, más hoy en día con el poder de la red. Nos asaltan
con frases como valores nutricionales, máximos de calorías, recuperadores,
adecuados para la salud, fitness, cardiovascular, etc, etc. Y claro, ves a
algunos de los miembros de tu partida con bebidas isotónicas, barritas
energéticas, los odiosos frutolácticos, y lo más increíble que he visto, paté
de frutas (¡y era una puta gominola!). ¡Y encima te lo ofrecen mientras miran
con absoluto desdén tu sándwich de atún con mahonesa!.
Aquí he de hacer una llamada para volver
a los valores tradicionales ¿Acaso Boby Jones desayunaba proteínas?¿o el famoso
pastor escocés Andy McSwing no tomaba para cenar sus famosos y milagrosos haggis
(morcillas escocesas picantes)?. Está estudiado científicamente que el mejor
recuperador tras una ardua y fatigosa partida es la cerveza ¿Van a equivocarse
los grandotes jugadores de rugby tras sus partidos?¿o los aguerridos mineros de
Gales tras agotadoras jornadas en las minas de carbón? Además y como añadido,
la gratificante hidratación con cerveza, a partir del litro, o así, te hace ver la vida con mayor
optimismo, más alegre e incluso hace más locuaces a los menos habladores de tu
partida.
¿Te tomas un frutoláctico y tienes más
ganas de hablar? Joder, como encima sea sano y sin azúcar es automáticamente
escupible. Estos brebajes inventados por ascetas sólo se parecen a nuestro
adorado líquido, en eso en que son líquidos y que hay que mearlos. Y no sigo
para no ser acusado por ninguna asociación médica o deportiva, patrocinada por
los mercachifles de lo correctamente sano. Aun así, también es más recomendable
un grasiento bocadillo de embutido o carne procesada (si tiene queso mejor) que
las insípidas y odiadas barritas energético-saciantes del demonio.
3.-
MARCA ESTILO Y CREA TENDENCIA
Además de la importancia de los puntos
anteriores hay otro factor en el que destacar, lo que normalmente se ha
conocido como hacer las cosas con clase. En el apartado de golf, no solo
consiste en elegir un jersey adecuado con el escudo de tu campo de golf, jersey
que llevarás siempre que estés en otro club (aunque sea verano)(En Minesotta
con sus inviernos fríos no vamos a ponernos un polo mangui-corto). Tienes que
tener algo, solo tuyo, que los demás miembros quieran imitar. Algo que aleje lo
más vulgar y estereotipado que se ve en un campo de golf. ¿Verdad que las damas
suelen llevar el marcador con un imán en el ala de su visera?¿y los caballeros,
usan como marcador las monedas que llevan en el bolsillo?
Crea tendencia, empieza a usar un monedero para guardar tus marcadores, (¿Qué
será lo siguiente, un billetero para guardar las tarjetas?) que incluso puedes
ponerlos con una foto tuya, pulgar para arriba, con una frase como “La vas a
meter” (Si vas a regalar marcadores para damas, la frase más apropiada será
“ahora te entra”). Eh, verás la cara de envidia de todos los demás, y como te
van a intentar imitar, pero tu habrás sido el primero.
4.-
APROVECHA TODOS LOS GADCHETS
Hace tiempo un famoso jugador americano
de baloncesto, famoso entre otras cosas porque no saltaba mucho, fue
interrogado por ese aspecto de su juego por un pérfido periodista. El jugador,
ferviente seguidor de la biblia le contestó que Dios le había un número
determinado de saltos, y que una vez realizados, si saltaba una vez más, se moría.
Aunque podemos encontrar en las escrituras similitudes filosóficas con esta
creencia, bien es cierto que ya, las teorías evolucionistas apuntaban hacia
algo similar sobre el desgaste de las vértebras al agacharse.
Y a eso vamos, ya sea por voluntad
divina o porque tomaste poco calcio de pequeño, cada vez que te agachas o
practicas un swing, te queda una menos. El swing de prácticas puedes eliminarlo
(ya sabes que si te sale bien la práctica, el golpe va a ser putapénico), y no
te digo si haces dos o tres, con el subsiguiente cabreo de las partidas
posteriores. Pero si es verdad que hay una serie de gadchets que pueden alargar
tu vida de agachadillas, cuando marques la bola, coloques el tee o la saques
del hoyo:
La ventosa
en el mango del putter, te va a evitar que tengas que agacharte cuando la
metas. La pistola dispara-tees, en
sus tres versiones, pequeño, mediano y driver, a la que si añades el accesorio
de “cuerdita agarratees”, ni tendrás que agacharte para recogerlo o desclavarlo
del suelo. La polea que lleva este accesorio, la devolverá de nuevo a tus
manos.
5.-
Y LOS RECOVECOS DEL REGLAMENTO
Sí, el golf es un deporte de caballeros.
Pero aun así hay un tedioso y complicado reglamento que hay veces que resulta
de muy ardua interpretación. Hay grandes manuales de “ingeniería del dropaje”,
otros libros sobre “los animales de madriguera y los que no”, “¿Objeto
inamovible?¿Con qué?” y aquel famoso manual de “Como disimular ese golpe que
querías dar y transformarlo en swing de prueba”. Pero nosotros somos caballeros
y llevaremos el reglamento a rajatabla. Ahora, nada dice que no podamos
colarnos por los resquicios que nos deja abiertos. Por ello, a veces, es
recomendable llevar un pantalón con un
bolsillo agujereado que no está prohibido por las sagradas reglas de St
Andrews.
Esto no quiere decir que vayas a meter
la bola justo en ese bolsillo sin fondo cuando la estás buscando con tus
compañeros de partida en el rough, y milagrosamente aparezca a tus pies. Si vas
sólo, o nadie te está mirando, no hace falta meter la bola en el bolsillo.
(Según el manual de estilo, si llevas un bolsillo agujereado, aunque haga mal
tiempo, no te metas las perneras del pantalón en los calcetines, ya que además
de tramposo, serás un perfecto jilipollas).
6.-
DA TU TOQUE DE HUMOR A ESTE SERIO DEPORTE
Sí, el golf tiene fama de serio, pero ya
llegado a cierta edad, hay que dar de vez en cuando un toque cómico a tus
partidas. Y para ello, no hay nada como el globo
tira-pedos (la que más nos gusta es su versión FART-KING). ¿te imaginas a
uno de tus mayores competidores, en un partido empatado, teniendo él, el honor
de salir en el hoyo 18. Te mira desafiante y complacido, elige una de sus bolas
más limpias (y mejores), saca su tee favorito, y se agacha para clavarlo en la
hierba. En ese momento aprietas disimuladamente tu tira-pedos (el FART-KING te
cabe perfectamente en el bolsillo de atrás), y él va a pensar que todos piensan
que ha sido él (Como así piensan todos)(realmente ¿a quien no se le ha escapado
alguno, además sonoro, cuando se ha agachado?). El rubor subirá a sus mejillas,
perderá la concentración, y raro será que no sea rabazo (y no pase de rojas,
con lo que hay caña añadida), pierda la bola o simplemente la mande dos calles
más allá. El jugador prudente lo utilizará sólo de vez en cuando, y mejor no
contarlo, que lo cuenten otros. Y no es por promocionar esta interesante
herramienta, pero se vende en varias versiones, a saber:
“Tenebrosa
tormenta lejana”
“Feroz
redoble de tambor”
“Explosión
ensordecedora”
“Pedorreta
aguda, larga y martilleante”
Eso de pedos es muy de
machitos. Yo tenía un velcro que cuando lo abrías sonaba igual que si se había
rasgado la tela. El momento de utilizarlo era justo cuando se agachaban a poner
la bola en el tee. Aunque le dijésemos que no se le había roto el pantalón, no
nos creía (confianza que tenemos entre nosotras), e iba pensando iba enseñando
el culete, o lo que es peor, el pavo. Totalmente descentrada en los tres o
cuatro siguiente hoyos.
7.-
FILOSOFIA EN EL CAMPO Y EN LA VIDA
El último consejo vale tanto para el
campo como para el devenir por la vida. Es fácil de recordar, no tanto de
practicar, aunque viene ya desde las antiguas creencias del viejo testamento,
El leiv motiv debe ser “Se generoso con
los demás y austero contigo mismo” y me apoyo en el tradicional y sabio
refranero para concluir con:
Se
generoso con los demás,
Y
en caso de duda
Apuntales
un golpe más
Y acabamos con el refrán que completa el
alegato de la austeridad:
Se
contigo muy, pero que muy austero
Y
de los golpes para meter en el agujero
Quítate
uno en cada hoyo,
hasta
el último desde el primero
Espero que estos consejos os sean de
gran ayuda a partir de ahora.
Joe Kepeñazo
*No confundir con el ganador de 18 grandes. Se trata del
propietario del gran bazar de peluches de Saint Olaf (Minessota) y antiguo
presidente y jugador del club de golf Hazadon Creek, hp 32,7