Quizás me molaba más ayer, que era once del doce del trece, una fecha que quieras o no, mola. Muchas veces no vemos más allá de la rutina diaria. A mí, el día a día me acaba muchas veces enterrando y quedo con la sensación que tras un día gris, pasa otro, y así semanas, o meses. Tampoco es verdad del todo. Los días, aunque la mayor parte de su color sea gris, no tienen que ser una sucesión que nos acabe recordando al día de la marmota. Puede ser el olor del pan recién hecho, o ver al bueno de Mac, al que he conocido desde que era un inquieto y travieso cachorrillo, como espera con cara formal a la puerta de la panadería, esperando el currusco de pan que le va a dar su dueña si sigue quieto hasta que salga. O el terremoto matutino uniformado de diez años que baja alborotada por la escalera de madera que lleva hasta mi oficina, porque llega justita a coger el autobús. Podría seguir con el olor de la lluvia, los mudos sonidos del viento, el aroma de la hierba recién cortada, o cualquier otra moñez del estilo.
Pero he de ser sincero, lo del día especial, y porqué no el pasado Martes, no deja de ser una autojustificación personal. Efectivamente, el Martes recibí de nuevo el regalito anual que me manda el bueno de Josemari. ¡Nunca me decepciona! Tres viñas lendakaris del 2004 y otro vidrio con el famoso champán de Getafe, el Moete Chinchón. Más que día, me parece que sea ya una semana especial.
Y tras abrir la caja, y manifestar mi intención de probar, abrir en definitiva, una de las botellas de vino, surge la eterna discusión. ¿Discusión? Discusión sería si existiera una oportunidad de que no abriera el vino, y eso no sucede. Dejémoslo en reproche. El no tan sordo reproche de que para qué lo vas a abrir hoy, espera a un día especial. Yo, que recibo pocos regalitos por navidad (dos como mucho. Algún año, por razón de algún trabajo no habitual, ha caído un poco más de vino) hace que la llegada de una cajita sea un acontecimiento muy especial. Y me gusta mucho llamar al día siguiente al que me ha enviado el presente, agradeciendo el detalle y glosando las virtudes de las viandas catadas. Y he de dar fe, que el viña lendakari del 2004 es un auténtico vinazo. ¡Qué bueno! Las uvas ese año en la Rioja debieron de ser increíbles, como lo atestigua el ranking que le dio al imperial del 2004 un famoso catador americano.
¿Y el día de hoy?¿qué ha tenido de especial?. Pues estamos de mudanza en la oficina. y al final me he quedado con el trabajo que más se ajusta a mis aptitudes; hacer cajas de cartón para que los otros puedan meter cosas (papeles de archivo principalmente). Es sencillo, lo único que hacía era ponerles cinta para cerrarlos. Como al final era algo más rápido que los llena cajas, he acabado acumulando en mi mesa un montón de cajas. Y como me aburría, le he mandado un guasap a un amiguete que trabaja en un banco, glosando mis habilidades como cajero y preguntando si había una vacante en su banco. Y hemos ido pasando la mañana.
Al hilo del banquero y las cajas, acabo de recordar una de las primeras veces que recibí vino como dádiva navideña. ¡Una caja de doce botellas! Creo que era de bodegas AEG, un vino reserva, que además compartí con mi amiguete del banco.
Estaba, sería por Diciembre de 1990-91. Por aquella época trabajaba para una compañía británica, cuando recibí una llamada de una compañía de seguros, LUFE, hoy ya absorbida y requeteabsorvida, pidiéndome la dirección de mis jefes. Por la época del año, intuí para que quería la dirección. Y antes de mosquearme de verdad, les di la mía y la de las dos chicas que me acompañaban en la oficina. Y recibí la antes mencionada caja de vino en casita, ¡con la tarjeta de Mario Co! presidente a la sazón de LUFE. Sí, aquel vino si que estaba bueno.
¡En fin! Estaba preparando un pequeño relato para este mes, pero este inciso creo que tampoco está tan mal. O al menos eso creo