CAPÍTULO
VII
Una vez acabadas las labores de extinción, y
retirados ya los artilugios por los chicos de los calendarios, sólo quedaban
restos de maderas quemadas mojadas. Di una pequeña vuelta alrededor cuando
justo vi que aparecía el Orejotas en la escena. Como ni me dijeron para que
volvíamos, llegué con lo puesto, por lo que le pedí que sacara algunas fotos.
Discretamente Gómez me explicó que con mi pipofón podía sacar algunas fotos, y
como no tenía ni idea de cómo se sacaban, discretamente se lo pasé a él, para
que me hiciera de improvisado fotógrafo. Di un par de vueltas alrededor de los
restos con cara de estar husmeando algo, me froté las manos como si tuviera
frío y les dije a mis agentes favoritos que podíamos irnos.
- ¿Para qué? – le contesté con cara de listillo- si ya tenemos las evidencias.
- ¿Cuáles son? No te he visto coger nada
- Mas o menos tienen medio metro de alto y casi cuatro de ancho. Son negras y están escritas en mayúsculas – le solté con la misma cara mientras le señalaba la pared
Me miró con no muy buena cara y como sus ojos
andan a la altura, más o menos de los míos, cosa a la que tampoco estoy muy
acostumbrado, me acoquiné algo, pero enseguida lo resolví cuando con el don ese
de la oportunidad que me da alguna vez, les propuse ir a desayunar un bocata en
la tasca favorita de la zona. Les pareció buena idea y en pose plan bikini sólo
tomamos medio bocata de tortilla de patatas ligeramente grasienta con divisa de
pimiento rojo picante. Nos dio vergüenza pedir vino a esa hora así que Gómez se
tragó un cortado, Ganeko una Coca Lait y yo un agua con gas. Cuando íbamos a
tomarnos una humeante taza de café con leche para acabar de rematar el
desayuno, una llamada por radio entretuvo a Gómez (el no iba a repetir café) y
entró haciendo ostensibles gestos de que nos teníamos que marchar. Ya en el
coche patrulla nos explicó que había reunión de investigación. “Para en
Zuricalday” se me ocurrió decirle, pero como si no me hubiera oído, siguió
camino hasta San Ignacio, aunque no desaproveché la ocasión para explicar el
significado de “Zuricalday”, “reunión de investigación” y quien era Wallander,
pero estos dos me da la sensación que no han leído nada de Kurt.
Cuando llegamos a la sala de reuniones de la
comisaría, un cuarto blanco aséptico con una mesa alargada y redondeada por los
extremos, blanca y con una mierda de sillas, algo así como de diseño, pero que
daba miedo sentarse en ellas (Pototo se trajo una silla de madera maciza de
algún otro lado) no había nadie más.
Al de unos pocos minutos apareció el Jauntxo
con otra agente que solía hacer las veces de instructor en este tema. Nos avisó
que iba a estar presente el jefe de la asesoría jurídica de M.E.H., un tal
Ibrahalitu. “Por fin voy a conocer a Detritus” pensé para mis adentros. Por el
nombre me dio la sensación de que podía ser judío, y bien es verdad, que yo no
he sido presentado a muchos. Pero cuando entró en la sala cualquier idea
preconcebida que podía haber tenido sobre su aspecto quedó superada por la realidad.
Se trataba de un tipo corto de estatura, más
bien la cabeza desproporcionada con el resto del cuerpo (en términos vulgares,
cabezón), el pelo cortado al uno, con entrada evidente en ambos lados, la tez
de color cetrino tirando a amarillo verdoso y con ojos oblicuos. Era un chino,
como luego me pude enterar, pero de los de verdad. Además tenía bastante mal
humor como lo pudimos comprobar, ya que sin casi presentarse comenzó a exigir
en uno tono de voz algo alta para ser el único civil presente en la sala.
Al de un rato de estar exigiendo a voces
resultados en la investigación, el jauntxo con voz muy calmada le vino a decir
que se estaban tocando varias líneas de investigación y que cuando se obtuviera
algún resultado concluyente se le avisaría. El pequeño bramó
-
La policía foral ya tendría resultados
después de una semana de investigación
-
Perdone señor Detrito
-
Mi nombre es Jesús Ibrahalitu – me chilló
desafiante
-
Perdone señor Detritus – ya se lo solté con
algo más de mala leche, mientras me levantaba y me dirigía hasta donde estaba
él, que por cierto, no se había sentado. No sé si porque las piernas no le
llegan al suelo o para estar en una posición dominante.
-
¿y tú cómo te llamas? – me siguió el pollo
desafiando – es para tampoco nombrarte correctamente
-
Mira, no vengas soltando fanfarronadas – creo
que instintivamente Ganeko comprendió mi jugada y se levantó poniéndose por el
otro lado junto a nuestro canijo abogado- si tanto hablas de la foral, deberías
de saber que la instrucción de los casos de incendio en Navarra, los lleva el
SEPRONA, y que los análisis de muestras tuvimos que dejar de llevarlos a la
universidad en Pamplona, porque son muy lentos, tan buenos como lentos.
-
¡Bah! – mientras levantaba la barbilla
-
Mira muchachete, este es un caso bastante serio.
Podemos encontrarnos ante algo provocado, cuya ocurrencia en un noventa por
ciento de los casos está vinculada a estafas a aseguradoras, y ¡ohh
casualidad!, el beneficiario del seguro es quién te paga. Y, ¿porqué hay tanta
prisa? ¿nos estás dejando de contar algo?
Entre la pared humana de Ganeko y mía, y que
quizás se confundió durante unos instantes porqué no parecía estar muy
acostumbrado a que le llevaran la contraria, el jauntxo aprovechó para con
palabras corteses sacarle de la reunión y evitar que fuera a mayores. Cuando
desapareció el abogado de la reunión, a mí me cayó el chorreo por atribuirme
funciones que no me correspondían, vamos, más o menos que quien coño me creía
que era, mientras al fondo de la sala mis compañeros de viaje y la agente
instructora intentaban no mearse de risa ante el feroz rapapolvo que me
infligió el jefe de la investigación. Ya calmados los ánimos, llamó al
secretario del juzgado, el bueno de Ramiro, para que agilizara en lo que
pudiera los papeles. Luego supe por Gómez, que en el fondo, al jauntxete le
había parecido santo remedio mi actuación.
Entre pitos y flautas ya era mediodía y no
había preparado nada para el viaje del fin de semana, cosa que me fue echada en
cara, bueno, echada no, arrojada cuando llegué a casa y estaba la princecuqui
haciendo las maletas. Es una cosa curiosa lo de las mujeres, que acomodan el
equipaje al tamaño del maletero del coche. Lo tenía muy comprobado, ya que el
número de bultos era el mismo para quince días que para un fin de semana. Pero
ante el segundo chorreo del día, preferí no seguir en esa línea de
argumentación, ya que un chaparrón es soportable, pero una tormenta no tanto.
Gracias a Dios, el salir a las cinco de la
tarde fue más debido a que hubo que esperar a que princepeque volviera del
cole, que a mí ligeramente ajetreada mañana. Sino la borrasca me hubiera
ahogado. Y como no, nos encontramos con el habitual atasco fin semanero de
todos aquellos que quieren disfrutar de su asueto a las orillas del Cantábrico
en aquella provincia apellidada en su honor.
Así que en vez de las dos horas y media
deseadas, llegamos a las diez de la noche a nuestro hotelito de tres estrellas
en la aldea de Oles, justo al lado de la parroquia. No tardamos sólo casi cinco
horas por la caravana, sino que también paramos a cenar en un chigre en San
Roque del Acebal, agotados detrás de un camión en esa zona a la que todavía no
ha llegado la autovía. La verdad es que no cenamos en exceso, pero la relación
calidad precio no fue mala, y la verdad es que el tamaño de las raciones, creo
que al único que no le gustó fue al trasero de la princecuqui, que empezó a
sospechar que ese fin de semana le podía aumentar de tamaño ante la
desproporcionalidad del volumen de viandas.
El viaje en el fondo fue bastante didáctico
pues la peque con el pipofón en las manos era una máquina de descubrir gadgets
del bicho. Con los apuntes que llevaba de la uru y el google mapas del
aparatito explicado para inútiles atontados, entendí que iba a ser capaz de
descubrir la ubicación de aquella casa en aquel recóndito rincón de Asturias.
En el hotelito, no logré dormir muy bien, ya
que no se como, pero las dos hembras me prepararon la habitual liada y el que
acabó en la supletoria fui yo. Eso hizo que para las siete y media ya llevase
un rato despierto por lo que decidí el intentar acercarme a la casa que aparecía
como inicio de rutas en el sports tracker del Borjita. Con las lecciones
aprendidas de la pequeña y con la nota que traía de la uruguaya, y aunque no
era un dechado en el difícil arte de la orientación, no me costó en exceso
encontrar la casa. Era un pequeño chalet de dos plantas, la de arriba tenía
pinta de doblado, al que se entraba bajando por una cuesta flanqueada por pinos
cortados de una manera grotesca y por el otro lado arbustos de flores de color
lila y rosáceo. Lo mejor de la casa, al menos aparentemente era el enorme jardín
que tenía en cuyo centro majestuoso se lazaba una secuoya y desperdigados anárquicamente
por todo el prado pequeños brotes de acebo. A la puerta de la terraza de
entrada a la casita estaba aparcado un coche y en la barandilla había unas
cuantas toallas.
-¿sí?
- Peloto, ¿Cómo estás?
- ¿Quién eres?
- ¡Joder, qué poca memoria tienes! – mientras
comencé a recordar a quién pertenecía aquella voz
- Eres el Mondri
- ¡Ja, ja, ja!, pues bueno, algo mejor de lo
que yo esperaba. Te estarás preguntando a que viene esta llamada – lo cual era
una obviedad, ya que la última vez que habíamos comentado algo sería unos diez
años atrás -, si tienes un par de minutos te lo cuento
- Vale – dije mientras tapando el micrófono,
o donde yo creía que estaba con la mano, les hice un gesto a mis acompañantes
de que se trataba de una llamado profesional – tengo un par de minutos.
- Me encontré hace unos días por los juzgados
de Algorta con el inefable Caraqueño, y nos fuimos a comer juntos. En la larga
sobremesa que tuvimos, dimos un repaso a todos los colegas de la época de la
universidad y me contó lo tuyo, que te has hecho detective privado y que eres
un especialista en mascotas
- Eso no es del todo cierto, si bien es
verdad que mis dos primeros casos han tenido que ver con perros perdidos – y con
evidente orgullo aliñado con un poco de soberbia – y ambos los he resuelto con
bastante éxito
- Algo así me comentó el Juanito. Pues
necesito que me hagas un trabajo relacionado con una mascota, ¿podrás?. La
cliente está dispuesta a pagar bastante bien.
- Si no es algo urgente, creo que no será un
problema, ya que además cuanto con un colaborador que tiene bastante mano con
estos bichos.
- ¡Fenómeno!, te llamo la semana que viene y
nos vemos un día para presentarte a la cliente
- Adelántame algo sobre qué va.
- Es algo “sui generis”, pero como ya te
digo, paga bien
- Eso ya me lo has dicho
- Ya te lo explicaré con más detenimiento,
pero se trata de identificar que perro es el progenitor de unos cachorros.
-¿Estás de coña?
- Verás, se trata de una vieja que está
forrada de pasta, sin familia, y cuya única compañía es una perrita que hace
poco le ha dado cinco cachorros. El autor parece que es muy claro que es un Beagle
propiedad de un vecino suyo, con el que no se habla. La vieja acudió donde él
en plan salvaje para que le pague la manutención de los cachorros y los gastos
de veterinario, y claro, la mando directamente a la mierda. Ahora en plan
despecho, quiere llevarlo al juzgado para que un juez dictamine sobre la
paternidad de los cachorrillos, y no se le ha ocurrido otra cosa que hacer una
prueba del ADN del Beagle de su vecino, y ahí es donde entras tú
- ¿Se va a gastar la panoja en una prueba de
ADN para reclamar el coste de los perrillos, que tiene que ser la cuarta parte
de la prueba?
- Es lo que tiene tener pasta y estar aburrido
¿cómo lo ves?
- ¿Qué tendría que hacer?
- Conseguir una muestra del presunto papi, un
pelo, saliva, o heces que se puedan analizar
- No lo veo muy complicado
- Oye, me reclama la parienta, te dejo y te
llamo la semana que viene para quedar. Ciao
- Hala nos vemos – siendo consciente de que
ya había colgado cuando había comenzado a pronunciar la hache.