sábado, 20 de octubre de 2012

LEIOAKO ERKULES VI


CAPÍTULO 6

 

“¡Pues si qué!. Para una vez que uno puede disfrutar un rato”, pensé, dando paso a ese tipo que llevo dentro que cuando es pillado en un renuncio, se resigna ante la fatalidad, y que incluso hay veces que es capaz de recomponerse y pasar al ataque. En estos momentos me vino a la mente aquella vez que me pillaron lavando mi bicicleta de montaña en la bañera de las niñas (Un día de esos que parecía que la bici se había dado un baño de lodos para mejorar la piel), cuando lo tenía terminantemente prohibido. Fue la única vez que me crecí y contesté que aquella casa también era mía y que limpiaba la bici donde podía. Cabe decir que estaba intentando lavarla a escondidas, y que por supuesto, después de aquella pillada nunca más volví a limpiar la bici en la balera de esa casa, que también era mía. Sopesé los pros y los contras, y los días de barro me pareció mejor idea dar un poco de negocio a la gasolinera de Berango.

 
Mientras pensaba en mis chorradas habituales y resignado ante la pillada, por parte de la contraria, su reacción fue bien distinta. Como una gacela salió de la cama, quitó el sujetador de la puerta y en un rapidísimo movimiento tiró de cualquier manera toda la ropa del pasillo al cuarto, mientras cerraba la puerta sin hacer el más mínimo ruido y se metió en el baño. Todo tuvo que transcurrir en menos de un segundo.
 
Cuando la princentella salió del baño con el albornoz puesto y poniendo su índice en la boca, con la tradicional señal internacional de silencio, entendí que algo había pensado y que iba donde la princepeque a contarle alguna milonga. Y pensar que fui yo el que abogó por darle llaves a la peque para no tener que levantarme de la tele cuando llamaba al timbre, mientras su mami decía que todavía no era necesario. Espero que no me saque este tema otra vez, ya que tendría que darle la razón, y hay veces que eso duele un poco. Al de un ratito oí de nuevo que se abría y cerraba la puerta de la calle cuando entró de nuevo la princejefa en el cuarto:
 

-       La he mandado a un recado, así que vístete y sal por la puerta del garaje, y no vuelvas en una media hora. No quiero que se cruce contigo.

-       ¿pero cosita, porqué me tengo que ir? Si la nena todavía no se entera

-       Eso es lo que te crees tú

-       Bueno, ¿y qué, que me vea en casa?

-       Pues atontado mío, que como hile dos más dos son cuatro, que lo va a hacer, no le parecerá muy gracioso y encima empezará a hacer preguntas

-       Me quedo en casa

-       Pues le contestas tú, yo me voy a la ducha

 
Tras contestar a mi petición de “¿puedo ir yo también?” dándome con la puerta del baño en las narices, decidí seguir su consejo y salir de la casa por la puerta de atrás. Di un rodeo por el humedal de Bolue y acabé en las tascas de la zona conocida como de las uves, donde di cuenta de un par de pelotazos de cola con ron, algo dulce para mi estilo habitual, pero bien es cierto que me encontraba con el espíritu y la moral muy alta. Aprovechando ese momento de euforia, llamé a la uruguaya para preguntarle que tal había comido en casa, y su opinión sobre la princebruja, a las que tuve la ocasión de presentarle en la comida. Fue muy diplomática, como cabía esperar.  La pedí que buscara algún ciber café por Barakaldo, ya que si íbamos a despistar, hacerlo bien, sin caer en la cuenta que una veinte añera rubia y maciza con un gorila de metro noventa y siete raspado, en cualquier caso, no llamarían excesivamente la atención. Quedamos en vernos en la estación de metro hacia las diez y media.
 
Arreglada la agenda laboral para el día siguiente, con incluso algo de tiempo para poder pasarme por la mañana a dar una vuelta por el almacén quemado, me apeteció volver a casa, y eso fue lo que hice. Con algún comentario del tipo “para ti media horas son dos horas y media” y “ya has estado otra vez en un bar”, fui recibido entre ruidosas muestras de peloteo por parte de las dos niñas para que les hiciera yo mis famosas bolitas de pollo. Las había dejado preparadas el Domingo, y no tenían más truco que el cortar la pechuga de pollo en dados, para luego empanarlos en una mezcla de pan rallado, perejil y sal. Con el aceite muy caliente se fríen hasta que quedan algo más que doradas, como que les faltasen treinta segundos para quemarse. A las niñas les gusta con patatas fritas de dados, pero a mi lo que degusta es ponerlas como top de una ensalada de lechuga, cebolleta en tiras, hojas de espinacas frescas cortada cada hoja en unos seis trozos, y unos canónigos aliñados con sal, aceite de oliva y un poco de acetato de Módena (la versión del acetato reducida mejor). Entre los aplausos de mis dos princeniñas (la princejefa estaba algo mosqueada por mis vapores etílicos) les hice patatas fritas en daditos, lográndome volver a quemar la mano derecha con el acite que salpicó la sartén. Como ya el día no andaba para muchas bromas y tras comprobar que la jefa se quedaba a ver la tele mientras tecleaba algo en su portátil, decidí que ya era buena hora para meterme en el sobre y roncar hasta el amanecer de un nuevo día.
 
Como hasta las diez y media tenía tiempo de sobra, decidí pasarme por el almacén para comprobar como iba avanzando el desescombro. Habían entrado a saco y ya estaba bastante limpio, lo cual me iba a permitir conocer cual había sido el desarrollo del incendio. Con la información relativa a la dirección que tuvo el viento (noroeste, el clásico gallego) a la hora en que sucedió el siniestro y pudiendo ya observar los rastros que había dejado el fuego, no había prácticamente ninguna duda que el foco estaba en el lugar donde se recogieron las muestras que se llevaron a analizar a la universidad, a unos diez metros de una de las esquinas del pabellón, más o menos debajo de una de las estanterías metálicas. Esto no hizo más que corroborar mi impresión de que el fuego había sido provocado, ya que estábamos fuera del alcance de cualquier otra fuente de posible ignición como la instalación eléctrica. El Orejotas no estaba, pero vino su ayudante Gregorio (se me olvidó el nombre, pero como es bizco “un ojo aquí y otro en Orio”) y me facilitó un CD con las fotos que tenían hasta el momento. Le agradecí el detalle y le pedí que siguiera sacando fotos.
 
Llegué a Barakaldo un cuarto de hora tarde y la rubita tenía ligeramente torcido el morro con lo que empezamos bien. En tres días ya ha cogido la suficiente confianza como para ponerme mala cara si llego un poco tarde. ¡Pues vamos buenos!. Al de cinco minutos, y ya con menos mosqueo encima entramos en un ciber café donde cogimos dos puestos juntos. Quedamos en que ella iba mirando las distintas cuentas que había obtenido del pollo, mientras yo intentaba redactar un contrato para pasárselo al papá de Borjita. Con el fin de ir recogiendo nuestros descubrimientos, nos sacamos unas cuentas de correo, que sugerí bautizarlas con nombres detectivestos, así que mi cuenta se llamó ojolince y la suya ojoáguila. Así si un día Iturray quería unirse a nuestras cuentas de correo podía ser ojoputa. Este pensamiento lo tuve en voz alta y la uru me miró con cara a mitad de camino entre el desprecio y la resignación. Me da la impresión que no entendió el chiste.
 
Por resumir y no hacer una descripción exhaustiva de el camino seguido para nuestros hallazgos, podemos decir que en su cuenta bancaria encontramos que el día antes de irse, sacó bastante dinero, y que al día siguiente en Llanes, a primera hora de la mañana vació el resto. ¿Qué nos dice esto?. Probablemente, y por la cifra del primer día, 1.600 Euros, por seguridad, el cajero no le dejó sacar más dinero, y el segundo día, sacó el resto, de camino hacía donde fuera. ¿Podría ser una labor de despiste?. No lo creo, si hubiera querido despistar, lo hubiera sacado después de las doce en la caja de Las Arenas, más bien parece improvisación. De su cuenta en la Universidad no sacamos nada que no supiéramos ya, que era un mediocre estudiante, pero según su padre, tampoco le presionaban en exceso. También buceó en su facebook, activo hasta hace unos tres meses con la sarta de chorradas que cuelgan los adolescentes, y desde entonces con una actividad casi nula. Hace tres meses pasó algo y Borjita dejó de facebukear. Llegados a este punto, y más mal que bien hecho el contrato en base a cortas y pegas, mandado por correo electrónico a ojoáguila, dejamos el ciber café. Ya habían pasado unas cuantas horas, y pensé que podíamos ir a comer una hamburguesa a Santutxu, para que me sacara el contrato en papel, y así poder pasarlo a la firma para no repetir lo del Gervasio.
 
En el metro estuvimos trasteando con su teléfono móvil, y descubrimos en el guasap ciertas fotos subiditas de tono de una tal Carol. Por lo que me dijo la rubia, ya que yo para eso tengo poco ojo, que la tal Carol tendría más bien 30 años, que era algo mayor que el Borjita. Le pregunté si podía sacarme en papel alguna de aquellas fotos, ya que podría interrogar a mi cotilla oficial, si sabía quien era aquella chavala, bueno, por lo que dice la Uru, más que chavala, casi señora. Cuando llegamos a la hamburguesería, habíamos localizado otro programa en el putofón del niño llamado “sports tracker”, que grababa las sesiones de entrenamientos o caminatas del usuario. Además, las registraba por GPS y con una increíble precisión, quedaban marcados los caminos en un mapa que aparecía junto al resumen de cada una de las sesiones. Tenía grabadas casi 100, y pasamos a mirar todas. Nos costó un par de horas y las miradas desagradables del camareta, localizar los caminos fuera de Getxo, pero había tres sitios que se repetían unas veces, Salou, pero sólo en verano, Candanchú, pero sólo para sesiones de esquí. Y el tercer sitio que se repetía, pero con fechas más heterogéneas, era cerca de Villaviciosa en Asturias, el punto de partida estaba al lado de una aldea que respondía con el nombre de Oles, y el punto de partida y final, era siempre el mismo.
 
Mientras la uruguaya subía a casa de Ajota para imprimir las fotos y el contrato, aproveché para llamar al padre de Borjita. Se quedó bastante sorprendido con los avances que habíamos logrado (no le dije nada de la chica, hasta que no supiera más) y me explicó que solían pasar el verano en Salou, en el chalet del padre de su mujer, y que era bastante habitual que fueran a esquiar a Jaca. Lo de Asturías tenía más que ver con la casa de un amigo de su hijo, Raulito Somo, pero que en verano no iban nunca, ya que los Somo la solían alquilar a través de una agencia del mismo pueblo. Le comenté que sería interesante el que se acercara a Villaviciosa, ya que no sería raro que estuviera allí. Me contestó que le extrañaba, ya que hace unos días en una charla con el padre de Raul, éste le comentó, que a pesar de los tiempos que corrían, ese año habían alquilado la casa de Asturias, bastante pronto. A pesar de eso le insistí para que fuera a Asturias, y acabó enredándome para que el que fuera, fuese yo. Le insinué que aquello le subiría un pico, ya que tendría que ir en fin de semana y con alguien más, para no despertar sospechas. Me dijo que el dinero no era problema, así que quedamos en vernos luego en el Zokotxo para firmar el contrato y recibir dos mil quinientos euros en concepto de anticipo de gastos y honorarios. Lo que si le noté fue bastante satisfecho con los avances que habíamos logrado.

 
Cuando bajó la uruguaya con el contrato y las fotos, le comenté los avances y que había que ir a Asturias en operación encubierta. Por un segundo me pareció que sospechó que la quería llevar a ella, pero le expliqué que ya había llamado a la princejefa a la que un fin de semana en Asturias sin las nenas, le pareció genial. Tuvo sus dudas de con quien dejar a la pequeña, pero ya le insinué que mejor que la mayor, nadie la iba a cuidar, además de que la pequeña iba a ser la mejor carabina posible para su hermana. Con ayuda de la Uru, reservamos para el fin de semana en un hotelito recién abierto junto a la parroquia de Oles, hotelito que me iba a resultar por la patilla, lo que le daba más gusto.
 
Una vez terminados los deberes, es decir firmado el contrato y cobrado el anticipo, me fui otra vez a la tasca de la reinona. Me recibió un poco más borde de lo habitual, más o menos para decirme que sólo iba por allí cuando quería información, pero nada más. Que haber cuando aparecía con la monada de mujer que tenía, o que pasaba, que pensaba que no estaba a la altura nuestra. Pues tuve que aguantarle el morro torcido durante unas cuantas pintas, hasta que me preguntó que qué era exactamente lo que quería. Camelándole un poco y haciéndome algo el interesante, acabé por enseñarle la foto. La miró, se pasó la mano por la barbilla, y me miró a mí “¿Uy, Carolina Cascos Ligeros, lo más promiscuo de Santa Ana, se ha liado con alguien otra vez, o ha vuelto a secuestrar a algún jovenzuelo para exprimirle sus fluidos vitales?”, y se empezó a reír. Por lo que me contó, no era la primera vez que la chica pasaba un verano con algún jovenzuelo, hasta que se aburría de él. No era muy mayor, de bastante buen ver, y vivía de lo que le pasaban sus padres, que al parecer era gente de posibles pero que se había ido a vivir a Madrid hace unos cuantos años. No se le conocían escarceos ni con el alcohol ni con ninguna droga, pero tenía fama de ser un poco pajarona.
 
Con esa información y tres litros de cerveza en mi cuerpo, volví con pasos inciertos a casa otra vez. Como con lo del fin de semana la princejefa estaba ordenando todo, no me hicieron ni caso y me pude ir rápidamente a la cama a roncar en conciencia.
 
No cabía esperar otra cosa que un Viernes plácido para irnos un poco antes del mediodía camino de Asturias, sobre todo para evitar las caravanas de todos los que escapan a pasar el fin de semana en las localidades costeras de Cantabria, pero como siempre que dispones de tus planes hay un hijo de puta que se encarga de que no empiecen como tu quieres, y eso pasó. Todo comenzó cuando el teléfono sonó a las siete y cuarto de la mañana:
 

-       ¿Quién es?

-       Hola Peru, ¿te he despertado? – que sonó a descojono total- en cinco minutos te pasamos a buscar por tu casa.

-       ¿Eh?¿Quién eres? – mi oído obviamente no se había despertado.

-       ¡Jo, macho! Como te cuesta despertarte. Soy Gómez. Han provocado un nuevo incendio fuera del almacén y hay pintadas. Nos ha levantado Caraqueño hecho un basilisco porque tiene al abogado de Hormaondo dándole el coñazo desde hace un rato, así que paso ahora con Ganeko, y en cinco minutos te recogemos para ir a Lamiako

-       Vale, os espero en la puerta.

 
No se como me vestí, e incluso peiné. No se ni que ropa me puse, pero lo cierto es que en cinco minutos estaba fuera en la puerta. En frente estaba la parada del autobús del cole de la princepeque que me saludó con la mano cuando me vió, y se puso a hablar con sus amiguitas, supongo que sobre mí. Entonces me di cuenta de que la ropa que me había puesto no debía casar muy bien, cuando a lo lejos se oyó un estruendo de sirenas. Se fueron acercando poco a poco hasta que con un frenazo pararon delante mió, salió Pototo del coche patrulla y con un grito me dijo que entrara en el coche. Dentro, y sin darme tiempo a agarrarme salió quemando caucho el amigo Gómez, muerto de la risa, diciendo algo así como “¡Toma estarqui y jach!”.
 
Tampoco me dio tiempo a mucho más, ya que sonó el teléfono donde la princechillona me empezó a montar un pollo sobre que coño estaba haciendo, que la princepeque estaba en casa llorando a moco tendido porque las mayores del cole le estaban chinchando diciendo que a su padre se lo llevaban a la cárcel por gordo y feo, que ahora la tenía que llevar ella al colegio, que qué hacía para que se le pasara la rabieta por mi culpa, que qué pintaba en un coche patrulla. Al final tuve que prometerle a la pequeña que la llevábamos con nosotros a Asturias, con lo cual parece que se consoló. ¿Habría sido todo una maniobra urdida por las dos?. No me dio tiempo a pensar mucho más, ya que acabábamos de llegar a la fábrica. Cerca de una de las vallas de piedra que delimitaban el perímetro, estaba un coche de bomberos apagando los rescoldos de lo que parecía eran los palets de madera. En la pared una pintada en trazos negros que sospeché me iba a amargar el resto de la mañana:
¡HORMAONDETE, TE VA A ARDER HASTA EL CULO!

4 comentarios:

  1. Bien por el detective!!.

    Esta el narrador subvencionado por sports tracker o es que le gusta mas que wikiloc?.

    Vamos a empezar a tener que sufrir publicidad encubierta para seguir leyendo las historias de nuestro detective favorito? (bueno, para no exagerar, mejor nuestro detective local favorito).

    Volviendo a la parte culinaria, aunque conocido es que no es mi favorita, agradecemos que el autor no sucumbiera a la tentacion de explicarnos como cocinar las patatas fritas en daditos. Por otra parte, quizas convendria que recogiera algunas de las recetas fotograficas con las que flombra obsequia con inusual persistencia en el gallardo pizarrin.

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  2. RASPUTILLA, te estoy empezando a apreciar ¡Tu detective local favorito! ¡Por delante de Sancho Bordaberri! Mira, hay tienes una adivinanza con premio de champis y vino.
    Reconoce que es más fácil nombrar el programa (por cierto gratis) que explicarlo.
    Las patatas fritas en daditos, no se cocinan, sino que se frien, ahora entiendo que quieras la receta (corta las patatas en daditos y frielas) ya que lo más cerca que has estado de hacer algo en la cocina ha sido cuando metes el café en el microondas.
    ¡POR FAVOR, CAMBIA DE FOTO!

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  3. SI ES HORMAONDETE SERA EL CULETE, vamos digo yo!

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  4. ¡NO! ¡ES EL CULO!
    ¡POR FAVOR, CAMBIA DE FOTO!

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