miércoles, 16 de octubre de 2013

LA MANO AMIGA



Quizás deba comenzar esbozando alguna excusa por haber estado más de un mes sin haberme dado una vuelta por aquí. Bien es cierto que además prometí realizar una auto entrevista sobre la carrera con final en el lago Enol de hace algo así como 6.000 días. En esos momentos mi ego marchito necesitaba un ejercicio de auto afirmación, ejercicio que realicé durante aproximadamente una semana, ensayando la auto entrevista en mis diarios viajes en el sub urbano. Me quedaron muy bien, fueron reivindicativas, divertidas y muy serias, pero al final para plasmarlas en el teclado me invadió una gran pereza, dejándolas para la semana que viene. La semana que viene ya ha llegado al mes, la terapia interior ha sido efectiva, y ahora que estoy en la cresta de la ola, al menos anímicamente hablando, voy a intentar contar algo.

Cuando subía esta tarde he visto a una lagartija intentar subir una escalera a saltos, hasta que al segundo trompazo ha decido subirla andando, trepando por la contra huella. Y así ha logrado su objetivo. Esto podría suponer una alegoría sobre el éxito y el fracaso. Sería bueno darle una lectura tipo intelectual, pero a pesar de mi retorcida mente, me es imposible pensar en otra cosa que no sea la gracia que me ha hecho y el pensar que a veces los animales son tan tarugos como nosotros.

La generosidad rebosa por todos mis poros, así que os voy a contar la gran mano amiga que soy. Sobre todo en lo que trata de restaurantes.

Evidentemente no soy una guía gourmet, dedicaría a eso mi blog si supiera o pudiera andar saltando de restaurante en restaurante como abejilla de flor en flor (¡toma metáfora!). Pero he dado bastantes vueltas alrededor de la piel de toro, y es raro que un día que andes perdido por una de esas autonomías de Dios, en la que no pueda recomendarte un digno pesebre donde calmar los calambrazos del estómago. No alcanzo a todas, pero al final acabo conociendo a alguien que ha andado por la zona. Y sino preguntarle a Miguelín, cuando teniendo una mañana libre en la manga del mar menor, acabamos en las garras de un arroz caldoso de langostinos de la bahía confundidos entre los vapores del marques de riscal. ¿Qué andas por la provincia de Lugo? Acércate al de los siete platos en Viveiró y únete al club de los abroncados al decir a la dueña que postre mejor no, que tienes prisa. ¿Berenjenitas con miel a precio menú? El hostal de Montoro.

¿Hay truco? Uno muy sencillo, sino conoces la zona, pregunta a alguien que la conozca y que no sea sospechoso de guiarse por modas pasajeras. Yo he visto alguno que está de moda en Madrid, que en fin. Y luego, cuando hayas papeado según mandan los cánones, una pequeña llamada agradeciendo la recomendación, que siempre gusta, lo digo por propia experiencia, porque la mayor parte de las veces no acabas sabiendo si te han hecho caso.

¡En fin! Que todo el discurso anterior es para pedir a mi único lector asiduo que me recomiende restaurantes en Cuenca, ya que he tenido la brillante iniciativa de ir allí a pasar el puente de San Euskadi, seguida de la gran iniciativa de preguntarle sobre restaurantes.

Te podía haber mandado un correo electrónico, pero así es como algo más entretenido