jueves, 6 de diciembre de 2018

UNDER ONE EIGHTY

¡Hola!, me llamo Ajota Iturray y como se puede deducir del correo electrónico que acabo de recibir, pertenezco a una organización que presta servicios a compañías aseguradoras, sobre todo en lo relativo a la resolución de siniestros, pero no es la verdadera razón de comenzar con estas líneas el lanzar una perorata sobre el servicio social de los seguros, ni lo buenos que somos a la hora de pagar a los siniestrados, ni la de veces que nos intentan colar trolas inverosímiles para cobrar más de lo que se debe. Sólo que tampoco se me ha ocurrido otra forma de comenzar a contarles la razón de que me haya decidido a explicarles las razones por las que he comenzado a escribir.

Tengo varios amigos que ya me han insistido un gran número de veces que debo de aprovechar mi proverbial talento con la escritura y por ello he tomado la firme decisión y ¡Voy a escribir una novela!. Es verdad que tengo cierta gracia y soltura cuando cojo la pluma, vale la tecla del ordenador, que los tiempos han cambiado, y suelto un torrente de palabras que pueden ser vacuas, inteligentes, enigmáticas o simplemente abundantes. Puedo coger una idea y retorcerla de tal forma, darle tal cantidad de vueltas, alargarla o resumirla, ser irónico, sarcástico, tierno conmovedor u hortera (esto me va más), así que me lanzo a la piscina de la creación literaria donde he de demostrar que soy capaz de contar algo.

Bien es cierto, que todo lo anteriormente dicho, se reduce, momentaneamente, a relatos de no más de tres hojas, pero no tiene que ser muy complicado el hilvanar uno entero cuando se tenga un argumento claro y una historia sólida para dar vida a una novela. Esa será la primera elección que he de afrontar y para ello contaré con la valiosa ayuda de mi mejor colega, Ulises Simón García Gatica, más conocido por todos como el Gati, o Gati a secas.

Con este hombre tengo relación desde que eramos unos imberbes y entramos en tercero de educación básica, la general, en el colegio de los escolapios, donde nos apuntamos al equipo de mini basket, deporte que no dejamos, bueno no lo hemos dejado del todo, hasta que salimos del colegio, en lo que a jugar con licencia federativa se refiere. Hemos seguido jugando, más en plan de diversión, y sólo en canchas de mini, puesto que el arito que está a tres metros y cinco centímetros según creo especifica el reglamento, cuando vas creciendo en edad, te vas alejando de él. Somos los creadores de la famosa liga de menos de metro ochenta, y habitualmente los fines de semana nos retamos con conocidos de otras zonas de Bilbao como Santuchu, Iturribide, Deusto, Sarriko y con los pijas de Indauchu.

En realidad no es una liga como tal, sino que Uli y yo, tras los partidos apuntamos los resultados, sin que ésto lo sepan los contrarios, anotamos nuestras estadísticas y vamos elaborando una clasificación. Esta claro, que la consideramos liga de menos de metro ochenta, porque sólo contamos aquellos partidos en los que los rivales también andan todos por debajo de esa estatura, lo que viene a ser la mitad de los partidos. En los otros sólo nos jugamos el honor y unas birras, pero no entran a formar parte de esta estadística. Este año, nos estamos disputando la primera plaza con los estiradillos de jesuitas, pero de esto ya diremos algo más adelante.

Gati, y como ya se puede uno imaginar, mide sólo un metros setenta y cinco, es rubio de pelo lacio, de piel blanca cuasi albina, ojos saltones y azules, pelusilla en vez de barba, y con la barbilla un poco metida para dentro. No está mal proporcionado pero a sus treinta y cinco años ya está atacado por el virus de la barriguita cervecera, epidemia que afecta a los varones cuando superan la treintena. Está casado, y no lo digo como si fuera una desventaja, con Bea, morenaza impresionante, belleza casi militar, una mujer de bandera y de armas tomar. Cuando se cabrea, que gracias a Dios no es muy a menudo, o cuando quiere mandar, que es casi siempre su “Ulises Simón” hace que el susodicho se cuadre y el resto de sus contertulios choquen tacones al unísono como un solo hombre. Si cuando Bea tenía dieciocho años hubieran admitido hembras en el ejército, no dudo que ahora hubiera ascendido a Coronela. Ha sido una gran pérdida para el ejército.

Con estos antecedentes y tan larga amistad forjada en las canchas, bueno, en los banquillos de las canchas, estoy convencido que mi amigo será de gran ayuda para dar el primer paso en la elaboración de una novela, que es elegir un tema. Lo digo, porque es la única persona que ha tenido alguna relación con el mundo editorial, ya que estuvo algunos años como contable de una firma cuyo producto estrella eran las biblias para exportar a Sudamérica.

Conocer los entresijos del mundo editorial será muy útil para poder colocar la mercancía, pero siempre al mejor postor. No me dejaré llevar por sentimentalismos ni zarandajas del estilo. Siempre he estado tentado de que mi primer legajo sea leído por algún escritor profesional, pero ya es algo que no me apetece puesto que además de que se lo pedirán mucho, debido a mi talento emergente, intentarán desanimarme llenando mis escritos de las más absurdas, patéticas y necias críticas, empozoñadas por la envidia, ya que la aparición de un carne fresca como yo en el panorama literario nacional, será competencia nueva para ellos, y creo que la competencia, sobre todo cuando es inteligente y arrolladora, no gusta en el mundo editorial, bueno, en ningún lado.

Además a Ulises ya lo he nombrado mi agente literario, la persona que estará al frente de todos mis asuntos, sean mundanos o espirituales. Puede que sea un poco pronto para insinuarle que vaya dejando su actualmente bien remunerado trabajo.¡Qué pienso!. Bea me mata y luego me hace trocitos para tirarlos al estanque de los patos del parque. No sería mal comienzo para una novela del género negro. Sería original. También podia ser que los patos al comer carne humana se contaminaran, les diese el prión loco y salieran a la noche a atacar a picotazos a las parejitas que retozan en la hierba de parque. Ésta sería más del estilo del King. Tendré que pensarlo en un futuro, pero mi primer tema debe de ser algo más serio que pueda mostrar al mundo de una forma natural y espontánea hasta donde puede llegar mi ingeniosa narrativa.

Entiendo que como en los seguros, la remuneración de mi agente será en base a un porcentaje sobre las ventas, y claro, a los inicios, mi primera novela tardará un tiempo en proporcionar una renta, ya se sabe que las editoriales no invierten mucho en marketing y menos en los noveles, y el boca a boca tiene eso, que es muy lento. El primer año, como mucho podré andar entre los diez mil y veinte mil ejemplares, así que le aconsejaré que siga con su actual trabajo hasta que el futuro marque nuestro camino. Es que como le deje que actúe en función de lo que le va a gustar mi primera novela, abandona el trabajo al día siguiente y eso no es de persona responsable que lleva los asuntos de otras. Hay que sumar que Bea le y me mata.

Gati será una buena compañía para los numerosos cóckteles literarios y campañas promocionales que tendré que atender. Recoreremos las principales ciudades españolas, y el se irá encargando de gestionar todos los viajes, los billetes de avión, en primera por supuesto, y cuando no haya aeropuerto hará de chófer. Tendré que convercerle para que aprenda idiomas (sólo chapurrea algo el inglés), para que esté preparado cuando se produzca el salto a la internacionalidad, y pasemos de los pueblos y ciudades, a países y continentes, entre aplausos y aclamaciones de entusiasmo en todos los idiomas conocidos.

Será complicado para una estrella literaria como la que llegaré a ser el poder atender la multitud de compromisos que conlleva, aunque obtendré algunas ventajas. Si llego a ser la mitad de famoso de lo que espero, estaré en disposición de poder elegir los canapes que pongan en las presentaciones y en mis charlas. A mí, lo que realmente me gusta son los tacos de queso manchego y de jamón, que no necesariamente tiene que ser ibérico, con recebo me puedo conformar. Vino, rioja y mínimo crianza, ¡hasta ahí podríamos llegar!.Los cóckteles en sentido estricto y los canapés de diseño, esos que entran por los ojos pero luego son insípidos, no van demasiado con mi forma de ser. Bueno, algunos pinchetes de diseño como unos langostinos rebozados de crujiente y con semillitas tipo sésamo ensartados en un palo, si me gustan.
Podemos añadir al jamón y al queso, siempre en taquito, los langostinos que son muy socorridos y dan clase al evento, pero así queda escasa la variedad. Al Ulises Simón le privan las cebolletas en vinagre y en general todo tipo de encurtidos. Hay que tener un detalle con el agente, pero las cebolletas como que no pegan y tienen poca clase en un acontecimiento intelectual. La concesión podría estar en traer unas gilditas (anchoa, pepinillo, guindilla y a veces aceituna, todo ensartado en un palillo) de la Taberna Ona, que esta debajo de mi casa y hace las mejores gildas que he probado en toda mi vida. Si las presentaciones son lejos de Bilbao, podríamos llevarlas por mensajero, o montar un tele-gilda, como negocio alternativo.

Croquetas y rabas. Tampoco estaría mal el añadir en el catering unas croquetitas de jamón, bacalao o de huevo, pero de tamaño de canica gorda, para poder metértelas en la boca de dos en dos, y comer literariamente, es decir a dos carrillos. Yo, que vivo en piso de solteros, soy aficionado a comprame ese tipo de croquetas congeladas para comerlas de dos en dos. Las rabas, mejor alargadas que redondas, y eso sí, rebozado de cocina, nada de congelados. Si al vinito le añadimos un poco de champán y cuando pase de las diez de la noche, combinaditos ligeros, poco más hace falta. Antes de comer, cambiar el champán por fino. ¡ Serán los cóckteles perfectos!. Tacos de jamón y queso, un poquito de lomo, langostinos, gildas, croquetas y rabas. De dulce pastelillos y bolas de helados de fruta tamaño pelota de golf en cucuruchos de barquillo. Clásico con el toque atrevido de encurtidos. Va a ser la caña de los festejos y presentaciones literarias, el ejemplo a copiar. No se si dejarme de ensoñaciones con la literatura y montar una compañía de catering, para vender franquicias ¡por supuesto!. 

El problema va a venir con las tías. Al ser una estrella mediática no me van a dejar ni respirar. Tampoco me importa mucho, puesto que yo no tengo pareja estable, ni inestable. No soy feo, o me consuelo pensando eso. Tengo una estatura superior a la media, sobrepaso en medio centímetro el metro setenta, frente depejada, como Monty, el millonario de los Simpsons, ojuelos marrones y alterno, según temporada, la perilla o la barba, elegante y recortada por peluquero. De estructura delgada, sesenta kilitos, lo más característico mío, que será lo que me intentaran imitar en la televisión los cómicos de turno, es una media sonrisa, judía dicen unos, fenicia dicen otros, donde me asoman los colmillos, que acaban en una punta muy fina, como si estuvieran afilados. Esa sonrisilla tiene muchas horas de ensayo frente a un espejo, intentando reflejar ese mezcla de aire de canalla, despreocupado, único e insolente, aunque en el fondo intentaba ser a la vez dulce e inocente, para ver si pillaba. Mi viejilla, que ahora se pasa todo el año en Benidorm, me decía que esa sonrisa lo único que me daba era un aire de jilipollas. A la vista de los resultados he de inclinarme que puede hasta que tenga razón.

La realidad es que éxito con las mujeres he tenido más bien poco. Podía auto engañarme diciendo que había hecho mis pinitos, pero lo cierto es que no he pasado de hierbas, y más bien, briznas pequeñitas. Siempre he sido un gran tímido desde joven y me ha costado mucho relacionarme con el sexo contrario. Lo más cerca que estuve de tener una novia o pareja fue con Sandra. Una chavalita morena, de ojos almendrados y bien proprocionada con la que estuve saliendo, bueno quedando durante más o menos un mes. Un fin de semana, nos invitaron a una fiesta en un club que está en los alrededores de Bilbao. Pensé que aquella podía ser mi oportunidad y cuando entramos en el autobús que nos llevaba al club le di la mano, y ella me la cogió, y yo no se la solté, y ella tampoco. Más que en autobús yo iba flotando en una nube. Luego, pensé que si le pasaba un cubatilla, podría ser más fácil. Allí estaba yo trasteando cuando ella me miró con una media sonrisa y me dijo que se iba al baño. Estuve esperando cinco, diez, quince minutos, media hora hasta que me levanté de mi sitio y abandoné la fiesta. Iba caminando cuesta abajo hasta la parada del autobús de Bilbao, las manos en los bolsillos, la cabeza gacha, la imagen viva de la desolación. Mi autoestima en aquellos momentos estaba en sus niveles más bajos, pero no llegaron a tocar fondo hasta que me enteré de lo que en realidad había pasado. La pobre Sandra tuvo un cólico bestial y se quedó dentro del baño, destrozada, hasta que otra tía que entró a empolvarse la nariz se dio cuenta de lo que la pasaba y la sacaron de allí. Como es lógico Sandra nunca más quiso saber nada de mí.

Alguna aventurilla tuve, pero nunca fue nada serio, por eso espero con ansiedad la segunda oportunidad que me va a dar la narrativa. Me acuerdo también mucho de Rosita, una rubia de ojos grises, no muy agraciada de cara, buen tipo y una fiera desbocada. Con ella, tuve el plan perfecto. Los Viernes y los Sábados salía con los amigotes de cañas, quedando sólo los Domingos a la tarde con ella. Al final, como era ella la que me buscó, pues ese plan valía y todas esas tardes de Domingo las pasábamos buscando las esquinas más oscuras y discretas de los pubs de Deusto. Al final, y como siempre en mi caso, la lógica se impuso y esta situación sólo me duró tres semanas ¿O fueron cuatro?. En el fondo da igual ya que éramos bastante críos. Era una época que íbamos a una especie de concesionario en la calle Concha a tomar cervezas y con el Gati y el resto de la panada teníamos nuestro código secreto. Quedamos en que sí salíamos con alguna chica, había que comentar con los camaradas los logros en el terreno erótico, pero sin que ellas se dieran cuenta. Así que si te decían que iban a merendar bocata de queso, era que había logrado besar a la nena. Ya si la merienda era brocheta, algún roce bajo la camisa se había logrado. Y si tocabas pelo, al preguntarte ¿qué tal? responder, “chachi, chichi”, contraseña secreta que me cupo el honor de inventarme y que nunca llegamos a utilizarla para lo que la habíamos creado ya que no tocamos pelo ni pagando, pero ha quedado en los anales de la cuadrilla como la frase más ingeniosa. De vez en cuando nos juntamos para cenar y suele ser la jocosa respuesta cuando preguntas por la salud de los demás. Hay que decir que todo este pacto de honor entre caballeros se malogró cuando Ulises comenzó a salir con Beatriz, a la que conocíamos como la pandereta ya que era de cuartos traseros generosos y planos, hasta que la inversión en el gimnasio se hizo notar, moldeando sus nalgas en redonditas y respingonas. Se negó desde el primer momento a utilizar nuestro código secreto, y ya nunca más pudimos volver a llamarla pandereta. De todas maneras, las veces que utilizamos nuestro código secreto espicificamente para lo que estaba diseñado, se pueden contar con los dedos de una mano, bueno, con los brazos de un manco, ya que el éxito con el sexo contrario nunca fue una virtud ni mía, ni de los que me rodeaban habitualmente.

Por eso tengo esperanzas que la literatura me redima de mi escasa fortuna hasta el momento en materia amatoria, pero habrá que llevarlo con mucha discrección, ya que mi agente, ni debe, ni puede. Y como la pandereta se meta en medio, seguro que me espanta lo más apetecible y sólo deja que se me acerque lo más necesitado, para que a su Ulisescito no le entren tentaciones. ¡Buena es la Bea!. Lo que no se ha dado cuenta, o no es consciente que con una mujer como ella, mi amigo Ulises no va a hacer tonterías. Pero esto nunca lo sabrá por mi boca, ya que tiene la autoestima bastante crecidita y no va a ser Ajota quién se la aumente más.

Si tengo que tratar con mi futuro agente el asunto de los hoteles en las giras y presentaciones diversas. No hace falta decir que serán de cinco estrellas, pero he pensado que también nos puede venir bien el explorar en los sordos moteles y hostales de carretera, ya que me servirán como fuente de inspiración para llenar cuartillas ¿En blanco o cuadriculadas?. Bonito dilema. En cualquier novela que se precie, y aunque en la misma prime un estilo de lujo, siempre hay un lugar para que un suceso inesperado (una mala borrachera, una avería en la carretera, un ligue inesperado, o que al protagonista no le dé el bolsillo para más) acabe con los huesos de los personajes en un tétrico hostal de carretera, con las paredes de los pasillos llenas de churretones de humedad, bajo la sábana de la cama un colchón envuelto en plástico, baños con olores a fosa séptica, camioneros borrachos cantando su manga a las tres de la mañana, camareras extranjeras que ni papa de castellano y televisiones con canales locales guarros. Quitando estas paradas ocasionales y que podemos llamar culturales en hostales varios, tendré que dejar muy claro en mis contratos, que en los hoteles en los que me aloje, en la habitación a mi asignada tendrá que haber una botella de whisky de malta, vejez mínima doce años, con cubitos de hielo como para un regimiento y panchitos y frutos secos de calidad contrastada. Es una cláusula a incluir compulsivamente en todos los contratos.

Donde voy a crear escuela en mis novelas, además del catering de las presentaciones, va a ser con los personajes. Llevo muchos años intentando vengarme de aquél profesor de literatura que me suspendía por sistema, de las tías que además de darme calabazas se chotearon y me las restregaron por la cara, de algún jefe que me ha machacado y humillado, los supuestos amigos que cuando te das la vuelta se rien de ti, y además no te invitan a sus cumpleaños, en fin a toda esa gente que si estuvieran hundiendose en arenas movedizas no les darías la mano, y si pudieses harías olas para que se ahogasen antes. Mi venganza va a ser muy sútil e inteligente, los haré aparecer en mis novelas y serán siempre los personajes patéticos y rasposos. También haré aparecer a mis amigos, pero tengo muy claro como diferenciarles. A los buenos amigos les pondré su nombre a uno de los personajes, diríamos a modo de homenaje, pero sólo eso, el nombre, lo que diga o haga el personaje, no tendrá nada que ver con ellos. A los enemigos, si no los identifico por su nombre, no vaya a ser que envez del rey de la novela sea el rey de la querella, haré tal descripción de ellos, que será inutil cualquier intento de que parezca que es otro. Además el papel aguanta lo que pongas encima, y algo, aunque sea mentira, si se repite muchas veces (o se imprime muchas veces) acaba pareciendo verdad. Por ello los ridiculizaré hasta hundirlos en la más absoluta de las miserias. Claro, que si son enemigos míos, no van a comprar mis novelas. Habrá entonces que arreglar entrevistas de promoción donde hable sin rodeo de los personajes, de tal forma que no les quede más remedio que adquirir mi libro al saber que van a aparecer en él. Tendré que tener cuidado, no vaya a ser que encima se hagan protagonistas de cualquier programita rosa de la televisión.

Con todo esto, sigo sin tener todavía claro cual va a ser el tema principal de mi novela. Creo que será una road novel con algo de budie colegui, como en las películas. Puede ser también negra, de un crimen, con trama oscura, a lo Agatha y que hasta el final no se resuelva. Lo que tengo claro es que la temática debe de ser de algo que domine, así que el sexo lo tengo descartado. De seguros tampoco va a ser, aunque la temática la domine como para escribir tres novelones. Desde que Woodie Allen dijo que nada podía ser peor que pasar una tarde con un vendedor de seguros, mi nivel de autoestima bajo considerablemente, y cuando alguién me inquiere sobre mi forma de ganarme el sustento, indico que me dedico al sector servicios en entidades de ramas financieras. No hay nada más tétrico de cara al exterior que conocer a una persona que trabaja en siniestros de seguros. La decisión del tema de la novela, tendré que tomarla al alimón con mi agente. Ahora está de moda la temática histórica, y podría pensar en algo de vikingos.

¡Joder!. Con tantas tonterías se me ha pasado la tarde y no he contestado a Marisa. Lo haré antes de irme a casa y me queda pendiente la elección del tema. Hoy es fin de mes y toca cambio.

martes, 4 de diciembre de 2018

Una nueva

UNA NUEVA

Peru iba acercándose a la cafetería de la novia del juez, con el que había quedado a tomar el aperitivo, incluida la promesa de que iba a ser invitado. Ya a unos cien metros distinguía la figura de su colega y como éste se estaba soplando el flequillo. Síntoma claro de nerviosismo. También vió como se acercaba a la mesa la novia de su amigo, dueña del negocio, con dos platos, uno que parecía de mollejas y el otro de langostinos a la plancha. Peru, que no era muy tonto, intuyó que podía haber gato encerrado, ya que su amigo se estaba sirviendo de una botella de lo que parecía un buen vino. Tentado estaba de darse la vuelta, pero parece que el juez Caraqueño justo en ese momento olfateó su presencia, levantó la cara y le saludó.
- Ya no me puedo escapar, ¡¡Joder!!

Continuará..........