domingo, 28 de octubre de 2012

LEIOAKO ERKULES VII


CAPÍTULO VII

 

Una vez acabadas las labores de extinción, y retirados ya los artilugios por los chicos de los calendarios, sólo quedaban restos de maderas quemadas mojadas. Di una pequeña vuelta alrededor cuando justo vi que aparecía el Orejotas en la escena. Como ni me dijeron para que volvíamos, llegué con lo puesto, por lo que le pedí que sacara algunas fotos. Discretamente Gómez me explicó que con mi pipofón podía sacar algunas fotos, y como no tenía ni idea de cómo se sacaban, discretamente se lo pasé a él, para que me hiciera de improvisado fotógrafo. Di un par de vueltas alrededor de los restos con cara de estar husmeando algo, me froté las manos como si tuviera frío y les dije a mis agentes favoritos que podíamos irnos.

 
-       ¿Pero no vas a tomar muestras?- me preguntó con cierta cara de extrañeza el amigo Pototo
-       ¿Para qué? – le contesté con cara de listillo- si ya tenemos las evidencias.
-       ¿Cuáles son? No te he visto coger nada
-       Mas o menos tienen medio metro de alto y casi cuatro de ancho. Son negras y están escritas en mayúsculas – le solté con la misma cara mientras le señalaba la pared

 
Me miró con no muy buena cara y como sus ojos andan a la altura, más o menos de los míos, cosa a la que tampoco estoy muy acostumbrado, me acoquiné algo, pero enseguida lo resolví cuando con el don ese de la oportunidad que me da alguna vez, les propuse ir a desayunar un bocata en la tasca favorita de la zona. Les pareció buena idea y en pose plan bikini sólo tomamos medio bocata de tortilla de patatas ligeramente grasienta con divisa de pimiento rojo picante. Nos dio vergüenza pedir vino a esa hora así que Gómez se tragó un cortado, Ganeko una Coca Lait y yo un agua con gas. Cuando íbamos a tomarnos una humeante taza de café con leche para acabar de rematar el desayuno, una llamada por radio entretuvo a Gómez (el no iba a repetir café) y entró haciendo ostensibles gestos de que nos teníamos que marchar. Ya en el coche patrulla nos explicó que había reunión de investigación. “Para en Zuricalday” se me ocurrió decirle, pero como si no me hubiera oído, siguió camino hasta San Ignacio, aunque no desaproveché la ocasión para explicar el significado de “Zuricalday”, “reunión de investigación” y quien era Wallander, pero estos dos me da la sensación que no han leído nada de Kurt.
 

Cuando llegamos a la sala de reuniones de la comisaría, un cuarto blanco aséptico con una mesa alargada y redondeada por los extremos, blanca y con una mierda de sillas, algo así como de diseño, pero que daba miedo sentarse en ellas (Pototo se trajo una silla de madera maciza de algún otro lado) no había nadie más.

 
Al de unos pocos minutos apareció el Jauntxo con otra agente que solía hacer las veces de instructor en este tema. Nos avisó que iba a estar presente el jefe de la asesoría jurídica de M.E.H., un tal Ibrahalitu. “Por fin voy a conocer a Detritus” pensé para mis adentros. Por el nombre me dio la sensación de que podía ser judío, y bien es verdad, que yo no he sido presentado a muchos. Pero cuando entró en la sala cualquier idea preconcebida que podía haber tenido sobre su aspecto quedó superada por la realidad.
 
Se trataba de un tipo corto de estatura, más bien la cabeza desproporcionada con el resto del cuerpo (en términos vulgares, cabezón), el pelo cortado al uno, con entrada evidente en ambos lados, la tez de color cetrino tirando a amarillo verdoso y con ojos oblicuos. Era un chino, como luego me pude enterar, pero de los de verdad. Además tenía bastante mal humor como lo pudimos comprobar, ya que sin casi presentarse comenzó a exigir en uno tono de voz algo alta para ser el único civil presente en la sala.
 
Al de un rato de estar exigiendo a voces resultados en la investigación, el jauntxo con voz muy calmada le vino a decir que se estaban tocando varias líneas de investigación y que cuando se obtuviera algún resultado concluyente se le avisaría. El pequeño bramó
-       La policía foral ya tendría resultados después de una semana de investigación

-       Perdone señor Detrito

-       Mi nombre es Jesús Ibrahalitu – me chilló desafiante

-       Perdone señor Detritus – ya se lo solté con algo más de mala leche, mientras me levantaba y me dirigía hasta donde estaba él, que por cierto, no se había sentado. No sé si porque las piernas no le llegan al suelo o para estar en una posición dominante.

-       ¿y tú cómo te llamas? – me siguió el pollo desafiando – es para tampoco nombrarte correctamente

-       Mira, no vengas soltando fanfarronadas – creo que instintivamente Ganeko comprendió mi jugada y se levantó poniéndose por el otro lado junto a nuestro canijo abogado- si tanto hablas de la foral, deberías de saber que la instrucción de los casos de incendio en Navarra, los lleva el SEPRONA, y que los análisis de muestras tuvimos que dejar de llevarlos a la universidad en Pamplona, porque son muy lentos, tan buenos como lentos.

-       ¡Bah! – mientras levantaba la barbilla

-       Mira muchachete, este es un caso bastante serio. Podemos encontrarnos ante algo provocado, cuya ocurrencia en un noventa por ciento de los casos está vinculada a estafas a aseguradoras, y ¡ohh casualidad!, el beneficiario del seguro es quién te paga. Y, ¿porqué hay tanta prisa? ¿nos estás dejando de contar algo?

 
Entre la pared humana de Ganeko y mía, y que quizás se confundió durante unos instantes porqué no parecía estar muy acostumbrado a que le llevaran la contraria, el jauntxo aprovechó para con palabras corteses sacarle de la reunión y evitar que fuera a mayores. Cuando desapareció el abogado de la reunión, a mí me cayó el chorreo por atribuirme funciones que no me correspondían, vamos, más o menos que quien coño me creía que era, mientras al fondo de la sala mis compañeros de viaje y la agente instructora intentaban no mearse de risa ante el feroz rapapolvo que me infligió el jefe de la investigación. Ya calmados los ánimos, llamó al secretario del juzgado, el bueno de Ramiro, para que agilizara en lo que pudiera los papeles. Luego supe por Gómez, que en el fondo, al jauntxete le había parecido santo remedio mi actuación.
 

Entre pitos y flautas ya era mediodía y no había preparado nada para el viaje del fin de semana, cosa que me fue echada en cara, bueno, echada no, arrojada cuando llegué a casa y estaba la princecuqui haciendo las maletas. Es una cosa curiosa lo de las mujeres, que acomodan el equipaje al tamaño del maletero del coche. Lo tenía muy comprobado, ya que el número de bultos era el mismo para quince días que para un fin de semana. Pero ante el segundo chorreo del día, preferí no seguir en esa línea de argumentación, ya que un chaparrón es soportable, pero una tormenta no tanto.

 

Gracias a Dios, el salir a las cinco de la tarde fue más debido a que hubo que esperar a que princepeque volviera del cole, que a mí ligeramente ajetreada mañana. Sino la borrasca me hubiera ahogado. Y como no, nos encontramos con el habitual atasco fin semanero de todos aquellos que quieren disfrutar de su asueto a las orillas del Cantábrico en aquella provincia apellidada en su honor.

 

Así que en vez de las dos horas y media deseadas, llegamos a las diez de la noche a nuestro hotelito de tres estrellas en la aldea de Oles, justo al lado de la parroquia. No tardamos sólo casi cinco horas por la caravana, sino que también paramos a cenar en un chigre en San Roque del Acebal, agotados detrás de un camión en esa zona a la que todavía no ha llegado la autovía. La verdad es que no cenamos en exceso, pero la relación calidad precio no fue mala, y la verdad es que el tamaño de las raciones, creo que al único que no le gustó fue al trasero de la princecuqui, que empezó a sospechar que ese fin de semana le podía aumentar de tamaño ante la desproporcionalidad del volumen de viandas.

 

El viaje en el fondo fue bastante didáctico pues la peque con el pipofón en las manos era una máquina de descubrir gadgets del bicho. Con los apuntes que llevaba de la uru y el google mapas del aparatito explicado para inútiles atontados, entendí que iba a ser capaz de descubrir la ubicación de aquella casa en aquel recóndito rincón de Asturias.

 

En el hotelito, no logré dormir muy bien, ya que no se como, pero las dos hembras me prepararon la habitual liada y el que acabó en la supletoria fui yo. Eso hizo que para las siete y media ya llevase un rato despierto por lo que decidí el intentar acercarme a la casa que aparecía como inicio de rutas en el sports tracker del Borjita. Con las lecciones aprendidas de la pequeña y con la nota que traía de la uruguaya, y aunque no era un dechado en el difícil arte de la orientación, no me costó en exceso encontrar la casa. Era un pequeño chalet de dos plantas, la de arriba tenía pinta de doblado, al que se entraba bajando por una cuesta flanqueada por pinos cortados de una manera grotesca y por el otro lado arbustos de flores de color lila y rosáceo. Lo mejor de la casa, al menos aparentemente era el enorme jardín que tenía en cuyo centro majestuoso se lazaba una secuoya y desperdigados anárquicamente por todo el prado pequeños brotes de acebo. A la puerta de la terraza de entrada a la casita estaba aparcado un coche y en la barandilla había unas cuantas toallas.

 
Era muy pronto y como dentro de la casa, no había señal alguna de movimiento, me volví hasta mi hotelito donde al comprobar que las nenas todavía no se habían despertado, decidí que la mejor idea era dar buena cuenta del delicioso desayuno casero que estaba preparado en el jardín del hotelillo. Me equivoqué de piso al subir en el ascensor  y al ser el último me fui hasta el final del pasillo que estaba rematado con una ventana. Apartadas las cortinas, comprobé con cierta satisfacción que desde aquella altura se podía ver la terraza de la casa, con lo que sólo con mudar mi personalidad por la de un intrépido ornitólogo, podría justificar de cara a los propietariosel estar por allí de vez en cuando fisgando con los prismáticos.

 
Ya parecía que las chicas se estaban desperezando, por lo que disimuladamente cogí los prismáticos y les comenté que les esperaba abajo. Desde el último piso pude comprobar que en la casa vigilada no había habido ningún movimiento, por lo que bajé al jardín donde sorprendentemente ambas estaban dando buena cuenta del desayuno, sin darse cuenta, valga la redundancia, de que había bajado antes que ellas pero llegado más tarde.

 
Planeamos el ir a la playa, ya que supuse que ese sería el plan de los habitantes de la casa, dejando por mi parte bien claro que el viaje era laboral y que el trabajo estaba por delante del placer. Por la cara que pusieron entendí que para ellas era de placer y que mientras las dejara en la playa para que pudieran hacer la princelagartija, les daba bastante igual en lo que gastase mi tiempo. Con los prismáticos en los ojos, ya observé cierto movimiento en la casa, como con pinta de que el coche iba a partir en breve. Ya eran cerca de las doce, una hora muy recomendable para empezar a cultivar el ocio en el fin de semana.

 
Intenté convencer a ambas dos para que esperaran un poco, por si había que seguir al coche de la citada vivienda, pero como si se lo contara a una pared. Con las toallas en los capazos de paja, sus gorros playeros estilo pamela, sus pareos nuevos y las gafas de sol, me conminaban con cierto aire intimidatorio para que entrase en el coche y las llevara a la playa de una santa vez. En eso, sonó la canción reggae que hace las veces de timbre de aviso de mi teléfono móvil

-¿sí?

- Peloto, ¿Cómo estás?

- ¿Quién eres?

- ¡Joder, qué poca memoria tienes! – mientras comencé a recordar a quién pertenecía aquella voz

- Eres el Mondri

- ¡Ja, ja, ja!, pues bueno, algo mejor de lo que yo esperaba. Te estarás preguntando a que viene esta llamada – lo cual era una obviedad, ya que la última vez que habíamos comentado algo sería unos diez años atrás -, si tienes un par de minutos te lo cuento

- Vale – dije mientras tapando el micrófono, o donde yo creía que estaba con la mano, les hice un gesto a mis acompañantes de que se trataba de una llamado profesional – tengo un par de minutos.

- Me encontré hace unos días por los juzgados de Algorta con el inefable Caraqueño, y nos fuimos a comer juntos. En la larga sobremesa que tuvimos, dimos un repaso a todos los colegas de la época de la universidad y me contó lo tuyo, que te has hecho detective privado y que eres un especialista en mascotas

- Eso no es del todo cierto, si bien es verdad que mis dos primeros casos han tenido que ver con perros perdidos – y con evidente orgullo aliñado con un poco de soberbia – y ambos los he resuelto con bastante éxito

- Algo así me comentó el Juanito. Pues necesito que me hagas un trabajo relacionado con una mascota, ¿podrás?. La cliente está dispuesta a pagar bastante bien.

- Si no es algo urgente, creo que no será un problema, ya que además cuanto con un colaborador que tiene bastante mano con estos bichos.

- ¡Fenómeno!, te llamo la semana que viene y nos vemos un día para presentarte a la cliente

- Adelántame algo sobre qué va.

- Es algo “sui generis”, pero como ya te digo, paga bien

- Eso ya me lo has dicho

- Ya te lo explicaré con más detenimiento, pero se trata de identificar que perro es el progenitor de unos cachorros.

-¿Estás de coña?

- Verás, se trata de una vieja que está forrada de pasta, sin familia, y cuya única compañía es una perrita que hace poco le ha dado cinco cachorros. El autor parece que es muy claro que es un Beagle propiedad de un vecino suyo, con el que no se habla. La vieja acudió donde él en plan salvaje para que le pague la manutención de los cachorros y los gastos de veterinario, y claro, la mando directamente a la mierda. Ahora en plan despecho, quiere llevarlo al juzgado para que un juez dictamine sobre la paternidad de los cachorrillos, y no se le ha ocurrido otra cosa que hacer una prueba del ADN del Beagle de su vecino, y ahí es donde entras tú

- ¿Se va a gastar la panoja en una prueba de ADN para reclamar el coste de los perrillos, que tiene que ser la cuarta parte de la prueba?

- Es lo que tiene tener pasta y estar aburrido ¿cómo lo ves?

- ¿Qué tendría que hacer?

- Conseguir una muestra del presunto papi, un pelo, saliva, o heces que se puedan analizar

- No lo veo muy complicado

- Oye, me reclama la parienta, te dejo y te llamo la semana que viene para quedar. Ciao

- Hala nos vemos – siendo consciente de que ya había colgado cuando había comenzado a pronunciar la hache.

 
Me metí en el coche anonadado, sin notar las furiosas miradas de mis princereptiles, a quienes había robado cinco minutos de sol, y eso una lagartija profesional nunca ha estado muy dispuesta a perdonar. Me costó un rato digerir el nuevo caso que me iban a encomendar, pero tenía que sobrevivir, y la única manera era para empezar a hacerlo, era llevar a las cuchis a la playa.

3 comentarios:

  1. La verdad es que el experto en detritus, si bien caninos, va a ser nuestro heroe. Desde aqui le proponemos, por el bien de la abigarrada hinchada de su creador, que torne su actividad hacia menesteres de mayor impacto blogero tipo infidelidades conyugales, secuestros, extorsion, etc

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    1. Rasputilla, Rasputilloncete, ¡como te gusta todo lo relacionado con el coito y las pistolas! La verdad es que te pega bastante la foto de tu perfil.
      ¡No tengas prisa! Todo a su tiempo. Ten en cuenta que el bueno de Peru sólo lleva tres semanas ejerciendo como detective, y de buenas a primeras no le van a dar casos muy interesantes, solo consigue clientes a los que ha llegado su fama como detective de mascotas, pero no te quejes, está buscando a un desaparecido y metido en un intrincado y turbulento asunto de fuego. Todo se andará y llegará, como las promesas de las novias hace treinta años.

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  2. Interesante blog pero claramente falta SEXO!!!

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