sábado, 23 de junio de 2012

AIBOAKO SERLOK (UVE PALITO)


SEIXO KASTÍCULO

Llevaba tres noches seguidas vigilando desde el coche. Los prismáticos, aunque los llevaba para no herir la sensibilidad de la pequeña, quedaban tirados en el asiento del copiloto, junto a una, llamémosle sandwichera de “Hello Kitty” que, a modo CSI, la pequeña me había facilitado. En su interior había un guante de plástico de los que se usan en el supermercado para coger la fruta, junto a dos bolsitas de plástico (con el mismo origen) para que pudieran recoger evidencias sin contaminarlas, unas pinzas para las cejas, que creo habría mangado a su hermana o madre, una linterna, un bote de polvos de talco (a la niña le había dado la manía con eso) por si había que tomar huellas digitales, y un móvil viejo, “pero que podía sacar fotos con buena definición”. En fin, todo lo que necesita un “Forensic Investigator”.

Cuando maletín CSI en mano, me cruzaba antes de salir esta tarde en el pasillo con su madre y su hermana, oí como ésta contaba la medicina que tomaban las pijas para quitarse el dolor de cabeza “Helloukittin”. En fin, ya lo sabemos, chistes de proletarias. Si me acaban saliendo rojas estas dos. Aunque en la pesada vigilancia no había notado por el momento nada extraño, es cierto que la investigación se encontraba avanzando poco a poco, y todo era gracias a mi pequeña ayudante.

Al día siguiente de la reunión con bollos, me cogió por banda y me explicó que lo que teníamos que hacer era encontrar cuales podías ser los motivos que podía tener una persona para envenenar a un perrito. Dicho y hecho, la nena se puso a navegar por internet con un resultado sorprendente sobre la cantidad de quejas que hay respecto a la suciedad que dejan los perros en la calle. Para ser correctos, habrá que hablar del incivismo de los dueños. Es sorprendente que escribiendo en google “dog poop complain” aparecen casi un millón de resultados. Además comenzó a acotar las quejas sobre la conducta de los dueños de los perros en Getxo. Al final, tenía cerca de doscientas entradas. Entonces, lo que hice fue cruzar hasta la tienda de fotos de en frente de casa y comprar un paquete de quinientos folios y un cartucho de tinta para la impresora, guardando el ticket como gasto, y le imploré que me fuese imprimiendo esas entradas. Básicamente eran cartas al director en varios de los periódicos locales, así como algún foro con quejas vecinales. Esperaba que hoy hubiera podido terminar. Por supuesto, que este trabajo me costaría una nueva reunión de investigación con las princecolaboradoras con una ligera montañita de bollos de mantequilla de Zuricalday y “algunas tejitas de tu apellido, que también gustan” sentenció una de las máquinas de comer bollos que he creado. Pero, en el fondo me sentía orgulloso que al menos mi hija pequeña se hubiera tomado en serio mi nueva ocupación. “Eres mi signorina Elettra” le dije en un arrebato de cariño. Tras explicarle exactamente quién era dicha signorina me contestó “¡Bah! Creo más bien que soy como Sophie”.

Y yo sigo aquí esperando que, algo pase de una vez, rememorando ese estribillo de Paulina Rubio que tantas risas nos fabricó en aquel Jueves ovetense, salvo cuando hubo que pensar en regresar en coche. Un consejo os doy, amigos, si algún día, en alguna juerga, os ponéis pesados vacilando a uno de los colegas, procurar que no sea del que lleva el coche, sobre todo si duermes a 50 kilómetros de la juerga. Bueno, pues no estaba escuchando a Paulina, sino “Dust in the wind” en una emisora de oldies goldies, cuando de repente unos golpes en el cristal me sacaron de mi ensimismamiento. Fueron repetidos y sonoros, ya que unos de los dedos que golpeaba mi cristal tenía un anillo dorado. No me dio tiempo a ver si era con sello o no, ya que una voz autoritaria me conminó a salir rápido del coche. Y efectivamente, justo cuando me había aliviado de unos gases incómodos de mi estómago, con resultados olorosos, y puede que vomitivos para aquellos que no fueran su emisor. Entonces me di cuenta que al final de la mano había una manga que subiendo un poco más arriba estaba el distintivo de la policía autonómica, así que obedecí inmediatamente.

Cuando salí del coche, cerrando rápidamente la puerta para que no se dispersaran los efluvios olorosos, y me puse frente al agente, éste mientras me llamaba pervertido y algunos insultos más, me pegó un empujón con las dos palmas de su mano. He de reconocer que aunque me pilló de sorpresa, no me movió ni un milímetro, lo que creo que le encorajinó bastante más. El ertzaina, que era un tío delgado, de tez y pelo morenos ya empezando a platearle algo las patillas, no me llegaba ni con la gorra puesta a la altura de los hombros, así que no fue ninguna sorpresa su nula efectividad en mover mi corpulento corpachón. Lo malo fue que a su compañero se le notó un leve rictus en la cara, probablemente de descojone. Así que me ordeno que me tumbara sobre el capó del coche con las manos detrás de la espalda y me esposó vertiendo hacia mi persona toda clase de epítetos nada amables relacionados con el cerdo . ¡Tócate los cojones! ¡ Si como mucho sólo me había tirado un pedo guarro! Bien, es verdad que muy, muy, muy guarro.

A la manera de los dibujos de los tebeos, rápidamente una bombilla se iluminó en mi cabeza, cuando comprendí que estos tíos estaban pensando que me dedicaba a fisgar en plan voyeaur, a la vez, el compañero abría la puerta del copiloto para investigar que había dentro del vehículo. - ¡Uff Gómez, entra tú que aquí apesta!

Efectivamente, el encontrar unos prismáticos en el asiento del copiloto, empezó a corroborar sus sospechas. Peor efecto me hizo a mí cuando el tal Gómez sacó de la fiambrera gatuna el guante del super y lo levantó en alto, como si fuera una enseña mientras su compañero le miraba con cara de “¡Ajá, tenías razón, Gómez!”. Así que sin rechistar me metieron en la parte trasera del coche patrulla y me llevaron con ellos.

Siendo sincero no les hice ni puñetero caso a lo que me estaban contando, ya que con las manos esposadas en la espalda en aquel utilitario había caído en una muy mala postura, medio tumbado sobre un costado y con las piernas estaban algo separadas. Me estaba dando cuenta que  el problema con los gases persistía y sabía perfectamente que cualquier manifestación de ese tipo, lo iban a tomar como una nueva afrenta, creo que con muy malos resultados para mí.

Vi que paramos cerca de la casa barco y me sacaron del coche. Me metieron por una pequeña puerta lateral, Gómez llevaba en su mano a modo de prueba, supongo, la fiambrera de Hello Kitty, lo que probablemente le generó alguna que otra mirada guasona.

 - Ahora vas a ver al Juez, ¡pervertido!. ¡Señoría, da su permiso!. 

Yo siempre había pensado que cuando llegabas al Juzgado de Guardia, te metían primero en el calabozo y luego te interrogaba el Juez. Al parecer, el calabozo en Getxo estaba de obras, y primero pasaban por el interrogatorio del Juez, que determinaba si era necesario el ingreso en prisión, dar un escarmiento pasando la noche en el calabozo de los municipales, fianza o lo que fuera.

- ¡Peloto, pero que cojones has organizado! 

Gritó un individuo que se encontraba sentado tras una mesa y de una pantalla de ordenador. Me costó verle, hasta que reconocí tras su nariz a un antiguo compañero de estudios, Juan Caraqueño.

-  ¿Pero Gómez, por qué coño le has esposado?. ¡Peloto! ¿qué has hecho para que traigan así? Mientras venía hacia mí  soplándose el flequillo repetidas veces, para, supongo, darme un abrazo. La verdad que el tal Gómez se estaba quedando un poco impresionado al verse casi emparedado entre aquellos dos tipos, ya que Juan era de mi misma corpulencia, aunque un poco más pequeño, lo que no se notaba tanto por la buena base de sujeción de gafas que tenía.

Con el fin de no azorar más al pobre agente comencé a mascullar que era detective privado lo que dio a mi amigo la oportunidad de expresarse más ruidosamente – Joder, Gómez, que es detective privado. Suéltale las esposas de una puta vez que tenemos mucho de lo que hablar. - Pero Señoría – dijo Gómez levantando la fiambrera de Hello Kitty – el interfecto tenía esto en su coche y … - ¡ Gómez ¡ ¡que Peloto tiene dos niñas, y que quieres que tenga una fiambrera con Llorente!. ¡Joder Gómez, que es detective, que nos mete un paquete, que le sueltes de una puta vez!.

Me sonaba extraño aquel lenguaje en el Juzgado, por el lugar que estábamos, no por mi querido compañero, querido sobre todo en aquel momento, del que había perdido la pista hacía algún tiempo, mientras seguía inasequible al desaliento e implacablemente chorreando al pobre Gómez

-  ¡Gómez!,¡ que parece mentira con la Mili que llevas que me hagas estas pifias, más que Benito Gómez te tenías que llamar Benito Contrera, el txaraina que no se entera! ¿Había alguna denuncia?
-  No sólo había una queja de una señora mayor que había visto varios días el coche aparcado en el mismo sitio y …
-  ¿Y encima una vieja? ¡Joder, Gómez! Mira coge la queja y la archivas!, - mientras hacía los gestos de romper un papel y tirarlo con una patada a una imaginaria papelera- y ahora ¡Circula!.

Frotándome las muñecas me senté en la silla que me ofrecía frente a su mesa Juanito, mientras seguía dando voces y ordenando a Ramiro, el que luego me enteré era el Secretario de su Juzgado de instrucción, que trajera seis ¡Echando leches! Después de sacar una botella de White Label de su escritorio junto a tres vasos comprendí que se refería a los seis cubitos de hielo que trajo al de unos segundos el tal Ramiro. Tras una corta y cortés presentación, y una buena ración de scottch para el recadista, Ramiro se retiró a sus quehaceres. Juan acercó su cara a la mía mientras llenaba más generosamente nuestros vasos, y me susurró – Ahora cuéntame cual es la coña esa de detective privado y dime que estabas haciendo, granuja. Por cierto me tendrás que confirmar si tu separación es debida a lo que se rumorea por ahí.

Lo de la separación no le hice mucho caso, sólo le confirmé que fue algo no muy largo, y que mi princesa me perdonó en poco tiempo. – Como un retiro espiritual para volver al matrimonio con muchas más ganas. Lo de detective privado no le convenció hasta que se metió en el BOE y vio efectivamente que había un nombramiento para una persona que tenía el mismo nombre que yo. Hasta que no le enseñé el DNI, que coincidía, obviamente, con el del BOE, no acabó de creérselo. ¡Por cierto!, tenía unas gafas para ver de cerca que en vez de llevarlas colgadas al cuello, las llevaba en el bolsillo, con lo que pasaba más de medio minuto desenredando la cuerdilla que unía las dos patillas, lo que acabó siendo una característica más suya.

Allí estábamos los dos, recordando viejos tiempos, como aquella portada del Correo con nuestros culos en primera plana al haber sido los primeros bilbaínos en hacer streaking (novatada de colegio mayor) con una bolsa de papel en la cabeza. ¡Menos mal que no nos pescaron!, ya que además de la expulsión de la universidad, nos hubiera costado una mano de milks tanto en la comisaría como luego en casa.

Se pensó Juan que iba a poner una denuncia contra Gómez, pero no había nada más lejos de mi intención. Al de un rato me acabó hablando muy bien de Benito, gran conductor, y un muy buen tipo, que claro, que si pensaba que yo podía ser un cerdo, pues que había actuado correctamente. Así tras otra generosa ración más, explicando cual era mi primer caso, que tampoco ocasionó befa ni mofa alguna por su parte, hubo que poner fin a nuestra cháchara cuando volvieron a llamar a la puerta reclamándole para otra actuación.

Despedido con un fuerte apretón de manos, ya noche cerrada, decidí no ir a coger el coche, ya que mi nivel de alcohol en la sangre no era el adecuado para conducir, así que me encaminé por el camino que supuse más corto hacia mi casa.

Cerca de los juzgados había un bareto con pinta de inmundo, pero no sé porqué mis zapatos me encaminaron hacia allí. Deben de ser mágicos o estar patrocinados por algún bodeguero de la Rioja. Era raro, tenía forma de ele, con muy poco espacio entre la barra y la pared, así que me quede caí en la esquina de la barra, que en este caso era el centro y me pedí otro güiskata con un botellín de agua. Cuando me lo estaban sirviendo, miré hacia un lado, y al mirar hacia el otro descubrí en la esquina de la barra a Gómez, con la cabeza agachada, mirando fijamente a su vaso de tubo que agarraba con sus dos manos. Pues bueno, pues que iba a hacer, disimular, yo que casi les daba sombra a él y al parroquiano con gorrita de chulapo que nos separaba.

Al de un rato se fue el parroquiano, y yo, tras pagar y sin mirar a Gómez me disponía a irme cuando cuatro tipos mal encarados entraron en el bar. Uno de ellos, debió de reconocer a Gómez, al que comenzaron a amenazar tras un breve intercambio de palabras entre ellos. Me supuse que iría armado, por lo que me pareció que lo mejor sería pirarme antes de que empezaran los tiros. Pero en mi última mirada a Gómez, vi el susto reflejado en su cuerpo con lo que comprendí que no iba armado y que lo iba a pasar muy mal, así que con el fin de protegerle le pedí al dueño que llamara a la Policía mientras interponía mi cuerpo entre Benito y sus futuros agresores. No esperaron mucho al ver que no podían acercarse a su objetivo sin antes tener que recibir algo a cambio. Yo esperaba que la autoridad apareciera cuanto antes y que mi corpulenta figura les disuadiera de agredir a Gómez.

Algo así debió de ser, salvo porqué antes de huir, uno de ellos me tiró una de las banquetas, cuya esquina golpeó mi frente, dejando una curiosa herida tres dedos por encima de mi ceja izquierda, por donde la sangre comenzó a manar abundantemente. Es cierto que estuve a punto de caerme de ver tanta sangre saliendo de mi frente, y que esa pudo ser la razón por la cual Gómez no pudo perseguir a los agresores (el dueño del bar juró que era la primera vez que los veía por allí), pero al menos me atendió amablemente, y me llevo a Cruces, donde una bella morena y simpática enfermera de urgencias llamada Elena me atendió con toda su natural amabilidad y tras trece puntos de sutura en la frente, quedé listo para volver a mi casa.

Fui al hospital y luego a casa, montado tranquila y cómodamente en la parte trasera de una ambulancia acompañado por Gómez. Entre lo que esperamos, ya que desde luego mi caso no era el más urgente, y el susto que llevamos ambos dos en el cuerpo, nos dio tiempo a una charla, también se interesó por mi caso del que no se burló e incluso me ofreció su ayuda en la que descubrimos que teníamos unas buenas amistades en común, incluido el Juez, del que dijo que era un poco gritón, pero que era de los mejores en lo suyo. Ahí le conté lo de “Peloto”, que fue mi mote en la Uni. La explicación era muy sencilla, como había un par de Hurtados más en clase, a mi me lo pusieron por PEdro pez de TOlosa, bueno y también contribuyó el reírle muy efusivamente los chistes a la de Historia del Derecho

Ya cuando paramos en casa, se ofreció incluso a hablar con mi mujer para explicarle lo ocurrido, pero le sugerí, que con el aliento etílico de los dos (hubo una parada técnica en el Comercio de Las Arenas, que seguía abierto), no tendría mucha verosimilitud cualquier relato que le contara, así que mejor lo dejábamos para otro día.
  

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Sí, pero de caminos, no de maderas de crucificar ¿A las 12 de la noche en Getxo a donde quieres llevarle? Sólo está abierta la consulta del Doctor Bacterio pero es más para cóckteles psicodélicos

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  2. La referencia a Sophie depende de quien tenga razon sobre la edad de princepeque. Si es verdad lo que dice el capitulo 1, se puede referir a la ayudante del Dr. Gadget (salvo que vea la serie en version original en la que sophie tiene otro nombre), si por el contrario es una "teenagera" como indica el capitulo 4, podria referirse a la detective idolo de las adolescentes Sophie Katz, pero me inclino por la primera.
    En cualquier caso, dada la inteligencia aparente del personaje, estoy mas de acuerdo con Peru en el simil con la signorina Elettra, sobre todo si cambiamos los bollos de mantequilla por flores.
    En cuanto al Juez de Getxo, un caracter muy esperado en esta historia por capitulos, he de decir que su primera aparicion resulta un tanto decepcionante.
    Esperamos con ansia cualquier avance en el caso

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    1. RASPUTILLEIRO, no vale contestar a la "gallega" y la respuesta deberá de ser única, y aunque me jorobe, has acertado ¿has mirado como yo en la Wiki o todavía eres seguidor del Cartoon Network? Como lo prometido es deuda y eres el primero en haber contestado, mañana a la 20:45 en el Zokotxo, champis y rioja. PUede tambien venir el tertuliano habitual GUASAPETE si anda por la zona.

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  3. Cuando hablas de mañana es mañana o es hoy?. Lo pregunto porque no tengo claro si el horario registrado en los comentarios responde a la realidad. Por lo tanto: mañana es miercoles o jueves?

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