viernes, 8 de junio de 2012

AIBOAKO SERLOK (III)



ROZDZIAŁ TRZECI

Esta mañana, de nuevo mis pasos me llevan hacia la calle de los Tilos. Aunque da un poco de calor, llevo de nuevo mi sudadera con capucha para pasar más desapercibido y me acerco a los soportales para poder observar la salida del portal de la gente del número 59. Al poco de estar observando sale del portal Britni, llevando con la correa a Truska. Justo, a mi lado pasa el mozalbete del otro día que se dirige hacia ella. Britni ha vuelto a soltar la correa de Truska y se dirige hacia su noviete, cuchichean, parece que me miran de reojo y de pronto Britni sale aceleradilla y coge al perrito en sus brazos, y lo vuelve a atar a la correa entre las airadas protestas de la perrilla. En ese momento comienza a andar hacia una de las bocacalles. Le sigo a lo lejos, ocultándome tras cualquiera de los plataneros que bordean la mayor parte de las aceras de Neguri. Cuando me queda claro que no está más que dando un paseo, miro el reloj y salgo al trote al preparar el desayuno de la princesada.

No me lo puedo creer. Princesa máquina de reñir ha contratado una clase de golf colectiva a la tarde en Meaztegui (Conocido vulgarmente como el campo de golf de la Arboleda, aunque árboles, árboles, muchos no hay), de la que no me puedo escaquear. Y además ha dicho que es para cinco. He fruncido el ceño, en plan disgustadete, pero parece que no ha llamado para nada la atención. He protestado diciendo que tenía una vigilancia al mediodía (lo primero que me ha pasado por la cabeza, tendré que espiar a Britni también en el paseo que dice hace al mediodía), pero la máquina ha dicho que no me preocupe, que es a las seis, he vuelto a protestar que también tengo vigilancia vespertina, y la que ha fruncido el ceño ha sido ella, así que no me ha quedado más remedio que ceder. Lleva dándome la coña con lo del golf más de tres años, y hasta ahora he sido lo suficientemente hábil para escaparme, pero lo de hoy me ha sonado a ultimátum, ya veremos.

Mi vigilancia al medio día, tampoco da mucho resultado, ya que a pesar de haber esperado casi dos horas (medio día para Britni deben de ser las tres de la tarde), la chica ha salido con la perra bien atada de la correa, ha vuelto a repetir más o menos el paseo de la mañana, y creo que además me ha visto. Tampoco es que tenga mucha importancia, pero claro, a la una del medio día, tampoco voy a ir con mi sudadera rapera, ya que con el buen tiempo que está haciendo da mucho el cante. He vuelto a casa desilusionado, y allí me encontrado a toda la tropa dispuesta a ir a la Arboleda. Pero cuál ha sido mi sorpresa cuando princepija no ha venido con nosotros en el coche. He debido de poner tal cara que princechiqui me ha explicado:
-  Es que va con un chico que conoce, bueno que sale, se llama Florencio y está en tercero de ingenieros. Tiene coche y vive cerca de casa. Le conoció en las fiestas de Santa Ana en Las Arenas y han batido el record de cuelgatus dejándolo en treinta y cinco que conté el Martes pasado por la noche
- ¿No estarás espiando a tu hermana?- le espetó la máquina de reñir para luego continuar durante media hora hablando de temas intrascendentes con el fin de desviar mi atención sobre el hecho de que mi hija mayor esté saliendo con un tipo, que encima se llama Floripondio. Yo desde Rontegui la había dejado de escuchar, imaginando sólo el momento de la presentación ¿le estrujaría la mano sin piedad?¿le pisaría el pie sin querer?¿le apretaría los huevos con pasión?. Así, que pensando en cómo podría torturar a Floripondio, llegamos a la Arboleda.

Cuando me lo presentó pricepiji, vi que el hombrecillo temblaba como una florecilla en la Galea un día de galerna. Me hubiera gustado que hubiese sido por la cara de psicópata que le puse en el momento de la presentación – Mira Floren te presento a Peru (manía de mis hijas, ninguna me llama papá, aita, papi o papito (Britni seguro que me llamaría así si no estuviera presente en los interrogatorios la Yeni) siempre me llaman por mi apodo)- pero creo que fue más el hecho de que le sacara la cabeza y medio metro de ancho de espalda lo que le hizo sentir un nudo en la garganta, que espero cada vez que se acuerde de mí, lo tenga. Es lo que tiene salir con la hija de un tipo que mide casi dos metros (uno noventa y siete raspado según mis enemigos que por lo que estoy comprobando van en aumento) y pesa ciento treinta kilos de mucha musculatura y poca grasa.

Pero bueno, según llegó el profe de golf, un muchachillo que no llega a los treinta, morenito de pelo rizado, con barba a medio afeitar dejándole pinta de canallita, y simpatiquillo, se me olvidó completamente que allí estaba Floripondio. No sé en qué coño de película aparecía el típico profe de golf que sólo intentaba ligar con sus alumnas, cogiéndolas por detrás para enseñarles. Cuando lo recordé, tras recibir un palo que ponía “siete” empecé a mirarle con cara de pocos amigos. Al final, lo de la postura que me había venido a la cabeza era más algo de película, y en ningún momento se acercó a ninguna de mis princesas más de lo estrictamente necesario, pero eso sí, a éste sí que le había puesto mi cara real de psicópata (la mirada asesina la clavo de un amigo caraqueño) con lo cual de la hora de clase, sólo se atrevió a estar conmigo cinco minutos y creo que porque pensó que yo pagaba las clases, que si no, ni se acerca. Así que después de pegar doscientas bolas, la única que me salió recta fue una que chuté con el pie, ya de bastante mal humor.

Bastante mal humor que se acrecentó según descubrí que después de la clase me llevaban a una cadena francesa de deportes donde aprovisionarnos de los equipos necesarios para jugar al golf (según princemáquina, por el momento, sólo zapatos). Como pude comprobar, parece ser que al golf sólo juegan pitufillos, porque entre nada de lo expuesto había algo de mi talla. Es el problema de tener un cincuenta de talla de pie (sí, y como estás pensando el tamaño es proporcional ¡A todo!). Sólo, en la sección de pesca y caza, donde parece que ser de un tamaño algo más grande que la media está aceptado, podía encontrar algo de talla normal, pero fundamentalmente en ropa para invierno. Pero esto no es nuevo para un tipo como yo que venía del mountain bike. Menos mal que pasé un buen rato cuando princechiqui en un alarde de interpretación al verme aburrido y preguntarle me explicó lo del cuelga tú. - Ay Floren, yo también, pero cuelga tú; ay, que no que cuelgues tú, ay que no, que tú ¡uy, me ha colgado!¡Le tengo que volver a llamar! – mientras gesticulaba pestañeando intensamente y colocando una mano suya sobre su oreja, como si tuviera un teléfono móvil.

 Y para acabar de rematar la tarde del Viernes, Floripondio se pone a hablar de los woks (como si fuera una novedad, en el primer Wok que abrieron en Bilbao en General Concha, atendido por Ku Ku, era conocido como el chiquitín). Total, que parece que princemáquina se está preocupando por colocar a la niña y en un acto de peloteo hacia el recién llegado, entre los alegres palmeteos de su niña mayor, propone que para celebrar la primera clase, vayamos a cenar a un wok. Así que me llevan al del nuevo centro comercial de Leioa donde acaban de inagurar uno. Además entre tod@s intentan explicarme en qué consistía el invento (a un tío que en cuatro años hizo una media de 25 comidas al mes fuera de casa), Floripondio se puso a explicar recetas que pensaba originales, como la de cocer salchichas con cerveza, que por supuesto a mis princesas, que cualquier cosa relacionada con hacer un plato sabroso les parecía algo mágico, les pareció de estrella Michelín. ¡ Cómo puede ser alguien tan sopla eso para malgastar una sabrosa cerveza en cocer unas salchichas! La cerveza es mejor utilizarla para cocerse uno mismo. El único plato en el que se puede utilizar cerveza es cuando horneas un solomillo de vaca o ternera. A los 15 minutos de tener el solomillo en el horno a tope, le vacías encima una lata de cerveza helada para que lo contraiga y lo haga más jugoso. Luego lo sacas diez minutos más tarde y lo fileteas, mejor siempre justo antes de servirlo, ya que el jugo que suelta la carne en ese momento  es de lo más espectacular. En una cocina la cerveza para lo único que vale es para refrescar al pobre cocinero, siempre que esté bien fría.

Pero bueno, y dado que mis recetas no parecen interesar mucho a nadie, y sí el tema de investigación, a la pregunta, aparentemente inocente de Floripondio, de que es lo que hago, comienzo a explicarles el caso que estoy llevando entre manos. Reconozco que no es desde un punto de vista criminalista uno de los más interesantes, pero por algo siempre tiene que empezar una carrera. En mi época de perito acabé firmando indemnizaciones de unos cienes de millones de pelas, pero mi primera fue una humedad de un portal en Algorta que no llegaba a los treinta euros. Y en esto, igual, empecé por la muerte de un animalillo de compañía. Esperaba comprensión, quizás no me hubiera importado indiferencia, pero lo que me tocó los cojones de una forma bestial fue el cachondeo que se organizó. Lamentablemente, no recordé que mi princesada (a diferencia mía que soy más bien fan de Big Bang o de Modern Family) era seguidoras fanáticas de CSI en su versión nevada o floridiana, de la huesetes o cualquier otra versión de investigación criminalística en formato televisivo de serie de cincuenta minutos.

No sé que me sentó peor, si las tres haciendo el coro de perritas perdidas aullando (por lo menos disfruté al ver a Floripondio como se ponía rojo como una amapola, ¡toma metáfora floreada!), lo de buscar el ADN en los pelos del perro, que si fue un ataque de celos de Truska porque miraba a un gran danés (que habitualmente pasean por Aiboa, y parece más un pony que un perro), que si había recompuesto el esqueleto para conocer con gran detalle la agresión, si se había estudiado la conducta de los dueños, etc, etc, etc. El tema se enfrió cuando siguiendo las gracias de la manada femenina, Flori, empezó con comentarios de seguir los rastros de orina (meada de los perros, para los menos fino, que haberlos, los hay) con espráis y rayos infrarrojos. Parte de la princesada ante mi mirada asesina, huyó a por los postres, mientras que la máquina intentó derivar los temas y el tonto de Floripondio comenzó a sudar como si estuviera en una sauna, hasta que a señas de la mayor, huyó a buscar un postre. Al final, entre las birras, el decrecimiento del ambiente y que la nena mayor tenía que madrugar el Sábado para acudir a sus actividades deportivas (Floripondio, aunque lo intentó, declinó llevarla en coche a casa tras verme romper una nuez en la mano), nos fuimos a casa. Debía llevar tal careto, que princechiqui  me pidió acompañarme al día siguiente en mi estrecha vigilancia a Britni, a quién seguía considerando como mi principal sospechosa. La miré un poco con esa cara de que lo haces porque te doy pena después del cachondeo de tu hermana y tu madre. Pero insistió – mira, llevamos una goma, la atamos a una farola y tú te la pones entre las piernas, y yo hago como que salto- pero cariño, si ya eres mayorcita y..- que no, que me puedo hacer un poco la tonta, y a ti te pongo polvos de talco en el pelo, un poco de algodón en la boca para hacerte papos más gordos, y pareces mi abuelito. Ya lo hizo Castle en un episodio… - No puedo negarme, mañana será un gran día…. presiento.

5 comentarios:

  1. Quiero fotos despues de haber pasado por los polvos de talco y el algodon.

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  2. Respuestas
    1. Guasapete,¿has visto su foto? Ampliala. Ya verás, va de integrista, pero no sabe que allí no te dejan zumbarte GKs.

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