SEIXO
KASTÍCULO
Llevaba tres noches seguidas vigilando desde
el coche. Los prismáticos, aunque los llevaba para no herir la sensibilidad de
la pequeña, quedaban tirados en el asiento del copiloto, junto a una,
llamémosle sandwichera de “Hello Kitty” que, a modo CSI, la pequeña me había
facilitado. En su interior había un guante de plástico de los que se usan en el
supermercado para coger la fruta, junto a dos bolsitas de plástico (con el mismo
origen) para que pudieran recoger evidencias sin contaminarlas, unas pinzas
para las cejas, que creo habría mangado a su hermana o madre, una linterna, un
bote de polvos de talco (a la niña le había dado la manía con eso) por si había
que tomar huellas digitales, y un móvil viejo, “pero que podía sacar fotos con buena
definición”. En fin, todo lo que necesita un “Forensic Investigator”.
Cuando maletín CSI en mano, me cruzaba antes
de salir esta tarde en el pasillo con su madre y su hermana, oí como ésta
contaba la medicina que tomaban las pijas para quitarse el dolor de
cabeza “Helloukittin”. En fin, ya lo sabemos, chistes de proletarias. Si me
acaban saliendo rojas estas dos. Aunque en la pesada vigilancia no había notado por el momento nada extraño, es cierto que la investigación se encontraba avanzando poco a
poco, y todo era gracias a mi pequeña ayudante.
Al día siguiente de la reunión con bollos, me
cogió por banda y me explicó que lo que teníamos que hacer era encontrar cuales
podías ser los motivos que podía tener una persona para envenenar a un perrito.
Dicho y hecho, la nena se puso a navegar por internet con un resultado
sorprendente sobre la cantidad de quejas que hay respecto a la suciedad que
dejan los perros en la calle. Para ser correctos, habrá que hablar del
incivismo de los dueños. Es sorprendente que escribiendo en google “dog poop
complain” aparecen casi un millón de resultados. Además comenzó a acotar las
quejas sobre la conducta de los dueños de los perros en Getxo. Al final, tenía
cerca de doscientas entradas. Entonces, lo que hice fue cruzar hasta la tienda
de fotos de en frente de casa y comprar un paquete de quinientos folios y un
cartucho de tinta para la impresora, guardando el ticket como gasto, y le
imploré que me fuese imprimiendo esas entradas. Básicamente eran cartas al director
en varios de los periódicos locales, así como algún foro con quejas vecinales.
Esperaba que hoy hubiera podido terminar. Por supuesto, que este trabajo me
costaría una nueva reunión de investigación con las princecolaboradoras con una
ligera montañita de bollos de mantequilla de Zuricalday y “algunas tejitas de
tu apellido, que también gustan” sentenció una de las máquinas de comer bollos
que he creado. Pero, en el fondo me sentía orgulloso que al menos mi hija
pequeña se hubiera tomado en serio mi nueva ocupación. “Eres mi signorina Elettra”
le dije en un arrebato de cariño. Tras explicarle exactamente quién era dicha
signorina me contestó “¡Bah! Creo más bien que soy como Sophie”.
Y yo sigo aquí esperando que, algo pase de
una vez, rememorando ese estribillo de Paulina Rubio que tantas risas nos
fabricó en aquel Jueves ovetense, salvo cuando hubo que pensar en regresar en
coche. Un consejo os doy, amigos, si algún día, en alguna juerga, os ponéis
pesados vacilando a uno de los colegas, procurar que no sea del que lleva el
coche, sobre todo si duermes a 50 kilómetros de la juerga. Bueno, pues no
estaba escuchando a Paulina, sino “Dust in the wind” en una emisora de oldies
goldies, cuando de repente unos golpes en el cristal me sacaron de mi
ensimismamiento. Fueron repetidos y sonoros, ya que unos de los dedos que
golpeaba mi cristal tenía un anillo dorado. No me dio tiempo a ver si era con
sello o no, ya que una voz autoritaria me conminó a salir rápido del coche. Y
efectivamente, justo cuando me había aliviado de unos gases incómodos de mi
estómago, con resultados olorosos, y puede que vomitivos para aquellos que no
fueran su emisor. Entonces me di cuenta que al final de la mano había una manga
que subiendo un poco más arriba estaba el distintivo de la policía autonómica,
así que obedecí inmediatamente.
Cuando salí del coche, cerrando rápidamente la puerta para que no se dispersaran los efluvios olorosos, y me puse frente al
agente, éste mientras me llamaba pervertido y algunos insultos más, me pegó un
empujón con las dos palmas de su mano. He de reconocer que aunque me pilló de
sorpresa, no me movió ni un milímetro, lo que creo que le encorajinó bastante
más. El ertzaina, que era un tío delgado, de tez y pelo morenos ya empezando a
platearle algo las patillas, no me llegaba ni con la gorra puesta a la altura de los
hombros, así que no fue ninguna sorpresa su nula efectividad en mover mi
corpulento corpachón. Lo malo fue que a su compañero se le notó un leve rictus
en la cara, probablemente de descojone. Así que me ordeno que me tumbara sobre
el capó del coche con las manos detrás de la espalda y me esposó vertiendo hacia mi persona toda clase de epítetos nada amables relacionados con el cerdo . ¡Tócate los
cojones! ¡ Si como mucho sólo me había tirado un pedo guarro! Bien, es verdad
que muy, muy, muy guarro.
A la manera de los dibujos de los tebeos,
rápidamente una bombilla se iluminó en mi cabeza, cuando comprendí que estos
tíos estaban pensando que me dedicaba a fisgar en plan voyeaur, a la vez, el
compañero abría la puerta del copiloto para investigar que había dentro del
vehículo. - ¡Uff Gómez, entra tú que aquí apesta!
Efectivamente, el encontrar unos prismáticos
en el asiento del copiloto, empezó a corroborar sus sospechas. Peor efecto me
hizo a mí cuando el tal Gómez sacó de la fiambrera gatuna el guante del super y
lo levantó en alto, como si fuera una enseña mientras su compañero le miraba
con cara de “¡Ajá, tenías razón, Gómez!”. Así que sin rechistar me metieron en
la parte trasera del coche patrulla y me llevaron con ellos.
Siendo sincero no les hice ni puñetero caso a
lo que me estaban contando, ya que con las manos esposadas en la espalda en
aquel utilitario había caído en una muy mala postura, medio tumbado sobre un
costado y con las piernas estaban algo separadas. Me estaba dando cuenta que el problema con los gases persistía y sabía
perfectamente que cualquier manifestación de ese tipo, lo iban a tomar como una
nueva afrenta, creo que con muy malos resultados para mí.
Vi que paramos cerca de la casa barco y me
sacaron del coche. Me metieron por una pequeña puerta lateral, Gómez llevaba en
su mano a modo de prueba, supongo, la fiambrera de Hello Kitty, lo que
probablemente le generó alguna que otra mirada guasona.
- Ahora
vas a ver al Juez, ¡pervertido!. ¡Señoría, da su permiso!.
Yo siempre había
pensado que cuando llegabas al Juzgado de Guardia, te metían primero en el
calabozo y luego te interrogaba el Juez. Al parecer, el calabozo en Getxo estaba
de obras, y primero pasaban por el interrogatorio del Juez, que determinaba si
era necesario el ingreso en prisión, dar un escarmiento pasando la noche en
el calabozo de los municipales, fianza o lo que fuera.
- ¡Peloto, pero que cojones has organizado!
Gritó
un individuo que se encontraba sentado tras una mesa y de una pantalla de
ordenador. Me costó verle, hasta que reconocí tras su nariz a un antiguo
compañero de estudios, Juan Caraqueño.
- ¿Pero Gómez, por qué coño le has esposado?. ¡Peloto!
¿qué has hecho para que traigan así? Mientras venía hacia mí soplándose el flequillo repetidas veces, para,
supongo, darme un abrazo. La verdad que el tal Gómez se estaba quedando un poco
impresionado al verse casi emparedado entre aquellos dos tipos, ya que Juan era
de mi misma corpulencia, aunque un poco más pequeño, lo que no se notaba tanto
por la buena base de sujeción de gafas que tenía.
Con el fin de no azorar más al pobre agente
comencé a mascullar que era detective privado lo que dio a mi amigo la
oportunidad de expresarse más ruidosamente – Joder, Gómez, que es detective
privado. Suéltale las esposas de una puta vez que tenemos mucho de lo que
hablar. - Pero Señoría – dijo Gómez levantando la fiambrera de Hello Kitty – el
interfecto tenía esto en su coche y … - ¡ Gómez ¡ ¡que Peloto tiene dos niñas,
y que quieres que tenga una fiambrera con Llorente!. ¡Joder Gómez, que es
detective, que nos mete un paquete, que le sueltes de una puta vez!.
Me sonaba extraño aquel lenguaje en el
Juzgado, por el lugar que estábamos, no por mi querido compañero, querido sobre
todo en aquel momento, del que había perdido la pista hacía algún tiempo, mientras seguía inasequible al desaliento e implacablemente chorreando al pobre Gómez
- ¡Gómez!,¡
que parece mentira con la Mili que llevas que me hagas estas pifias, más que
Benito Gómez te tenías que llamar Benito Contrera, el txaraina que no se entera!
¿Había alguna denuncia?
- No
sólo había una queja de una señora mayor que había visto varios días el coche
aparcado en el mismo sitio y …
- ¿Y
encima una vieja? ¡Joder, Gómez! Mira coge la queja y la archivas!, - mientras hacía
los gestos de romper un papel y tirarlo con una patada a una imaginaria
papelera- y ahora ¡Circula!.
Frotándome las muñecas me senté en la silla
que me ofrecía frente a su mesa Juanito, mientras seguía dando voces y
ordenando a Ramiro, el que luego me enteré era el Secretario de su Juzgado de
instrucción, que trajera seis ¡Echando leches! Después de sacar una botella de
White Label de su escritorio junto a tres vasos comprendí que se refería a los
seis cubitos de hielo que trajo al de unos segundos el tal Ramiro. Tras una
corta y cortés presentación, y una buena ración de scottch para el recadista,
Ramiro se retiró a sus quehaceres. Juan acercó su cara a la mía mientras
llenaba más generosamente nuestros vasos, y me susurró – Ahora cuéntame cual es
la coña esa de detective privado y dime que estabas haciendo, granuja. Por
cierto me tendrás que confirmar si tu separación es debida a lo que se rumorea
por ahí.
Lo de la separación no le hice mucho caso,
sólo le confirmé que fue algo no muy largo, y que mi princesa me perdonó en
poco tiempo. – Como un retiro espiritual para volver al matrimonio con muchas
más ganas. Lo de detective privado no le convenció hasta que se metió en el BOE
y vio efectivamente que había un nombramiento para una persona que tenía el
mismo nombre que yo. Hasta que no le enseñé el DNI, que coincidía, obviamente,
con el del BOE, no acabó de creérselo. ¡Por cierto!, tenía unas gafas para ver
de cerca que en vez de llevarlas colgadas al cuello, las llevaba en el
bolsillo, con lo que pasaba más de medio minuto desenredando la cuerdilla que
unía las dos patillas, lo que acabó siendo una característica más suya.
Allí estábamos los dos, recordando viejos
tiempos, como aquella portada del Correo con nuestros culos en primera plana al
haber sido los primeros bilbaínos en hacer streaking (novatada de colegio
mayor) con una bolsa de papel en la cabeza. ¡Menos mal que no nos pescaron!, ya
que además de la expulsión de la universidad, nos hubiera costado una mano de
milks tanto en la comisaría como luego en casa.
Se pensó Juan que iba a poner una denuncia
contra Gómez, pero no había nada más lejos de mi intención. Al de un
rato me acabó hablando muy bien de Benito, gran conductor, y un muy buen tipo,
que claro, que si pensaba que yo podía ser un cerdo, pues que había actuado
correctamente. Así tras otra generosa ración más, explicando cual era mi primer
caso, que tampoco ocasionó befa ni mofa alguna por su parte, hubo que poner
fin a nuestra cháchara cuando volvieron a llamar a la puerta reclamándole para
otra actuación.
Despedido con un fuerte apretón de manos, ya
noche cerrada, decidí no ir a coger el coche, ya que mi nivel de alcohol en la
sangre no era el adecuado para conducir, así que me encaminé por el camino que
supuse más corto hacia mi casa.
Cerca de los juzgados había un bareto con pinta
de inmundo, pero no sé porqué mis zapatos me encaminaron hacia allí. Deben de ser mágicos o estar patrocinados por algún bodeguero de la Rioja. Era raro,
tenía forma de ele, con muy poco espacio entre la barra y la pared, así que me
quede caí en la esquina de la barra, que en este caso era el centro y me pedí
otro güiskata con un botellín de agua. Cuando me lo estaban sirviendo, miré
hacia un lado, y al mirar hacia el otro descubrí en la esquina de la barra a
Gómez, con la cabeza agachada, mirando fijamente a su vaso de tubo que agarraba
con sus dos manos. Pues bueno, pues que iba a hacer, disimular, yo que casi les
daba sombra a él y al parroquiano con gorrita de chulapo que nos separaba.
Al de un rato se fue el parroquiano, y yo,
tras pagar y sin mirar a Gómez me disponía a irme cuando cuatro tipos mal
encarados entraron en el bar. Uno de ellos, debió de reconocer a Gómez, al que
comenzaron a amenazar tras un breve intercambio de palabras entre ellos. Me
supuse que iría armado, por lo que me pareció que lo mejor sería pirarme antes
de que empezaran los tiros. Pero en mi última mirada a Gómez, vi el susto
reflejado en su cuerpo con lo que comprendí que no iba armado y que lo iba a
pasar muy mal, así que con el fin de protegerle le pedí al dueño que llamara a
la Policía mientras interponía mi cuerpo entre Benito y sus futuros agresores.
No esperaron mucho al ver que no podían acercarse a su objetivo sin antes tener
que recibir algo a cambio. Yo esperaba que la autoridad apareciera cuanto antes
y que mi corpulenta figura les disuadiera de agredir a Gómez.
Algo así debió de ser, salvo porqué antes de
huir, uno de ellos me tiró una de las banquetas, cuya esquina golpeó mi frente,
dejando una curiosa herida tres dedos por encima de mi ceja izquierda, por
donde la sangre comenzó a manar abundantemente. Es cierto que estuve a punto de
caerme de ver tanta sangre saliendo de mi frente, y que esa pudo ser la razón
por la cual Gómez no pudo perseguir a los agresores (el dueño del bar juró que
era la primera vez que los veía por allí), pero al menos me atendió
amablemente, y me llevo a Cruces, donde una bella morena y simpática enfermera
de urgencias llamada Elena me atendió con toda su natural amabilidad y tras
trece puntos de sutura en la frente, quedé listo para volver a mi casa.
Fui al hospital y luego a casa, montado
tranquila y cómodamente en la parte trasera de una ambulancia acompañado por
Gómez. Entre lo que esperamos, ya que desde luego mi caso no era el más
urgente, y el susto que llevamos ambos dos en el cuerpo, nos dio tiempo a una
charla, también se interesó por mi caso del que no se burló e incluso me
ofreció su ayuda en la que descubrimos que teníamos unas buenas amistades en
común, incluido el Juez, del que dijo que era un poco gritón, pero que era de
los mejores en lo suyo. Ahí le conté lo de “Peloto”, que fue mi mote en la Uni.
La explicación era muy sencilla, como había un par de Hurtados más en clase, a
mi me lo pusieron por PEdro LÓpez de TOlosa, bueno y también contribuyó el reírle muy efusivamente los
chistes a la de Historia del Derecho
Ya cuando paramos en casa, se ofreció incluso
a hablar con mi mujer para explicarle lo ocurrido, pero le sugerí, que con el
aliento etílico de los dos (hubo una parada técnica en el Comercio de Las
Arenas, que seguía abierto), no tendría mucha verosimilitud cualquier relato
que le contara, así que mejor lo dejábamos para otro día.
¿.... a Cruces?
ResponderEliminarSí, pero de caminos, no de maderas de crucificar ¿A las 12 de la noche en Getxo a donde quieres llevarle? Sólo está abierta la consulta del Doctor Bacterio pero es más para cóckteles psicodélicos
EliminarLa referencia a Sophie depende de quien tenga razon sobre la edad de princepeque. Si es verdad lo que dice el capitulo 1, se puede referir a la ayudante del Dr. Gadget (salvo que vea la serie en version original en la que sophie tiene otro nombre), si por el contrario es una "teenagera" como indica el capitulo 4, podria referirse a la detective idolo de las adolescentes Sophie Katz, pero me inclino por la primera.
ResponderEliminarEn cualquier caso, dada la inteligencia aparente del personaje, estoy mas de acuerdo con Peru en el simil con la signorina Elettra, sobre todo si cambiamos los bollos de mantequilla por flores.
En cuanto al Juez de Getxo, un caracter muy esperado en esta historia por capitulos, he de decir que su primera aparicion resulta un tanto decepcionante.
Esperamos con ansia cualquier avance en el caso
RASPUTILLEIRO, no vale contestar a la "gallega" y la respuesta deberá de ser única, y aunque me jorobe, has acertado ¿has mirado como yo en la Wiki o todavía eres seguidor del Cartoon Network? Como lo prometido es deuda y eres el primero en haber contestado, mañana a la 20:45 en el Zokotxo, champis y rioja. PUede tambien venir el tertuliano habitual GUASAPETE si anda por la zona.
EliminarCuando hablas de mañana es mañana o es hoy?. Lo pregunto porque no tengo claro si el horario registrado en los comentarios responde a la realidad. Por lo tanto: mañana es miercoles o jueves?
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