KABANATA
APAT
Efectivamente, el comienzo estaba siendo
espectacular. Tras terminar con mis tareas matutinas, me puse en manos de la canijaprince. Cometí el primer error de principiante, me dijo – Cierra los ojos -. Sentí que
algo me iba cayendo por la cabeza, que me acabó por hacerme estornudar. Abrí
los ojos, y efectivamente tenía el pelo blanco por los polvos de talco que
generosamente había esparcido mi as del disfraz por toda mi cabeza. Cometí un
segundo error, que era llevar un niki negro azabache (el de Miribilla al baloncesto), en cuyos hombros aparecía
una mancha blanca, con bastante pinta casposa, pero la catástrofe llegó con el
tercer error, cuando se me ocurrió salir de tal guisa al pasillo, justo, justo, justo, justo, cuando pasaba la princemáquina, que acababa de poner una lavadora. En fin, los
insultos y posterior bronca me los tuve que tragar con toda la dignidad que
pude, mientras en mi interior visualizaba como la pequeña se estaba
desternillando escondida tras la puerta del baño. Pasada la borrasca,
consensuamos como poder arreglar ese desaguisado. Me cambié de niki y cuarto
error, se nos ocurrió mojarme la cabeza con el fin de fijar el tinte de polvos
de talco. Se me montó tal engrudo en el pelo, que no tuve más remedio que
quitarme el niki y volver a la ducha, con tan mala suerte que me volví a cruzar
con la máquina. Tampoco la quise escuchar mucho y tampoco me dolió aquello de
que parece que el que tiene doce años eres tú. Además creo que la cabrona de la
mediana colgó mis fotos en internet.
Aseado de nuevo y tras mirarme al espejo y
verme, por fin, en perfecto estado de revista, fui hasta el cuarto de la
princepeque, donde me esperaba vestida en plan colegiala, con coletas y todo.
Me explicó que lo había hecho para parecer un poco más pequeña y así pasar yo
por su abuelito. La iba a mandar a tomar viento fresco cuando me dio dos trozos
de algodón para que me los metiera en la boca. No sé porqué la obedecí, pero al
mirarme al espejo me recordó a Don Vito así que empecé a mormojear frente al
espejo – te vi a hasé una poprosición qui no vas a poder rechazar- cuando casi
me trago un trozo, así que entre ella y yo, decidimos que su disfraz de
colegiala era suficiente para servirnos de camuflaje, así que armados con su
goma, partimos de nuevo hacia la calle de los Tilos.
Cerca de donde solía ponerme para esperar la
salida del portal, había una farola a la que la pequeña con una facilidad que
me sorprendió, fruto de años de práctica, ató su goma y luego me la pasó por
los tobillos - ¡Primeras!- y comenzó a saltar en una especie de danza ritual
que no entendí. Así seguimos durante casi media hora y cuando parecía que mi
prince iba a claudicar, y yo también, ya que me empezaba a molestar la espalda,
salió Britni del portal, y tras ella, con la correa atada y ladrando como una
posesa la pesada de Truska. “Son ellas” le susurré a la peque, que miró
disimuladamente. Al menos eso creyó ella. Me quedé con la impresión que Britni
nos había visto, pero a la pequeña le dio igual – No te preocupes Peru, ya la
sigo yo- y dicho y hecho, allí me dejó como un pasmarote, mientras ella, a
saltitos, pensaría que así disimulaba mejor, se fue tras los pasos de Britni.
Si no se me hubiera pasado por la cabeza que
alguien podía hacer algo a mi niña, hubiera seguido con la goma en las rodillas
hasta que hubiera vuelto Truska de su paseo habitual, pero esa mente peliculera
que hemos acabado teniendo todos me hizo pensar que debía de vigilar a mi niña.
Entre juramentos logré soltar la goma de la farola.
Apresuradamente me la metí en el bolsillo y salí con mi paso rápido a intentar
seguir a mi pequeña.Me encanta lo del paso rápido, el papel (auqnue sea virtual) aguanta todo. Ya estaba sudando cuando la vi a lo lejos, que se ocultaba
tras una esquina para poder mirar a su vigilada sin que ésta se percatara de la
labor discreta de seguimiento. Como había perdido algo el resuello, decidí seguirla a lo
lejos, ya que la ruta habitual de Britni era bajar por la avenida de Leioa
hasta el puente que une Neguri con Neguri Gane, girar un ratito siguiendo el
cauce del Gobelas para acabar subiendo de nuevo por los Tilos.
Como la calle de los Tilos tiene las aceras
flanqueadas por árboles, mi nena iba escondiéndose detrás de los mismos. Pasaban
unos segundos, sacaba sólo la cabeza, y otra vez a saltitos corría para
ocultarse en el siguiente árbol. Si no fuera porque me están pagando por esto
(o al menos es lo que secretamente anhelo), me estaría literalmente partiendo
el culo. Cuando más o menos calculé que la perrilla y su paseante habían
llegado hasta su portal, fui hasta el lugar donde estuvimos con la goma. Cuando
me vio acercarme, vino corriendo hacia mí, y atropelladamente comenzó con su
informe de vigilancia:
- Las he seguido sin que se den cuenta. Lo
único especial ha sido que cuando la perrilla se ha puesto a hacer sus cosas,
la chica las ha recogido con una bolsa de plástico y no parecía muy contenta,
pero salvo ese nimio incidente, no ha pasado nada más que haya que reseñar.
De vez en cuando me sorprende la princepitufa
con el lenguaje que utiliza, creo que es más debido a las series televisivas
que se traga que a su afición a la lectura. Así que le doy la mano y en
recompensa a su excelente trabajo le propongo que vayamos a zumbarnos un
merecido aperitivo (con rabas y todo) el Egoki. Me insinúa que podemos llamar a
su madre y a su hermana para que lo compartan con nosotros, pero le explico que
se iban a reír de nuestra investigación ya que son incapaces de comprender la
importancia de un trabajo como el nuestro - ¡Es verdad! Son bastante Obdulias-
supongo que quiso decir obtusas, y además yo pienso que encima las puede
acompañar Floripondio. Lo debí de pensar en voz alta, ya que la pequeña se puso
a reír. -¿Cómo le has llamado al Floren? ¿floreropondio?- No, Floripondio – le
contesté - ¡Uy! Pues si ha ella la hubieras llamado Rosita, tendrías el jardín
completo., mamá Azucena, Rosita la niña fea y a mí por ejemplo, Margarita,– Sí,
y yo Narciso, no te …. y en vez de los Hurtado, nos habríamos apellidado Jardín
-. Así seguimos un rato con esta conversación tan profunda hasta que terminamos
con un humeante y crujiente plato de rabas, dos pintas de cerveza y un mosto
con hielo, y llegamos a casa, sin muchas ganas de comer y si con muchas ganas
de sestear.
Tras la reconfortante siesta y visto que la
tarde del Sábado se presentaba muy placentera, con el fin de poder documentarme
más sobre mi caso, me pillé el libro de la inspectora Delicado sobre el caso
que tuvo con unos perros. Es verdad que aunque trata sobre cánidos, tiene más
que ver sobre peleas de éstos, que sobre envenenamientos misteriosos, pero me
ayudó a pasar una tarde y noche bastante entretenida dedicado a otro de mis
mayores placeres, la lectura, hasta que ya, postrado en el lecho, se me
cerraron los ojos dulcemente.
¡Por fin es Domingo!¡El día que puedo retozar
como un cochino en su charca gruñendo todo el tiempo que quiera!¡el único día a
la semana que el princesito soy yo! El desayuno a la cama, y tras cuatro años de
duro entrenamiento, me lo traen acompañado por la prensa matutina, el baño para
mí sólo (De esto podría escribir siete capítulos, a pesar de ocuparlo dos horas
el Domingo, no creo que llegue al 5% del tiempo total de utilización), en fin
que como todo gran día en seguida pasa algo que da al traste todas tus
ilusiones. Hoy la bronca ha sido por el tiempo que tienen que estar las
lentejas en la olla expres. Me ha intentado explicar el tiempo que tenían que
estar las lentejas a tope, pero se ha equivocado y me ha hablado de las
alubias. ¡Alubias!¡Uno de mis platos estrella! No he admitido el tiempo que
ella me decía que tardaban en prepararse, pero lo peor ha sido cuando ha venido
con el libro de instrucciones donde venía el tiempo de las lentejas (Yo, como
siempre lo había alargado un poco). Ya ahí, no he podido más y le he preguntado
si eso era todo lo que confiaba en mí, que se había chupado los dedos siempre
con mis alubias & sacramentos o fabes & almejas, y que me venía a
discutir con un librito como se hacen. Me he hecho el digno y cuando creía que
no se fijaba, he quitado las lentejas del fuego. Como me quedaron de rechupete,
no volvió a salir el tema, al menos por hoy.
Pero, como todo no puede salir siempre bien,
cuando me encontraba preparado psicológicamente para proponer unas crujientes
rabitas en el Egoki, ha aparecido la princesa cuelgatú, con una maravillosa
idea, ¡Floripondio la había llamado para subir por la tarde a la Arboleda para
practicar unas bolas, y además le había comprado un pat! ¡Una patada en los
huevos le daba yo al capullo floreado ese! – Y fíjate que bien mamá, ¡me ha
dicho que si queremos subir todos con él!¿Eh?- le miraba a la máquina
pestañeando cursimente. Como si la vida me pasara por delante de mis ojos en un
instante, comprendí que máquina iba a aceptar encantada. No quise escuchar la
respuesta, pues ya la conocía, y como en las grandes ocasiones me puse a
recorrer el pasillo de un lado para el otro, intentando que mi cerebro
produjera una respuesta que me hiciera evitar el tener que volver a la
Arboleda. a la segunda vuelta pude decir algo:
- No puedo ir, tengo que hacer vigilancia
toda esta tarde.
- No te preocupes Peru, nosotras nos quedamos
en casa. La niña si quiere que suba
Maldición, me acabo de coronar, éstas en casa
felices, cuelgatú con el noviete en el campo, y yo ¡qué carajo voy a hacer!.
Tengo que salir de casa.
Así, que mientras una sestea tranquilamente,
la otra chatea con sus amiguitas en el ordenata, la mayor se ha ido a pegar
unas bolas con el noviete, hete ahí que yo vuelvo a subir hacia los Tilos 59.
Iba tan deprimido por lo atontado que podía ser, que me senté en el bordillo de
la acera, no excesivamente disimulado, mirando al portal mientras que me laceraba
el alma con preguntas sobre las razones que me han llevado a no esperar a que
máquina contestara, razones que se me hacían muy poderosas, pues estaría ahora
en casa retozando delante de la tele, pero, razones que no acababa de
encontrar, porque no las había ¡jilipollas!.
Pero no todo puede salir siempre mal, ya que
hacia las cinco, Romualda vestida de Domingo de 1960, salió del portal,
encaminándose hacia el metro. Menos mal que en mi cartera, además de los diez
euros que me quedaban de la paga, tenía un abono de transporte, así que la
seguí de lejos hasta la estación. Esperé a que se dirigiera hacia algún vagón
cuando llegó el metro, para pasar la canceladora e ir hasta otro vagón, donde
me pude colocar de una manera lo bastante discreta para que no me viera. Ahora
que, me seguía lacerando el alma con preguntas ¿qué hago yo siguiendo a ésta?.
Las estaciones de metro iban pasando una tras otra y cuando ya estábamos en
Bilbao (Abando) una ligera esperanza comenzó a recorrer mi pensamiento ¿no
parará en Santutxu? No tuve que esperar mucho para comprobar, que por primera
vez en todo el día, algo empezaba a no salir muy mal, ya que mi querida
vigilada se bajaba en Santutxu. No me costó seguirla a distancia para salir de
la estación, y cuando pude ver en que portal se metía, tuve que controlarme
para no dar saltos de alegría, en frente del número 22 se encontraba la Taberna
“Ona”, la que mejores gildas tenía de todo Bilbao, lo cual es aseverar que son
las mejores del mundo entero. Y, además, gracias a la ley anti tabaco tenían
una terracita de lo más mona, donde disponía a pasar la que probablemente será
la mejor tarde de vigilancia de toda mi vida.
La alegría menguó un poco cuando recordé que
sólo tenía de capital 10 euros, pero nada más llamar a Ajota, éste al enterarse
de donde estaba con ese tonillo fantasmón que atesora se hizo dueño de la
situación, me dijo que en su barrio sólo pagaba él, y en diez minutos lo tenía
a mi lado junto a una botella de rioja y media dosenita de gildas. La
Argentina, que es como llamamos a su novia, no sé muy bien porqué ya que la
niña es de Miranda, dijo que más tarde nos acompañaría, así que de espaldas a
la puerta del 22, y dado que Ajota me informaría de los que iban saliendo del portal, nos
dispusimos a pasar una tarde juntos, pegando un buen repaso a todos nuestros
colegas de Santutxu, empezando por “Puñete” (imposible recordar su nombre de
verdad) potro universal al que hace siglos que no sabemos nada de él, y
acabando con la cuadrilla de potes de los Viernes “melenas” (era absolutamente
calvo), “pelas” (trabajó de botones en un banco) y “puchi” (como tiraba de muletas,
siempre llegaba el último). La verdad es que lo pasamos bien. Luego llegó la
Argentina que empezó a darle al Verdejo. Total que para las nueve y media de la
noche estábamos ya muy contentos. A pesar de los vapores etílicos, Ajotita aún
tuvo reflejos para avisarme que una vieja salía del portal, siendo
efectivamente la Romualda.
Cuando dije que tenía que seguirla, la
Argentina se colgó de mi brazo y me dijo que así podríamos disimular como
pareja. Al de unos pasos, cuando Ajota entró a pagar lo que se debía, se empezó
a reír y me confesó que lo había hecho para que pagara la cuenta mi amigo “ya
que últimamente está un poco potranco”. Cuando nos cogió a unos 200 metros de
la estación le noté algo ofuscado, pero le dio un empujón a su novia, y se
agarró de mi brazo, “ahora disimulamos de otra manera”. Les dejé a los dos,
riéndose como dos tontos, ya que me debía a mi misión de vigilancia, y además
estaba encantado, ya que podría añadir estas horas en mi hojita Excel.
Más que el ruido que pude hacer con los dos
idiotas de mis amigos, la Romualda me cazó porque en vez de bajarme del metro
en Aiboa, me bajé con ella en Neguri. Casi nos damos de morros,
fundamentalmente porque los vapores que todavía llegaban a mi cabeza no me
estaban dejando razonar con claridad. Y lo peor fue que la seguí hasta casa, no
se para que, ya que poco interés podía tener para el caso. Y no es que me
viese, sino que también me oyó cuando me agaché para recoger el bono del metro
que se me había caído en la acera. Las gildas siempre me daban un poco de
flojera. Ya en casa, el personal se había acostado, así que me quedé un rato
viendo la tele en la esperanza que el Lunes sería un día muy normalito. Yo,
como pronosticador, no tengo precio.
Hice lo de un Lunes a la mañana, espiar a la
Britni en su paseo matutino con Truska, el desayuno a la princesada, pasar la
aspi, ordenar el salón y ponerme a leer el periódico. Cuando pensaba que iba a
ser un Lunes normal, sonó el teléfono. Siempre supe que no tenía que haberlo
descolgado, pero como un autómata, lo hice, descolgué el teléfono.
¡Joder, que bronca me montó la Yeni de los
eggs!¡Que que coño (literal) hacía espiando a la Romualda y a la Britni!¡ Qué
para que las perseguía y atemorizaba!¡Qué la pobre Romualda no pudo salir a
pasear hasta Basarrate con su hermana!¡Que qué macarras me acompañaban!¡Qué ya
podía disimular un poco más, que con lo gordo que estaba (detalle de asquerosa)
no pasaba desapercibido en ningún lado!¡Qué si me pensaba que me iba a pagar
las horas que estaba acosando a las empleadas de su señora!¡que sí pensaba que
esas dos habían hecho algo al pobre Trusky (que adoraban hasta la extenuación)
era bobo del culo! (Ésta era sudamericana, pero dominaba de pelots el lenguaje
de los gachupines). Resumiendo, o que hacía algo, o que mis honorarios serían
en chapas de la vaca.
Puede estar una hora mirando el televisor
apagado, y podía haber seguid mirándolo más. Pero hubo un momento en que
instintivamente la vista se me giró hacia la librería. Allí, ordenaditos desde “Asesinos
sin rostro” hasta “El hombre inquieto” se encontraban en perfecto orden de
revista unas de mis novelas negras favoritas. Todavía no me había pasado a las
ediciones de bolsillo. Las miré y comprendí que el viejo Kurt me podría
inspirar para saber que camino tomar y desatascar algo mi investigación.
Ya he encontrado las respuestas a las preguntas escondidas.
ResponderEliminarLlorente fichara por el Santutxu F.C.
El premio sorpresa para la visita 1000 es una gilda en el Ona
Y la inspiracion claramente sale de las dos horas en el baño todos los domingos
Y la Yeni, dada la capacidad de echar broncas que tiene sin duda esta casada
BINGO!
¡Ay Rasputilla! No has dao casi ni una
ResponderEliminarLlorente al paso que va, tendrá que comprar el Santutxu para que le dejen jugar.
El premio sorpresa, se desvelará a su debido tiempo, todavía sólo hay 992 visitas, pero no es la gilda, que por cierto tu ya te has tomado esta mañana.
La inspiración de Peru está más en el fondo de un vaso
Y lo de la Yeni, la verdad es que no se, pero lo de reñir debe de ser marca de fábrica.
Gazapo: la pequeña tiene 14 años según el primer capítulo ¿no?
ResponderEliminar¡Buena observación, Guasapete! Pero cuando la máquina de reñir hace la observación quiere recalcar dos cosas, una el resaltar el carácter infantiloide al pobre de Peru a modo de fuerte reproche, y la otra llamar a su hija pequeña la atención para que empiece a madurar como su hermana mayor. Puede parecer muy rebuscado, pero la intención era esa.
ResponderEliminarY a fuerza de ser sincero, reconozco que mi primera tentación ha sido el buscar donde había puesto lo de los 14 y cambiarlo por 12, y así airear a los cuatro vientos tu error (Tampoco habría sido mucho la difusión, ya que esto sólo lo lees tú y Rasputilla). Pero no lo he encontrado, y tampoco he tenido mucho tiempo este fin de semana. Eso sí, ya tengo más o menos la mitad del Zinko, y espero colgarlo hacia mitad de semana