ROZDZIAŁ
TRZECI
Esta mañana, de nuevo mis pasos me llevan
hacia la calle de los Tilos. Aunque da un poco de calor, llevo de nuevo mi
sudadera con capucha para pasar más desapercibido y me acerco a los soportales
para poder observar la salida del portal de la gente del número 59. Al poco de
estar observando sale del portal Britni, llevando con la correa a Truska.
Justo, a mi lado pasa el mozalbete del otro día que se dirige hacia ella.
Britni ha vuelto a soltar la correa de Truska y se dirige hacia su noviete,
cuchichean, parece que me miran de reojo y de pronto Britni sale aceleradilla y coge al perrito en sus
brazos, y lo vuelve a atar a la correa entre las airadas protestas de la perrilla. En ese momento comienza a andar hacia
una de las bocacalles. Le sigo a lo lejos, ocultándome tras cualquiera de los
plataneros que bordean la mayor parte de las aceras de Neguri. Cuando me queda
claro que no está más que dando un paseo, miro el reloj y salgo al trote al
preparar el desayuno de la princesada.
No me lo puedo creer. Princesa máquina de
reñir ha contratado una clase de golf colectiva a la tarde en Meaztegui
(Conocido vulgarmente como el campo de golf de la Arboleda, aunque árboles,
árboles, muchos no hay), de la que no me puedo escaquear. Y además ha dicho que
es para cinco. He fruncido el ceño, en plan disgustadete, pero parece que no ha
llamado para nada la atención. He protestado diciendo que tenía una vigilancia
al mediodía (lo primero que me ha pasado por la cabeza, tendré que espiar a Britni también en el paseo que dice hace al mediodía), pero la máquina ha dicho que no me preocupe, que es a las seis,
he vuelto a protestar que también tengo vigilancia vespertina, y la que ha
fruncido el ceño ha sido ella, así que no me ha quedado más remedio que ceder.
Lleva dándome la coña con lo del golf más de tres años, y hasta ahora he sido
lo suficientemente hábil para escaparme, pero lo de hoy me ha sonado a
ultimátum, ya veremos.
Mi vigilancia al medio día, tampoco da mucho
resultado, ya que a pesar de haber esperado casi dos horas (medio día para
Britni deben de ser las tres de la tarde), la chica ha salido con la perra bien
atada de la correa, ha vuelto a repetir más o menos el paseo de la mañana, y
creo que además me ha visto. Tampoco es que tenga mucha importancia, pero
claro, a la una del medio día, tampoco voy a ir con mi sudadera rapera, ya que
con el buen tiempo que está haciendo da mucho el cante. He vuelto a casa desilusionado,
y allí me encontrado a toda la tropa dispuesta a ir a la Arboleda. Pero cuál ha
sido mi sorpresa cuando princepija no ha venido con nosotros en el coche. He
debido de poner tal cara que princechiqui me ha explicado:
- Es
que va con un chico que conoce, bueno que sale, se llama Florencio y está en
tercero de ingenieros. Tiene coche y vive cerca de casa. Le conoció en las
fiestas de Santa Ana en Las Arenas y han batido el record de cuelgatus
dejándolo en treinta y cinco que conté el Martes pasado por la noche
- ¿No estarás espiando a tu hermana?- le
espetó la máquina de reñir para luego continuar durante media hora hablando de
temas intrascendentes con el fin de desviar mi atención sobre el hecho de que
mi hija mayor esté saliendo con un tipo, que encima se llama Floripondio. Yo
desde Rontegui la había dejado de escuchar, imaginando sólo el momento de la
presentación ¿le estrujaría la mano sin piedad?¿le pisaría el pie sin
querer?¿le apretaría los huevos con pasión?. Así, que pensando en cómo podría
torturar a Floripondio, llegamos a la Arboleda.
Cuando me lo presentó pricepiji, vi que el
hombrecillo temblaba como una florecilla en la Galea un día de galerna. Me
hubiera gustado que hubiese sido por la cara de psicópata que le puse en el
momento de la presentación – Mira Floren te presento a Peru (manía de mis
hijas, ninguna me llama papá, aita, papi o papito (Britni seguro que me
llamaría así si no estuviera presente en los interrogatorios la Yeni) siempre
me llaman por mi apodo)- pero creo que fue más el hecho de que le sacara la
cabeza y medio metro de ancho de espalda lo que le hizo sentir un nudo en la
garganta, que espero cada vez que se acuerde de mí, lo tenga. Es lo que tiene
salir con la hija de un tipo que mide casi dos metros (uno noventa y siete
raspado según mis enemigos que por lo que estoy comprobando van en aumento) y
pesa ciento treinta kilos de mucha musculatura y poca grasa.
Pero bueno, según llegó el profe de golf, un
muchachillo que no llega a los treinta, morenito de pelo rizado, con barba a
medio afeitar dejándole pinta de canallita, y simpatiquillo, se me olvidó
completamente que allí estaba Floripondio. No sé en qué coño de película
aparecía el típico profe de golf que sólo intentaba ligar con sus alumnas,
cogiéndolas por detrás para enseñarles. Cuando lo recordé, tras recibir un palo
que ponía “siete” empecé a mirarle con cara de pocos amigos. Al final, lo de la
postura que me había venido a la cabeza era más algo de película, y en ningún
momento se acercó a ninguna de mis princesas más de lo estrictamente necesario,
pero eso sí, a éste sí que le había puesto mi cara real de psicópata (la
mirada asesina la clavo de un amigo caraqueño) con lo cual de la hora de clase,
sólo se atrevió a estar conmigo cinco minutos y creo que porque pensó que yo
pagaba las clases, que si no, ni se acerca. Así que después de pegar doscientas
bolas, la única que me salió recta fue una que chuté con el pie, ya de bastante
mal humor.
Bastante mal humor que se acrecentó según
descubrí que después de la clase me llevaban a una cadena francesa de deportes
donde aprovisionarnos de los equipos necesarios para jugar al golf (según
princemáquina, por el momento, sólo zapatos). Como pude comprobar, parece ser
que al golf sólo juegan pitufillos, porque entre nada de lo expuesto había algo
de mi talla. Es el problema de tener un cincuenta de talla de pie (sí, y como
estás pensando el tamaño es proporcional ¡A todo!). Sólo, en la sección de
pesca y caza, donde parece que ser de un tamaño algo más grande que la media
está aceptado, podía encontrar algo de talla normal, pero fundamentalmente en
ropa para invierno. Pero esto no es nuevo para un tipo como yo que venía del mountain
bike. Menos mal que pasé un buen rato cuando princechiqui en un alarde de
interpretación al verme aburrido y preguntarle me explicó lo del cuelga tú. - Ay
Floren, yo también, pero cuelga tú; ay, que no que cuelgues tú, ay que no, que
tú ¡uy, me ha colgado!¡Le tengo que volver a llamar! – mientras gesticulaba
pestañeando intensamente y colocando una mano suya sobre su oreja, como si
tuviera un teléfono móvil.
Y para
acabar de rematar la tarde del Viernes, Floripondio se pone a hablar de los
woks (como si fuera una novedad, en el primer Wok que abrieron en Bilbao en
General Concha, atendido por Ku Ku, era conocido como el chiquitín). Total, que
parece que princemáquina se está preocupando por colocar a la niña y en un acto
de peloteo hacia el recién llegado, entre los alegres palmeteos de su niña
mayor, propone que para celebrar la primera clase, vayamos a cenar a un wok. Así que me llevan al del nuevo centro comercial de Leioa donde acaban de
inagurar uno. Además entre tod@s intentan explicarme en qué
consistía el invento (a un tío que en cuatro años hizo una media de 25 comidas
al mes fuera de casa), Floripondio se puso a explicar recetas que pensaba originales,
como la de cocer salchichas con cerveza, que por supuesto a mis princesas, que
cualquier cosa relacionada con hacer un plato sabroso les parecía algo mágico,
les pareció de estrella Michelín. ¡ Cómo puede ser alguien tan sopla eso para
malgastar una sabrosa cerveza en cocer unas salchichas! La cerveza es mejor
utilizarla para cocerse uno mismo. El único plato en el que se puede utilizar
cerveza es cuando horneas un solomillo de vaca o ternera. A los 15 minutos de
tener el solomillo en el horno a tope, le vacías encima una lata de cerveza
helada para que lo contraiga y lo haga más jugoso. Luego lo sacas diez minutos
más tarde y lo fileteas, mejor siempre justo antes de servirlo, ya que el jugo
que suelta la carne en ese momento es de
lo más espectacular. En una cocina la cerveza para lo único que vale es para refrescar al pobre cocinero, siempre que esté bien fría.
Pero bueno, y dado que mis recetas no parecen
interesar mucho a nadie, y sí el tema de investigación, a la pregunta,
aparentemente inocente de Floripondio, de que es lo que hago, comienzo a
explicarles el caso que estoy llevando entre manos. Reconozco que no es desde
un punto de vista criminalista uno de los más interesantes, pero por algo
siempre tiene que empezar una carrera. En mi época de perito acabé firmando
indemnizaciones de unos cienes de millones de pelas, pero mi primera fue una
humedad de un portal en Algorta que no llegaba a los treinta euros. Y en esto,
igual, empecé por la muerte de un animalillo de compañía. Esperaba comprensión,
quizás no me hubiera importado indiferencia, pero lo que me tocó los cojones de
una forma bestial fue el cachondeo que se organizó. Lamentablemente, no recordé
que mi princesada (a diferencia mía que soy más bien fan de Big Bang o de
Modern Family) era seguidoras fanáticas de CSI en su versión nevada o
floridiana, de la huesetes o cualquier otra versión de investigación criminalística
en formato televisivo de serie de cincuenta minutos.
No sé que me sentó peor, si las tres haciendo
el coro de perritas perdidas aullando (por lo menos disfruté al ver a
Floripondio como se ponía rojo como una amapola, ¡toma metáfora floreada!), lo
de buscar el ADN en los pelos del perro, que si fue un ataque de celos de Truska
porque miraba a un gran danés (que habitualmente pasean por Aiboa, y parece más
un pony que un perro), que si había recompuesto el esqueleto para conocer con
gran detalle la agresión, si se había estudiado la conducta de los dueños, etc,
etc, etc. El tema se enfrió cuando siguiendo las gracias de la manada femenina,
Flori, empezó con comentarios de seguir los rastros de orina (meada de los
perros, para los menos fino, que haberlos, los hay) con espráis y rayos
infrarrojos. Parte de la princesada ante mi mirada asesina, huyó a por los
postres, mientras que la máquina intentó derivar los temas y el tonto de Floripondio comenzó a sudar como si estuviera en una sauna, hasta que a señas de la mayor, huyó a buscar un postre. Al final, entre las
birras, el decrecimiento del ambiente y que la nena mayor tenía que madrugar
el Sábado para acudir a sus actividades deportivas (Floripondio, aunque lo
intentó, declinó llevarla en coche a casa tras verme romper una nuez en la
mano), nos fuimos a casa. Debía llevar tal careto, que princechiqui me pidió acompañarme al día siguiente en mi
estrecha vigilancia a Britni, a quién seguía considerando como mi principal
sospechosa. La miré un poco con esa cara de que lo haces porque te doy pena
después del cachondeo de tu hermana y tu madre. Pero insistió – mira, llevamos
una goma, la atamos a una farola y tú te la pones entre las piernas, y yo hago
como que salto- pero cariño, si ya eres mayorcita y..- que no, que me puedo
hacer un poco la tonta, y a ti te pongo polvos de talco en el pelo, un poco de algodón
en la boca para hacerte papos más gordos, y pareces mi abuelito. Ya lo hizo
Castle en un episodio… - No puedo negarme, mañana será un gran día…. presiento.
Quiero fotos despues de haber pasado por los polvos de talco y el algodon.
ResponderEliminarCuando cambies tu foto, RASPUTILLA
Eliminaros estáis enzarzando
Eliminary es tarde
ResponderEliminarGuasapete,¿has visto su foto? Ampliala. Ya verás, va de integrista, pero no sabe que allí no te dejan zumbarte GKs.
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