jueves, 29 de marzo de 2012

DESPEDIDA DE SOLTERO


DESPEDIDA DE SOLTERO

Pues suenan campanas de boda ¿A qué no te lo esperabas? Cuando conozcas bien quien es, no te sorprenderá tanto, ¿o sí? Bueno, creo que debe de ser el afectado el que lo comunique oficialmente, a mi realmente lo que me interesa es que se organice una buena despedida de soltero. Ese va a ser el debate de hoy.

Siempre ha sido bueno mirar para atrás para aprender de los aciertos y no repetir errores, y con esto no quiero hacer ninguna crítica a nadie, y mucho menos a quién tuvo la brillante idea de sugerir Salou, aunque luego no vino. Tampoco estuvo en la anterior despedida multitudinaria en Santander, que aunque no fue idea suya, tampoco apareció ¿o vino? Ahora tengo una nebulosa en la cabeza. Si recuerdo como vino a despedirnos entre lágrimas el futuro arquitecto que a la semana siguiente tenía que entregar el proyecto de fin de carrera. De Salou ya hemos comentado algo en anteriores entradas, así que podemos centrarnos algo más en la de Santander.

Ahora que he estado haciendo memoria, lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido el mojojón a la barquereña que servían en aquel bar donde estuvimos viendo el Athletic contra la Real Sociedad de San Sebastián Sociedad Anónima Deportiva (En el año 89 a lo mejor no lo era todavía). Era Sábado por la tarde, ya habíamos estado en la playa del puntal, los despedidos luciendo tanga (salvo uno) y ya habíamos recuperado algo de la noche de copas anterior. No mucho, ya que unos cuantos nos retiramos el Sábado por la noche no muy tarde a echar una marrana. Sí, ese Viernes cenando en la Conveniente, una cena tan contundente que a la noche sucedió uno de los milagros más raros que jamás se haya dado en una cuadrilla. De un tiempo a esta parte, en todas las cuadrillas hay alguno de sus miembros que sale del armario, en la nuestra no, lo que pasó el Viernes por la noche es que uno se metió en el armario. Quedará siempre en la intimidad de los tres ÑKIs la realidad de la historia, pero siempre hemos sabido que los culpables fueron las tres docenas de pimientos del padrón que se metió entre pecho y espalda. Picaban tanto, que entre la docena restante de comensales, no llegamos a catar ni uno por barba.

¿Y el día después de la despedida? Recuerdo el de Salou, que yo ya llevaba algo así como tres meses en paro, y llamé a un conocido para preguntarle si había empezado la selección para un puesto de trabajo que se me adaptaba como un guante. Os podéis imaginar como me quedé cuando me dijo que ya habían cubierto el puesto. Menos mal que le avisé al cherif el currículo. En mala hora, no me llegaron ni a entrevistar. Eso fue un Lunes, el Martes me llamó Vicente y comencé a trabajar ese mismo Jueves, pero ese Lunes fue una de las peores resacas de mi vida.

La de Santander, fue al menos curiosa. Me levanté en mi casa (que fue hostal para unos cuantos) y descubrí que sólo quedaba la Bestia, intentando atinar al revolver la leche con unos cereales, temblando de miedo pues tenía que volver a Laredo donde le esperaba la Jueza. Si, si, la jueza del pueblo. El resto se había largado a misa de doce en Plencia (Es verídico), cuando de Santander a Plencia se tardaban algo así como tres horas. En aquella época no existían los móviles (había unas maletas que costaban más de 300.000 pelas y que pesaban cinco kilos) y en la casa que estaba no puede llamar a mi compañero de fatigas en Cantabronia, así que me quedé mirando el balcón como hipnotizado durante unas horas. Al día siguiente, lo primero que hice fue salir a comprarme una tele chiquitina que sirvió para que los Jueves con Simón, cenáramos huevos fritos con salchichas y patatas fritas mientras nos deleitábamos con el capitán Furilo y su novia abogada (Hill Street Blues) ya que después de salir Lunes, Martes y Miércoles, teníamos que presentarnos algo decentes ante prometidas y esposas. ¡Eh Simón! ¿Te acuerdas? Menos mal que al final hemos encontrado algo de personalidad ya que si no seríamos Bob y Bub Esponjas.

Total, que acabo empezando por el final, la resaca inherente a un fin de semana de despedida o de boda sin que todavía haya una propuesta de donde hacer la despedida de soltero.

Entiendo que lo de parque temático nos queda ya un poco como así. Fin de semana a una ciudad a jamar, pues como que ya está muy hecho. Habría que buscar algún evento que coincida como un mes antes de la boda, y creo que lo acabo de encontrar, la final de copa que juega el Athletic, y además se me está ocurriendo algo original, popular y hasta un poco sucio.

Puede que el mayor de los Dalton no se acuerde pero entre los vapores de alcohol de la fiesta de la bestia, dijo que dejaba el jardín de su casa de la Moraleja para acampar en el caso de no encontrar alojamiento para la final del Calderón. Le tomamos la palabra. Además, y siguiendo con las corrientes actuales, podemos tomar un nombre como colectivo, que tendrá que empezar por in. Creo que ya se lo que está pensando la esposa del Dalton, y sería muy apropiado llamar al colectivo “INDESEABLES”. Habrá que llevar tiendas de campaña, pero de quechua para abajo y preferiblemente aquellas que se puedan forrar con bolsas de plástico de super, preferentemente amarillas.

Antes de okupar el jardín del Dalton, habrá que parar en los contenedores de algún super para trapiñar algo de comida para que el perro nos deje tranquila. Hay que conseguir una buena cantidad, ya que se le conoce como “Magnum” y no es precisamente porque sea un chihuahua. También es importante llevar periódicos viejos para darle algo de bouquet basuril al campamento, que tenga un sabor añejo. Para comer bocata de mortadela y chopped con aceituna de marca blanca y para beber, el agua de la piscina o en su caso vinacha en tetrabrick. Y si nos estiramos un poco (siempre se puede asaltar la bodega de la casa, que debe tener mucho vino) podemos comprar gaseosa (a modo tónica) y limonada brupss para hacer cubatas con ginebra marca “Lirios” o “Grodons”, o también usar el famoso vodka de quemar “Esniforff”. Con una navajica puedes hacer un corte por la mitad del tetabrick, y ¡ale hop!, reciclaje y vaso ancho. 

Requisito muy importante para entrar en el colectivo de los indeseables es la apariencia . Hay que llevar ropa, vieja, cuanto más mejor, que no haya tocado lavadora o agua en años, y que parezca que ha sido arrastrada por un suelo excesivamente polvoriento. Si no lo parece, pues te buscas un suelo polvoriento y arrastras con extremo vigor tu ropa, frotándola por el suelo como si quisieras desgastarlo. Y lo más importante de la apariencia es el olor, debes de llevar un olor de indeseable. Que te has tenido que duchar un par de días antes. Tampoco es mucho problema, un jersey gordo por la mañana, que es Mayo y en Madrid ya hace calor, y con esa sudadilla ya empiezas a coger un olorcillo de lo más “inn”.

Bueno, y lo de las cacas y los pises en el jardín puede ser de lo más instructivo, pero como tampoco hay que darle vueltas a los temas escatológicos ni destrozar mucho soy más partidario de cavar la zanja en una esquina del jardín, como cuando se iba de maniobras en la mili. Puede luego utilizarlo la familia como baño de verano o abono para las flores del jardín.  Y cuando acabe el partido, que lo tendremos que oír en una radio de pilas para dar más autenticidad, olimpiada de eructos, pedos y de quién llega más lejos meando.

Se me estaba olvidando, el disfraz del despedido. Como siempre tiene que ir en contraste con el grupo, lo podemos disfrazar de pija. No, que a lo mejor es lo que le va. ¡Ya está! Lo ponemos en pelotas y tan felices, ya que además es gratis. Así por lo que vale una entrada para la final, nos da para montar un fiestón de nuevo.

2 comentarios:

  1. Sí que estuvo en Santander, y discutió - o nos dejó discutiendo- con un portero de un pub, porque alguno andaba perdido...
    Por cierto se te ha olvidado hablar de los 'carajillos' - no me acuerdo del nombre del bar, ni siquiera si tenía nombre

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  2. Hola de nuevo, GUASAPETE, celebro leerte otra vez. Efectivamente, no habré tomado pocos antes de empezar las correrías por Cañadío. A recordar; grano de café en el fondo y peladurita de limón, chorretón generoso de coñac (No me acuerdo exactamente de la marca, pero era "Intolerable", "103" o similar)el flambeado del coñac, el cortadito, y el toque castizo del corte de helado de nata. Tampoco me acuerdo del nombre del bar, pero estaba profusamente decorado con motivos taurinos y se ubicaba detrás de la cárcel. Probablemente sabría llegar pero no te digo porqué.

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