VACACIONES
EN ZONA LIBRE
Si
querido lector, esa ha sido la única razón por la que he faltado a mi cita este
último Viernes. Tras un accidentado regreso, vuelvo hoy a darle a la tecla para
recuperar el tiempo perdido. Lo de zona libre, pues como ahora parece que está
de moda decirlo, pues eso, ni zona wi-fi, y casi ni cobertura. De todas maneras
da igual ya que al no tener putofón ni estar en la lista del guasap, nadie me
llama, salvo el jefe pa darme currelo o pa pedirme el carnet del Bilbao Basket.
Pero bueno, como mola, lo digo.
Y
bien, pasada la obligada introducción con las excusas pertinentes, tras la
primera inspección a la casa (Se ha quedado estos nueve días sólo en casa mi
hijo mayor) y no haber encontrado a primera vista restos de fiestas (Salvo una
litrona que se les olvidó tirar, el olor a tabacazo en el salón y la mesa del
comedor ligeramente desplazada, supongo que para hacer sitio para el baile)
paso a cumplir con mi compromiso.
Como
ando un poco flojo de inspiración, te voy a contar lo que les ha pasado a unos
conocidos míos. Ellos son un matrimonio como de nuestra edad, Pepito y Pepita
Cuquinez, que tienen un nene de 10 años, Ambrosillo y que como otras muchas
familias han ido a pasar unos días de asueto a una propiedad que Pepito
comparte con sus hermanos en el vecino principado. Además y por afianzar las
relaciones familiares, Pepita que era Jones de soltera, invitó a pasar unos
días a su hermano, Paco Jones con su esposa y su sobrina. Todo iba bien, hasta
que Paco Jones fue a marcharse. Paco tenía un Volvo S 40, coche en el que es
posible cerrar desde el asiento del copiloto todas las puertas con sólo bajar
el palote ese que está en la esquina en la ventana del copiloto y que no me
acuerdo ahora como se llama, pero es que en la mayor parte de los coches ya no
hay, era algo de seguridad (Me dice la bruja que se llama "seguro" pero será que como no me quiero acordar del currelo hay un velo mental que me protege).
Bueno,
pues Paco Jones, que hay que avisar que es un entusiasta de la fotografía,
minutos antes de iniciar su marcha a Madrid (Un día antes que los Cuquinez, ya
que en la comunidad foral, el Lunes de Pascua es fiesta), decidió sacar a su
niña unas fotos en el jardín de Pepito (muy hermoso y grande por cierto), y dejó las
llaves dentro del coche. También la cartera y el móvil. La señora de Paco (casualidad,
se llama Paca y es de los Garse de Irún de toda la vida) aunque con ganas ya de
irse, dejó también su bolso en el interior del coche y la puerta del copiloto
abierta, yendo detrás de Paco para sacar las fotos a su niña (Azucena, no han
sido tan crueles como para llamarla Paquita). Ambrosillo que como todos los
mozalbetes de su edad es un tanto curioso, quiso realizar una experiencia
científica y comprobar si era cierto que en los coches antiguos, bajando el
palote que no sé como se llama (seguro según la bruja. Este comentario está escrito en el tercer repaso que doy), se bajaban los otros tres palotes, y tras
comprobar que así era, cerró la puerta. Fue Paca Garse, y se dio la vuelta. Se
quedó blanca cuando se dio cuenta que el coche se había cerrado con las llaves
dentro. Ambrosillo creo que nunca sabrá lo cerca que estuvo de la muerte. En aquel
momento, Domingo de resurrección con toda la comarca en la procesión, incluidos mecánicos, manitas y cacos (estos por si los indultaban), no había
solución que se pudiese vislumbrar como viable, ya que la rotura de un cristal
impediría hacer el viaje a Madrid hasta el Lunes, y Paco Jones trabajaba, y
Paca Garse, también.
Hubo
una solución que es la que ahora os cuento, por si algún día os pasa. Se supone
que el cierre centralizado de seguridad del S 40, cierra todo, por si alguien viene
con malas intenciones, o similar. Pues bueno, todo no, ya que el maletero no
está afectado por ese cierre centralizado y se pudo abrir (Da que pensar, que
si estás en un momento de apuro y no quieres salir, los causantes del apuro
tengo acceso directo al maletero, sin muchas trabas). Paco, se acordó que
alguna vez para ir a esquiar había logrado abatir el asiento, así que decidió
sacar todo el equipaje del maletero (si los rayos y centellas que despedían los
ojos de Paca hubieran ido cargados de electricidad, Ambrosillo sólo sería un
trocito diminuto de carbón ennegrecido) y te puede imaginar por propia
experiencia la cantidad de ropa que puede meter una mamá en el coche para su
niña pequeña, sobre todo si no tiene claro el tiempo que va a hacer, el famoso
equipaje “Porsi”; por si llueve, por si hace sol, por si hace frío, por si hace
calor, por si vamos a la procesión, por si vamos al prado, etc, etc. Prefiero el equipaje "Porche", Porche me sale del apellido del cuñaoo..
Ya
vaciado el coche, Paco empezó a empujar los asientos, como un energúmeno tras
descubrir que no había ningún mecanismo que permitiera abatir los asientos
desde el maletero. Logró abrir una rendijilla entre el respaldo del asiento y
el reposa cabezas por el centro, pero poco más podía hacer. La única aportación
que hizo Pepito, que en aquellos momentos dudaba entre despellejar a su hijo, abofetearlo hasta la extenuación o
entregarlo a la inclusa, fue señalar el mecanismo que empujándolo hacía ceder
los asientos, situado a las esquinas de los asientos, junto a las puertas. Pepito fue dueño y señor de un Volvo 440 Obviamente la mano de Paco no llegaba hasta las esquinas, pero como había
trabajado en el jardín con mucho entusiasmo se acordó del cacho de azada que estaba
rota (quién sino, Ambrosillo). Era una azada con una sola punta, de un palmo
más o menos y de forma puntiaguda (la parte cuadrada había desaparecido en la
negrura de los tiempos). Del mango, quedaba algo menos de cuarenta centímetros,
pero sacando la mano por el centro, podría llegarse hasta uno de los mecanismos
y empujarlos para abatir el asiento. Lo intentó Paco (Para meter la mano por la
rendija había que meterse en el maletero de espaldas y mirando al cielo) pero
ya no daba más de sí. Pepito, después de dadas las instrucciones, quería bajar
al pueblo, ya desesperado, pero Pepita, dijo “Lo intento yo”. “Qué no puedes
hermana, que hay que estar muy ágil”. Pero al final, como no había muchas más
alternativas, lo intentó Pepita, y al segundo intento, ¡BINGO!, abatió el
asiento.
Pero
la felicidad dura poco en la casa del pobre, nadie se había percatado que el
asiento abatido, tenía el asiento infantil de Azu, por lo que imposibilitaba el
acceso al coche. Tras lograr mover un poco el cinturón de seguridad, se agrandó
algo el hueco, pero todavía era muy pequeño. Entonces Paco cogió a su hija
pequeña y la metió por el hueco. En una maniobra que todavía nos hace pensar
que los niños son de goma, Azu se metió en el interior del cubículo, se sentó y
palmeó alegremente. Nadie de los que estaban fuera se había preocupado por
instruir a la niña en como abrir una puerta y en ese momento otra negra nube se
abatió sobre la mente de los adultos, ¿Sabrá la nena de cuatro años abrir la
puerta?. En ese momento su madre le espetó “Azu, como el otro día en el
Escorial”. Según confiesa Pepito en sus
memorias pensó “Ahora va la cabrita de ella y dice que la han dicho que no lo
haga más” y volvió a sus tristes pensamientos sobre qué hacer con Ambrosillo.
Sorprendentemente la niña sonrió y abrió la puerta, mientras su padre se tiraba
hacia las llaves del coche y las metía en el bolsillo al grito de “Nunca mais
las dejo dentro del coche”. Olvidadas las fotos y recolocado el equipaje, Paco
Jones y familia huyeron raudos hacia Madrid, antes de que Ambrosillo tuviera
otra ocurrencia de las suyas, que es la que narro a continuación.
Si,
ya conoces que cuando pasas unos días en una casa en el campo, y encima estás
en una comunidad que tiene los supermercados Mercamolona, las Pepitas de turno
se ponen a tono con las cremitas y demás apaños de marca blanca. Eso a la hora
de hacer el equipaje acaba suponiendo un problema, y sobre todo que se produzca
una escasez de bolsas. Bien, Pepito era el encargado de hacer sus famosos
bocatas de reliquias (para los no iniciados, son los bocatas con las sobras de
toda la semana), bocatas de reliquias que no estaban nada mal, ya que eran de
mahonesa (sobró medio bote), hojas de cogollo de lechuga, queso Edam marca Mercamolona,
y el lomo fresco que sobró, previamente empanado y frito en rico aceite de
oliva. El problema eran las bolsas. En breve, bueno, en breve no, ya nos está
pasando como a los rusos. En la antigua Unión Soviética, los rusos cuando
salían a la calle llevaban siempre con una bolsa, para que en el caso de que en
alguna de las tiendas oficiales hubiera algo, comprarlo y en su caso, luego
cambiarlo por otra cosa. Ahora, los supermercados con la excusa del plástico de
la bolsa, no las regalan, te las cobran, además de haber hecho negocio
vendiéndote otras bolsas más duraderas, que siempre se te olvidan. Eso sí, el
plástico y el corchopan de sus carnes, pescados, etc, sigue igual, bueno, igual
no, cada vez más mierda y más difícil de manipularlo. Ya ves Rasputilla, de vez en cuando me queda algún ramalazo rojete.
A
todo esto, estaba hablando de las bolsas del adorado y nunca suficientemente
ponderado señor Cuquinez. Si, con la escasez de bolsas, el señor Cuquinez,
Pepito para los conocidos, no tenía otro sitio para guardar los bocatas
(previamente envueltos en papel de horno, ya que el de aluminio se había
acabado) que una bolsa de basura. Bolsa igual, que la que contenía los últimos
detritus (incluyendo un pañal usado de Azu) y que también tenían que meter en
el auto, para tirarla a la basura. Contenedor de basura, por cierto, que se
encuentra a la salida de la aldea, donde en un día despejado se ve la
cordillera de los picos de Europa (por cierto, me matiza Pepito, que hoy
estaban totalmente nevados), vista que ninguno de los amigos que ha visitado la
casa de Pepito han contemplado conscientemente nunca, del clavo que llevaban.
Pepito, me confiesa que lo pensó, pero también quiso dar un voto de confianza a
Ambrosillo y no volvió a pensar en el tema. Ambrosillo, como cualquier vástago
iba a ser el encargado de tirar la basura, cuando el coche parara junto al
contenedor, Pepita los periódicos (que manía tiene de tirarlos todos) y Pepito
mientras, llamaba al campo de golf de Zuasti (su club de golf) para que
activasen la correspondencia con el campo de golf de Llanes, para parar a mitad
de camino y echar unos hoyos, saliendo algo más baratillo que el precio nominal
de green fee. La peste en el coche no llamó mucho la atención al matrimonio, ya
que Ambrosillo está un poco crecido para su edad, gasta un 45 de pié, y ha
comenzado con los efluvios típicos de esa edad.
La
llegada al campo de Llanes fue normal, el partidillo agradable, sol y las
espectaculares vistas del campo, y el golf, bueno, el golf como siempre, un
desastre aunque Pepito hizo un par en el hoyo dos (de hecho es prácticamente lo
único que me ha contado de sus vacatas con todo lujo de detalles, el resto lo sé
por su abnegada esposa). Una vez acabado el recorrido, la familia se encaminó
felizmente hasta el coche donde pensaban dar buena cuenta de los bocadillos
(una barra mediana para cada uno). Al abrir la puerta, el olor que emana el
vehículo era algo más fuerte que en ocasiones anteriores. Pepita, dotada de esa
infalible intuición femenina se empezó a temer algo. Ambrosillo, voraz como
sólo se es cuando uno es tan joven, reclamó con ansiedad su bocadillo. Pepito,
cogió la bolsa, y al ver el tamaño, se temió lo peor, que pudo confirmar nada
más abrir la bolsa y llegarle a la pituitaria el aroma ya con vejez del pañal
de Azu. Ambrosillo se había equivocado de bolsa y tirado los bocatas a la
basura. Aunque una hora más tarde, cinco y media de la tarde, pudo solucionarse
relativamente el problema del hambre, (el campo está en la punta de un monte y
los Lunes cierran la cafetería) Ambrosillo había vuelto a estar muy cerca del
martirio, que creo todavía no sabe lo que es.
Por
último, y antes de acabar, si he de pedir un entusiasta aplauso para Pepito ya
que en un A4 ha logrado meter dos bolsas de golf con tres juegos de palos, los
zapatos de golf de la family, los zapatos normales de la family (Pepito usa un
50), seis bolsas de deporte amplias con ropa sucia (Una de Pepito, dos de
Pepita y tres de Ambrosillo, la mitad “Porsi”. La ropa era limpia una semana
antes), cuatro bolsas gigantes de super con productos de Mercamolona, la play
station, un DVD, 16 discos de DVD, tres novelones de 1000 páginas, dos palas de playa,
cadenas para la nieve, cuatro forros polares, tres abrigos para ir a la proce, cuatro jerseis gordos, dos gorras americanas, un sombrero tirolés, dos triángulos de peligro, una lata
de aceite de 2 litros “Porsiaca” y una pelota de tenis.
Los
hechos anteriormente comentados son totalmente ficticios así como las personas,
nombres y lugares que aparecen, que sólo existen en la imaginación del autor.
Cualquier parecido con la realidad (salvo lo relativo al equipaje para tres
días) es mera coincidencia.
P.D.
(La
pronunciación en inglés está muy bien y es muy erudito, pero en mi blog se lee
en castellano, es decir, como se escribe. Si no lo haces así te pierdes la
mitad de la gracia. Piensa, Iñaki Locarne, Nacho Chete, Rafa Cilón, Felipe
Dorro, Iñigo Tera, Capi Rado, Fritxi Waka, Ramón Dadientes, Pedro Medario,
Victor Tilla, Juan Tropófago, Jose Boso, Oscar Panta, Gonzalo Pécico etc, etc,
etc)
Sin que sirva de precedente MUY BUENO y PCyE (Politicamente Correcto y Ecuanime)
ResponderEliminarNoto que tu Semana Santa con los flagelados de Arapienzo ha dado sus frutos, y que de tu sufrimiento emana un discernimiento fuera de lo normal.
ResponderEliminarYa, si cambias la fotico, voy a creer en los milagros.
¿O, no será que te estas poniendo piel de corderillo, Rasputilla, sobre tu sobria chaqueta de pana?.
Y me han llegado tanto al corazón tus halagos que la semana que viene hablo de mi pasado con el PC(v).
¡Ay, Rasputilla!, como nos hace cambiar un poco de meditación y silencio. Al final vas a ser como la magdalena, que fue pilongui antes que buena.
Osaba, te estás quedando sin temas, y vas a tener que abrir el "buzón del lector" para que te den ideas, o vas a acabar como los abueletes recordando historietas y batallitas (que si las paellas de Andra Mari, que si cuando me hice los lagos de Enol...)
ResponderEliminarPor cierto, que te has olvidado de Kiko Jones - ¡Coño, no seréis familia!
Querido GUASAPETE, no confundas las licencias literarias con la falta de temas, pero en honor a la verdad estamos más cerca de ser abueletes que de otra cosa, y habrá que batallear. No me he olvidado del Kiko Jones, pero su nombre de pila ya ha sido convenientemente apellidado. Del que me había olvidado era de Alberto, que podía apellidarlo Mate, Cino, Millo, pero en honor a la verdad, ya estaba apellidado por ahí , por lo que era una redundancia.De los engrudos de Andra Mari, sólo me acuerdo del año que Doña Miren nos hizo su famosa ensaladilla que se comieron los amigos de uno. Y de los Lagos de Enol, lo que realmente fue muy duro, fue el viaje del día anterior que paramos en cada en cada playa entre Santander y Llanes (mira el mapa y no son pocas)para tomar un jugoso y mega refrescante Gin Tonic. Menos mal que al acabar la carrera no había control anti doping (Llegué el 2.247 según atestigua el correspondiente diploma)
ResponderEliminarPor cierto, acabo de llegar en avión con Charlie Alley, mi primera experiencia en un low cost, y me asegura que queda contigo y FritxiWaka para ir a tomar motos a Guetaria en pote. Creo que se ha tirado un farol ¿O no? ¿hay nuevo caso de abandono de cuadrilla? o ¿admitimos a Charlie Alley?. Da para nuevo tema
Me parece que la calidad de la comunicación en las lo-cost es muy pobre. Por cierto que no has aclarado lo del parentesco y te has ido por los Cerros de Úbeda (también da).
EliminarEn cuanto a las expansiones, yo no soy partidario - que luego os enzarzáis en guerras de e-mails ( recuerdas el debate suscitado cuando iniciaste este blog?)- ni de hacerlo , ni de discutirlo
Y como supongo que ya estarás a punto de publicar algo más , te dejo que sigas con el café y el teclado ...
No te creas, aunque Charlie se sonrojaba un poco cuando comentaba la orientación aceril del azafato. Eso sí, cuando le pasé la poesía de mi libro de Petra Delicado que empieza "Todo el que nace en Algorta tiene la .....muy corta", le faltó tiempo para pasársela a su colega (de Algorta) del asiento anterior. En el fondo, si el origen está en los veranos de Plencia, Charlie es un pegado, como algunos otros, pero como por la paz un ave maría, no hablo de esto nunca más.
EliminarTe aclaro lo del parentesco.