ENTRADA 50
Siempre había deseado que mi entrada número cincuenta
fuera algo especial. Y llevo días intentándolo, pero la inspiración parece que
no habita en mí. Pensé que tras el campeonato de mini de Euskadi algo me
llegaría, pero ni por esas. Pensé en hacer algún comentario ingenioso para
contestar a los dos habituales visitantes de mis páginas, Rasputilla (40
comentarios) y Guasapete (38 comentarios pero ya no tan habitual). Estaba
descartado lo de meterme con ellos, ya que si tengo pocos participantes y encima
los pongo a parir. Por otro lado, desde los dos primeros números soy demasiado
correcto políticamente (algo influyó el ataque a panazos en el garban toki) y
ya empieza a ser tarde para cambiar. Tampoco iba a contar otra historia, ya que
la entrada cincuenta debe de ser algo especial. Y mira tú por donde, sin
quererlo, me ha surgido algo para contar.
Este Jueves hacemos una comida de despedida a una
chica que abandona la oficina para irse a Londres. Como casi siempre, la
organiza Miguel, que lo tengo sentado al lado, ya que es el único que por el
momento tiene ganas. Al tener la semana pasada la comida de la otra chica de
contabilidad, que también se iba (pedazo de gestión de personal) en un chino,
decidimos cambiar el tipo de cocina (Yo le ayudo algo, más bien poco, a
Miguel). Como el novio de la chavala es italiano, pues se pensó que el restaurante
elegido debía de ser un mexicano.
Como aquí todo Blas opina (hay veces en que echo de
menos la dictadura), ayer por la tarde fue una absoluta tortura el oír una
opinión distinta por cada persona que pasaba por delante nuestro (menos mal que
sólo somos una docena, hasta el Lunes), “está bien, pero yo….”. Eso sí, ni uno
se dignó a hacer ademán de encargarse de reservar su sugerencia. Le aconsejé a
Miguel que reservara el que le diera la gana. Una vez hecha la reserva, y como
persistía el goteo insistente de sugerencias, decidí mandar el siguiente
correo, con el fin de que se viera que la decisión estaba tomada.
“Tras múltiples discusiones al final Miguel ha
reservado mesa para 12 en el IX MOLOC, restaurante de cocina peruana (la
propaganda habla de cocina fusión vasco-peruana) recién inaugurado en Bilbao en
Doctor Areilza esquina con Perez Galdós.
Se ha pedido el menú
especial de 22,50 Euros que comprende:
Primeros
a compartir
Totopos con queso
Frijoles en vinagreta
Piperrada vasco-andina
Choriflauta de harina de yuca
Segundo
(a elegir uno)
Ceviche de carramarro andino
Guachinango (pescado) con boniatos panadera y
tomatitos
Tiras de albañil (carne) con verduras de temporada
Postre
(a elegir uno)
Helado de dulce de leche
Jugo de frutas tropicales
Tarta Machu Pichu (de chocolate y nata)
Bebidas : Agua y/o vino
Opcionales
(con sobrecoste)
Solomillo de llama andina (sustituir por un segundo)
16 €
Trucha salteada con carnita de puerco (sustituir por
un segundo) 10 €
Escachoflines (sustituir por un segundo) 8 €
Guarnición extra de banana frita 3 €
Café 1 €
Vaso de Pisco (25º) 4 €
Pis-cola (12º) 6 €
Chicha (37º) 4 €
Chicha
reposada (45º) 7 €
De lunes a Jueves de 14:00 a 16:00 la comida será
amenizada por sones andinos interpretados al arpa por José Cucufato, hijo del
dueño del restaurante (hemos tenido suerte, nos toca)”
Pensé que picarían uno o dos, pero la sorpresa fue
mayúscula, cuando resultó que sólo una no picó (tampoco estaba muy convencida y
me vino a preguntar si era una vacilada). El resto, uno detrás de otro. Y eso
que había pistas en los platos. La choriflauta no creo que sea un alimento de
ninguna cocina y en los andes, pocos carramarros habrá. Lo de los boniatos a la
panadera era más tragable. Pero los platos extras, solomillo de llama, o
escachoflines. Bueno todo esto puede tener un pase, pero lo que el pollo que
toca el arpa se apellide Cucufato (En el restaurante mexicano Cantina Tapachula
de la Alameda San Mamés amenizan las comidas con arpas, y si no te lo crees,
mira en la página web), ya no es creíble.
Lo malo del asunto es que han picado como auténticos
manzaneques unos cuantos de los directores y eso tiene un peligro, sobre todo
cuando toca repartir brownies (a pesar de todo, me siguen tocando, pero no
todos). No he querido confesarlo abiertamente, y dejar que el tiempo borre las
huellas, pero siempre quedaba un peligro, que alguno apareciera en la esquina
de Doctor Areilza con Pérez Galdós, con lo cual mi vida laboral corría bastante
peligro, así que mandé el siguiente correo con la dirección verdadera de la
reserva.
“Nos acaba de llamar Agustín
Chifa, del restaurante IX MOLOC, diciéndonos que les ha reventado una arqueta
de aguas negras, pero que piensan que para el Jueves la tienen reparada. Le
hemos contestado que no nos podemos arriesgar, así que la hemos cancelado y
Miguel, con su implacable agilidad juvenil, ha reservado en el TAGATLIELLA en Gardoki, aquí al ladito.
Pena, otra vez será”
Aún así, alguien que manda más que nosotros acaba de
pasar por nuestra mesa comentando que era una pena lo del peruano. Miguel y yo,
al menos hemos pasado una tarde menos aburrida.
Por cierto, la cocina peruana pasa por ser una de las
mejores del mundo. La pena es que no haya un restaurante genuino en Bilbao para
que la pudiéramos conocer.
Has pensado que a lo mejor no es que todo el mundo picara sino que no le enviaste el mail ni a Rasputilla ni a Guasapete?
ResponderEliminarPor cierto, el viernes tenia yo reservada una mesa en un afamado restaurante de fusion (si bien no regentado por Agustin Chifa)y nos llamaron a media tarde comunicandonos que se habia inundado el restaurante y estaban cerrados. Seria tambien una broma de mal gusto?
Finalmente comentar que en Bilbao hay un peruano que se comenta es razonable de nombre Aji Colorado
En tu caso sería más probables que se les hubiera acabado cierto refresco de limón y no tuvieran la suficiente entereza de ánimo para enfrentarse a tu furia justiciera.
ResponderEliminarMañana comento en la oficina lo del Aji Colorado en la oficina, pero no me creerá nadie hasta que consulten por Internet.