FREDI, del GETXO III
En los periódicos de la mañana
venía en primera plana la noticia de que había aparecido un cadáver en el
Gobelas, por la noche, más o menos a la hora en que se esfumaron las dos ges,
eso sí, Pototo al menos tomó un ligero tentempié. También venían a relacionar
esa muerte con la aparición de otros dos cadáveres en las dos semanas
anteriores. Como era lógico, a la hora
de las alubias no se presentó ninguno de los habituales, dejándole por primera
vez en varios meses sólo con la cuchara a Peru, que a pesar de todo tampoco es
que les echara mucho de menos, ya que dio buena cuenta de las alubias en tres
rebosantes y humeantes platos. Tras el consiguiente pacharán(es) y como no
había partida de marrana, llamó por teléfono a Caraqueño. Con la voz que le
contestó le atribuyó un tono pálido a su piel, y parecía algo más que asustado.
Además, por primera vez en tiempos, le pidió algo por favor. Peru pensó que le
tendrían que estar apretando mucho los políticos, así que como le había pedido
que se pasara por el juzgado, pagó la cuenta y se dirigió, no a paso muy
ligero, por cierto, a los juzgados de Algorta.
Al entrar en la oficina se
encontró con un Juez pálido y tembloroso a quien le costaba llevar a sus labios
un líquido de color acaramelado (presumiblemente guait label), como si saliera
de una escalofriante resaca. Al verle, dejó lentamente el vaso en la mesa, como
si pesara veinte kilos y le dijo “no te lo vas a creer”.
-
No me voy a creer qué
-
Los apellidos de los tres cadáveres
-
¿Qué cadáveres?
-
No lees los periódicos, jilipollas
-
No
-
Pero al menos sabrás que el Gobelas ha amanecido
varios días con cadáveres
-
Algo he oído
-
¡Vete a la mierda!
-
Vale, dime los apellidos de los tres fiambres
-
Bahillo, Telletxe y Hernández
Como si le
hubieran dado con un mazo en la cabeza, Peru se derrumbó sobre el asiento
mirando a los ojos al juez. Sin pensárselo dos veces cogió el vaso de la mesa
de Caraqueño y se lo pimpló de un único trago. Ni notó el fuego que le bajó por
el esófago.
-
Tengo reunión ahora con el equipo de
investigación. Lo dirige un comandante de Arkaute. Tú te conocías más la
historia. Acompáñame y cuéntala tú. A mí me harían un control de alcoholemia.
Con un suspiro de resignación, Peru se levantó
de la mesa, espero a que el juez hiciera lo mismo, y fue tras él por el camino
que separa los juzgados de la comisaría de la ertzaina. Para traspasar los
umbrales de la comisaría Caraqueño lo presentó como asesor. Sólo lo tuvo que
presentar al Comandante de la ertzaina, el jefe del grupo, un brillante
investigador que había sido asignado directamente desde Lakua dado el cariz que
estaban comenzando a tomar los acontecimientos. Brevemente explicó a los demás
(Gómez, Pototo, el jauntxo, Ramiro y alguna chavala de documentación) las
razones por las que había llevado a Peru a la reunión, dándole la palabra a
este. Peru pidió un vaso de agua que Gómez se apresuró a buscar y aclarándose
la garganta comenzó a contar su historia:
“Hace unos
cuantos años, recién entrados los ochenta, cuando Aiboa no era la vitalizante
arteria de Getxo que es hoy en día, y la zona de Negurigane era todavía un
arenal, donde estaban comenzando las excavaciones para construir las viviendas
que ahora se ven, existía en Aiboa un instituto de enseñanza que era conocido
como el Guecho Tres”
Iñaki, el
comandante miraba con ojos interrogantes al juez y Caraqueño carraspeó para que
Peru no se fuera por los cerros de Úbeda. Éste se encogió de hombros como
diciendo hay que meter a la gente en la historia y continuó:
“El Guecho
tres es el edificio que ahora está ocupado por dependencias municipales, justo
antes de la rotonda antes de llegar a Fadura, junto al Garbigune. Del
mantenimiento del instituto se ocupaba un tipo bastante peculiar, una especie
de jipi, era de origen americano, del que se decía que era desertor de la
guerra de Vietnam. Bonachón aunque flaco como el palo de una escoba, pelo
blanco largo y coleta, cuando nadie la llevaba, pantalones vaqueros de
tirantes, que según él se lo mandaba una hija que tenía en Wisconsin,
borrachinga y hablador con ese acento que tienen los sajones para hablar
castellano, Alfred Nicholas Brugrer, Fredi para la gente del barrio. A Fredi le
conocían todos los estudiantes, y algunos aprovechaban los recreos para ir a su
garito a fumar y a escuchar las historias que les contaba sobre su país de
origen. Fredi era cumplidor con su trabajo, pero a partir de las cinco, cuando
quedaba libre de sus obligaciones, lo que le encantaba era empinar el codo.
Como buen sajón, le gustaba beber en el cobertizo que tenía junto al instituto
donde se le permitía vivir, más o menos, más menos que más, como vigilante
nocturno, para espantar a raterillos, aunque la verdad, ya para las diez, kurda
perdido, Fredi estaba habitualmente roncando. Eso sí, se levantaba un par de
veces durante las noches para descargar la vejiga, que como buen naturalista
que decía era, se acercaba a la orilla del Gobelas. Una vez, tuvo una demanda
por exhibicionismo. Al parecer algunos jovenzuelos de la zona lo debieron de
sorprender de madrugada en una de sus habituales salidas, meando a la orilla
del riachuelo, y como una de las niñas, para evitar ser castigada metió en casa
la trola de que habían estado escondidas porque Fredi había hecho guarradas,
consiguió que su papá, A. Bahillo le denunciase ante el juzgado. La verdad es
que nadie se lo tomó en serio, ni el juez, que acabó archivando el caso
mientras Fredi seguía felizmente encargado del mantenimiento del instituto y
cociéndose a partir de las cinco todos los días, salvo las fiestas de guardar,
que aprovechaba para subir a los montes de la zona.
El tal Bahillo
no quedó nada conforme con la decisión del juez, así que con otros tres
amiguetes, alguno padre de los otros niños,
apellidados Montoya, Hernández y Telletxe decidieron dar un escarmiento
al incauto de Fredi. No se les ocurrió otra idea que acechar una noche al pobre
Fredi, y cuando salió a mear al Gobelas hacia las doce de la noche, que era
cuando le empezaba a apretar la vejiga, tras acabar y sacudírsela (una ligera
mirada de reprobación de la neska de documentación) le cogieron de pies y manos
entre los cuatro, y tras las tres balanceadas de rigor lo arrojaron al Gobela.
Allí quedó tendido Fredi entre las risotadas de los amigos adornadas con
insultos que lo equiparaban a lo más bajo de la raza porcina”
En ese momento
Peru se detuvo para tomar otro largo trago de agua. Aunque todavía no se sabía
que tenía que ver Fredi con la historia que estaban contando, los apellidos
mencionados hacía intuir a los presentes que algo más iba a pasar. Peru,
presuntuosamente pensando que era un gran narrador, alargó el silencio
recreándose en sus palabras, hasta que Iñaki levantando levemente las cejas le
dio la orden para continuar.
“Fredi tuvo
muy mala suerte al caer, y se partió con una roca la columna vertebral a la
altura del cuello, con tan mala suerte que se quedó inmovilizado de cuello para
abajo, pero fue totalmente consciente de que iba a morir. La autopsia reveló
que aunque tenía los pulmones encharcados, no se había ahogado, sino que murió
de la hipotermia que le provocó la gelidez del Gobelas, y que fue totalmente
consciente de su muerte las siete horas que estuvo aquella noche de Febrero en
el lecho del río. Fue algo muy cruel. “
Entonces
Caraqueño tomó la palabra, ansiando su momento de protagonismo.
“Todo esto lo
conocimos Peru y yo cuando cursábamos la carrera. En tercero, como trabajo de
derecho penal teníamos que seguir un asunto y asistir al juicio, y este fue el
que nos tocó, o elegimos seguir. Le llamamos BAHEMONTE, para acordarnos de los
apellidos, cogiendo las primeras letras de los apellidos, ya que al capullo
ese” señaló a Peru” siempre fue aficionado al ciclismo. De hecho ese año vimos
televisada por primera vez la subida a los Lagos de Covadonga en la vuelta,
cuando todavía era en Abril”
Caraqueño le puso la mano en el
hombro a Peru como dándole el relevo en el relato. Recorrió con un giro de su
cabeza la mesa de la reunión, y en aquel momento no se hubiera oído ni el vuelo
de una mosca, y desde luego la palidez de los rostros de los presentes, salvo
los de Peru y Caraqueño cuyos mofletes ya presentaban el tono encarnado de una
buena alubiada y güiskada, hacía presentir que algo sabían los presentes que
desconocía el juez.
“Seguimos el caso y asistimos a
la vista oral. No había mucha gente, y desde luego que se había obviado
cualquier publicidad. Uno de los acusados estaba muy vinculado al antiguo
régimen, y otro mucho al nuevo. Fue un escándalo. El juez desestimó todas las
pruebas de la policía y dejó libres a los cuatro animales. Se me encogió el
corazón, cuando la hija de Fredi, embarazada a punto de dar a luz, salió
llorando de la sala viendo como los cuatro que habían matado a su padre, salían
del juzgado con la sonrisa en la cara, jactándose y pavoneándose de su hazaña.
Entre lágrimas, con una mano en su tripa y la otra cerrada, levantando el puño
al cielo, juró venganza. Creo que este caso todavía se sigue utilizando como
ejemplo de lo que no hay que hacer en las academias de policía”
-
Así es – dijo Iñaki – lo estaba recordando, pero
desde luego de los apellidos ni papa, nos enseñan los asuntos con iniciales.
Parece que tenemos un caso claro de venganza. Tenemos que establecer las
conexiones con ese caso, pero parece muy evidente que las hay. Tenemos que
buscar lo primero las similitudes entre los asesinados y buscar a un Montoya que
tenga peligro de ser asesinado. Señoría, si quiere le comentamos los resultados
de las autopsias que pueden ser muy concluyentes con lo que aquí se ha relatado
Dicho eso el comandante se
levantó muy gallardo y fue hacia donde Peru extendiéndole la mano, en un gesto
inequívoco de darle las gracias y de invitarle a que abandonara la sala de
reuniones, ya que debían de comentar pormenores de la investigación, en la que
él no intervenía. A Peru no le preocupó en exceso, y aunque en días posteriores
mostró algo de curiosidad, los periódicos no dieron casi información, por lo
que se borró de su memoria, a lo que sin duda ayudó la portentosa siesta que le
pegó al llegar a casa tras la reunión.
Un par de semanas más tarde,
Caraqueño y Peru se encontraron en el Muro para tomar un pote antes de ir al
restaurante de la esquina para meterse una garbanzada. El juez le comentó que
también venía el comandante Iñaki a quien calificó como “un tipo muy gallardo”.
Ahí a Peru le vino a la cabeza el caso que estaban llevando, del que los
periódicos prácticamente habían silenciado, ya que lo que más estaba vendiendo
era la posibilidad de que el Athletic bajara a segunda. Así que le preguntó a
Juan como iba el tema.
“¡Uf!” exclamó el juez resoplando
sobre su flequillo. “Al final se ha acabado solucionando, pero nos costó un
huevo” y haciéndose el interesante se sentó en uno de los taburetes que hay
junto a la pared, y tras echarse un trago de tintorro al gaznate comenzó con su
relato:
“Nos costó casi una semana
encontrar los archivos del caso, ya que parecía que lo habían querido eliminar,
pero al final apareció. Con esos datos pudimos encontrar al descendiente del
Montoya, que vivía en una casa de Lamiako, una de las nuevas, más cerca de la
estación de metro de Leioa, que de la estación de Lamiako. Las otras tres
víctimas eran los hijos de los absueltos que habían sido involucrados en el
juicio de Fredi, así que en cuanto tuvimos los datos de la cuarta, no fue
difícil localizarla. La ertzaina puso a disposición del caso su unidad de élite
y se montó una gran vigilancia en torno a esta mujer. Pídeme otra pinta de
cerveza que me estoy quedando seco”
Tras la pausa que hubo mientras
Peru pedía dos pintas (zuritos de Bilbao en el muro), se las escanciaban y
llegaba a la mesa, Caraqueño continuó con su relato.
“Justo a los siete días del
último asesinato, apareció por la noche un tipo que se introdujo en el portal
de la vivienda de Montoya. Justo, cuando iba a entrar en la casa, se
abalanzaron sobre él varios de los mejores especialistas de Arkaute que a duras
penas lograron reducirle, rompió un brazo, una pierna y dos mandíbulas”
-
¿Asesinatos has dicho?
-
Sí, las tres primeras personas fueron asesinadas
dejando que se ahogasen en el Gobelas, pero lentamente. Primero les
inutilizaba, dejándoles paralíticos al cortarle la espina dorsal. Luego los
metía en el agua para que pudieran ver como la iban palmando, poco a poco, como
debió sucederle a Fredi. Con el segundo se le fue la mano, y lo mató al
seccionarle la espina dorsal. El pollo este era un profesional
-
¿Profesional?
-
Si. En los tres primeros cadáveres no hay ningún
rastro que nos pueda llevar a él, y en el cuarto caso, sólo podemos acusarle de
tentativa de entrar en ninguna casa. Luego en los interrogatorios no dijo una
palabra, salvo identificarse y llamar a la embajada americana.
-
¿Era un Brugrer?
-
El apellido era Fisher, pero ese era al apellido
de casada de la hija de Fredi. Hace dos días el comandante confirmó que era
efectivamente el nieto de Fredi
-
¿Y con esa conexión no habéis podido
entrullarle?
-
¡Amigo! A las catorce horas apareció un tipo de
la embajada americana aduciendo inmunidad diplomática para el Fisher, y como no
teníamos más pruebas, lo tuvimos que soltar. 36 horas más tarde estaba
felizmente volando en primera con destino a Miami, como lo confirmó un contacto
del comandante en Barajas.
-
¿Y vais a montar algún dispositivo para proteger
a la Montoya?
-
Lo más gracioso del caso, es que se mató en un
accidente de coche, parece que por problemas de frenos, dos días más tarde de
detener a Fredi.
-
¿Habéis revisado el coche por si existía algún
sabotaje?
-
Se quemó, por lo que no hubo posibilidad de
mirar nada
-
¿No te parece raro?
Caraqueño se
encogió de hombros, apuró su cerveza, se sopló de nuevo el flequillo y levantándose
del taburete, abandonó el Muro, seguido por Peru como un perrillo faldero,
fieles a su destino con los garbanzos del San Marcos.
* VIVA EL KING III (pero es obvio decir que el
Estifen)
No sabia que ya tenias sponsors del blog (aunque supongo que pagaran en birras y legumbres).
ResponderEliminarMás bien son pre esponsors. Por si cae algo
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