jueves, 22 de noviembre de 2012

LEIOAKO ERKULES X (the end)


CAPITULO X

 

Cuando me estaba acercando al Egoki, Gómez y Ganeko estaban ya saliendo de la tasca. La cara de ambos denotaba preocupación y lo primero que me dijeron fue que apagase el móvil, que si no, me iban a dar el coñazo ya que tanto en el juzgado como en la comisaría estaban muy nerviosos ya que el Hormaondo había llamado en persona a no se quien de interior y a no se cuantos de justicia exigiendo resultados, y todos, toditos todos, estaban bastante cariocos. Me encogí de hombros y justo al meterme en el coche le pregunté a Pototo si conocía a alguien que pudiera mirar si alguno de los petimetres de la lista que le pasaba estaban fichados. Le comenté que la lista era de las personas con acceso al cuarto de disolventes. Mientras Pototo pedía por radio la información y Starki conducía sin demasiada pasión, aproveché para llamar al colega de la compañía de seguros y pedirle una copia del informe del laboratorio de la UPV. Me confirmó que ya lo tenía y que me mandaba una copia al juzgado. Previendo la sokamuturra que se iba a organizar en la comisaría, le pedí que si por favor, nos la podía mandar por telefax a la comisaría, a nombre de Gómez. Accedió sin mayor problema. Haciendo caso de las instrucciones de mis doctos polizontes (en estos momentos me estaba acordando de Don Gato, y el policía que conocía que más se le parecía a Matute, era Gómez, pero en una rara intuición de prudencia, pensé que no era el momento más adecuado para soltarlo), apagué el teléfono, mientras Ganeko hacía lo propio con la radio del coche patrulla.

 

El jefe de la planta nos recibió más rápido que nunca y con una cara reflejo de la angustia que tenía en el cuerpo nos llevó hasta la zona donde habían encontrado el nuevo intento de chamuscar toda la fábrica. Era curioso ver como se había derretido el plástico alrededor de la boca del soplete, pero no había pasado más allá, supongo que al apagarse rápidamente la herramienta. Los polizontes se tomaron en serio su trabajo y llamaron a un pollo de la científica para que encontrara posibles huellas, pero ya les advertí que sólo encontrarían las de los soldadores, además de pensar, corroborado por el jefe de planta, que para soldar se suelen utilizar guantes. Se encogieron de hombros y mencionaron el procedimiento.

 

Mientras estábamos escuchando las penas al jefe de planta, apareció también bastante pálido uno de los chavales de la oficina, quien con cara de susto nos avisó para que fuéramos literalmente cagando melodías a la comisaría donde nos esperaba el remitente de la llamada, junto con el Juez, para que explicáramos que coño estábamos haciendo y que habíamos averiguado hasta la fecha, ya que en Lakua estaban esperando respuestas. El chaval se extendió en detalles, la verdad poco interesantes, sobre la ristra de improperios que el Jauntxo había soltado sobre los dos agentes. En un momento, y ya de bastante mala baba, Pototo le espetó que se iba a enterar si el jefe les había llamado todo eso, y que como hubiera algo de su propia cosecha, que volvía a por él. El tipo se quedó mudo y se dio media vuelta y se fue. Nosotros también encaminamos nuestros pasos hacia el coche, pero antes pasamos por nuestra taberna favorita, para dar tiempo al amigo de Ganeko a que recopilara si alguno de los que tienen acceso a la caseta de herramientas estaba fichado por algo.

 

Si hubiera conocido la ristra de improperios y gritos que nos esperaban a la llegada a la sala de reuniones, primero la bronca del Jauntxo y luego los aullidos de Caraqueños llamándonos bobos de los cojones a todos, me hubiera quedado en casa, pero un cristo de esos al menos me seguía haciendo escalar mis niveles de adrenalina. Y cuando acabaron los gritos apareció en escena como aparecido en el momento estelar de una película el cabezón de Detritus. Antes de que abriera la boca, el Jauntxo se levantó y lo sacó de la sala, acompañándole a algún otro lugar para que esperase, momento que aprovechó Pototo para escabullirse en busca de conocer si allí trabajaba algún fichado y Caraqueño empezó a partirse de risa, guiñándonos los ojos a mi y a Gómez, preguntando si nos había gustado su actuación.

 

El Jauntxo volvió con más cara de malaostia con la que se había ido. Al echar de menos a Ganeko empezó de nuevo a chillar preguntando a voces que “ donde se había metido el anormal aquel”. Justo en aquél momento entró el aludido con unos papeles en la mano y una sonrisilla en la boca que acabé comprendiendo que era de triunfó. Levantó la palma de la mano hacia su jefe en un gesto que quiso significar un poco de silencio y nos explicó con voz suave y lenta que había dos elementos fichados entre los que tenían acceso a la caseta con los disolventes. Que efectivamente, el informe de la UPV era concluyente y que había restos del disolvente comercial que se utilizaba en la fábrica. Que uno de los fichados, el jefe de planta había sido arrestado un par de veces en redadas de casas de putas (pena no haberlo sabido antes, así hubiera sido algo más amable), pero que no era el fichado interesante, y nos pasó una hoja a cada uno.

 

Reconocí la foto, era el carretillero que había descubierto el incendio. Estaba fichado por haber quemado una fábrica de muebles en Cáceres. Al parecer tenía un desorden mental que le hacía querer ser protagonista y no se le había ocurrido nada mejor que ser el que descubre los incendios. Esa chaladura tenía un nombre técnico, pero tan pronto como lo leí, se me olvidó.

 

Una sonora blasfemia y un puñetazo en la mesa me hizo mirar de nuevo al Jauntxo quién poniéndose su visera le soltó a Pototo que le acompañara, que iban a detener al hijo puta ese. Antes de que abandonaran la comisaria le oímos como le gritaba al Detritus que menos gastarse el dinero en abogados y más en castings para la selección de personal. Yo me encontraba divertido, con los pies puestos en la mesa de reuniones y los brazos extendidos, rematadas por los signos de la victoria en ambas manos, mientras Gómez se estaba descojonando y Caraqueño llamando a Ramiro para que trajera un poco de guait label para celebrar el fin del caso del cerillero carretillero. El despiporre siguió un buen rato, ya que Detritus llamó a su jefe, suponemos que Hormaondo, rogándole encarecidamente que despidiera a Smithers (así es como llamaban al jefe de personal) ya que el gilipollas de él había contratado a un pirómano. No se le ocurrió al chino enano otra cosa que llamar desde el pasillo, justo al lado de nuestra puerta entreabierta, con lo que le escuchamos todo, todito, todo. Ya calmadas las risas, apareció Ramiro con el guait label y unos hielitos con lo que pudimos brindar por el éxito de la detención. Le mandé un guasap a Pototo para que le diera recuerdos de la madam al Jefe de Planta, pero me mandó a tomar por culo. Al de un rato, me guasapeó para decirnos que el carretillero ante los primeros gritos del Jauntxo, había cantado como un canario. Volvimos a llenar los vasos mientras Juan me soltaba “ya sabía que tú, querido Peloto, ibas a utilizar muy bien a nuestras queridas y pequeñas amigas, las células grises” mientras se apoyaba el dedo índice de su mano derecha en la sien.

 

EPÍLOGO

 

Mis pasos resonaban de madrugada por la avenida de los Chopos, mientras bastante más sereno de lo normal para mí, me detuve frente al Egoki, que ya había cerrado. Justo encima, había una terracilla de un piso, que era el que había alquilado la Uruguaya para montar nuestra oficina. Era un piso pequeño, con dos habitaciones, la grande mi despacho, un baño y una cocina americana. Al parecer, lo que se había hecho era dividir el piso, ya que el armario que había, era más un pasillo, pero, en fin, el alquiler era muy razonable, y al final con lo que me iban a pagar por el informe del incendio, nos daba para pagar seis meses de alquiler, amueblarlo y comprar algunos aparatillos informáticos. Me gustó, sobre todo por la proximidad a una de mis tascas favoritas, y, bueno, también porque estaba cerca de casa. Como me lo enseñó por la tarde, e incluso firmamos el contrato justo después, le invité también a la cena en el Itxas Bide con Matute y el Juez, lo que no dejó de ser un craso error, ya que a mí, el paganini, no me hicieron ni puto caso, sólo tuvieron ojos para la rubia (lo que también es normal). Así que con la excusa de que el Sábado salía por primera vez al campo (en el primer hoyo, un par cuatro, hice el par lo que me dejó la falaz ilusión de que iba a ser bueno a eso. Me costó más de cien hoyos volver a hacer un par. El primer par cinco que hice, fue casi un año después de que me dieran el handicap) me escapé, ya que no estaba dispuesto a pagarles las copas también, para que no me dieran vela en su entierro. Y lo tenía que haber deducido desde las croquetas de chorizo en la Terraza. Eso, sí, la rubia acababa de ser nombrada relaciones públicas con la autoridad, aunque eso no lo iba a saber hasta la mañana del lunes. Me quedé mirando con ilusión la oficina, y meditando sobre cual sería el primer mueble a meter (me lo solucionó la princejefa al día siguiente, comprándome una estantería en Ikea y llenándola con mis más de trescientas novelas de detectives, por si me hacía falta documentación, me dijo con cierta sorna aunque en el fondo lo que quería era más espacio en el trastero). Al final, mira tu por donde, a lo chorra, chorra, me había convertido en el nuevo Sancho Bordaberri de Getxo.

 

THE END

 

Como siempre se dice, todos los hechos narrados son ficticios, pero en este caso, y aunque parezca mentira, lo único no inventado ha sido el incendio. No ocurrió en Lamiako, sino fuera de la Comunidad Autónoma, y los hechos se sucedieron en algo más de un mes. Cualquiera de las cinco o seis personas que lo conocimos, sabemos que fue así.

 

AGRADECIMIENTOS

 

Es muy complicado el intentar contar algo todas las semanas, y la única razón por la que al final lo logro, unas veces mejor, otras veces más mejor, es por los ánimos que da el tener un lector tan fiel como RASPUTILLA quién con sus comentarios, generalmente poco atinados, me da la moral necesaria para seguir. De verdad, que si no hay comentarios, esto se hace muy cuesta arriba. Lo malo, es que acabo de dar la clave para dejar de dar la chapa. También le estoy agradecido a GUASAPETE, aunque algo menos, ya que no nos está últimamente inundando con sus comentarios. ¿Habrá que volver a meter en escena al pérfido JVB, el matachuchos? Puede ser la respuesta. Tenía algunas esperanzas en que KAPIRATA y LABELA BRUNA hubieran participado algo más, pero en fin, que le vamos a hacer. Lo de SALIDETE parece más de un habitual que ha cambiado el nick para que la parienta no le pille que lo que le gusta es lo verde (Aunque eso ya lo sabe, me consta)

 

La media de entradas en el blog es de unas doscientas al mes, así que parece que me sigue alguno más. En el fondo, esto no trata de nada más que pasar un rato, y a ser posible, entretenido. Creo que a principios de año, comenzaré con nuevas andanzas de mi detective favorito en sus nuevas aventuras en “LA PINQUERTON DE GETXO” “we never slip”

2 comentarios:

  1. En fin, yo prefiero Boxer.
    Agradecimientos por los agradecimientos.
    Ultimo capitulo con una faena de aliño, me quedo con la duda del analisis de adn de los deshechos caninos.
    Esperamos con ansia las nuevas aventuras de la ayudante del detective

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  2. Pensaba que era sanders
    Habrá que esperar a Enero de 2013 para retomar las aventuras del Peru

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