CAPITULO
X
Cuando me estaba acercando al Egoki,
Gómez y Ganeko estaban ya saliendo de la tasca. La cara de ambos denotaba preocupación y
lo primero que me dijeron fue que apagase el móvil, que si no, me iban a dar el
coñazo ya que tanto en el juzgado como en la comisaría estaban muy nerviosos ya
que el Hormaondo había llamado en persona a no se quien de interior y a no se
cuantos de justicia exigiendo resultados, y todos, toditos todos, estaban
bastante cariocos. Me encogí de hombros y justo al meterme en el coche le
pregunté a Pototo si conocía a alguien que pudiera mirar si alguno de los
petimetres de la lista que le pasaba estaban fichados. Le comenté que la lista
era de las personas con acceso al cuarto de disolventes. Mientras Pototo pedía
por radio la información y Starki conducía sin demasiada pasión, aproveché para
llamar al colega de la compañía de seguros y pedirle una copia del informe del
laboratorio de la UPV. Me
confirmó que ya lo tenía y que me mandaba una copia al juzgado. Previendo la
sokamuturra que se iba a organizar en la comisaría, le pedí que si por favor,
nos la podía mandar por telefax a la comisaría, a nombre de Gómez. Accedió sin
mayor problema. Haciendo caso de las instrucciones de mis doctos polizontes (en
estos momentos me estaba acordando de Don Gato, y el policía que conocía que
más se le parecía a Matute, era Gómez, pero en una rara intuición de prudencia,
pensé que no era el momento más adecuado para soltarlo), apagué el teléfono,
mientras Ganeko hacía lo propio con la radio del coche patrulla.
El jefe de la planta nos recibió más
rápido que nunca y con una cara reflejo de la angustia que tenía en el cuerpo
nos llevó hasta la zona donde habían encontrado el nuevo intento de chamuscar
toda la fábrica. Era
curioso ver como se había derretido el plástico alrededor de la boca del
soplete, pero no había pasado más allá, supongo que al apagarse rápidamente la herramienta. Los
polizontes se tomaron en serio su trabajo y llamaron a un pollo de la
científica para que encontrara posibles huellas, pero ya les advertí que sólo
encontrarían las de los soldadores, además de pensar, corroborado por el jefe
de planta, que para soldar se suelen utilizar guantes. Se encogieron de hombros
y mencionaron el procedimiento.
Mientras estábamos escuchando las
penas al jefe de planta, apareció también bastante pálido uno de los chavales
de la oficina, quien con cara de susto nos avisó para que fuéramos literalmente
cagando melodías a la comisaría donde nos esperaba el remitente de la llamada,
junto con el Juez, para que explicáramos que coño estábamos haciendo y que
habíamos averiguado hasta la fecha, ya que en Lakua estaban esperando
respuestas. El chaval se extendió en detalles, la verdad poco interesantes,
sobre la ristra de improperios que el Jauntxo había soltado sobre los dos
agentes. En un momento, y ya de bastante mala baba, Pototo le espetó que se iba
a enterar si el jefe les había llamado todo eso, y que como hubiera algo de su
propia cosecha, que volvía a por él. El tipo se quedó mudo y se dio media
vuelta y se fue. Nosotros también encaminamos nuestros pasos hacia el coche,
pero antes pasamos por nuestra taberna favorita, para dar tiempo al amigo de Ganeko
a que recopilara si alguno de los que tienen acceso a la caseta de herramientas
estaba fichado por algo.
Si hubiera conocido la ristra de
improperios y gritos que nos esperaban a la llegada a la sala de reuniones,
primero la bronca del Jauntxo y luego los aullidos de Caraqueños llamándonos
bobos de los cojones a todos, me hubiera quedado en casa, pero un cristo de
esos al menos me seguía haciendo escalar mis niveles de adrenalina. Y cuando
acabaron los gritos apareció en escena como aparecido en el momento estelar de
una película el cabezón de Detritus. Antes de que abriera la boca, el Jauntxo se
levantó y lo sacó de la sala, acompañándole a algún otro lugar para que
esperase, momento que aprovechó Pototo para escabullirse en busca de conocer si
allí trabajaba algún fichado y Caraqueño empezó a partirse de risa, guiñándonos
los ojos a mi y a Gómez, preguntando si nos había gustado su actuación.
El Jauntxo volvió con más cara de
malaostia con la que se había ido. Al echar de menos a Ganeko empezó de nuevo a
chillar preguntando a voces que “ donde se había metido el anormal aquel”.
Justo en aquél momento entró el aludido con unos papeles en la mano y una
sonrisilla en la boca que acabé comprendiendo que era de triunfó. Levantó la
palma de la mano hacia su jefe en un gesto que quiso significar un poco de
silencio y nos explicó con voz suave y lenta que había dos elementos fichados
entre los que tenían acceso a la caseta con los disolventes. Que efectivamente,
el informe de la UPV era concluyente y que había restos del disolvente
comercial que se utilizaba en la fábrica. Que uno de los fichados, el jefe de
planta había sido arrestado un par de veces en redadas de casas de putas (pena
no haberlo sabido antes, así hubiera sido algo más amable), pero que no era el
fichado interesante, y nos pasó una hoja a cada uno.
Reconocí la foto, era el carretillero
que había descubierto el incendio. Estaba fichado por haber quemado una fábrica
de muebles en Cáceres. Al parecer tenía un desorden mental que le hacía querer
ser protagonista y no se le había ocurrido nada mejor que ser el que descubre
los incendios. Esa chaladura tenía un nombre técnico, pero tan pronto como lo
leí, se me olvidó.
Una sonora blasfemia y un puñetazo en
la mesa me hizo mirar de nuevo al Jauntxo quién poniéndose su visera le soltó a
Pototo que le acompañara, que iban a detener al hijo puta ese. Antes de que
abandonaran la comisaria le oímos como le gritaba al Detritus que menos
gastarse el dinero en abogados y más en castings para la selección de personal.
Yo me encontraba divertido, con los pies puestos en la mesa de reuniones y los
brazos extendidos, rematadas por los signos de la victoria en ambas manos,
mientras Gómez se estaba descojonando y Caraqueño llamando a Ramiro para que
trajera un poco de guait label para celebrar el fin del caso del cerillero
carretillero. El despiporre siguió un buen rato, ya que Detritus llamó a su
jefe, suponemos que Hormaondo, rogándole encarecidamente que despidiera a
Smithers (así es como llamaban al jefe de personal) ya que el gilipollas de él
había contratado a un pirómano. No se le ocurrió al chino enano otra cosa que
llamar desde el pasillo, justo al lado de nuestra puerta entreabierta, con lo
que le escuchamos todo, todito, todo. Ya calmadas las risas, apareció Ramiro
con el guait label y unos hielitos con lo que pudimos brindar por el éxito de la detención. Le mandé
un guasap a Pototo para que le diera recuerdos de la madam al Jefe de Planta,
pero me mandó a tomar por culo. Al de un rato, me guasapeó para decirnos que el
carretillero ante los primeros gritos del Jauntxo, había cantado como un
canario. Volvimos a llenar los vasos mientras Juan me soltaba “ya sabía que tú,
querido Peloto, ibas a utilizar muy bien a nuestras queridas y pequeñas amigas,
las células grises” mientras se apoyaba el dedo índice de su mano derecha en la
sien.
EPÍLOGO
Mis pasos resonaban de madrugada por
la avenida de los Chopos, mientras bastante más sereno de lo normal para mí, me
detuve frente al Egoki, que ya había cerrado. Justo encima, había una
terracilla de un piso, que era el que había alquilado la Uruguaya para montar nuestra
oficina. Era un piso pequeño, con dos habitaciones, la grande mi despacho, un
baño y una cocina americana. Al parecer, lo que se había hecho era dividir el
piso, ya que el armario que había, era más un pasillo, pero, en fin, el
alquiler era muy razonable, y al final con lo que me iban a pagar por el
informe del incendio, nos daba para pagar seis meses de alquiler, amueblarlo y
comprar algunos aparatillos informáticos. Me gustó, sobre todo por la
proximidad a una de mis tascas favoritas, y, bueno, también porque estaba cerca
de casa. Como me lo enseñó por la tarde, e incluso firmamos el contrato justo
después, le invité también a la cena en el Itxas Bide con Matute y el Juez, lo
que no dejó de ser un craso error, ya que a mí, el paganini, no me hicieron ni
puto caso, sólo tuvieron ojos para la rubia (lo que también es normal). Así que
con la excusa de que el Sábado salía por primera vez al campo (en el primer
hoyo, un par cuatro, hice el par lo que me dejó la falaz ilusión de que iba a
ser bueno a eso. Me costó más de cien hoyos volver a hacer un par. El primer
par cinco que hice, fue casi un año después de que me dieran el handicap) me
escapé, ya que no estaba dispuesto a pagarles las copas también, para que no me
dieran vela en su entierro. Y lo tenía que haber deducido desde las croquetas
de chorizo en la Terraza.
Eso , sí, la rubia acababa de ser nombrada relaciones públicas
con la autoridad, aunque eso no lo iba a saber hasta la mañana del lunes. Me
quedé mirando con ilusión la oficina, y meditando sobre cual sería el primer
mueble a meter (me lo solucionó la princejefa al día siguiente, comprándome una
estantería en Ikea y llenándola con mis más de trescientas novelas de
detectives, por si me hacía falta documentación, me dijo con cierta sorna
aunque en el fondo lo que quería era más espacio en el trastero). Al final,
mira tu por donde, a lo chorra, chorra, me había convertido en el nuevo Sancho
Bordaberri de Getxo.
THE END
Como siempre se dice, todos los hechos
narrados son ficticios, pero en este caso, y aunque parezca mentira, lo único
no inventado ha sido el incendio. No ocurrió en Lamiako, sino fuera de la Comunidad Autónoma ,
y los hechos se sucedieron en algo más de un mes. Cualquiera de las cinco o
seis personas que lo conocimos, sabemos que fue así.
AGRADECIMIENTOS
Es muy complicado el intentar contar
algo todas las semanas, y la única razón por la que al final lo logro, unas
veces mejor, otras veces más mejor, es por los ánimos que da el tener un lector
tan fiel como RASPUTILLA quién con sus comentarios, generalmente poco atinados,
me da la moral necesaria para seguir. De verdad, que si no hay comentarios,
esto se hace muy cuesta arriba. Lo malo, es que acabo de dar la clave para
dejar de dar la chapa.
También le estoy agradecido a GUASAPETE, aunque algo menos,
ya que no nos está últimamente inundando con sus comentarios. ¿Habrá que volver
a meter en escena al pérfido JVB, el matachuchos? Puede ser la respuesta. Tenía
algunas esperanzas en que KAPIRATA y LABELA BRUNA hubieran participado algo más,
pero en fin, que le vamos a hacer. Lo de SALIDETE parece más de un habitual que
ha cambiado el nick para que la parienta no le pille que lo que le gusta es lo
verde (Aunque eso ya lo sabe, me consta)
La media de entradas en el blog es de
unas doscientas al mes, así que parece que me sigue alguno más. En el fondo,
esto no trata de nada más que pasar un rato, y a ser posible, entretenido. Creo
que a principios de año, comenzaré con nuevas andanzas de mi detective favorito
en sus nuevas aventuras en “LA PINQUERTON
DE GETXO ” “we never slip”
En fin, yo prefiero Boxer.
ResponderEliminarAgradecimientos por los agradecimientos.
Ultimo capitulo con una faena de aliño, me quedo con la duda del analisis de adn de los deshechos caninos.
Esperamos con ansia las nuevas aventuras de la ayudante del detective
Pensaba que era sanders
ResponderEliminarHabrá que esperar a Enero de 2013 para retomar las aventuras del Peru