domingo, 30 de septiembre de 2012

LEIOAKO ERKULES III


CAPÍTULO TRES

 

Y así fue. Desde mi casa hasta Amesti hay como unos veinte minutos andando y fue el tiempo que duró la explicación que me dio sobre el origen del nombre de la uruguaya. Resumiendo, no es más que a la novia de Iturray la pusieron de mote “ la argentina” los de la cuadrilla de Santutxu, porque era de Palencia. Claro, y como ésta era la hermana pequeña decidieron llamarle la Uruguaya. Extender esta explicación de los treinta segundos que puede durar hasta veinte minutos sin aburrir al oyente, es un arte, arte del que el amigo Ajota carece, así que me metió una brasa, “que pa que”, y todo para preguntarme si necesitaba una ayudante, ya que la niña era bastante espabilada y me podría venir muy bien para mi nuevo negocio. Uno, que ya está bandeado en estas vicisitudes, le contesté con vaguedades y le pedí que me mandara un SMS con el teléfono de la susodicha “¿pero no tienes guasap, tío?, mira que eres antiguo, si hasta el chepas lo tiene. ¡Jodé! lo tenemos toda la cuadrilla y cuando vamos de potes, siempre lo usamos para decir donde estamos, y para quedar”. “¡No! ¡No tengo guasap! ¡Así que si quieres que hable con la hermana de tu novia, ponme un puto SMS!” “es que el guasap es gratis…””¡Adiós!”, y le colgué. Manda eggs que estos usen algo para quedar en el poteo, si llevan quince años haciendo la misma ronda, sólo cambiando de ruta las primeras semanas del año en la comunitaria protesta por la subida de precios del pote, hasta que un día se les olvida la razón de la protesta y vuelven a la rutina.

 

Ya un poco encendido llegué hasta el Barbarella donde al fondo me estaba esperando Gómez junto a otro tipo. Hechas las presentaciones de rigor y la ronda de cañas comenzaron a plantearme los motivos por los que querían hablar conmigo. No fue muy largo y aquel hombre fue directo al grano. Quedamos para el Lunes por la mañana para recoger más información en su casa. Cuando el hombre se fue, amigo de Gómez, le miré y con un gesto con la cabeza le animé a ir al bar siguiente, pero me dijo que no. Resulta que se ha puesto en la piñada unos brackets transparentes que se los tiene que quitar para comer, y que como sólo lo hace en casa, tiene el estómago vacío y el tomarse una caña más le iba a sentar mal, y patatín y pata cual. Me sonó a excusas vacuas motivadas por alguna reciente reprimenda conyugal, así que no insistí.

 

Así que me despedí efusivamente y dirigí mi perezoso culo hasta el taburete de la barra del bar más próximo donde pedí una espumeante pinta. Tras un primer largo trago me puse a pensar sobre el trabajo que me habían ofrecido y que había aceptado. Resulta que el amigo de Gómez está muy preocupado porque su hijo de 21 años, el Borjita, como le llamaban ambos dos, lleva sin aparecer más de una semana por su casa sin haber dado señales de vida. Como Gómez explicó, ellos poco pueden hacer ya que el nene es mayor de edad y todos los indicios apuntan a una marcha voluntaria, se ha llevado ropa y una bolsa, no hay ninguna sospecha ni evidencia de violencia o de delito, y la ertzaina poco más puede hacer. Por eso Gómez pensó en mí, y he de agradecérselo, pero también me he tirado bastante a la piscina, mientras hago un gesto al camareta para que me llene la pinta, afirmando que tengo colaboradores (Acabo de quedar mañana a la tarde con la uruguaya y espero que no note que la necesito) y que la informática no tiene ningún secreto (que conozca, me faltó decir) para mí. Tengo que pensar además en que honorarios le voy a pasar, y por eso me levanto y me las piro para casa, ya que si me meto otra birra voy a empezar a fantasear sobre la pasta que puedo sacar y no iba a llegar a ninguna conclusión realista.

 

Mientras voy bajando hasta casa y tras consultar mi reloj, noto algo de rabia ya que de haber sabido que Gómez no se iba a quedar, hubiera podido preparar unas hamburguesas para mis princesas. No es por jactarme, pero las hamburguesas me salen muy bien. La carne es importante, y lo más conveniente es que tu carnicero te pique la carne, pero como ya no hay tanto tiempo, puedes cogerla de la vitrina de cárnicos de cualquier supermercado. Y tampoco es mala, poner mitad de porcino y mitad de vacuno. Lo que si recomiendo es huir de la carne picada que te ofrecen en las estanterías como “carne para burguer”. Bueno, pues metes la carne en un bol, le echas la clara de un huevo (para medio kilo un poco largo), le metes un par de pellizcos gordos de pan rallado y comienzas con la mezcla. Pero, muy importante es mojarse las manos antes de comenzar a dar forma a la hamburguesa. No se que hace, pero le acaba dando un toque especial. También es fundamental cuando la carne se está friendo en el aceite, no apretarla para que conserve todos sus jugos dentro, y apretarla al final cuando repose sobre el pan, por un lado una fina rodaja de tomate, y por el otro el tranchete de rigor. Así que pensando en mis chorradas, llegué a casa, donde sólo me quedaban un par de alitas que terminé en un suspiro mientras que las princeadictas contemplaban una serie. Para no acabar yo también desesperado, me fui a la cama ya que el Sábado por la mañana es mi día, día que empecé a intuir no iba a ser de los mejores cuando me recordaron que teníamos clase de golf. Ni le di media vuelta, me incrusté bajo las sábanas fantaseando sobre el nuevo premio del gordo de la primitiva hasta que quedé profundamente.

 

El Sábado iba transcurriendo razonablemente, me trajeron el desayuno a la cama con el periódico, subimos a clase de golf sin Amapolo, di razonablemente bien una docena de bolas, aprendí a patear sin sacar las bolas fuera del green, llegamos a casa sin grandes discusiones, tomé una reconfortante ducha, y ahí se acabó todo. Cuando salía por el pasillo, recién puestita la muda suave y limpia con mi uniforme de fin de semana, vi a las tres sentadas alrededor de la mesa del comedor. Por mi mente sólo pasó una palabra “Akelarre”, y no llegó ni a un segundo el gesto de la princejefa que confirmó mis negras sensaciones. Con la palma de la mano hacia arriba y moviendo rítmicamente los cuatro dedos de la mano, símbolo universal de “ven, calzonetti”, tuve que acercarme hasta ellas, sentarme sumisamente y esperar lo que tuvieran que decirme.

 

- Para mejorar las comunicaciones entre la familia, para que te vayas modernizando un poco, te hemos cambiado tu obsoleto teléfono por uno nuevo - Me suelta sin anestesia mientras deposita encima un rectángulo negro con una pantallita que apenas me llena la palma de la mano

- Y te hemos descargado el guasap que ya verás que guay es

- Ya, que a Floren le parecías muy antiguo con tu armatoste jurásico

- ¿Mí móvil?  - Acerté a balbucear

- Lo hemos tirado

 

No seguí escuchando. Giré el teléfono para verle el reverso oscuro y no vi por ningún lado la pera mordida ¡Encima no es un putofón! ¡es una mariconada de teléfono de imitación!

- ¿Pero qué piporrada me has traído?

Una mirada salvaje me atravesó entero

- Tú encima, quéjate

- ¿Para que te has gastado tela en esto?

- Ha sido gratis por los puntos de las nenas

- ¡Pues que se lo queden ellas y consígueme otro que sólo sea de marcar!

- ¡Cállate ya!¡Ese es tu móvil a partir de ahora!

 

Y aquí podía haber acabado todo, sino fuera porque cuando me di la vuelta con gesto derrotado sonó como un disparo el chasquido seco de un látigo. No entendía nada, pero allí estaban sentadas las dos canajas muertas de risa, mientras su madre las miraba con gesto cómplice y divertido. Entonces Cuelgatú levantó su teléfono por encima de la cabeza y con un gesto rápido simuló el manejo de un látigo. Otro chasquido rasgó el silencio de la habitación, y ya no pudieron más las tres y estallaron en sonoras carcajadas.

 

Luego me enteré que aquella era una aplicación que le había bajado Amapolo, pero si alguna vez me he sentido hundido y humillado, fue aquella, Salí de casa sin energía para dar un portazo y dirigí mis pasos por el bidegorri que lleva hasta Sopelana. Estuve arrastrando los pies durante algo más de una hora con la mente en gris, sin poder pensar en nada, hasta que divisé el bunker que corona la división entre las playas de Aizkorri y la salvaje. Llegué hasta allí y temerariamente me asomé al acantilado. 110 metros de caída libre hasta las rocas y todo habría acabado. Los lagrimales me apretaban y dolían pero ni una sola lágrima salió de ellos. Estaba ahí, al borde del precipicio cuando me di cuenta que a ver si a lo chorra se me iba la olla y me caía. Estaba dando un paso para atrás cuando sonó el timbre de un teléfono. A la tercera timbrada se me ocurrió que quizás fuera el mío, así que lo saqué del bolsillo. ¡Era el mío!. En la pantalla aparecían dos auriculares de teléfono, uno rojo y uno verde. Llegué rápidamente a comprender que el auricular verde era el de contestar, así que lo apreté, pero sin éxito, el teléfono solo dejó de sonar cuando colgaron desde el otro lado. No entendía nada, toqué el símbolo verde apretando tanto, que un poco más y atravieso el pipofon. Menos mal que tras hurgar un rato en él, logré encontrar como se hacía la rellamada, pero esa la tenía que pagar yo. Menos mal que mi compañía es Brujafón y las cuentas las paga la otra.

 

Más sorpresivo fue lo que me encontré al otro lado de la línea. ¡Era mi vieja amiga Yeni! Atropelladamente y llena de entusiasmo, vino a darme las gracias ya que se había puesto en contacto con ellas una compañía de seguros y les habían ofrecido un perrito que iba a hacer compañía a la señora y a truska. Que la señora, en agradecimiento, le iba a poner al perrillo el nombre de Peru, y que además me había recomendado a todas sus amigas. Me intrigó lo del seguro, pero la Yeni me explicó que como yo había averiguado, era que el señor sólo quería cazar ratas (o perros canijos, pensé) y por error se lo almorzó el Trusky, por lo que se hizo cargo su compañía de seguros. ¡En fin! Al pérfido jotauve le había salido a cuenta apiolar al perrete. Le manifesté mi más efusivo agradecimiento, le sugerí que no era buena idea poner un nombre cristiano a un animalillo y le recomendé que le pusieran Trusk Dos, que en mayúscula podía escribirse TRUSKII. Así que me despedí y puse aquel rectángulo negro frente a mi cara. Apagarlo fue más fácil. Bastó con pulsar un cuadradito rojo que contenía en blanco el símbolo de un teléfono- ¿Qué orgulloso estoy de mí! ¡Ya se rellamar y colgar! Pero como no aprenda a coger las llamadas, voy a recibir un toque de atención del director de Brujabank.

 

Pues nada, así que seguí por el paseo de Punta Galea, ya con la mente sólo en blanco, sin prisa, sin rumbo, hasta que me acordé que había quedado con la uruguaya en la Terraza, en Ereaga. El pensamiento de sus deliciosas croquetas de chorizo hizo revivir de nuevo el gusto por la vida, y me animó, a tomar la ruta por Usategui. Como no nos conocíamos, me dijo que iría con un portátil para explicarme sus habilidades con la informática y también que llevaría unas gafas clásicas de pasta negra, me esperaría en la barra. Calculadamente aparecí por la puerta de la Terraza unos diez minutos tarde y allí estaba de espaldas a la puerta ella. Era la única con un ordenador en la barra. Tenía un tipo bastante decente y era de una estatura normal, uno setenta y cinco más o menos y el pelo, no muy largo, rubio. Pero cuando se giró y le pude ver la cara casi me caigo de culo. ¡Era un ángel! El azul de sus ojos era, no tengo palabras para describirlo ¡incluso hasta las gafas de pasta negra gruesa resaltaban su color! Le quedaba un delicioso aura de ingenuidad.

Me presenté y noté como se turbó su mirada. Como en ese momento estaba con la autoestima alta sospeché que era mi impecable presencia y arrogante belleza la que le causaba esa leve turbación y nerviosismo, no se me ocurrió que para ella era una entrevista de trabajo y que la afrontaba con los nervios propios de esa situación. Nos sentamos en una de las mesas del exterior, procurando coger la más apartada del resto de parroquianos, donde la dejé hablar.

 

Tras dejarla hablar durante más de media hora, descubrí que además de estar más buena que el pan, era una pequeña hacker lo cual me iba a venir de perlas para mi nuevo encargo. En algún momento se me fue la olla y dejé de escucharla al pensar de donde habrá sacado el atontado de Iturray una cuñada tan maciza, aunque enseguida caí en la cuenta que le doblaba la edad, añadiendo que parecía mucho más joven de lo que era, lo que disipó cualquier otra idea a parte de lo laboral. Le expliqué cual era la situación real de Hurtado Investigaciones, en estos momentos optimistas, pero que estábamos empezando, y que lo más que le podría ofrecer es un porcentaje sobre los ingresos de los casos que lleváramos, que si seguía como hasta ahora, en un mes podríamos alquilar una oficina, pero que por el momento nuestro despacho estaría en un banco de cualquier parque un día soleado y en los soportales de cualquier iglesia de pueblo en los días lluviosos. Creo que ante la perspectiva de comenzar el lunes con un caso de desaparición, y probablemente de que no tenía nada mejor que hacer, aceptó comenzar, pero a prueba, me dijo ella.

 

Ya era media tarde, así que decidí volver a casa. Estaba sólo así que comencé a repasar los casos pendientes. Sobre la desaparición de Canelo, rehice la lista de clínicas veterinarias de Getxo y sus pueblos cinturón, identificando cual sería la primera que visitaría, de cerca a más lejos de donde fue visto por última vez el perrito multirrazas. También me hice una lista con las perreras municipales de Bizkaia, segundo paso a dar, tras los que poco más se me ocurrían, salvo preguntar a los de la recogida de basura de la zona si habían cogido el cuerpo de un perrillo el día de la desaparición. Si no diera resultado, sólo nos cabría distribuir carteles por la zona que frecuentase la familia de Gervasio.

 

Entraron en ese momento la pricemami y la princepeque, y logré que la pequeña me explicara como se cogía una llamada. Le pedí que me pusiera un tono para las llamadas y me pilló el pipofón, la oí conversar con su madre, reírse a las dos, y al de un ratito vino y me dijo “te he elegido una melodía acorde con tu nuevo trabajo”. Pensé que podía tratarse del tono de la pantera rosa, por lo del inspector cluso, pero seguí a mis cosas. El Lunes, haciendo un inciso entre las clínicas, me podía pasar por el juzgado para saber si Ramiro había comenzado a recopilar papeles, teniendo que estar a la espera de que los soldadores del chatarrero comenzaran con sus trabajos. Y por la tarde ir a casa del amigo de Gómez a charlar con los padres y revisar el cuarto del chaval. Ahí me tendría que acompañar la Uru. Ahora que caigo, no le pregunté su nombre, pero creo que me va a dar igual, estuve viviendo cuatro años con un tipo que llamábamos Puñete y nunca me acordé de su nombre.

 

Estaba ya tan tranquilo cerrando mi agenda (de anillas, no electrónica) cuando sonó esta melodía http://www.youtube.com/watch?v=He82NBjJqf8 en mi teléfono. Al principio desconcertado por esa burda imitación de ladridos, luego el reggae siempre me ha molado y princepeque lo sabe, desclogué y era Iturray para preguntarme que tal con su cuñada. Mientras hablábamos vi de reojo a la madre y a la hija que se estaban aguantando la risa, y comprendí la elección de mi nuevo tono musical. Pero decidí que era mejor no cabrearme, meterme en la cama a leer un libro y esperar a que llegara un plácido Domingo.

4 comentarios:

  1. Ruego al autor no desvele con que se ha de mojar las manos antes de dar forma a las hamburguesas para darles el toque especial. Sobre todo porque en el pasado, es posible que hayamos comido sus manjares. Mejor vivir engañados. En cuanto al futuro, ya estamos avisados.
    El otro misterio que se ha desvelado en este capitulo es a quien debemos echar la culpa de que, repentinamente, el Gallardo Pizarrin haya cobrado una inusitada actividad, en nada proporcional al incremento de participantes.
    En cuanto a proximos capitulos, veo con agrado como el autor nos prepara para las futuras aventuras sexuales del intrepido investigador. Seguro que resultan hilarantes

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  2. Rasputilla, mira que eres guarrete. Antes de meterme en la cocina siempre me lavo las manos con agua y jabón, ¡Ah!, y si hubieras probado una de mis hamburguesas te acordarías hasta de la fecha.
    Estoy de acuerdo contigo, que la última incorporación, el caoboi de las jailands, se ha tomado con suma y abundante emoción lo del guasap, pero si te soy sincero, no se que tiene que ver con las aventuras de Peru.
    En cuanto a lo del sexo, bueno, si te hace ilusión pensarlo.

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  3. Es una triquiñuela barata de la mercadotecnia hacer referencia a aventuras pasadas del protagonista ['pérfido jotauve']....y creo que al pipofón que le han regalado a Peru, le iría mejor una melodía que le recordara su juventud transgresora....(Niko Etxart y los Xiberotarrak: Euskal Rock & Roll)





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    1. Guasapete, Guasapete. Aunque tú seas un fiel seguidor de las aventuras de Peru, hay algún lector (voy a ser sincero y no poner en plural ) que no conoce que estamos en la continuación de las aventuras de Peru, y sí, es un recurso facilón de marketing, pero yo soy de letras.
      Teneis en general la manía de confundir al bueno de Peru con el cabroncete que escribe sus historias, pero la única coincidencia entre ambos es que viven en Aiboa. No hay más.

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