¡Hola!, me llamo
Ajota Iturray y como se puede deducir del correo electrónico que acabo de
recibir, pertenezco a una organización que presta servicios a compañías aseguradoras,
sobre todo en lo relativo a la resolución de siniestros, pero no es la
verdadera razón de comenzar con estas líneas el lanzar una perorata sobre el
servicio social de los seguros, ni lo buenos que somos a la hora de pagar a los
siniestrados, ni la de veces que nos intentan colar trolas inverosímiles para
cobrar más de lo que se debe. Sólo que tampoco se me ha ocurrido otra forma de
comenzar a contarles la razón de que me haya decidido a explicarles las razones
por las que he comenzado a escribir.
Tengo varios
amigos que ya me han insistido un gran número de veces que debo de aprovechar
mi proverbial talento con la escritura y por ello he tomado la firme decisión y
¡Voy a escribir una novela!. Es verdad que tengo cierta gracia y soltura cuando
cojo la pluma, vale la tecla del ordenador, que los tiempos han cambiado, y
suelto un torrente de palabras que pueden ser vacuas, inteligentes, enigmáticas
o simplemente abundantes. Puedo coger una idea y retorcerla de tal forma, darle
tal cantidad de vueltas, alargarla o resumirla, ser irónico, sarcástico, tierno
conmovedor u hortera (esto me va más), así que me lanzo a la piscina de la
creación literaria donde he de demostrar que soy capaz de contar algo.
Bien es cierto,
que todo lo anteriormente dicho, se reduce, momentaneamente, a relatos de no
más de tres hojas, pero no tiene que ser muy complicado el hilvanar uno entero cuando
se tenga un argumento claro y una historia sólida para dar vida a una novela.
Esa será la primera elección que he de afrontar y para ello contaré con la
valiosa ayuda de mi mejor colega, Ulises Simón García Gatica, más conocido por
todos como el Gati, o Gati a secas.
Con este hombre
tengo relación desde que eramos unos imberbes y entramos en tercero de
educación básica, la general, en el colegio de los escolapios, donde nos
apuntamos al equipo de mini basket, deporte que no dejamos, bueno no lo hemos
dejado del todo, hasta que salimos del colegio, en lo que a jugar con licencia
federativa se refiere. Hemos seguido jugando, más en plan de diversión, y sólo
en canchas de mini, puesto que el arito que está a tres metros y cinco
centímetros según creo especifica el reglamento, cuando vas creciendo en edad,
te vas alejando de él. Somos los creadores de la famosa liga de menos de metro ochenta,
y habitualmente los fines de semana nos retamos con conocidos de otras zonas de
Bilbao como Santuchu, Iturribide, Deusto, Sarriko y con los pijas de Indauchu.
En realidad no es
una liga como tal, sino que Uli y yo, tras los partidos apuntamos los
resultados, sin que ésto lo sepan los contrarios, anotamos nuestras
estadísticas y vamos elaborando una clasificación. Esta claro, que la
consideramos liga de menos de metro ochenta, porque sólo contamos aquellos
partidos en los que los rivales también andan todos por debajo de esa estatura,
lo que viene a ser la mitad de los partidos. En los otros sólo nos jugamos el
honor y unas birras, pero no entran a formar parte de esta estadística. Este
año, nos estamos disputando la primera plaza con los estiradillos de jesuitas,
pero de esto ya diremos algo más adelante.
Gati, y como ya
se puede uno imaginar, mide sólo un metros setenta y cinco, es rubio de pelo
lacio, de piel blanca cuasi albina, ojos saltones y azules, pelusilla en vez de
barba, y con la barbilla un poco metida para dentro. No está mal proporcionado
pero a sus treinta y cinco años ya está atacado por el virus de la barriguita
cervecera, epidemia que afecta a los varones cuando superan la treintena. Está
casado, y no lo digo como si fuera una desventaja, con Bea, morenaza
impresionante, belleza casi militar, una mujer de bandera y de armas tomar.
Cuando se cabrea, que gracias a Dios no es muy a menudo, o cuando quiere
mandar, que es casi siempre su “Ulises Simón” hace que el susodicho se cuadre y
el resto de sus contertulios choquen tacones al unísono como un solo hombre. Si
cuando Bea tenía dieciocho años hubieran admitido hembras en el ejército, no
dudo que ahora hubiera ascendido a Coronela. Ha sido una gran pérdida para el
ejército.
Con estos antecedentes
y tan larga amistad forjada en las canchas, bueno, en los banquillos de las
canchas, estoy convencido que mi amigo será de gran ayuda para dar el primer
paso en la elaboración de una novela, que es elegir un tema. Lo digo, porque es
la única persona que ha tenido alguna relación con el mundo editorial, ya que
estuvo algunos años como contable de una firma cuyo producto estrella eran las
biblias para exportar a Sudamérica.
Conocer los
entresijos del mundo editorial será muy útil para poder colocar la mercancía,
pero siempre al mejor postor. No me dejaré llevar por sentimentalismos ni
zarandajas del estilo. Siempre he estado tentado de que mi primer legajo sea
leído por algún escritor profesional, pero ya es algo que no me apetece puesto
que además de que se lo pedirán mucho, debido a mi talento emergente, intentarán
desanimarme llenando mis escritos de las más absurdas, patéticas y necias críticas,
empozoñadas por la envidia, ya que la aparición de un carne fresca como yo en
el panorama literario nacional, será competencia nueva para ellos, y creo que
la competencia, sobre todo cuando es inteligente y arrolladora, no gusta en el
mundo editorial, bueno, en ningún lado.
Además a Ulises
ya lo he nombrado mi agente literario, la persona que estará al frente de todos
mis asuntos, sean mundanos o espirituales. Puede que sea un poco pronto para
insinuarle que vaya dejando su actualmente bien remunerado trabajo.¡Qué
pienso!. Bea me mata y luego me hace trocitos para tirarlos al estanque de los
patos del parque. No sería mal comienzo para una novela del género negro. Sería
original. También podia ser que los patos al comer carne humana se
contaminaran, les diese el prión loco y salieran a la noche a atacar a
picotazos a las parejitas que retozan en la hierba de parque. Ésta sería más del
estilo del King. Tendré que pensarlo en un futuro, pero mi primer tema debe de
ser algo más serio que pueda mostrar al mundo de una forma natural y espontánea
hasta donde puede llegar mi ingeniosa narrativa.
Entiendo que como
en los seguros, la remuneración de mi agente será en base a un porcentaje sobre
las ventas, y claro, a los inicios, mi primera novela tardará un tiempo en
proporcionar una renta, ya se sabe que las editoriales no invierten mucho en marketing
y menos en los noveles, y el boca a boca tiene eso, que es muy lento. El primer
año, como mucho podré andar entre los diez mil y veinte mil ejemplares, así que
le aconsejaré que siga con su actual trabajo hasta que el futuro marque nuestro
camino. Es que como le deje que actúe en función de lo que le va a gustar mi
primera novela, abandona el trabajo al día siguiente y eso no es de persona
responsable que lleva los asuntos de otras. Hay que sumar que Bea le y me mata.
Gati será una
buena compañía para los numerosos cóckteles literarios y campañas promocionales
que tendré que atender. Recoreremos las principales ciudades españolas, y el se
irá encargando de gestionar todos los viajes, los billetes de avión, en primera
por supuesto, y cuando no haya aeropuerto hará de chófer. Tendré que
convercerle para que aprenda idiomas (sólo chapurrea algo el inglés), para que
esté preparado cuando se produzca el salto a la internacionalidad, y pasemos de
los pueblos y ciudades, a países y continentes, entre aplausos y aclamaciones de
entusiasmo en todos los idiomas conocidos.
Será complicado
para una estrella literaria como la que llegaré a ser el poder atender la
multitud de compromisos que conlleva, aunque obtendré algunas ventajas. Si
llego a ser la mitad de famoso de lo que espero, estaré en disposición de poder
elegir los canapes que pongan en las presentaciones y en mis charlas. A mí, lo
que realmente me gusta son los tacos de queso manchego y de jamón, que no
necesariamente tiene que ser ibérico, con recebo me puedo conformar. Vino,
rioja y mínimo crianza, ¡hasta ahí podríamos llegar!.Los cóckteles en sentido
estricto y los canapés de diseño, esos que entran por los ojos pero luego son
insípidos, no van demasiado con mi forma de ser. Bueno, algunos pinchetes de
diseño como unos langostinos rebozados de crujiente y con semillitas tipo
sésamo ensartados en un palo, si me gustan.
Podemos añadir al
jamón y al queso, siempre en taquito, los langostinos que son muy socorridos y
dan clase al evento, pero así queda escasa la variedad. Al Ulises Simón le
privan las cebolletas en vinagre y en general todo tipo de encurtidos. Hay que
tener un detalle con el agente, pero las cebolletas como que no pegan y tienen
poca clase en un acontecimiento intelectual. La concesión podría estar en traer
unas gilditas (anchoa, pepinillo, guindilla y a veces aceituna, todo ensartado
en un palillo) de la Taberna Ona, que esta debajo de mi casa y hace las mejores
gildas que he probado en toda mi vida. Si las presentaciones son lejos de
Bilbao, podríamos llevarlas por mensajero, o montar un tele-gilda, como negocio
alternativo.
Croquetas y
rabas. Tampoco estaría mal el añadir en el catering unas croquetitas de jamón,
bacalao o de huevo, pero de tamaño de canica gorda, para poder metértelas en la
boca de dos en dos, y comer literariamente, es decir a dos carrillos. Yo, que
vivo en piso de solteros, soy aficionado a comprame ese tipo de croquetas
congeladas para comerlas de dos en dos. Las rabas, mejor alargadas que
redondas, y eso sí, rebozado de cocina, nada de congelados. Si al vinito le
añadimos un poco de champán y cuando pase de las diez de la noche, combinaditos
ligeros, poco más hace falta. Antes de comer, cambiar el champán por fino. ¡
Serán los cóckteles perfectos!. Tacos de jamón y queso, un poquito de lomo,
langostinos, gildas, croquetas y rabas. De dulce pastelillos y bolas de helados
de fruta tamaño pelota de golf en cucuruchos de barquillo. Clásico con el toque
atrevido de encurtidos. Va a ser la caña de los festejos y presentaciones
literarias, el ejemplo a copiar. No se si dejarme de ensoñaciones con la
literatura y montar una compañía de catering, para vender franquicias ¡por
supuesto!.
El problema va a
venir con las tías. Al ser una estrella mediática no me van a dejar ni
respirar. Tampoco me importa mucho, puesto que yo no tengo pareja estable, ni
inestable. No soy feo, o me consuelo pensando eso. Tengo una estatura superior
a la media, sobrepaso en medio centímetro el metro setenta, frente depejada,
como Monty, el millonario de los Simpsons, ojuelos marrones y alterno, según
temporada, la perilla o la barba, elegante y recortada por peluquero. De
estructura delgada, sesenta kilitos, lo más característico mío, que será lo que
me intentaran imitar en la televisión los cómicos de turno, es una media
sonrisa, judía dicen unos, fenicia dicen otros, donde me asoman los colmillos,
que acaban en una punta muy fina, como si estuvieran afilados. Esa sonrisilla
tiene muchas horas de ensayo frente a un espejo, intentando reflejar ese mezcla
de aire de canalla, despreocupado, único e insolente, aunque en el fondo
intentaba ser a la vez dulce e inocente, para ver si pillaba. Mi viejilla, que
ahora se pasa todo el año en Benidorm, me decía que esa sonrisa lo único que me
daba era un aire de jilipollas. A la vista de los resultados he de inclinarme
que puede hasta que tenga razón.
La realidad es
que éxito con las mujeres he tenido más bien poco. Podía auto engañarme
diciendo que había hecho mis pinitos, pero lo cierto es que no he pasado de
hierbas, y más bien, briznas pequeñitas. Siempre he sido un gran tímido desde
joven y me ha costado mucho relacionarme con el sexo contrario. Lo más cerca
que estuve de tener una novia o pareja fue con Sandra. Una chavalita morena, de
ojos almendrados y bien proprocionada con la que estuve saliendo, bueno
quedando durante más o menos un mes. Un fin de semana, nos invitaron a una
fiesta en un club que está en los alrededores de Bilbao. Pensé que aquella
podía ser mi oportunidad y cuando entramos en el autobús que nos llevaba al
club le di la mano, y ella me la cogió, y yo no se la solté, y ella tampoco.
Más que en autobús yo iba flotando en una nube. Luego, pensé que si le pasaba
un cubatilla, podría ser más fácil. Allí estaba yo trasteando cuando ella me
miró con una media sonrisa y me dijo que se iba al baño. Estuve esperando
cinco, diez, quince minutos, media hora hasta que me levanté de mi sitio y
abandoné la fiesta. Iba caminando cuesta abajo hasta la parada del autobús de
Bilbao, las manos en los bolsillos, la cabeza gacha, la imagen viva de la
desolación. Mi autoestima en aquellos momentos estaba en sus niveles más bajos,
pero no llegaron a tocar fondo hasta que me enteré de lo que en realidad había
pasado. La pobre Sandra tuvo un cólico bestial y se quedó dentro del baño,
destrozada, hasta que otra tía que entró a empolvarse la nariz se dio cuenta de
lo que la pasaba y la sacaron de allí. Como es lógico Sandra nunca más quiso
saber nada de mí.
Alguna
aventurilla tuve, pero nunca fue nada serio, por eso espero con ansiedad la
segunda oportunidad que me va a dar la narrativa. Me acuerdo también mucho de
Rosita, una rubia de ojos grises, no muy agraciada de cara, buen tipo y una
fiera desbocada. Con ella, tuve el plan perfecto. Los Viernes y los Sábados
salía con los amigotes de cañas, quedando sólo los Domingos a la tarde con
ella. Al final, como era ella la que me buscó, pues ese plan valía y todas esas
tardes de Domingo las pasábamos buscando las esquinas más oscuras y discretas
de los pubs de Deusto. Al final, y como siempre en mi caso, la lógica se impuso
y esta situación sólo me duró tres semanas ¿O fueron cuatro?. En el fondo da
igual ya que éramos bastante críos. Era una época que íbamos a una especie de
concesionario en la calle Concha a tomar cervezas y con el Gati y el resto de
la panada teníamos nuestro código secreto. Quedamos en que sí salíamos con
alguna chica, había que comentar con los camaradas los logros en el terreno
erótico, pero sin que ellas se dieran cuenta. Así que si te decían que iban a
merendar bocata de queso, era que había logrado besar a la nena. Ya si la
merienda era brocheta, algún roce bajo la camisa se había logrado. Y si tocabas
pelo, al preguntarte ¿qué tal? responder, “chachi, chichi”, contraseña secreta
que me cupo el honor de inventarme y que nunca llegamos a utilizarla para lo
que la habíamos creado ya que no tocamos pelo ni pagando, pero ha quedado en
los anales de la cuadrilla como la frase más ingeniosa. De vez en cuando nos
juntamos para cenar y suele ser la jocosa respuesta cuando preguntas por la
salud de los demás. Hay que decir que todo este pacto de honor entre caballeros
se malogró cuando Ulises comenzó a salir con Beatriz, a la que conocíamos como
la pandereta ya que era de cuartos traseros generosos y planos, hasta que la
inversión en el gimnasio se hizo notar, moldeando sus nalgas en redonditas y
respingonas. Se negó desde el primer momento a utilizar nuestro código secreto,
y ya nunca más pudimos volver a llamarla pandereta. De todas maneras, las veces
que utilizamos nuestro código secreto espicificamente para lo que estaba
diseñado, se pueden contar con los dedos de una mano, bueno, con los brazos de
un manco, ya que el éxito con el sexo contrario nunca fue una virtud ni mía, ni
de los que me rodeaban habitualmente.
Por eso tengo
esperanzas que la literatura me redima de mi escasa fortuna hasta el momento en
materia amatoria, pero habrá que llevarlo con mucha discrección, ya que mi
agente, ni debe, ni puede. Y como la pandereta se meta en medio, seguro que me
espanta lo más apetecible y sólo deja que se me acerque lo más necesitado, para
que a su Ulisescito no le entren tentaciones. ¡Buena es la Bea!. Lo que no se
ha dado cuenta, o no es consciente que con una mujer como ella, mi amigo Ulises
no va a hacer tonterías. Pero esto nunca lo sabrá por mi boca, ya que tiene la
autoestima bastante crecidita y no va a ser Ajota quién se la aumente más.
Si tengo que
tratar con mi futuro agente el asunto de los hoteles en las giras y
presentaciones diversas. No hace falta decir que serán de cinco estrellas, pero
he pensado que también nos puede venir bien el explorar en los sordos moteles y
hostales de carretera, ya que me servirán como fuente de inspiración para
llenar cuartillas ¿En blanco o cuadriculadas?. Bonito dilema. En cualquier novela
que se precie, y aunque en la misma prime un estilo de lujo, siempre hay un
lugar para que un suceso inesperado (una mala borrachera, una avería en la
carretera, un ligue inesperado, o que al protagonista no le dé el bolsillo para
más) acabe con los huesos de los personajes en un tétrico hostal de carretera,
con las paredes de los pasillos llenas de churretones de humedad, bajo la
sábana de la cama un colchón envuelto en plástico, baños con olores a fosa
séptica, camioneros borrachos cantando su manga a las tres de la mañana,
camareras extranjeras que ni papa de castellano y televisiones con canales
locales guarros. Quitando estas paradas ocasionales y que podemos llamar
culturales en hostales varios, tendré que dejar muy claro en mis contratos, que
en los hoteles en los que me aloje, en la habitación a mi asignada tendrá que
haber una botella de whisky de malta, vejez mínima doce años, con cubitos de
hielo como para un regimiento y panchitos y frutos secos de calidad
contrastada. Es una cláusula a incluir compulsivamente en todos los contratos.
Donde voy a crear
escuela en mis novelas, además del catering de las presentaciones, va a ser con
los personajes. Llevo muchos años intentando vengarme de aquél profesor de
literatura que me suspendía por sistema, de las tías que además de darme
calabazas se chotearon y me las restregaron por la cara, de algún jefe que me
ha machacado y humillado, los supuestos amigos que cuando te das la vuelta se
rien de ti, y además no te invitan a sus cumpleaños, en fin a toda esa gente
que si estuvieran hundiendose en arenas movedizas no les darías la mano, y si
pudieses harías olas para que se ahogasen antes. Mi venganza va a ser muy sútil
e inteligente, los haré aparecer en mis novelas y serán siempre los personajes
patéticos y rasposos. También haré aparecer a mis amigos, pero tengo muy claro
como diferenciarles. A los buenos amigos les pondré su nombre a uno de los
personajes, diríamos a modo de homenaje, pero sólo eso, el nombre, lo que diga
o haga el personaje, no tendrá nada que ver con ellos. A los enemigos, si no
los identifico por su nombre, no vaya a ser que envez del rey de la novela sea
el rey de la querella, haré tal descripción de ellos, que será inutil cualquier
intento de que parezca que es otro. Además el papel aguanta lo que pongas
encima, y algo, aunque sea mentira, si se repite muchas veces (o se imprime
muchas veces) acaba pareciendo verdad. Por ello los ridiculizaré hasta
hundirlos en la más absoluta de las miserias. Claro, que si son enemigos míos,
no van a comprar mis novelas. Habrá entonces que arreglar entrevistas de
promoción donde hable sin rodeo de los personajes, de tal forma que no les
quede más remedio que adquirir mi libro al saber que van a aparecer en él.
Tendré que tener cuidado, no vaya a ser que encima se hagan protagonistas de
cualquier programita rosa de la televisión.
Con todo esto,
sigo sin tener todavía claro cual va a ser el tema principal de mi novela. Creo
que será una road novel con algo de budie colegui, como en las películas. Puede
ser también negra, de un crimen, con trama oscura, a lo Agatha y que hasta el
final no se resuelva. Lo que tengo claro es que la temática debe de ser de algo
que domine, así que el sexo lo tengo descartado. De seguros tampoco va a ser,
aunque la temática la domine como para escribir tres novelones. Desde que
Woodie Allen dijo que nada podía ser peor que pasar una tarde con un vendedor
de seguros, mi nivel de autoestima bajo considerablemente, y cuando alguién me
inquiere sobre mi forma de ganarme el sustento, indico que me dedico al sector
servicios en entidades de ramas financieras. No hay nada más tétrico de cara al
exterior que conocer a una persona que trabaja en siniestros de seguros. La
decisión del tema de la novela, tendré que tomarla al alimón con mi agente.
Ahora está de moda la temática histórica, y podría pensar en algo de vikingos.
¡Joder!. Con
tantas tonterías se me ha pasado la tarde y no he contestado a Marisa. Lo haré
antes de irme a casa y me queda pendiente la elección del tema. Hoy es fin de
mes y toca cambio.
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