UNA NUEVA
Peru iba acercándose a la cafetería de la novia del juez, con el que había quedado a tomar el aperitivo, incluida la promesa de que iba a ser invitado. Ya a unos cien metros distinguía la figura de su colega y como éste se estaba soplando el flequillo. Síntoma claro de nerviosismo. También vió como se acercaba a la mesa la novia de su amigo, dueña del negocio, con dos platos, uno que parecía de mollejas y el otro de langostinos a la plancha. Peru, que no era muy tonto, intuyó que podía haber gato encerrado, ya que su amigo se estaba sirviendo de una botella de lo que parecía un buen vino. Tentado estaba de darse la vuelta, pero parece que el juez Caraqueño justo en ese momento olfateó su presencia, levantó la cara y le saludó.
- Ya no me puedo escapar, ¡¡Joder!!
Continuará..........
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