Una autocrítica serena, eso es lo que necesitamos todos de
vez en cuando. Y eso es lo que quiero hacer en relación con mi blog. Me he
presentado a unos cuantos concursos de relatos cortos (a tres), y no he
obtenido ninguno de los awards con gran pesar de mi corazón. ¿La culpa es de la
obtusa mente de los jurados? Aunque tú, habitual lector puedas pensar que algo
de ello es verdad, hay que mirar la paja en el propio ojo, antes que la viga en
el ajeno.
Por ello, mi intención es escudriñar uno a uno los relatos
que he presentado, e intentar conocer porqué en ningún caso han estado entre
los premiados.
Me remito al primero que presenté a un concurso “Yo y el
oso”, de 23 de Julio de 2012. Lo presenté a un concurso cuyo premio es la
publicación de un libro, abierto a toda la comunidad hispano parlante. Sólo se
presentaron más de 900 relatos cortos. ¿Porqué no aparecí en el cuadro de
honor?
De novato, siempre se falla en algo, y mi primer fallo,
reiterado en mi segunda presentación, fue el no corregir más de una vez el
relato. Tiene su explicación. La fecha de su publicación es Julio de 2012, un par de
semanas antes de que viajara hasta Canadá, para ir a buscar a mi niño pequeño a
un campamento estival. El mito en Canadá son los osos, así que fantaseé un poco
sobre lo que haría si me encontrara con un oso, aderezado con la leyenda de que
ya estaba allí cuando lo colgué en la red.
Siempre he sido de la opinión de que no hay que hacer
mucho caso a lo que aparezca en la web, y después de esta entrada me tuve que
reafirmar en lo mismo, cuando alguno de mi docena de lectores me preguntó que
qué me había pasado con el oso, antes de embarcarme en el vuelo a Canadá. Fue
divertido.
Pero la razón, además de la falta de corrección en la
presentación, de no haber obtenido ninguna mención honorífica (la historia es
cojonuda), fue el relacionar toda la historia con el chiste de Frank, el
cazador de osos. No es especialmente correcta desde un punto de vista político,
pelo sodomita, por lo que me desecharon desde el principio. Eso sí, fue de los
momentos más divertidos el redactarla, pensando que alguno picaría, como así
fue.
No tiene precio ir por Rekalde y que te salga un amigo de
toda la vida preguntando que pasó realmente con el oso.
La segunda historieta versaba sobre el pequeño ascensor
que tenemos en la estación de metro de Aiboa (VIVA EL KING, en homenaje a
Stephen, de diciembre de 2012). Una tarde que me quedé colgado en el mismo,
junto a un argentino con la camiseta de millonarios, esperando a que nos
vinieran a sacar, me se ocurrió la historieta. Pensé en un idiota en el
protagonista, y para que además fuera odiado por mis tres lectores, lo monté en
el ascensorillo de camino a una casa de mala nota.
El motivo era hacerlo odioso, y poco a poco lo iba
consiguiendo con sus insultos racistas y esa prepotencia del que se cree con las
espaldas cubiertas. Pero lo más divertido fue el castigo final. En un principio
lo iban a matar en la empacadora, pero me acabó saliendo algo distinto. No iba
a poner a los insultados al mismo nivel que el jilipuá del prota, demostraron
mucha más inteligencia, y el escarmiento queda más ilustrativo. Aún así era una
historieta que hablaba de casas de putas con un protagonista no muy correcto
desde un punto de vista de comportamiento.
Además elegí un concurso en que las críticas de los jueces
eran públicas (por si las quieres ver http://www.zonaereader.com/foro/viewtopic.php?f=48&t=7837),
lo cual me dio una serie de puntos de vista, que aunque no estaba siempre de
acuerdo (pocas veces), te ponen un poco en tu sitio.
Bueno, en los dos primeros me fallaba la corrección gramatical
antes de presentarlos, y los temas, que bordeaban asuntos no muy correctos
desde un punto de vista político. En el tercero, perfectamente consciente de la
falta de corrección gramatical, pulí el tema algo más. Se trataba de un
concurso de relatos cortos que había que situar en fiestas de Bilbao. Una
historia que me cuentan, y pongo como protagonistas a mis queridos personajes
de la saga de investigadores de Aiboa, arteria renovadora de la moderna Getxo.
Otra vez error, la historia vuelve a acabar en una casa de
putas (LA PINQUERTON DE AIBOA
EN FIESTAS DE BILBAO Junio 2013) lo cual supongo que al políticamente correcto
jurado no hace mucha gracia. Y por supuesto, ni nominado a los premios.
No se que hacer. Estoy encantado con mi última historieta,
el Marqués de Mons, pero un relato que empiece escatológico, siga con sexo y
acabe con una matanza con un fondo religioso, no tendrá mucho futuro, aunque
sea algo basado, remotamente, en algo histórico. Yo creo ni aunque me lo
corrija un académico.
Por ello paso a comentar de donde sale toda esta historia.
Mi cuarto apellido es Alvarez, que corresponde a mi abuela materna. La madre de
mi abuela, contaba a sus nietos la historia de un antepasado que consiguió unos
planos del enemigo, y de noche, cruzando a nado un río, llegó hasta su
campamento. Con la entrega de los planos, su ejército logró una gran victoria, por
lo que le dieron el marquesado de Montenegro.
Cuando murió la última hermana de mi abuela, sus sobrinos
que no se habían visto desde hacía tiempo, decidieron recuperar esa historia
familiar y juntarse todos con sus hijos en algún lugar (el primero fue
Valdemorillo) para recordar la tradición famialiar, y en aras del cambio de los
tiempos, elegir a uno de los descendientes como Marques de Mons. Esta tradición
sigue.
¿De donde pudo salir lo del marqués de Mons? Por parte de la rama Alvarez, el
nombre más habitual ha sido el de Fernando, y probablemente el Fernando Alvarez
más famoso haya sido el tercer duque de Alba, al mando de los tercios en la
guerra de los ochenta años, donde se dio el asedio y conquista de la ciudad
belga de Mons. Por esa época también tuvo lugar una de las encamisadas más
famosas de todos los tiempos (de noche se asaltaba el campamento enemigo
llevando una camisa blanca puesta para a la noche distinguirse del enemigo).
Al final enredas un poco y te sale una especie de
historieta entretenida, pero su origen no va más allá de lo expresado en
párrafos precedentes.
¿Sigo con los concursos? No sé que pensar. Al final para
escribir algo entretenido lo tienes que hacer porqué sí, sin intentar
encorsetarlo en nada, y luego si te gusta, adaptarlo a los concursos. Pero me
temo, que por el momento y hasta que no acabe de limpiar mi mente, las
historietas que tiene mi lápiz, no son excesivamente correctas, desde un punto
de vista político.
Yo creo que cometes el error de pensar que cada idea solo tiene una redacción. Cualquiera de las cuatro ideas que comentas (con la posible excepción de la del Oso)tiene varias redacciones con diversos finales y con enfoques diferentes. haces demasiado énfasis en la historia y menos en su redacción. El sacar diferentes redacciones de una misma historia te debe ayudar a minimizar la importancia de la trama y maximizar la de la prosa.
ResponderEliminarTe propongo que cojas la ultima que has colgado y la adaptes fijándote algunos criterios que te obliguen a modificar su redacción (numero de palabras, narración de un tercero, no mas de X palabras seguidas sin signo de puntuación, etc). De esa manera empiezas a pasar de ser un contador de historias a ser un escritor (o redactor). Probablemente mas aburrido pero puede que algo mas efectivo en los concursos.