martes, 23 de julio de 2013

AUTOCRÍTICA SERENA



Una autocrítica serena, eso es lo que necesitamos todos de vez en cuando. Y eso es lo que quiero hacer en relación con mi blog. Me he presentado a unos cuantos concursos de relatos cortos (a tres), y no he obtenido ninguno de los awards con gran pesar de mi corazón. ¿La culpa es de la obtusa mente de los jurados? Aunque tú, habitual lector puedas pensar que algo de ello es verdad, hay que mirar la paja en el propio ojo, antes que la viga en el ajeno.

Por ello, mi intención es escudriñar uno a uno los relatos que he presentado, e intentar conocer porqué en ningún caso han estado entre los premiados.

Me remito al primero que presenté a un concurso “Yo y el oso”, de 23 de Julio de 2012. Lo presenté a un concurso cuyo premio es la publicación de un libro, abierto a toda la comunidad hispano parlante. Sólo se presentaron más de 900 relatos cortos. ¿Porqué no aparecí en el cuadro de honor?

De novato, siempre se falla en algo, y mi primer fallo, reiterado en mi segunda presentación, fue el no corregir más de una vez el relato. Tiene su explicación. La fecha de su publicación es Julio de 2012, un par de semanas antes de que viajara hasta Canadá, para ir a buscar a mi niño pequeño a un campamento estival. El mito en Canadá son los osos, así que fantaseé un poco sobre lo que haría si me encontrara con un oso, aderezado con la leyenda de que ya estaba allí cuando lo colgué en la red.

Siempre he sido de la opinión de que no hay que hacer mucho caso a lo que aparezca en la web, y después de esta entrada me tuve que reafirmar en lo mismo, cuando alguno de mi docena de lectores me preguntó que qué me había pasado con el oso, antes de embarcarme en el vuelo a Canadá. Fue divertido.

Pero la razón, además de la falta de corrección en la presentación, de no haber obtenido ninguna mención honorífica (la historia es cojonuda), fue el relacionar toda la historia con el chiste de Frank, el cazador de osos. No es especialmente correcta desde un punto de vista político, pelo sodomita, por lo que me desecharon desde el principio. Eso sí, fue de los momentos más divertidos el redactarla, pensando que alguno picaría, como así fue.

No tiene precio ir por Rekalde y que te salga un amigo de toda la vida preguntando que pasó realmente con el oso.

La segunda historieta versaba sobre el pequeño ascensor que tenemos en la estación de metro de Aiboa (VIVA EL KING, en homenaje a Stephen, de diciembre de 2012). Una tarde que me quedé colgado en el mismo, junto a un argentino con la camiseta de millonarios, esperando a que nos vinieran a sacar, me se ocurrió la historieta. Pensé en un idiota en el protagonista, y para que además fuera odiado por mis tres lectores, lo monté en el ascensorillo de camino a una casa de mala nota.

El motivo era hacerlo odioso, y poco a poco lo iba consiguiendo con sus insultos racistas y esa prepotencia del que se cree con las espaldas cubiertas. Pero lo más divertido fue el castigo final. En un principio lo iban a matar en la empacadora, pero me acabó saliendo algo distinto. No iba a poner a los insultados al mismo nivel que el jilipuá del prota, demostraron mucha más inteligencia, y el escarmiento queda más ilustrativo. Aún así era una historieta que hablaba de casas de putas con un protagonista no muy correcto desde un punto de vista de comportamiento.

Además elegí un concurso en que las críticas de los jueces eran públicas (por si las quieres ver http://www.zonaereader.com/foro/viewtopic.php?f=48&t=7837), lo cual me dio una serie de puntos de vista, que aunque no estaba siempre de acuerdo (pocas veces), te ponen un poco en tu sitio.

Bueno, en los dos primeros me fallaba la corrección gramatical antes de presentarlos, y los temas, que bordeaban asuntos no muy correctos desde un punto de vista político. En el tercero, perfectamente consciente de la falta de corrección gramatical, pulí el tema algo más. Se trataba de un concurso de relatos cortos que había que situar en fiestas de Bilbao. Una historia que me cuentan, y pongo como protagonistas a mis queridos personajes de la saga de investigadores de Aiboa, arteria renovadora de la moderna Getxo. Otra vez error, la historia vuelve a acabar en una casa de putas (LA PINQUERTON DE AIBOA EN FIESTAS DE BILBAO Junio 2013) lo cual supongo que al políticamente correcto jurado no hace mucha gracia. Y por supuesto, ni nominado a los premios.

No se que hacer. Estoy encantado con mi última historieta, el Marqués de Mons, pero un relato que empiece escatológico, siga con sexo y acabe con una matanza con un fondo religioso, no tendrá mucho futuro, aunque sea algo basado, remotamente, en algo histórico. Yo creo ni aunque me lo corrija un académico.

Por ello paso a comentar de donde sale toda esta historia. Mi cuarto apellido es Alvarez, que corresponde a mi abuela materna. La madre de mi abuela, contaba a sus nietos la historia de un antepasado que consiguió unos planos del enemigo, y de noche, cruzando a nado un río, llegó hasta su campamento. Con la entrega de los planos, su ejército logró una gran victoria, por lo que le dieron el marquesado de Montenegro.

Cuando murió la última hermana de mi abuela, sus sobrinos que no se habían visto desde hacía tiempo, decidieron recuperar esa historia familiar y juntarse todos con sus hijos en algún lugar (el primero fue Valdemorillo) para recordar la tradición famialiar, y en aras del cambio de los tiempos, elegir a uno de los descendientes como Marques de Mons. Esta tradición sigue.

¿De donde pudo salir lo del marqués de Mons? Por parte de la rama Alvarez, el nombre más habitual ha sido el de Fernando, y probablemente el Fernando Alvarez más famoso haya sido el tercer duque de Alba, al mando de los tercios en la guerra de los ochenta años, donde se dio el asedio y conquista de la ciudad belga de Mons. Por esa época también tuvo lugar una de las encamisadas más famosas de todos los tiempos (de noche se asaltaba el campamento enemigo llevando una camisa blanca puesta para a la noche distinguirse del enemigo).

Al final enredas un poco y te sale una especie de historieta entretenida, pero su origen no va más allá de lo expresado en párrafos precedentes.

¿Sigo con los concursos? No sé que pensar. Al final para escribir algo entretenido lo tienes que hacer porqué sí, sin intentar encorsetarlo en nada, y luego si te gusta, adaptarlo a los concursos. Pero me temo, que por el momento y hasta que no acabe de limpiar mi mente, las historietas que tiene mi lápiz, no son excesivamente correctas, desde un punto de vista político.




1 comentario:

  1. Yo creo que cometes el error de pensar que cada idea solo tiene una redacción. Cualquiera de las cuatro ideas que comentas (con la posible excepción de la del Oso)tiene varias redacciones con diversos finales y con enfoques diferentes. haces demasiado énfasis en la historia y menos en su redacción. El sacar diferentes redacciones de una misma historia te debe ayudar a minimizar la importancia de la trama y maximizar la de la prosa.
    Te propongo que cojas la ultima que has colgado y la adaptes fijándote algunos criterios que te obliguen a modificar su redacción (numero de palabras, narración de un tercero, no mas de X palabras seguidas sin signo de puntuación, etc). De esa manera empiezas a pasar de ser un contador de historias a ser un escritor (o redactor). Probablemente mas aburrido pero puede que algo mas efectivo en los concursos.

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