miércoles, 15 de mayo de 2013

LA PINQUERTON DE GETXO EQUIS

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Más que el impacto del piano, lo que Perú sintió fue como si el mundo se abriera a sus pies y comenzara una caída en el vacío que no acababa nunca............... hasta que acabó. Abrió los ojos y sorprendido se encontró frente a la reinona que lo miraba con cara de guasa.

- Poco te interesa lo que te cuento ¡Eh!

Peru se miró sorprendido a la mano sobre la que hace algo menos de un segundo se apoyaba su cabeza, como sin saber que hacer con ella. En frente suyo, y apoyada frente en la barra, una jarra todavía helada de cerveza le esperaba, así que disimuládamente la cogió entre las dos manos con la intención de iniciar su trasiego. Pero el frío cristal que le refrescó brevemente las manos, le hizo desistir, hasta al menos un ratito más sintiendo ese frescor. 

Cogí las manos, ya ligeramente enfriadas y me las pasé por el cuello con la ligera esperzanza de que las manos lograsen bajar la temperatura de la sangre que me circulaba por la carótida. Vi la sonrisa burlona en la cara de la reinona, con su pelo rizado, ya escaso y con algunas entradas, ya abundantes, recordando aquella cara suya pecosa cuando era un niño. Al final, como siempre, una palmada fuerte en la espalda y un coro de risotadas acabaron por despertarme. Sabía quien tenía a un lado, sus carcajadas me eran muy familiares, pero no reconocí al de mi derecha al que tuve que mirar. Era más alto que yo, y mucho más feo. Su risa también era peculiar, y estaba seguro que a partir de esta tarde siempre la identificaría con el txaraiña Ganeko.

 Así, el camino de la tarde estaba empezando a quedar medio predestinado. El final era conocido, probablemente a las once terminaría todo tras los dos o tres copazos de rigor. Pero yo no podía seguir ese ritmo, así que intenté sonsacarles algo de información. Empecé preguntando por Gómez e intenté seguir por si sabían alguna novedad sobre mi caso. ¡Joder!¡Qué cabrones! Se pusieron a jugar al gallego, y cada insinuación mía era contestada por una pregunta, lo que acababa de hacerles más gracia. Les seguí el juego, más o menos durante una hora y un par de litros de cerveza. Viendo la perspectiva de otra trompa y que estaba advertido con tarjeta amarilla en casa, me puse a cavilar, bien es cierto que entre vapores de cebada fermentada, como podía escaparme de ellos.

Justo cuando salimos del bar de la reinona, sonó mi móvil. Era Elena y quería conocer de primera mano como iba la investigación. Tapé el auricular del pipofón con la mano, y les pregunté para donde iban. Les dije que tendría que estar un rato ocupado, pero que luego les intentaba pillar. Me disculpé por la interrupción y solté unas vaguedades mientras veía como se iban en la dirección de la tasca que me habían dado.

He de reconocer que como guía cultural de Getxo, soy un verdadero desastre. De hecho no conozco ni una sala de exposiciones, ni siquiera donde está la biblioteca municipal. Casi, casi, ni la ubicación de los antiguos cines, que creo ahora están destinados a equipamientos culturales. Eso sí, soy capaz de recitar de memoria todas las tascas, baretos, pubs y antrillos desde el puente colgante hasta punta galea, recordar la última vez que honré cada uno de ellos con mi presencia, y si te descuidas, hasta lo que tomé. Bueno, quizás exagere un poco y haya salido mi vena bilbaína, pero más del 50% de los locales hosteleros de la zona, fijo. Así que no fue nada difícil citarme con la señora en un coqueto tascucio con ínfulas de salón de té, donde sirven unos copazos expléndidos. Aunque con la carga que llevaba encima, al sentarme en la mesa a esperar a mi patrona, pedí un café con leche de desayuno y un trozo de la tarta de manzana casera que hacen allí.

Al de un rato entró el abogado quien tras pedir un cortado me indicó que le acababa de citar allí mismo nuestra común cliente para que le informara también de como le habían ido los temas en el Juzgado.

Nos hizo esperar un cuarto de hora, pero se disculpó indicando que le había llamado su marido desde la cárcel de Basauri pidiéndole algunos objetos de aseo personal, y se había encargado de que se los llevaran a casa.

Empezó el abogado, con un alegato que distaba sobre todo de ser optimista. La jueza no estaba muy dispuesta a investigar mucho más a fondo, ya que todos los indicios apuntaban en una única dirección, habiéndo además insinuado que sería benévola en su condena si se aceptaba la culpabilidad, bajando en uno o dos grados la imputación del delito. Por ello, no había conseguido tampoco que intentaran meter prisa con los análisis pendientes del laboratorio, sobre las pequeñas esquirlas metálicas del cuero cabelludo del fiambre.

Elena se interesó sobre donde se estaban realizando las pruebas, que no era en otro sitio que en el gran centro tecnológico vasco, fruto de una ordenada fusión de los múltiples laboratorios públicos que otrora pulularan por la geografía vasca. Elena se lo apuntó y dijo conocer a su orondo presidente, así que le pegaría un toquecillo para que acelerara esta investigación. "Soy muy amiga de su hermana" sentenció Elena con esa seguridad que sólo se tiene cuando sabes que tus deseos van a ser atendidos.

Seguí yo, con la única novedad sobre la pista de las bolas de golf, inquiriendo al abogado si sería posible el solicitar una orden judicial a la jueza. El abogado me preguntó si no tenía otra manera de averiguarlo, a lo que asentí, entendiendo con eso, que la próxima vía en el centro comercial deportivo iba a ser rubia y escotada.

Elena suspiró, nos dio las gracias, nos preguntó si debía de aportar más fondos para nuestros gastos y nos dijo que mañana se iba a la visita semanal a la cárcel, así que la disculpáramos mientras se levantaba con gesto cansado.

El abogado y yo nos quedamos para terminar con nuestras bebidas calientes, ya que no habíamos estado más de cinco minutos con la señora. Intentamos pagar los dos, pero se nos había adelantado Elena, y ya en la puerta nos despedimos. Pocas ganas me quedaban de seguir de trasiego con Caraqueño y Ganeko, así que arrastrando lentamente mis pies, los dirigí hacia Aiboa, moderno barrio y motor del Getxo del futuro.
      



 
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