lunes, 7 de enero de 2013

FREDI, DEL GUECHO III


FREDI, del GETXO III

 
Un hombre de pelo negro y patillas plateadas se paseaba por la orilla del Gobela, iluminado sólo por la luz de la luna. Iba con una chaqueta gris y camisa blanca, desabrochado sólo el último botón de la camisa, como si acabara de llegar de la oficina, recién quitada la corbata. Sigue dando pasos cortos, mirando de reojo a un lado y a otro, pero no se da cuenta de que una siniestra figura se le está acercando por detrás. La siniestra figura alcanza los dos metros de alto, vestido con un chándal de algodón y con la capucha puesta. Sus rasgos faciales no se aciertan a verlos pero lo poco que se adivina, resultan dolorosamente anti estéticos. El hombre de pelo negro no ha caído en la cuenta que lo tiene a un metro por su espalda. Saca una de sus manos de sus bolsillos y la pone en la hombrera de la chaqueta. Gómez pega un respingo y se da la vuelta. Con la sonrisa de oreja a oreja, Ganekogorta le dice “te toca”.  Gómez mira al suelo y ladea la cabeza como si estuviera negando mientras por dentro piensa en mandar a tomar por saco a su compañero, pero como eso sabe que le hará todavía más gracia, decide contestar con un escueto “vale” y se encamina hacia uno de los edificios que bordea el Gobelas a su paso por Aiboa. Según se ha distanciado unos metros a Ganeko le suena el busca en el cinturón. Con gesto contrariado lo coge y lo mira. Segundos después suena el de Gómez “Nos tenemos que ir a Berango, al lado de la pollería”, le suelta Ganeko. Gómez sigue unos pasos y chista. El cabezón de un viejo conocido se asoma a una de las ventanas y reconocemos el rostro del detective más famoso de Aiboa. - Nos tenemos que ir – le dice Gómez. Un gesto levantando la cabeza y las cejas a la vez intentan preguntar la razón. - Mejor te lo comenta mañana en la alubiada del Toki tu amigo el juez Caraqueño.

En los periódicos de la mañana venía en primera plana la noticia de que había aparecido un cadáver en el Gobelas, por la noche, más o menos a la hora en que se esfumaron las dos ges, eso sí, Pototo al menos tomó un ligero tentempié. También venían a relacionar esa muerte con la aparición de otros dos cadáveres en las dos semanas anteriores. Como era lógico,  a la hora de las alubias no se presentó ninguno de los habituales, dejándole por primera vez en varios meses sólo con la cuchara a Peru, que a pesar de todo tampoco es que les echara mucho de menos, ya que dio buena cuenta de las alubias en tres rebosantes y humeantes platos. Tras el consiguiente pacharán(es) y como no había partida de marrana, llamó por teléfono a Caraqueño. Con la voz que le contestó le atribuyó un tono pálido a su piel, y parecía algo más que asustado. Además, por primera vez en tiempos, le pidió algo por favor. Peru pensó que le tendrían que estar apretando mucho los políticos, así que como le había pedido que se pasara por el juzgado, pagó la cuenta y se dirigió, no a paso muy ligero, por cierto, a los juzgados de Algorta.

Al entrar en la oficina se encontró con un Juez pálido y tembloroso a quien le costaba llevar a sus labios un líquido de color acaramelado (presumiblemente guait label), como si saliera de una escalofriante resaca. Al verle, dejó lentamente el vaso en la mesa, como si pesara veinte kilos y le dijo “no te lo vas a creer”.

-          No me voy a creer qué

-          Los apellidos de los tres cadáveres

-          ¿Qué cadáveres?

-          No lees los periódicos, jilipollas

-          No

-          Pero al menos sabrás que el Gobelas ha amanecido varios días con cadáveres

-          Algo he oído

-          ¡Vete a la mierda!

-          Vale, dime los apellidos de los tres fiambres

-          Bahillo, Telletxe y Hernández

Como si le hubieran dado con un mazo en la cabeza, Peru se derrumbó sobre el asiento mirando a los ojos al juez. Sin pensárselo dos veces cogió el vaso de la mesa de Caraqueño y se lo pimpló de un único trago. Ni notó el fuego que le bajó por el esófago.

-          Tengo reunión ahora con el equipo de investigación. Lo dirige un comandante de Arkaute. Tú te conocías más la historia. Acompáñame y cuéntala tú. A mí me harían un control de alcoholemia.

 Con un suspiro de resignación, Peru se levantó de la mesa, espero a que el juez hiciera lo mismo, y fue tras él por el camino que separa los juzgados de la comisaría de la ertzaina. Para traspasar los umbrales de la comisaría Caraqueño lo presentó como asesor. Sólo lo tuvo que presentar al Comandante de la ertzaina, el jefe del grupo, un brillante investigador que había sido asignado directamente desde Lakua dado el cariz que estaban comenzando a tomar los acontecimientos. Brevemente explicó a los demás (Gómez, Pototo, el jauntxo, Ramiro y alguna chavala de documentación) las razones por las que había llevado a Peru a la reunión, dándole la palabra a este. Peru pidió un vaso de agua que Gómez se apresuró a buscar y aclarándose la garganta comenzó a contar su historia:

“Hace unos cuantos años, recién entrados los ochenta, cuando Aiboa no era la vitalizante arteria de Getxo que es hoy en día, y la zona de Negurigane era todavía un arenal, donde estaban comenzando las excavaciones para construir las viviendas que ahora se ven, existía en Aiboa un instituto de enseñanza que era conocido como el Guecho Tres”

Iñaki, el comandante miraba con ojos interrogantes al juez y Caraqueño carraspeó para que Peru no se fuera por los cerros de Úbeda. Éste se encogió de hombros como diciendo hay que meter a la gente en la historia y continuó:

“El Guecho tres es el edificio que ahora está ocupado por dependencias municipales, justo antes de la rotonda antes de llegar a Fadura, junto al Garbigune. Del mantenimiento del instituto se ocupaba un tipo bastante peculiar, una especie de jipi, era de origen americano, del que se decía que era desertor de la guerra de Vietnam. Bonachón aunque flaco como el palo de una escoba, pelo blanco largo y coleta, cuando nadie la llevaba, pantalones vaqueros de tirantes, que según él se lo mandaba una hija que tenía en Wisconsin, borrachinga y hablador con ese acento que tienen los sajones para hablar castellano, Alfred Nicholas Brugrer, Fredi para la gente del barrio. A Fredi le conocían todos los estudiantes, y algunos aprovechaban los recreos para ir a su garito a fumar y a escuchar las historias que les contaba sobre su país de origen. Fredi era cumplidor con su trabajo, pero a partir de las cinco, cuando quedaba libre de sus obligaciones, lo que le encantaba era empinar el codo. Como buen sajón, le gustaba beber en el cobertizo que tenía junto al instituto donde se le permitía vivir, más o menos, más menos que más, como vigilante nocturno, para espantar a raterillos, aunque la verdad, ya para las diez, kurda perdido, Fredi estaba habitualmente roncando. Eso sí, se levantaba un par de veces durante las noches para descargar la vejiga, que como buen naturalista que decía era, se acercaba a la orilla del Gobelas. Una vez, tuvo una demanda por exhibicionismo. Al parecer algunos jovenzuelos de la zona lo debieron de sorprender de madrugada en una de sus habituales salidas, meando a la orilla del riachuelo, y como una de las niñas, para evitar ser castigada metió en casa la trola de que habían estado escondidas porque Fredi había hecho guarradas, consiguió que su papá, A. Bahillo le denunciase ante el juzgado. La verdad es que nadie se lo tomó en serio, ni el juez, que acabó archivando el caso mientras Fredi seguía felizmente encargado del mantenimiento del instituto y cociéndose a partir de las cinco todos los días, salvo las fiestas de guardar, que aprovechaba para subir a los montes de la zona.

El tal Bahillo no quedó nada conforme con la decisión del juez, así que con otros tres amiguetes, alguno padre de los otros niños,  apellidados Montoya, Hernández y Telletxe decidieron dar un escarmiento al incauto de Fredi. No se les ocurrió otra idea que acechar una noche al pobre Fredi, y cuando salió a mear al Gobelas hacia las doce de la noche, que era cuando le empezaba a apretar la vejiga, tras acabar y sacudírsela (una ligera mirada de reprobación de la neska de documentación) le cogieron de pies y manos entre los cuatro, y tras las tres balanceadas de rigor lo arrojaron al Gobela. Allí quedó tendido Fredi entre las risotadas de los amigos adornadas con insultos que lo equiparaban a lo más bajo de la raza porcina”

En ese momento Peru se detuvo para tomar otro largo trago de agua. Aunque todavía no se sabía que tenía que ver Fredi con la historia que estaban contando, los apellidos mencionados hacía intuir a los presentes que algo más iba a pasar. Peru, presuntuosamente pensando que era un gran narrador, alargó el silencio recreándose en sus palabras, hasta que Iñaki levantando levemente las cejas le dio la orden para continuar.

“Fredi tuvo muy mala suerte al caer, y se partió con una roca la columna vertebral a la altura del cuello, con tan mala suerte que se quedó inmovilizado de cuello para abajo, pero fue totalmente consciente de que iba a morir. La autopsia reveló que aunque tenía los pulmones encharcados, no se había ahogado, sino que murió de la hipotermia que le provocó la gelidez del Gobelas, y que fue totalmente consciente de su muerte las siete horas que estuvo aquella noche de Febrero en el lecho del río. Fue algo muy cruel. “

Entonces Caraqueño tomó la palabra, ansiando su momento de protagonismo.

“Todo esto lo conocimos Peru y yo cuando cursábamos la carrera. En tercero, como trabajo de derecho penal teníamos que seguir un asunto y asistir al juicio, y este fue el que nos tocó, o elegimos seguir. Le llamamos BAHEMONTE, para acordarnos de los apellidos, cogiendo las primeras letras de los apellidos, ya que al capullo ese” señaló a Peru” siempre fue aficionado al ciclismo. De hecho ese año vimos televisada por primera vez la subida a los Lagos de Covadonga en la vuelta, cuando todavía era en Abril”

Caraqueño le puso la mano en el hombro a Peru como dándole el relevo en el relato. Recorrió con un giro de su cabeza la mesa de la reunión, y en aquel momento no se hubiera oído ni el vuelo de una mosca, y desde luego la palidez de los rostros de los presentes, salvo los de Peru y Caraqueño cuyos mofletes ya presentaban el tono encarnado de una buena alubiada y güiskada, hacía presentir que algo sabían los presentes que desconocía el juez.

“Seguimos el caso y asistimos a la vista oral. No había mucha gente, y desde luego que se había obviado cualquier publicidad. Uno de los acusados estaba muy vinculado al antiguo régimen, y otro mucho al nuevo. Fue un escándalo. El juez desestimó todas las pruebas de la policía y dejó libres a los cuatro animales. Se me encogió el corazón, cuando la hija de Fredi, embarazada a punto de dar a luz, salió llorando de la sala viendo como los cuatro que habían matado a su padre, salían del juzgado con la sonrisa en la cara, jactándose y pavoneándose de su hazaña. Entre lágrimas, con una mano en su tripa y la otra cerrada, levantando el puño al cielo, juró venganza. Creo que este caso todavía se sigue utilizando como ejemplo de lo que no hay que hacer en las academias de policía”

-          Así es – dijo Iñaki – lo estaba recordando, pero desde luego de los apellidos ni papa, nos enseñan los asuntos con iniciales. Parece que tenemos un caso claro de venganza. Tenemos que establecer las conexiones con ese caso, pero parece muy evidente que las hay. Tenemos que buscar lo primero las similitudes entre los asesinados y buscar a un Montoya que tenga peligro de ser asesinado. Señoría, si quiere le comentamos los resultados de las autopsias que pueden ser muy concluyentes con lo que aquí se ha relatado

Dicho eso el comandante se levantó muy gallardo y fue hacia donde Peru extendiéndole la mano, en un gesto inequívoco de darle las gracias y de invitarle a que abandonara la sala de reuniones, ya que debían de comentar pormenores de la investigación, en la que él no intervenía. A Peru no le preocupó en exceso, y aunque en días posteriores mostró algo de curiosidad, los periódicos no dieron casi información, por lo que se borró de su memoria, a lo que sin duda ayudó la portentosa siesta que le pegó al llegar a casa tras la reunión.

Un par de semanas más tarde, Caraqueño y Peru se encontraron en el Muro para tomar un pote antes de ir al restaurante de la esquina para meterse una garbanzada. El juez le comentó que también venía el comandante Iñaki a quien calificó como “un tipo muy gallardo”. Ahí a Peru le vino a la cabeza el caso que estaban llevando, del que los periódicos prácticamente habían silenciado, ya que lo que más estaba vendiendo era la posibilidad de que el Athletic bajara a segunda. Así que le preguntó a Juan como iba el tema.

“¡Uf!” exclamó el juez resoplando sobre su flequillo. “Al final se ha acabado solucionando, pero nos costó un huevo” y haciéndose el interesante se sentó en uno de los taburetes que hay junto a la pared, y tras echarse un trago de tintorro al gaznate comenzó con su relato:

“Nos costó casi una semana encontrar los archivos del caso, ya que parecía que lo habían querido eliminar, pero al final apareció. Con esos datos pudimos encontrar al descendiente del Montoya, que vivía en una casa de Lamiako, una de las nuevas, más cerca de la estación de metro de Leioa, que de la estación de Lamiako. Las otras tres víctimas eran los hijos de los absueltos que habían sido involucrados en el juicio de Fredi, así que en cuanto tuvimos los datos de la cuarta, no fue difícil localizarla. La ertzaina puso a disposición del caso su unidad de élite y se montó una gran vigilancia en torno a esta mujer. Pídeme otra pinta de cerveza que me estoy quedando seco”

Tras la pausa que hubo mientras Peru pedía dos pintas (zuritos de Bilbao en el muro), se las escanciaban y llegaba a la mesa, Caraqueño continuó con su relato.

“Justo a los siete días del último asesinato, apareció por la noche un tipo que se introdujo en el portal de la vivienda de Montoya. Justo, cuando iba a entrar en la casa, se abalanzaron sobre él varios de los mejores especialistas de Arkaute que a duras penas lograron reducirle, rompió un brazo, una pierna y dos mandíbulas”

-          ¿Asesinatos has dicho?

-          Sí, las tres primeras personas fueron asesinadas dejando que se ahogasen en el Gobelas, pero lentamente. Primero les inutilizaba, dejándoles paralíticos al cortarle la espina dorsal. Luego los metía en el agua para que pudieran ver como la iban palmando, poco a poco, como debió sucederle a Fredi. Con el segundo se le fue la mano, y lo mató al seccionarle la espina dorsal. El pollo este era un profesional

-          ¿Profesional?

-          Si. En los tres primeros cadáveres no hay ningún rastro que nos pueda llevar a él, y en el cuarto caso, sólo podemos acusarle de tentativa de entrar en ninguna casa. Luego en los interrogatorios no dijo una palabra, salvo identificarse y llamar a la embajada americana.

-          ¿Era un Brugrer?

-          El apellido era Fisher, pero ese era al apellido de casada de la hija de Fredi. Hace dos días el comandante confirmó que era efectivamente el nieto de Fredi

-          ¿Y con esa conexión no habéis podido entrullarle?

-          ¡Amigo! A las catorce horas apareció un tipo de la embajada americana aduciendo inmunidad diplomática para el Fisher, y como no teníamos más pruebas, lo tuvimos que soltar. 36 horas más tarde estaba felizmente volando en primera con destino a Miami, como lo confirmó un contacto del comandante en Barajas.

-          ¿Y vais a montar algún dispositivo para proteger a la Montoya?

-          Lo más gracioso del caso, es que se mató en un accidente de coche, parece que por problemas de frenos, dos días más tarde de detener a Fredi.

-          ¿Habéis revisado el coche por si existía algún sabotaje?

-          Se quemó, por lo que no hubo posibilidad de mirar nada

-          ¿No te parece raro?

Caraqueño se encogió de hombros, apuró su cerveza, se sopló de nuevo el flequillo y levantándose del taburete, abandonó el Muro, seguido por Peru como un perrillo faldero, fieles a su destino con los garbanzos del San Marcos.

*  VIVA EL KING III (pero es obvio decir que el Estifen)

2 comentarios:

  1. No sabia que ya tenias sponsors del blog (aunque supongo que pagaran en birras y legumbres).

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