CAPÍTULO
CHU
Pues como un es muy formalito y obediente,
tras haber puesto los desayunos, pasado el plumero por toda la mansión, pasé
por uno de los supermercados que hay entre mi casa y los juzgados de Algorta
donde adquirí las dos requeridas botellas de güisqui. Con el fin de evitar que
me cargaran cinco céntimos por la bolsa de plástico, me pillé la primera
mochila que encontré por casa, dándome cuenta en el escáner de seguridad de la
entrada del juzgado que se trataba de una mochila de la marca de la gatita blanca
esa que gusta tanto a las princenenas pequeñas. ¡Había vuelto a caer en la
maldición de jeloú quiti! y mi castigo estaba siendo contemplar las miradas
guasonas de los seguratas que estaban en la puerta, miradas que cambiaron tras
ver el contenido en la pantalla. Antes de revisarla me preguntaron por mi
destino y todo volvió como al principio. Obviamente no era la primera botella
de White Label que pasaba por el arco de seguridad destinada para mi amigo el juez.
Me acerqué primero por la mesa de Ramiro que al
verme, sacó una petaca de uno de sus cajones, se levantó y me hizo un ademán
para que le siguiera. Entramos sin llamar en el despacho de Caraqueño quien al
verme se levantó con ademanes ostentosos y sin saludarme siquiera me quitó las
dos botellas de espirituoso, le quitó a Ramiro su petaca, dejó una de las
botellas en la mesa y abrió la otra para llenar la petaca de Ramiro. Una vez
llena, se la devolvió a su dueño quien tras hacer un gesto con la cabeza se
marchó del despacho. “No me mires así, Peloto, ¿qué pasa?¿nunca has visto una comisión, ganada en buena lid?” me espetó mientras volvía de nuevo a sentarse. Hice lo
mismo.
- ¿Tú entiendes algo de orígenes de
incendios?
- He estado metido en unos cuantos. Es una
metodología no excesivamente complicada en cuanto has investigado varios
y …
- Vale, acaba de entrar una denuncia de un
incendio en el almacén de una fábrica en Leioa. He comentado este asunto con la
charaiña y me han dicho que podría ser conveniente el contratar a un
especialista, ya que los suyos están saturados, y como tú has estado metido en
esos líos, he pensado en ti. La soldada no es excesiva, tres mil euros es lo
que te podemos pagar, pero ya te llega para otra cenilla ¿qué dices?
Supongo que con un ademán debí de brindar mi
consentimiento ya que te toda la perorata que me había soltado el Juanito sólo
me quedé con la cuantía de la paga, sin ponerme a pensar en que coño hacía un
juzgado tramitando un incendio, ya que no era lo habitual. Ensimismado en el engorde
de mi bolsillo no presté excesiva atención a lo que me estaba soltando sobre el
efectivo trabajo que debían desarrollar nuestras pequeñas amigas las células
grises. Volví a mi mismo cuando colgó el teléfono y me indicó que me acercara
hasta el cercano cuartel de la charaiña donde me estaría esperando el agente
Ganekogorta para llevarme en coche hasta el lugar de los hechos. Me dijo que
era Pototo en vez de Gómez, al estar éste realizando un curso matutino, pero que
ya estaría en la reunión posterior a la inspección para que traslade mis
primeras conclusiones sobre el origen del fuego.
El agente Ganekgorta era un tarugo igual de
alto que yo, pero sin tripita, más ancho de hombros y con unos bíceps del
tamaño de mi muslo, totalmente resaltados con el uniforme de manga corta que
llevaba. Me estaba esperando junto a un SEAT Ibiza rojo macarra. Nunca pensé
que aquel fuera el coche en el que íbamos a ir, pero era el camuflado que nos
habían asignado. Pensé que aun así se podrían echar los asientos para atrás,
pero tenía una especie de mecano para poner si fuera necesario la reja de
perrera para separar a los detenidos, así que poco se podían tirar para atrás. Al
ver que las cámaras de vigilancia se movían en dirección a nosotros, sospeché
que podría tratarse de alguna triquiñuela de los compis de Ganeko para ponerle de
mal humor, que a fe mía que lo lograron.
Ya dentro, con las rodillas incrustadas en la
guantera, se me ocurrió preguntarle a mi compañero si fumaba. Me gritó que ese
era un coche oficial y que dentro no se fumaba. Me pareció inútil explicarle
para que quería el tabaco, así que le pedí que me parara en un estanco. No me
insultó porque en aquel momento estaba más preocupado en ciscarse en la madre
del que había decidido colocar la lucecita destellante donde debía de ir una de
sus rodillas. Salió a toda ostia del cuartel, y viendo que tomaba la dirección
hacia Txomintxu, le expliqué que en cualquier caso teníamos que pasar por mi
casa en Avenida de los Chopos para recoger mi cámara de fotos, y como tenía que
comprar tabaco, me podía esperar en el Egoki tomándose algo. Aquello le calmó
algo.
Cuando ya con mis bártulos y él algo más
calmado nos volvimos a meter en el coche, le pregunté donde había sido el
incendio. Me estuvo explicando donde había sido, en una zona industrial de
Lamiako, junto a la ría. Como conocía la zona, que tenía una pequeña explanada
a modo de aparcamiento en la entrada, y con esa vena graciosa e inoportuna que tanto me ha caracterizado le sugerí que para
meter mejor la rodilla, pusiera la lucecita azul en el techo y entráramos a lo
estarqui y jach, que sólo nos faltaba una franja blanca horizontal en el coche. Me
miró con una repentina cara de mala leche y me soltó “Ese tipo de chorradas sólo
las hace tu amiguito Gómez, que se cree que conduce mejor que Fernandito Alonso”.
He de reconocer que Pototo cuando saca su cara agria a pasear, empieza a dar
miedo de verdad, así que el resto del trayecto lo hicimos en el más absoluto de
los silencios.
Cuando llegamos al parking de la fábrica, había
unos cuantos operarios, lo deduje por la chaqueta azul mahón que llevaban,
quienes sonrieron guasonamente al verme salir del Ibiza, sonrisa que les tornó
en cara de disimulo, cuando Ganeko logró desplegarse y salir por la otra
puerta. Aquello fue una especie de señal para dispersarse, así que no nos
cruzamos con nadie hasta la recepción donde preguntamos por el encargado. Éste
nada más presentarse ante nosotros, quiso llevarnos al almacén siniestrado,
pero le indiqué que antes prefería sentarnos un momento y hacerle algunas preguntas
generales.
La empresa “Plásticos de Lamiako”,me contó, pertenecía
a un grupo empresarial navarro Manufacturas del Envase Hormaondo, M.E.H., cuya
cabeza visible y propietario era el conocido empresario Txabi Hormaondo. En
esta planta, que constaba de dos naves se fabricaban los conocidos vasos de plástico
tamaño Katxi, una de las naves fabricaba los vasos por inyección y en la otra
se almacenaban, siendo esta última la que fue pasto de las llamas. La fábrica
en sí, sólo se ocupa de la fabricación y logística, estando toda la gestión de
administración, personal y ventas en el parque tecnológico de Ulzama. Por
decirlo de alguna manera, él es el responsable de la planta, pero sólo de todo
lo que atañe a la fabricación. Sobre el incendio nos comentó que fue
descubierto por uno de los carretilleros, que no pudieron atajarlo ellos con
sus medios y que para cuando llegaron los bomberos, fue imposible extinguir
las llamas y que se preocuparon más de que no se propagara hasta la nave de
fabricación. Sobre las pérdidas, además de los daños a la nave, había unos
cuatrocientos mil euros en mercancías que se habían perdido totalmente y cerca
de cien mil entre instalaciones y estanterías.
Nos explicó también que su
negocio era estacional, y era ahora cuando se estaba acercando el verano cuando
tenían la punta de las ventas, lo que les obligaría a establecer turnos extras
para poder atender toda la demanda, pero que piensa que podrán llegar a cumplir
al menos con un ochenta por cierto de los pedidos. Interrogado acerca de
quienes tenían acceso a la nave de almacenamiento, nos informa que normalmente
sólo están los carretilleros, que ocasionalmente alguno de mantenimiento, pero
que el acceso no está limitado, y que realmente puede acceder cualquiera. Respecto
a la denuncia, la pusieron porque tras leerle la póliza de seguro un compañero
de Pamplona sobre lo que había que hacer en caso de incendio, indicaba que había
que presentar una denuncia en el juzgado, aunque una vez puesta, el jefe de la
asesoría jurídica, Ibratalitu, se había cabreado un huevo.
Satisfecho con las explicaciones recibidas,
le solicité que me gustaría entrevistarme con el descubridor del fuego y con
los que acudieron en primer lugar, interesándome además si en la planta había
algún lugar donde se permitiera fumar. Me contestó indignado que estaba
totalmente prohibido fumar en fábrica y que tardaría un rato en localizarles. Entonces
fue cuando decidí ir hasta la nave. Le pedí que me explicara como se llegaba y
sin darle opción a que me acompañara con un escueto “búsqueme a esta gente y me
los lleva allá”, me levanté de la mesa y salí de las oficinas.
Pototo no había abierto la boca y me seguía
como un perro faldero. Separada de la nave de fabricación por unos cuarenta
metros, con espacio suficiente para que entraran un par de trailers a cargar,
se encontraba la nave que hacía de almacén. Tenía mil quinientos metros
cuadrados, era de hormigón prefabricado, y hasta que no te acercabas a la gran puerta,
no parecía que hubiera sucedido nada, pero ya cerca de la puerta, se veía que
el interior de la nave estaba oscuro como la boca de un lobo. Antes de entrar,
rodeé la nave por fuera, por si encontraba algo que me llamará la atención. Por
rutina comencé a fotografiar todo, ya que con la gran resolución que tienen las
fotos hoy en día, puedes acabar descubriendo detalles que a simple vista se
pueden escapar. En la esquina contraria a la entrada había restos de humo negro
que según se iban extendiendo a los lados, iba perdiendo intensidad el color. Esto
ya nos daba una pista de por donde podía haber comenzado el fuego. También me
llamó la atención una puerta peatonal trasera que tenía todas las trazas de
haber sido forzada. Dado lo cerca que estaba de lo que parecía haber sido el
origen, intuí que no habían sido los bomberos los autores del forzamiento. Dado
que el responsable de planta no me había dicho nada sobre esa puerta, además de
fotografiarla concienzudamente, lo apunté en mi memoria para interesarme por
ella.
Concluida la ronda perimetral, entré por la
puerta, poniendo cara de Grisom al sentirme observado por algunos espectadores.
A la vista de la cubierta que había colapsado parcialmente, no me fue difícil
concluir que el fuego había comenzado cerca de la esquina contraria a la
puerta. La única fuente visible cercana a esa zona era el cuadro eléctrico de
la nave. al ser arriesgado el atravesar la nave, hasta que al menos no
apuntalaran la cubierta (o la tirasen definitivamente) le indiqué al
responsable que quería llegar hasta el cuadro eléctrico, pero por la puerta
peatonal del otro lado de la nave. Hasta allí me acompañó y cuando le pregunté
sobre la puerta forzada me puso cara de póker, ya que me aseguró que era ahora
cuando se daba cuenta, pero que los bomberos no se acercaron por esta zona. Al
estar forzada, se abrió fácilmente y por la esquinita pude llegar hasta el
cuadro eléctrico. Esto de andar por el interior de una nave a punto de
desmoronarse, sin llevar siquiera casco, era una anormalidad que había hecho
bastantes veces y que prometí no volver a hacer nunca más. Abrí el cuadro y
como era de esperar todo su interior se encontraba destruido, eso sí, fue el
primer origen que tuve que descartar ya que los daños que presentaba el
exterior de la tapa, indicaba un mayor sufrimiento en esa zona, dejando claro
que el fuego venía del exterior del cuadro, lo cual quería decir que había que
hacer un desescombro selectivo para determinar el foco inicial y así poder
formular una hipótesis realista.
Intercambié unas cuantas palabras con el
responsable para que instruyera que de allí no podía tocar nada sin mi
presencia, y para que coordinara con su compañía de seguros el desescombro, que
hasta que llegáramos al foco probable del incendio, tendría que hacerse
manualmente. Éste se fue a hacer unas llamadas telefónicas para cumplir con lo
encargado y me dejó con tres pollos jovencillos (Los dos carretilleros y un
encargado), que no podían disimular su nerviosismo. Me presenté y les expliqué
lo que me habían encomendado en el juzgado, indicando que era el procedimiento
típico tras una denuncia. Para tranquilizarles y quedar fuera de la vista del
resto de la planta, les sugerí ir a la parte de atrás. Una vez allí, saqué mi
paquete de rubio americano del bueno y me llevé un cigarro a la boca. Hice ademán
de buscar fuego, que no llevaba, y les pregunté si ellos tenían. Picaron como
panchitos, los tres hicieron ademán de sacar el mechero. Ganeko me miraba a lo
lejos intrigado, y a la vuelta le expliqué que en estos temas, si preguntas a
alguien que ha estado cerca del incendio si fuma, como es obvio, todos lo
niegan, por lo que es mejor ofrecerles tabaco. Se estuvo partiendo de risa hasta
que llegamos a la base. Bueno, por el momento no puedo descartar el accidente
del fumador, o sea, dejarse alguno de los pavos una colilla encendida por ahí.
Ya fumando tranquilamente los cuatro, me
explicaron como había transcurrido todo, incidiendo sobre todo en como se habían
comportado tras el descubrimiento, sus intentos para apagar el fuego, la rapidez
en dar la alarma, en fin, nada fuera de lo habitual. Si intenté averiguar la
situación de la empresa, pero me afirmaron que iba viento en popa, que de
hecho, al dueño le llamaban KK, correspondiendo a las iniciales del mote que le
habían puesto Kalimotxo King, ya que prácticamente era el único fabricante de
vasos de plástico tamaño Katxi. Incluso uno de ellos se atrevió a bromear sobre
el hecho no confirmado que su dueño, el gran KK, había puesto una hache al
inicio de su apellido, ya que sino las siglas del grupo hubieran sido M.E.O. en
vez de M.E.H. Entre grandes risotadas por la última ocurrencia me despedí de
ellos, le dije al responsable donde me pueden encontrar, repitiéndole de nuevo
que no se toque nada hasta que llegué yo, mientras Pototo precintaba la zona
con una cinta de plástico que ponía algo así, como no pasar, policía.
Ya de vuelta en la base, Ganeko me llevó a una
sala de reuniones donde nos estaba esperando Ramiro, Gómez, y uno al que
llamaban el jauncho, que me dio la impresión que era el jefe de mis amigos
charaiñas.. Ramiro excusó al juez, del que luego me enteré que estaba roncando
debido a que decidió catar generosamente el espirituoso que le llevé,
lo que provocó una mueca en el jauncho, llevándome a pensar que no era la
primera vez que Ramiro tomaba las riendas. La voz cantante de la reunión la
llevó el Jauncho quién no disimuló la cara de hastío cuando le indiqué que no
podía descartar que hubiera sido intencionado. Es más, les enseñé una de las
fotos que había hecho en el exterior por la parte de atrás donde aparecía una
botella vacía de un disolvente altamente inflamable. El Jauncho quiso mandar a
Pototo a que fuera inmediatamente a cogerla, pero le paré al decirle que si había
sido provocado, ya la habían hecho desaparecer al enterarse de que se iba a
investigar, y sino tenía nada que ver, allí seguiría.
Con el fin de poder conocer posibles
motivaciones, había que pedir el informe a los bomberos de la Diputación, las
cuentas al registro mercantil, para conocer la situación económica de la
empresa, las pólizas de seguros a la Aseguradora, sobre todo si en los últimos
meses se había incrementado sin razón los capitales asegurados y mirar en los
archivos policiales por si había denuncias anteriores de cualquier tipo. Ramiro
tomó nota de todo ello para pedirlo mediante providencias, y tras quedar con el
jauncho en coordinarnos para las próximas visitas, acompañé a Ramiro al juzgado
para descargar en un archivo todas las fotos que había tomado e incorporarlas
al sumario.
Cuando salía, oí la voz de Caraqueño que me
decía “¡Peloto! El Jueves es mi cumple y tenemos choco con toda la banda. Vienen
Chuchi, Chino; Gordo, Verbo Fácil, Gafotas, Esmicers, Panchez, y hasta el raro
ese que juega a futbol. ¿Vendrás, no?” Me paré y dándome la vuelta me encaré a
mi colega, diciéndole que sólo me quieren para que pele las patatas y haga la
comidita. Se rió con una risa ronca y me juró y perjuró que esta vez me iba a
sentar en la mesa y no iba a tener que hacer nada, que al menos, yo ya le había
hecho el regalo. Estábamos en esas cuando salió Ramiro de su cubículo y le dijo
al juez, “te llama otra vez” “¡Qué pesado!” bramó furioso Caraqueño mientras me
explicaba que era el pesado del asesor jurídico de M.E.H., farfullando su apellido
que a mí me sonó como algo de Detritus, que a partir de entonces fue como nos
referimos siempre a él, a modo de inmediata identificación y mote.
Ya era tarde para ir a comer, así que me metí
en una tasca donde di buena cuenta de varios pinchos y varias cañas. Al
invadirme el sopor y sólo tener ganas de echar una cabezada, me dirigía a casa
cuando Gómez me llamó al móvil “Oye, Peru, tengo un caso para ti. El hijo de un
amigo lleva sin ir varios días a dormir a casa y están preocupados. Pásate
dentro de una hora por Amesti y te lo presento”. Como es natural acepté. Sabiendo
que luego Gómez me iba a liar, me pasé por una pollería para pillar un pollo
para las princes, ya que hoy no me iba a dar tiempo a preparar nada. Dejé el
pollo en la cocina, me eché agua por la cara para despejarme, mientras me
estaba peinando, sonó de nuevo el móvil. Era Iturray. Tras su saludo inicial me
explicó que estaba con ellos la hermana pequeña de su novia, la argentina. A la
hermana, la llaman la uruguaya, “¿a qué no sabes porqué?”. No tenía que haber
respondido, pero algo en mi interior me empujó a decir “¿porqué?”, aunque sabía
que su inútil explicación podía durar más de media hora.
Peru puriempleado. Estopromete!!!
ResponderEliminarAdemas con tanto trabajo no tiene tiempo de cocinar lo que algunos agradecemos
Raputilla, no seas hipócrita, que a tí te va lo de la cocinilla. Si ya me han chivado que plato que pongo, plato que.. bueno, intentas hacer.
EliminarEso sí, como pareces emocionado, te adelanto que en esta historia hay algún casete más para el bueno de Peru, como una investigación sobre paternidad desconocida, ya que como de violencia poco y esta muy tiernete para cadáveres, pues bueno, habrá que aliñarlo con algo de sexo.
¡TOMA EXCLUSIVA!
Observo atónito que mi comentario ha desaparecido....
ResponderEliminarNO A LA CENSURA. (bueno, ni a las conexioenes de internet inestables)
Si majete, estoy yo pa chorradas. Si censuro a uno de los pocos que comentan ¿qué futuro me espera? Mirate el putofón, que es lo que seguro ha fallado
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