KAPÍTULO DI EN
Dos agentes de la policía autónoma se paran frente a la puerta del primero izquierda de una vivienda en el getxotarra barrio de Neguri. Primero el agente Gómez, impolutamente uniformado, la gorra sujeta con aire gallardo en la mano izquierda, mientras con la derecha se apresta a apretar el botón blanco cuadrado, que con una campana dibujada en medio, señala el timbre de aviso a los moradores de que alguien está esperando en la puerta. Justo detrás, y especialmente escogido para este caso se encuentra el agente “Pototo”.
Nunca se sabrá el origen del alias de tan singular agente, Peio Ganekogorta, (puede que fuera su querencia a pedir patatas fritas para untar la salsa negra de los chipirones) pero el mote no le va muy mal, y como es una bella persona (tiene el record de la ertzaina de quitar multas, que era cada vez que el presunto multado le ponía cara de pena; y como fuera hembra, y le cayeran dos lagrimitas, además le regalaba dos puntos del carnet de conducir por apreciación) tampoco nunca le ha dado mucha importancia. Se trata de un tarugo de casi dos metros de alto y dos metros de ancho, sin una gota de grasa pesa unos 130 kilos de puro músculo trabajado en largas horas de gimnasio. Más que bíceps tiene “mazas” y en el uniforme de verano han tenido que hacer una talla de ancho de brazo especial para él. De pelo rizado y negro, casi, casi, africano, tez morena, estrías en la frente que parecen un campo arado, unicejo muy poblado, napia imponente y aplastada (se dio de joven contra el poste de una portería al intentar placar) a modo boxeador y labios gruesos y un mentón rectangular. Es decir, feo de cojones y que con su sola presencia amedrenta al más pintado. Eso, sino le conoces, ya que en el fondo es más bueno que un trozo de pan, y de una gran nobleza. Pero el Gómez lo ha llevado para acojonar.
La puerta se abre y un hombre de mediana edad aparece tras de ella, sin mucha pinta de sorprendido ya que habrá mirado antes por la mirilla. Sin darle tiempo a preguntar nada, Gómez se adelanta:
- ¿Es usted José Vicente? Nos gustaría mantener una conversación con Usted
Al hombre no le da tiempo a decir nada y ante la entrada de los agentes en su casa, les franquea el paso, pero antes de invitarles a entrar en el salón, muy bien puesto, les dice:
- Estoy haciendo la cena a los niños, que vendrán en breve, así que si no les importa les ruego hablemos en la cocina. Así mientras puedo vigilar los fuegos.
- Por supuesto – responde solícito Gómez
Entran en la cocina y José Vicente les señala dos sillas donde pueden sentarse. Tras un silencio y antes de que comenzara a ser especialmente denso, el hombre inquirió
- Ustedes dirán.
- Mire, ha sido presentada en el Juzgado de Algorta, bueno Getxo, si, ya lo conoce, detrás del Ayuntamiento, una denuncia contra Usted, y hemos venido para hacerle unas preguntas
- ¿Una denuncia contra mí?, Perdone por la expresión, pero ¿De qué cojones me están hablando?
- Mire José Vicente – le dice Pototo mientras se levanta y se dirige hacía él – no hace falta que utilice un lenguaje tan soez
- Perdone – contesta el hombre dando dos pasos hacia atrás-, pero entiendan que han aparecido en mi casa, y le vuelvo a pedir disculpas por no haberme expresado correctamente, – Pototo se vuelve hacia su silla y se sienta – pero no comprendo nada.
Bueno – empieza Gómez mientras con una mano se coge la barbilla en lo que llamamos “en plan interesante”, y con la otra ya deja la gorra en la mesa de la cocina- hay una denuncia contra usted por el envenenamiento de un perro de la raza Yorkshire.
- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
- Hay muchas evidencias que apuntan contra Usted, está el informe de un detective privado,…
- ¿Vamos a hablar de cosas serias o no?. Que un pollo se invente una historieta, creo que no vale para nada –contestó nerviosamente José Vicente
- También tenemos todas estas quejas tuyas que han aparecido en internet – le dice Gómez mientras desparrama por la mesa de la cocina las hojas en la que aparecen las iniciales de José Vicente firmando unas cuantas protestas
- ¿y?, yo por mi trabajo para una compañía americana de la costa oeste, tengo que estar despierto hasta bastante tarde, por lo que me jode bastante el escuchar todas las mañanas los malditos ladridos de los perros que dejan sueltos por la calle mientras intento dormir ¿Qué tiene de malo quejarse por internet? A ver si de una puta vez el alcalde toma cartas en el asunto
- Ya, pero el veneno mezclado con bolitas de carne picada ha aparecido justo en la puerta del jardín de tú casa
- Tú mejor que yo, has visto que desde la calle hay acceso pleno, así que sí es como tú dices, cualquiera puede haberlo dejado ahí.
- Déjanos echar un vistazo a tu casa, y seguro que encontramos el veneno que mató al perrillo. Hay una autopsia de un veterinario que reconoce sin ningún lugar a dudas el tipo de veneno que dejó seco al perrete
- ¿Tenéis una orden judicial?
- Tú has visto muchas películas
- Voy a llamar a mi abogado, Simón, que os va a comer las albondiguillas con patatas fritas – contesta crecidito
- Llama a tú abogado o a quien te salga de las pelotas – dice Pototo mientras pega un golpe con sus dos manos (más que manos, parecen dos folios A3) en la mesa haciendo temblar los cimientos de la casa- pero mira por la ventana y verás que en la calle de los Tilos hay unas cuantas patrullas – en ese momento se pone las palmas de sus manos detrás de la cabeza y pone sus imponentes botazas (entre el 48 y 49) encima de la mesa mientras reclina la silla contra la pared – mira, coge las páginas blancas que tienes debajo de ese cursi teléfono góndola rojo, busca el juzgado de Getxo, el tres de instrucción, y pregunta por el Juez. Dile que en tu casa están los agentes G y G, y créeme que voy a disfrutar. Es la señal para que mande vía electrónica la orden de registro y aparezcan los colegas que están esperando fuera en plan Estarqui y Jach con las sirenas a todo trapo. Tenemos fax en las patrullas. ¡Bah!, al final será para que los vecinos tengan algo de que hablar durante unos meses. Venga, llama y alégrame el día.
En un principio dio la sensación de que el hombre no se había tragado la amenaza del registro, e incluso hizo un amago para comprobar si los coches patrullas estaban fuera como aseveraban los agentes. Hizo amago de levantarse para mirar, pero finalmente se concentró en la guía telefónica, encontrando lo que buscaba. Levantó el teléfono y antes de empezar a marcar miró a los dos agentes, Pototo seguía con los brazos detrás de la cabeza, los pies encima de la mesa y la silla reclinada contra la pared sin aparentar la más mínima preocupación, mientras Gómez con cara de absoluta tranquilidad miraba a los ojos de José Vicente, hasta que éste no le pudo aguantar la mirada. Ese titubeo fue la primera señal:
- Mira, ni a nosotros ni al Juez nos apetece terciar con este tema, ya que sólo va a significar, más papeleo, más trabajo, y de la mala leche que se va a poner, para ti fijo que una condena, aunque por supuesto no vas a acabar en la cárcel
- Oye majete, la denuncia dice que el valor del perro es de 15.000 Euros, pero es sólo para acojonar algo, ya que si miras en internet encontrarás cachorros de Yorkshires por 150 Euros y si le compras uno a la dueña, podremos convencerla de que retire la denuncia – dice Pototo con la mejor de sus sonrisas.
- Qué nosotros más que entrar a lo Estarky y Juch somos de arreglar las cosas a buenas, y que sólo queremos que reconozcas que te cargaste al perro, por accidente o lo que quieras,¡ qué nos da igual!. Págale a la viejilla una rata de esas para que le ponga un lazo y aquí paz y después gloria, aunque sea la gaynor.
- Yo prefiero la Estefan
- Pototo, deja de tocar los cojones que aunque no te lo creas estamos hablando de cosas serias.
Así lograron convencer a José Vicente para que firmara de su puño y letra una especie de confesión de que él había tirado veneno a la puerta de su jardín y que era muy probable que el perro se hubiera envenado así. Se comprometió a regalar a la dueña un perro de la raza Yorkshire, explicando casi entre sollozos que los chuchos le llevaban dando el coñazo más de tres años y que ya no aguantaba más. Mientras redactaba el escrito, Pototo llamó a su cuñado por el móvil, diciéndole que ya podía retirar su coche patrulla de los Tilos (Era policía municipal de Getxo, y los G y G habían ido cada uno en un coche patrulla, así que lo hubieran tenido complicado para entra a lo Estarki, aunque lo cierto es que el farol coló). José Vicente confesó que el veneno lo tenía en el garaje – trastero del patio de su casa, pero ninguno de los dos agentes le dio mucha importancia, ya que obtuvieron la confesión del mata perro, que fue lo que en el día de ayer les pidió amablemente a gritos e insultos soeces, el Juez Caraqueño. Así salieron del portal, Gómez con la caja amarilla del veneno (parecía una caja de maicena) en su mano, y Pototo dándole palmadillas amistosas (es un decir) en la espalda.
EPÍLOGO
“¡Joder con las princegordas!” No habían parado de mandar esemeeses a su móvil (si, Peru pasa de guasap y putofón) en plan princepelotas, ya que les había dejado en casa para merendar una docena de bollos de manquetilla de Zurica por su colaboración en la resolución del caso de Truski. Aunque también lo había hecho para apaciguar algo su conciencia, ya que según llegó donde Yeni con la confesión del Sr. Busturia, y cobró la pasta, tardó dos minutos en llamar a Gómez para invitarle a cenar al Itxas Bide, en el Puerto Viejo.
Habían quedado en la Terraza en la playa de Ereaga para tomar un pote y luego irse a cenar. Mientras saboreaba una de las magníficas croquetas de chorizo que había pedido reflexionaba sobre su primer caso.
“No sé si este oficio de detective me va a aportar o servir para algo. Es verdad que el primer caso lo tengo resuelto, pero en la comisaria de mi pueblo me conocen como el detective pingüino, y mi hija pequeña piensa que soy como el inspector Gadget”, averiguación a la que llegó Peru tras buscar en Google quién podía ser Sophie, personaje con el que se identificó la princepeque al echarle un cable en sus investigaciones
Una palmada en la espalda, vista atrás, y cuando vuelve la vista al frente, ya la solitaria croqueta de chorizo que esperaba en el plato para ser deglutida, había desaparecido en las fauces de Gómez, que para no perder tiempo coordinó a la vez un gesto con su mano al camarero para que le pusiera la misma bebida que a Peru. Éste juró por lo bajines el haberla dejado sin vigilancia en el plato durante un ratillo, ya que la croqueta no estaba excesivamente caliente y acabó muy fácilmente en el estómago del txaraiña.
Acabaron de masticar, y tras pagar Peru la ronda, sin todavía haberse dirigido la palabra, salieron por la puerta, para bordear la playa, camino del restaurante. Gómez le explicó que al reservar había pedido los platos “pimientos verdes, chicharritos y salmonetillos para compartir de primero, y cabracho para tres de segundo”. En un principio Peru pensó que Gómez había sobrevalorado su saque, pero, saliendo del ascensor de Ereaga y soplándose el flequillo venía una figura muy conocida, como si se hubiera olido el convite “es el olfato de la justicia” comentó Benito como si hubiera adivinado los pensamientos del detective "rookie".
“¡Peloto, que eres el Sherlock Holmes de Aiboa!¡ Y a ti Gómez, como Güilson, su ayudante!¡Qué coño digo! ¡Qué Güilson es el vejete de Daniel el travieso!¡Guatson!¡ Vaya pareja de dos!” exclamaba entre resoplidos de su flequillo
“Benito, ¿qué tengo que hacer para sacar licencia de armas?”” ¿Tú hija mayor se ha echado novio?” “ Sí, pero aunque es un matiz interesante, no era por eso””¿Seguro?”
DI END
He de reconocer que cada capítulo me ha costado unas horas el escribirlo y algunos ratos, bastante cuesta arriba. Pero, si no hubiera sido por vosotros, mis comentaristas favoritos (Putilla y Sapete), y aquellos que aunque no os habéis enterado como hacer un comentario en Google, me habéis seguido y comentado de viva voz vuestra opinión, o animado por mail, e incluso l@s que no me habéis dicho nada, pero que estabais ahí, no hubiera sido capaz de pasar del segundo capítulo.
A vosotros os quiero dedicar esta historieta, que aunque ha habido momentos que me ha costado un montón, en el fondo “me lo he pasado de cojonetes. Un abrazo a todos y un besote a todas
Peru
Un poquito de por favor. Rasputin, no putilla. Me voy a poner en huelga de teclados caidos hasta nueva orden
ResponderEliminarMenudo cagueta ese Joxe Bixente.
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