EN
EL CAMINO DEL DESPISTE
¿Por
qué no publiqué la entrada el pasado Viernes y has tenido que esperar hasta el
Domingo para degustar mi grácil y briosa prosa? Todo tiene una explicación,
como cualquier historia que se precie.
Empezó
el pasado Jueves con una llamada por teléfono “¿Quedamos a comer?” me soltó al
otro lado del hilo telefónico el cuñado asiático de Flipe. Así que nos vimos en
el bar de García Rivero que casi hace esquina con Pozas, justo al lado del de
los quesos. Por cierto, menú excelente y cocina muy casera (También tiene
callos y manos). Tras el almuerzo y su agradable charla, mi contertulio, que
tenía mucha prisa por volver a la oficina (eso aseveraba con gestos elocuentes
y rostro severo), soltó esa frase demoniaca que es principio de muchos y graves
problemas “sólo tomamos una y nos vamos”. Como tenía que sacar pasta y el
cajero le quedaba en Campuzano, tras recolectar los chines del cajero, nos
acercamos al Satai. Su frase posterior a que nos sacaran dos jugosos GTs fue la que comenzó a gestar esta historia “Vamos
a la terraza de fuera, que así puedo fumar”.
Pudo
ser la hora, o una extraña conjunción astral, o el viento sur, pero comenzaron
a pasar por Campuzano la mayor parte de los ex jugadores de baloncesto de
Bilbao (años 80-85), y como si fuera un agujero negro, iba atrayendo maléficamente
hasta nuestra mesa a todos ellos, con un brioso grito de guerra “Una más, que
esta me toca a mí”. Aun así, y con un heroico esfuerzo, logré zafarme de tan
agradable y vocinglera compañía, para volver a la oficina, no sin antes
prometer que a las ocho estaría en la presentación de un torneo de golf, del
que soy asiduo asistente, ya que es en memoria de un buen amigo.
Ya
en la oficina (eran las 6 de la tarde, por dar un ámbito temporal a la
historia, ya que tiene su aquel en el devenir de esta historieta), y poniéndome
en plan simpático (que no me costó mucho tras la sentada del Satai) intenté
convencer a la patrona que viniera a Bilbao a buscar el coche, ya que por
motivos laborales había tenido que pasar la mañana en Vitoria. Tras su firme y
rotunda negativa, seguida de sarcásticos comentarios sobre la longitud de mis
comidas (El Viernes me pasó lo mismo), no me quedó más remedio que abandonar a
las 7 mi maratoniana tarde en la oficina y llevar el coche a casa.
Como
es comprensible y seguro que totalmente solidario por vuestra parte, cuando
subí a casa a dejar las llaves y coger una gabardina (amenazaba lluvia), estuvo
algo más que gélido, tirando a chillón, muy faltón y bastante borde. Me quedaba una media hora para llegar a la presentación, así que raudo y veloz
con mi característica agilidad al caminar me dirigí al ascensor-funicular que
tenemos para llegar a la estación del metro. “Ché, pegó dos brincos antes de
llegar y mi esposa se asustó” me soltó el que iba a ser mi compañero de ascensión.
Todo fue normal, hasta que justo cuando llegábamos al final de la cuesta, pegó
dos brincos, se salió del raíl y allí me quedé atrapado en el maldito artilugio.
“Ha
sido un castigo de Dios” reconocí pesaroso a la patrona (que no podía ocultar
su satisfacción, pero bueno, así se le pasó el cabreo), ya en el metro, tres
cuartos de hora después de haber salido de casa, y habiendo sido rescatado por
la Policia Municipal de Getxo, a quienes por cierto, di efusivamente las
gracias.
Por
supuesto, llegué tarde a la presentación y aunque quedaba todavía vino,
panchitos y jamón, pude comprobar con horror como se estaban intentando hacer
con los servicios de mi caddie caraqueño, y como el muy cuatro letras de él, no
hacía ascos a las ofertas de algunas jugadoras. Sí, he de reconocer que es un
caddie peculiar, no me lleva el carrito la bolsa (Si se cae el carro, pasa, el
que me ayuda es su representante), le tengo que ir a buscar, comprarle tabaco,
y cuando se aburre, hacia el sexto o séptimo hoyo de los dieciocho, se va con
su agente calvito a tomar potes, que también nos acompaña en el recorrido y
lleva una bota de vino. Pero eso sí, ¡Es mi caddie!
(A
estas alturas donde todavía seguimos en Jueves a la tarde, te preguntarás que
tiene que ver con que no haya publicado en Viernes, pero como no hay puntada
sin hilo, te animo a que sigas leyendo).
Tras
ímprobos esfuerzos, logré rescatarle de nuevo para la causa pero eso me costó
comprobar que el Piropo sigue abierto pasadas las 2 y media de la madrugada en
un día de labor.
Aprovecho
para hacer un inciso contra los protestones de los precios del GT en esos bares
especialistas en combinados y super premiados en concursos. He de aseverar, que
además del coste de la materia prima, ginebra y tónica, hay que añadir un alto
coste de mano de obra, ya que tardan casi media hora en poner uno.
A
pesar de la mella que en mi físico supuso el rescate de mi caddie (El Jueves Rescatador
podría haber titulado esta entrada), el Viernes a las 8:50 de la mañana estaba
como un clavo, limpio y aseado con gallumbos en perfecto estado de revista, en
mi puesto de trabajo. Si bien he de reconocer que no ha sido el día que más
espabilado he estado, la falta de sueño la llevé con la más absoluta de las
dignidades, eso sí, mi velocidad en la respuesta no era muy grande y a las
15:00 seguía intentando cerrar algún tema antes de cuando recibí otra llamada
de teléfono.
Era
para comer juntos y comentar temas de trabajo. He de reconocer que algo me
habían insinuado por la mañana, pero dada la hora que era, pensaba que el tema
se había quedado en el olvido. Total, que hacia las 4 de la tarde comenzamos a
pedir, entre que elige tu que a mí me da la risa, no tengo mucha hambre y demás
sandeces habituales.
Cuando
la atenta camarera nos preguntó si queríamos algo más y tras soltar mi segunda
frase más típica en los restaurantes “saca un poco de queso para acabar el vino”
(La primera es la respuesta a la pregunta de cómo me gusta la carne), uno de
los peritos dijo que quería otra chuleta. Como la carne es débil y la txuleta
estaba muy tierna, pues cedí, disimulando un poco con una nada convincente
oposición. Luego vino el queso, café y el jefe de los peritos, así que más café
y copa, ya que sólo se podía fumar en la calle.
Al
llegar a casa hacia las ocho y media, con el cuerpo dolorido, mis neuronas
totalmente desinfectadas y totalmente doblado por las cuatro horas de sueño de
la noche anterior, tuve que oír sarcásticos comentarios del estilo la próxima
vez vete a comer a un sitio donde no tengan que cazar la vaca antes de comer.
Estaba tan cansado y tan consciente de que con cualquier contestación que diera
iba a perder, puse cara de buenito, me prometí a mi mismo que la entrada la
completaba el Sábado a la mañana y a una hora prudencial (para que no me
riñeran más) me fui a la cama.
El
Sábado por la mañana, y al tener el pequeño otitis, tuvieron que ir al
ambulatorio, mientras yo me desplegaba en ingentes tareas domésticas (hice la
cama) y de intendencia (Fui a la frutería). Cuando volvieron del ambulatorio, y
al corroborar que no había segundo, me ofrecí voluntario para ir a un super y
comprar algo para hacer de segundo plato. Aproveché la compra del pollo y del
conejo para acercarme a un centro comercial y hacer un regalito a la patrona
por el día de la mami.
Llegué
con la compra, hice la comida, pesaroso por no haber podido escribir, pero se
me pasó al comprobar que no hacía muy malo y que podía aprovechar para hacer
unos hoyitos. No se me dio muy mal e incluso hice un birdie. (Para los que
penséis, no sin razón, que soy incapaz de hacer un birdie os dejo un enlace,
donde a partir del minuto 2:20 quedó grabado el único birdie que hasta la fecha
he hecho en un campeonato http://www.youtube.com/watch?v=1H-rudkYTAQ
. Como siempre he defendido, el golf es un deporte para jugar con los amigos,
sobre todo por la alegría que manifiestan cuando a uno de sus compañeros le
sale un buen golpe. Por cierto, justo después se ve al representante de mi
caddie con un fallo garrafal)
A
las seis de la tarde y tras una refrescante ducha, pude comer los restos de
pollo que me habían dejado y tras el correspondiente café, me dirigí al “Computer
Room” con el fin de no haceros esperar más, cuando ¡horror! constaté que estaba
ocupado. Siendo consciente que en esos momentos en mi casa no era el más
popular, decidí esperar, pero para cuando se desocupó ya estaba contemplando el
resumen del open de España de golf en TDP, cuando, en lo que se ha convertido
en una perniciosa costumbre, volví a prometer que mi cita con mis dos lectores,
sería al día siguiente.
El
Domingo, más de lo mismo, golf, comida, siesta y cuando me levanto con ánimo
templado pero espíritu aguerrido para acudir delante de la pantalla, ¡horror!
el “Computer Room” de nuevo ocupado, y esta vez por la patrona. Así que en vez
de protestar y con la mejor de mis sonrisas, le he dicho que no se preocupe. He
llenado cuatro folios cuadriculados con mi letra menuda mientras iba mirando de
reojo la TDP y los resultados de la ACB.
Mientras
espero que me dejen libre el teclado para pasar a limpio mis notas, acabo con
una recomendación para los asiduos de la novela negra. Ha caído en mis manos la playa de los ahogados de Domingo
Villar, donde el personaje es un inspector de Vigo, Leo Caldas, y su ayudante
aragonés le preguntaría ¿Es buena la novela? Y como buen gallego, el inspector
le contestaría con otra pregunta. Novela negra gallega, guay.
Y
por último, habrá que repartir las
menciones especiales a la garbanzada del pasado Viernes:
GOLDEN GARBANZUA
por su infatigable apetito, incansable movimiento de cuchara e incalculable
entusiasmo al comer a ÑKI GOI, que como accésit y en recordatorio de tan
gloriosa comida a partir de ahora, en este blog sólo se le nombrará como
GARBANZIN, ya que el acabado en ito era un cura del colegio, al que nuestro
amigo no se parece en nada. Ha habido discusión si Garbanzín fue el que más platos
comió (Hubo algún otro que..., en fin), pero como estaba a mi lado y yo era el
presidente del juzgado, pues eso.
GOLDEN BABARRUNA a
Simón por ser el único que no probó los garbanzos y los callos, y eso que él sí
vino a la comida.
P.M. AIRLINES a
Luftrampas por suspender el vuelo de Ankara a Franckfurt y no poder ir a la
fiesta de Flipe. Y sí, P significa la palabra de cuatro letras que tanta gracia
nos hacía a los nueve años, y M mierda, que es en general una buena definición
para las líneas aéreas.
Y como ya dijimos “Love is
never to say sorry” rememoramos a Chesterton en su frase lapidaria donde dijo “A
singer morning is also a singer evening, and although it rimes, it is not a music
fault”
PD. Por cierto, si otra semana veo que ando mal de inspiración, podemos quedar un Jueves por la tarde. Suelen acabar dando mucho juego.
Yo tambien quiero GTarbanzos los jueves (bueno, si puede ser GKarbanzos)
ResponderEliminar¡No seas carota, Rasputilla! Acabo de ver que estás en la alineación del Juves 17. Eso sí, en vez de GKarbanzos tendrás GKollejas y txuletón.
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