domingo, 6 de mayo de 2012

UN JUEVES DE RESCATES


EN EL CAMINO DEL DESPISTE

¿Por qué no publiqué la entrada el pasado Viernes y has tenido que esperar hasta el Domingo para degustar mi grácil y briosa prosa? Todo tiene una explicación, como cualquier historia que se precie.

Empezó el pasado Jueves con una llamada por teléfono “¿Quedamos a comer?” me soltó al otro lado del hilo telefónico el cuñado asiático de Flipe. Así que nos vimos en el bar de García Rivero que casi hace esquina con Pozas, justo al lado del de los quesos. Por cierto, menú excelente y cocina muy casera (También tiene callos y manos). Tras el almuerzo y su agradable charla, mi contertulio, que tenía mucha prisa por volver a la oficina (eso aseveraba con gestos elocuentes y rostro severo), soltó esa frase demoniaca que es principio de muchos y graves problemas “sólo tomamos una y nos vamos”. Como tenía que sacar pasta y el cajero le quedaba en Campuzano, tras recolectar los chines del cajero, nos acercamos al Satai. Su frase posterior a que nos sacaran dos jugosos GTs  fue la que comenzó a gestar esta historia “Vamos a la terraza de fuera, que así puedo fumar”.

Pudo ser la hora, o una extraña conjunción astral, o el viento sur, pero comenzaron a pasar por Campuzano la mayor parte de los ex jugadores de baloncesto de Bilbao (años 80-85), y como si fuera un agujero negro, iba atrayendo maléficamente hasta nuestra mesa a todos ellos, con un brioso grito de guerra “Una más, que esta me toca a mí”. Aun así, y con un heroico esfuerzo, logré zafarme de tan agradable y vocinglera compañía, para volver a la oficina, no sin antes prometer que a las ocho estaría en la presentación de un torneo de golf, del que soy asiduo asistente, ya que es en memoria de un buen amigo.

Ya en la oficina (eran las 6 de la tarde, por dar un ámbito temporal a la historia, ya que tiene su aquel en el devenir de esta historieta), y poniéndome en plan simpático (que no me costó mucho tras la sentada del Satai) intenté convencer a la patrona que viniera a Bilbao a buscar el coche, ya que por motivos laborales había tenido que pasar la mañana en Vitoria. Tras su firme y rotunda negativa, seguida de sarcásticos comentarios sobre la longitud de mis comidas (El Viernes me pasó lo mismo), no me quedó más remedio que abandonar a las 7 mi maratoniana tarde en la oficina y llevar el coche a casa.

Como es comprensible y seguro que totalmente solidario por vuestra parte, cuando subí a casa a dejar las llaves y coger una gabardina (amenazaba lluvia), estuvo algo más que gélido, tirando a chillón, muy faltón y bastante borde. Me quedaba una media hora para llegar a la presentación, así que raudo y veloz con mi característica agilidad al caminar me dirigí al ascensor-funicular que tenemos para llegar a la estación del metro. “Ché, pegó dos brincos antes de llegar y mi esposa se asustó” me soltó el que iba a ser mi compañero de ascensión. Todo fue normal, hasta que justo cuando llegábamos al final de la cuesta, pegó dos brincos, se salió del raíl y allí me quedé atrapado en el maldito artilugio.

“Ha sido un castigo de Dios” reconocí pesaroso a la patrona (que no podía ocultar su satisfacción, pero bueno, así se le pasó el cabreo), ya en el metro, tres cuartos de hora después de haber salido de casa, y habiendo sido rescatado por la Policia Municipal de Getxo, a quienes por cierto, di efusivamente las gracias.

Por supuesto, llegué tarde a la presentación y aunque quedaba todavía vino, panchitos y jamón, pude comprobar con horror como se estaban intentando hacer con los servicios de mi caddie caraqueño, y como el muy cuatro letras de él, no hacía ascos a las ofertas de algunas jugadoras. Sí, he de reconocer que es un caddie peculiar, no me lleva el carrito la bolsa (Si se cae el carro, pasa, el que me ayuda es su representante), le tengo que ir a buscar, comprarle tabaco, y cuando se aburre, hacia el sexto o séptimo hoyo de los dieciocho, se va con su agente calvito a tomar potes, que también nos acompaña en el recorrido y lleva una bota de vino. Pero eso sí, ¡Es mi caddie!

(A estas alturas donde todavía seguimos en Jueves a la tarde, te preguntarás que tiene que ver con que no haya publicado en Viernes, pero como no hay puntada sin hilo, te animo a que sigas leyendo).

Tras ímprobos esfuerzos, logré rescatarle de nuevo para la causa pero eso me costó comprobar que el Piropo sigue abierto pasadas las 2 y media de la madrugada en un día de labor.  

Aprovecho para hacer un inciso contra los protestones de los precios del GT en esos bares especialistas en combinados y super premiados en concursos. He de aseverar, que además del coste de la materia prima, ginebra y tónica, hay que añadir un alto coste de mano de obra, ya que tardan casi media hora en poner uno.

A pesar de la mella que en mi físico supuso el rescate de mi caddie (El Jueves Rescatador podría haber titulado esta entrada), el Viernes a las 8:50 de la mañana estaba como un clavo, limpio y aseado con gallumbos en perfecto estado de revista, en mi puesto de trabajo. Si bien he de reconocer que no ha sido el día que más espabilado he estado, la falta de sueño la llevé con la más absoluta de las dignidades, eso sí, mi velocidad en la respuesta no era muy grande y a las 15:00 seguía intentando cerrar algún tema antes de cuando recibí otra llamada de teléfono.

Era para comer juntos y comentar temas de trabajo. He de reconocer que algo me habían insinuado por la mañana, pero dada la hora que era, pensaba que el tema se había quedado en el olvido. Total, que hacia las 4 de la tarde comenzamos a pedir, entre que elige tu que a mí me da la risa, no tengo mucha hambre y demás sandeces habituales.

Cuando la atenta camarera nos preguntó si queríamos algo más y tras soltar mi segunda frase más típica en los restaurantes “saca un poco de queso para acabar el vino” (La primera es la respuesta a la pregunta de cómo me gusta la carne), uno de los peritos dijo que quería otra chuleta. Como la carne es débil y la txuleta estaba muy tierna, pues cedí, disimulando un poco con una nada convincente oposición. Luego vino el queso, café y el jefe de los peritos, así que más café y copa, ya que sólo se podía fumar en la calle.

Al llegar a casa hacia las ocho y media, con el cuerpo dolorido, mis neuronas totalmente desinfectadas y totalmente doblado por las cuatro horas de sueño de la noche anterior, tuve que oír sarcásticos comentarios del estilo la próxima vez vete a comer a un sitio donde no tengan que cazar la vaca antes de comer. Estaba tan cansado y tan consciente de que con cualquier contestación que diera iba a perder, puse cara de buenito, me prometí a mi mismo que la entrada la completaba el Sábado a la mañana y a una hora prudencial (para que no me riñeran más) me fui a la cama.

El Sábado por la mañana, y al tener el pequeño otitis, tuvieron que ir al ambulatorio, mientras yo me desplegaba en ingentes tareas domésticas (hice la cama) y de intendencia (Fui a la frutería). Cuando volvieron del ambulatorio, y al corroborar que no había segundo, me ofrecí voluntario para ir a un super y comprar algo para hacer de segundo plato. Aproveché la compra del pollo y del conejo para acercarme a un centro comercial y hacer un regalito a la patrona por el día de la mami.

Llegué con la compra, hice la comida, pesaroso por no haber podido escribir, pero se me pasó al comprobar que no hacía muy malo y que podía aprovechar para hacer unos hoyitos. No se me dio muy mal e incluso hice un birdie. (Para los que penséis, no sin razón, que soy incapaz de hacer un birdie os dejo un enlace, donde a partir del minuto 2:20 quedó grabado el único birdie que hasta la fecha he hecho en un campeonato http://www.youtube.com/watch?v=1H-rudkYTAQ . Como siempre he defendido, el golf es un deporte para jugar con los amigos, sobre todo por la alegría que manifiestan cuando a uno de sus compañeros le sale un buen golpe. Por cierto, justo después se ve al representante de mi caddie con un fallo garrafal)

A las seis de la tarde y tras una refrescante ducha, pude comer los restos de pollo que me habían dejado y tras el correspondiente café, me dirigí al “Computer Room” con el fin de no haceros esperar más, cuando ¡horror! constaté que estaba ocupado. Siendo consciente que en esos momentos en mi casa no era el más popular, decidí esperar, pero para cuando se desocupó ya estaba contemplando el resumen del open de España de golf en TDP, cuando, en lo que se ha convertido en una perniciosa costumbre, volví a prometer que mi cita con mis dos lectores, sería al día siguiente.

El Domingo, más de lo mismo, golf, comida, siesta y cuando me levanto con ánimo templado pero espíritu aguerrido para acudir delante de la pantalla, ¡horror! el “Computer Room” de nuevo ocupado, y esta vez por la patrona. Así que en vez de protestar y con la mejor de mis sonrisas, le he dicho que no se preocupe. He llenado cuatro folios cuadriculados con mi letra menuda mientras iba mirando de reojo la TDP y los resultados de la ACB.

Mientras espero que me dejen libre el teclado para pasar a limpio mis notas, acabo con una recomendación para los asiduos de la novela negra. Ha caído en mis manos la playa de los ahogados de Domingo Villar, donde el personaje es un inspector de Vigo, Leo Caldas, y su ayudante aragonés le preguntaría ¿Es buena la novela? Y como buen gallego, el inspector le contestaría con otra pregunta. Novela negra gallega, guay.

Y por último, habrá  que repartir las menciones especiales a la garbanzada del pasado Viernes:

GOLDEN GARBANZUA por su infatigable apetito, incansable movimiento de cuchara e incalculable entusiasmo al comer a ÑKI GOI, que como accésit y en recordatorio de tan gloriosa comida a partir de ahora, en este blog sólo se le nombrará como GARBANZIN, ya que el acabado en ito era un cura del colegio, al que nuestro amigo no se parece en nada. Ha habido discusión si Garbanzín fue el que más platos comió (Hubo algún otro que..., en fin), pero como estaba a mi lado y yo era el presidente del juzgado, pues eso.
GOLDEN BABARRUNA a Simón por ser el único que no probó los garbanzos y los callos, y eso que él sí vino a la comida.
P.M. AIRLINES a Luftrampas por suspender el vuelo de Ankara a Franckfurt y no poder ir a la fiesta de Flipe. Y sí, P significa la palabra de cuatro letras que tanta gracia nos hacía a los nueve años, y M mierda, que es en general una buena definición para las líneas aéreas.

Y como ya dijimos “Love is never to say sorry” rememoramos a Chesterton en su frase lapidaria donde dijo “A singer morning is also a singer evening, and although it rimes, it is not a music fault”

PD. Por cierto, si otra semana veo que ando mal de inspiración, podemos quedar un Jueves por la tarde. Suelen acabar dando mucho juego.

2 comentarios:

  1. Yo tambien quiero GTarbanzos los jueves (bueno, si puede ser GKarbanzos)

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    1. ¡No seas carota, Rasputilla! Acabo de ver que estás en la alineación del Juves 17. Eso sí, en vez de GKarbanzos tendrás GKollejas y txuletón.

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