viernes, 28 de marzo de 2014

V Una tarde cualquiera en Torrebertán

V

Cuando suena el teléfono, Peru despierta de su ensoñación, y como habían quedado, Alfonso coge el teléfono y contesta con un escueto “¿quién es?”. Se queda escuchando unos segundos que para todos son más que minutos, mientras, el rostro de Don Fulgencio, se torna más palido y perlillas de sudor frío empiezan a poblar la frente despejada del jefe de la policía municipal. El secretario cuelga el teléfono, y haciendo una pausa melodramática dice que era el director del banco, y que en un cuarto de hora estaba con ellos, para darles seis mil euros en billetes de veinte euros.

Un inicial alivio da paso a una situación de incertidumbre que dura lo que tarda en sonar de nuevo el teléfono

-       ¿Dígame?
-       -¿Fulgencio?
-       Soy su secretario
-       Quiero hablar con Fulgencio Jiménez
-       ¿quién eres?
-       Bien lo sabes. ¿se puede poner?
-       No está en condiciones. Conmigo pueden hablar
-       ¿Quién eres?
-       Soy su secretario. Tengo plenos poderes para negociar en su nombre
-       ¿Tienes la pasta?
-     No es tan fácil conseguir el dinero en tan poco tiempo. Como mucho y tirando de cajeros podemos llegar a los tres mil
-       ¿te crees que soy bobo?
-       Le digo lo que hay
-       Por lo menos quiero cinco mil
-       No llegamos, juntando lo suelto que tenemos, podemos estar cerca de añadir quinientos más.
-       Puedo aceptar cuatro mil
-       Pero me tienes que dar una prueba de vida
-       ¿….?
-       Tienes que decirme como se llamaba el cachorro que le regaló su tío cuando era pequeña.
-       En media hora llamo. Ten preparados los cuatro mil- y colgó

Se hizo un silencio en la estancia, que aunque no duró más allá de unos segundos, hasta que se oyó al fondo un timbre. “El portero automático” masculló entre dientes el secretario y salió de la habitación. Le oyeron hablar, luego unos pasos, la apertura de la puerta y apareció Alfonso acompañadop de un hombre calvo, cejijunto y con gafas negras de pasta, como las de un agente de la cia de una película americana de los setenta, jadeante que se quitaba su chaqueta de pata de gallo dejando a la vista una camisa blanca de algodón totalmente manchada de sudor. “He venido corriendo” dijo, mientras era presentado como el director de sucursal de uno de los bancos más grandes del país, soltando un sobre sobre la mesa, con tan poca habilidad que un montón de billetes azules se desparramaron sobre la mesa. Exactamente trescientos sin numeración correlativa.

Se hizo un silencio, hasta que Caraqueño como máxima autoridad, acaparó todas las miradas. Debía estar pensando en alguna sinsorgada porque estaba sonriente y como mirando a las musarañas, hasta que cayó en la cuenta que todos le estaban mirando, y que para variar, mandaba él.  En un tic automático se sopló el flequillo, hizo como si reflexionara y tomó el mando. Lo primero que hizo fue preguntar al chófer si conocía el coche de la sobrina, Tras tomar los datos del mismo, un escarabajo rojo de matrícula 2015 GKS, le preguntó si conocía el cine donde tenía que haber ido la chica, En ese momento llamaron a la puerta. Era Úrsula que apareció en escena con un ordenador, un fax portátil y papel timbrado del juzgado.

Caraqueño explicó que con el papel y el fax, podían empezar en caso de que fuera necesario a dar instrucciones y órdenes a las distintas fuerzas de seguridad, incluso podían comenzar con las denuncias. Tras una breve pausa, empezó a dar órdenes. A Peru le mandó ir con Tomás al centro comercial de las afueras de la capital para comprobar si había llegado al cine o no. Don Fulgencio dijo que conocía al dueño de los cines y que le llamaría para que se pusiera a disposición de los dos. Pidió a Peru que llamase a los UPS y que fueran a la comisaria a esperar instrucciones.

-       ¿Los Ups?- preguntó Gómez
-       Sí, la Unidad de Policía Especial
-       Sería la UPE
-       Pues no – le explicó Peru – Se lo debemos al anterior jefe de la municipal, que cuando les veía correr en formación, llevando el ritmo al grito que daba el cabo de ¡Up!, siendo repetido tres veces por el resto, le dio la idea de llamarles los ups, y como era algo cachondo, ese fue el nombre que le puso a la unidad, colándosela al anterior alcalde, en un pleno municipal
-       ¿Unidad especial?
-       Sí, una especie de unidad de élite de la policía municipal. La verdad es que es un gasto un poco excesivo, ya que sólo han participado en algún operativo acompañando a la guardia civil, pero la verdad es que están todos en muy buena forma y suelen traer unas cuantas medallas de los juegos mundiales de policía. En cuanto esté en el buga con Tomás les llamo, Juan.
-       ¿Cuánto tardaréis en llegar?
-       Algo menos de media hora, está justo unos kilómetros antes de llegar- contestó Tomás.

Gómez comentó que sería bueno el que se descargasen todos una aplicación en sus teléfonos móviles, para saber dónde se encontraba cada uno. Explicó uno de los programas gratis que había en la red, y podrían crear una cuenta en la que todos podrían saber dónde están todos.

-       Vale – le dijo Juan – pero a mi me la metes en mi i-pad. Explícaselo a Úrsula- Se dio la vuelta y se dirigió a Alfonso – Extender los billetes sobre la mesa y vamos a fotografiarlos para tener los números de todos, ya que a nuestro amigo bancario seguro que no se le ha ocurrido.


El hombre se pasó un pañuelo por su calva sudorosa y farfulló algún tipo de excusa, mientras Peru, ya en el asiento trasero del mercedes, daba las instrucciones pertinentes al cabo de los ups, ordenándoles que se juntasen todos en la comisaria municipal, en ropa de paisano, pero armados. Espera que le llame cuando al menos estén cuatro en el punto de reunión, hoy era día libre, para ponerse a sus órdenes.

2 comentarios:

  1. Bonita matricula de coche, aunque yo prefiero los del 2014 como los que tome el sábado SIN TU PRESENCIA!!!

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